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martes, 8 de octubre de 2019


Si bien Letranías es un blog dedicado a palabras en español, en esta ocasión queremos compartir a Mary Oliver sin traducción. Este es uno de esos poemas que alivian. Cada quien encontrará por qué en su lectura. Por eso lo consideremos imprescindible para la vida.

The gift


Mary Oliver (1935 - 2019).
Poeta estadounidense.

Be still, my soul, and steadfast.
Earth and heaven both are still watching
though time is draining from the clock
and your walk, that was confidente and quick,
has become slow.

So, be slow if you must, but let
the heart still play its true part.
Love still as once you loved, deeply
and without patience. Let God and the world
know you are grateful.
That the gift has been given.

Tomado del libro «Felicity».


lunes, 19 de agosto de 2019

El pintor ruso Anatoli Kaplan hizo este dibujo
que tituló «Edmond Jabès en París».


—La esperanza se encuentra en la siguiente página. No cierres el libro.
—He pasado todas las páginas del libro sin topar con la esperanza.
—La esperanza quizá sea el libro.

Edmond Jabès 
(El Cairo, 1912 – Francia, 1991).

viernes, 16 de agosto de 2019



Luis García Montero (1958).
Poeta español.

Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.

Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.

Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.

La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

domingo, 31 de marzo de 2019

Murakami: "Los novelistas pensamos con todo el cuerpo, y esa tarea requiere que el escritor use todas sus capacidades físicas por igual". 

Ando por estos días inmersa en las páginas del libro "De qué hablo cuando hablo de correr" de Haruki Murakami (Japón, 1949). Sabrán que los libros nos llegan cuando tienen que llegar. Lo que en él he encontrado coincide con la meta que me he puesto para abril: correr y escribir todos los días. Hay trechos interesantes y, mejor que eso, inspiradores. Dejo aquí un par de fragmentos que alientan y desafían:

"Soy consciente de que escribir novelas largas es básicamente una labor física. Tal vez el hecho de escribir sea, en sí mismo, una labor intelectual. Pero terminar de escribir un libro se parece más al trabajo físico. Por supuesto que, para escribir un libro, no es necesario levantar grandes pesos, ni correr muy rápido, ni volar muy alto. Por eso, la mayoría de la gente, que sólo ve el exterior, cree que el trabajo de novelista es una tranquila labor intelectual de despacho. Tal vez piensen que, con tal de tener la fuerza suficiente para poder levantar la taza de café, se pueden escribir novelas. Pero, si probaran de veras a hacerlo, estoy seguro de que enseguida me comprenderían y se darían cuenta de que escribir novelas no es un trabajo tan apacible. Es sentarse ante la mesa y concentrar todos tus sentidos en un solo punto, como si fuera un rayo láser, poner en marcha tu imaginación a partir de un horizonte vacío y crear historias, seleccionando una a una las palabras adecuadas y logrando mantener todos los flujos de la historia en el cauce por el que deben discurrir. Y para este tipo de labores se requiere una cantidad de energía a largo plazo mucho mayor de la que generalmente se cree. Y es que, aunque realmente el cuerpo no se mueva, en su interior está desarrollándose una frenética actividad que lo deja extenuado. Por supuesto, la que piensa es la cabeza, la mente. Pero los novelistas, envueltos en el ropaje de nuestras «historias», pensamos con todo el cuerpo, y esa tarea requiere que el escritor use —en muchos casos que abuse— todas sus capacidades físicas por igual. 

(...)

En mi caso, la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿hasta dónde llega la adecuada coherencia y a partir de dónde empieza la mezquindad? ¿cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrarme profundamente en mi interior? ¿hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella? Tengo la impresión de que si, cuando decidí hacerme escritor, no se me hubiera ocurrido empezar a correr largas distancias, las obras que he escrito serían sin duda bastante diferentes". 

Tomado del libro De qué hablo cuando hablo de correr.

domingo, 17 de marzo de 2019

El arganero crece solamente en la parta suroeste de Marruecos.
Sus raíces pueden hundirse hasta treinta metros buscando agua. 


Lamiae El Amrani.
Poeta marroquí.

Ayer me desperté
empapada de alba
buscando mirarme en el reflejo de tus versos,
y sentirme como el humo
que bordea el cerco de tu nuevo sol.

Necesitaba volar como una pluma
para deslizarme sobre tu tierra sólida.

Ayer desperté para ahogarme en ti,
mi propia musa.
Fuerza que me embriaga,
que me ahoga con su aroma de primavera.
Ayer deseaba pasear por tus sentidos
morirme en tus manos,
y resucitar siendo un árbol de arganero
que da sombra a las esperanzas caídas.

Tomado del libro "Venas del desierto" (2018).


martes, 5 de marzo de 2019



De Alberto Blanco (1951).
Poeta mexicano.

IV


Todo mapa comienza con un viaje.
Pero, ¿todo viaje comienza con un mapa?

El mapa es al viaje lo que el mito es al lenguaje.

Los mapas, al principio, fueron relatos de viajes.
Después los mapas fueron paisajes al ras del horizonte: narraciones visuales.
Finalmente, vistas a vuelo de pájaro: poemas geográficos.

Un mapa es una manifestación artística del miedo a lo desconocido.

V


Ver la tierra desde arriba: arrogancia de un dios impostado.

Al principio los mapas de la tierra siempre fueron acompañados por los mapas del cielo.
Después los mapas se quedaron sin cielo.
De seguir las cosas como van, muy pronto los mapas se quedarán sin tierra.

La verdad que se puede decir no es la verdad.
Las palabras no son las cosas que designan.
Los mapas de la tierra no son la tierra.
Las cartas estelares no son el cielo.

Un punto es un pueblo.
Una línea es una carretera.
Una superficie coloreada es un país.
Un volumen debe ser un mapa de la historia.

VI


Mapas exteriores: geografías.
Mapas interiores: psicografía.
Las puertas son los sentidos.
Los límites son el cuerpo.

La moral que se deduce de los mapas tiene que ver con una idea de dominio o —en el mejor de los casos— con una idea de conservación.

Cuando se piensa en la relación directa que existe entre los mapas, las ganancias, las guerras de conquista y el dominio del tiempo, no se puede menos que pensar en el título de aquel poema de Stephen Spender:
Un cronómetro y un mapa de artillería.
Un mapa a la medida de la ambición de un hombre.
La ambición de un hombre a la medida de un sistema de referencias.

Todos los puntos de referencia en un mapa ven hacia afuera.

Tomado de:
Revista de la Universidad de México.
Núm. 838/839. Julio - Agosto de 2018.

jueves, 24 de enero de 2019

George Steiner, 2005.
© Peter Marlow/Magnum Photos

Fragmento de «La idea de Europa".
George Steiner (1929). Teórico francés.

Algunos elementos integrantes del pensamiento y la sensibilidad europeos son, en el sentido originario de la palabra, «pedestres». Su cadencia y su secuencia son las del caminante. En la filosofía y en la retórica griegas, los peripatéticos son, literalmente, los que viajan a pie de una polis a otra, aquellos cuyas enseñanzas son itinerantes. En la métrica y en las convenciones poéticas de Occidente, el «pie», el «compás», el enjambement [encabalgamiento] de versos o estrofas nos recuerda la estrecha intimidad que existe entre el cuerpo humano recorriendo la tierra y las artes de la imaginería. Buena parte de la teorización más incisiva es generada por el acto de caminar. El cotidiano Fussgang [paseo a pie] de Kant, su ruta, cronométricamente exacta, a través de Königsberg, llegó a ser legendario. Las meditaciones, los ritmos perceptivos de Rousseau son los del promeneur. Los largos paseos de Kierkegaard por Copenhague y sus suburbios resultaron ser un espectáculo público y objeto de caricatura. Pero son estos paseos, con sus desviaciones, sus repentinos cambios de rumbo y paso, lo que se refleja en las síncopas de su prosa. La de Charles Péguy es probablemente la más pulsante, la que más se ajusta a un redoble de tambor de literatura moderna. Las frases avanzan inexorables; sus conclusiones son remachadas a fondo por los taconazos de estos pesados zapatos y estas botas de infantería, emblemáticas de la visión de Péguy. De ahí el incomparable «himno de marcha» de su peregrinación a Chartres y de la oda que la celebra.

En una era americana, que es la del automóvil y el avión a reacción, apenas podemos imaginar las distancias que los maestros europeos recorrían y utilizaban para finalidades intelectuales y poéticas. Hölderlin va a pie desde Westfalia a Burdeos, ida y vuelta. El joven Wordsworth camina desde Calais hasta el Oberland de Berna, ida y vuelta. Coleridge, un individuo corpulento y con diversos achaques físicos, cubre de manera habitual entre treinta y cinco y cincuenta kilómetros per diem por terreno peligroso, montañoso, componiendo a un tiempo poesía o intrincados argumentos teológicos. y pensemos en el papel del wanderer [caminante] en algunos de los más grandes de nuestra música: en las fantasías y canciones de Schubert, en Mahler. Una vez más, la enigmática profecía de Benjamin acude a neustro recuerdo: en toda la alegoría y la leyenda europea, el mendigo que llama a la puerta, el mendigo que acaso sea un enviado de los dioses o un agente demoniaco disfrazado, viene andando.

La historia europea ha sido una historia de largas marchas.


Wanderlust, palabra alemana.
Es el deseo o impulso por viajar y explorar el mundo.


PS. El Fondo de Cultura Económica, en la Colección Centzontle, tiene una pequeña edición de «La idea de Europa" que les recomiendo. Tiene prólogo de Mario Vargas Llosa e introducción de Rob Riemen.

viernes, 11 de enero de 2019



Denise Levertov (Reino Unido, 1923 - 1997).

Todo aquello que por ser 
llama y canción, y concedernos alegría,
creímos que volveríamos a ser, a hacer, a visitar,
resulta que fue lo que fue
esa única vez. Cada iniciación
no es el comienzo
de una serie, de una construcción: lo maravilloso
                        aconteció en nuestra vida, nuestra historia
                        no se opaca con su ausencia: pero no
esperes volver a buscar más.
Lo que tenga que ser va a ser
único, como fue único aquello. Trata
de reconocer la próxima
canción por su aura en llamas como un
presente absoluto, como un ahora o nunca. 

miércoles, 5 de diciembre de 2018




Fragmento del libro La biblioteca de los libros rechazados.

«Junto a ese hombre, que sabía escuchar puesto que sabía leer, era posible evadirse de una vida de autómata. Pero no hay prueba alguna de todo eso. Algo sí que es cierto: el entusiasmo y la pasión de Gourvec por su biblioteca nunca fueron menos. Recibía con una atención específica a todos los lectores, esforzándose por estar al tanto y crearles un itinerario personal entre los libros expuestos. Según él, de lo que se trataba no era de que nos guste leer o nos deje de gustar, sino más bien de saber cómo hallar el libro que nos corresponde. A todo el mundo le puede encantar leer si se cumple la condición de tener en las manos la novela adecuada, la que nos va a gustar, la que nos va a decir algo y que no podremos soltar. Para lograr ese objetivo había desarrollado, pues, un sistema que casi podía parecer paranormal: al mirar en detalle la apariencia física de un lector era capaz de deducir qué escritor necesitaba"

David Foenkinos (1974).
Escritor francés.

domingo, 2 de diciembre de 2018

«El Gran Canal y puente de Rialto, Venecia, vistos desde el norte» de Canaletto. Hacia 1740 - 1745. Óleo sobre lienzo. 54 x 79,4 cm. © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.


Escrito por Orhan Pamuk.

En Venecia a veces me siento como si hubiera vuelto a la infancia... Quizás debido a que he venido desde Estambul.

Porque en ésta mi tercera visita me he encontrado con muchas cosas y sentimientos que creía haber dejado atrás en el Estambul de mi infancia.

Por ejemplo, esa gaviota que, pacientemente, lleva horas sin moverse sobre la chimenea del tejado de enfrente mientras escribo mi artículo sentado a la mesa... También en mi infancia las gaviotas de Estambul me parecían criaturas eternamente inmóviles que esperaban algo impreciso, como las tortugas. Quizás porque cuando era niño mi reloj avanzaba con más morosidad y no soportaba la lentitud del mundo. Luego, al crecer, me di cuenta de que las gaviotas de Estambul se movían más y se volvían más impacientes y descaradas.

O el deseo de pintar que se agitaba dentro de mí... De los siete a los veintidós años estuve pintando y luego lo dejé; durante treinta y cinco años no toqué pinceles ni pinturas... Otra de las razones para que se despierte mi apetito por pintar es, por supuesto, que Venecia es la ciudad del mundo más pintada después de París. (En una de sus cartas Claude Monet se queja de no haber venido a esta ciudad en su juventud sino mucho más tarde.) Hace mucho que cada calle, cada puente, se grabaron como imágenes en nuestras mentes y al encontrarnos con esas imágenes conocidas se nos viene a la cabeza el cuadro correspondiente. Al ver por las calles a los ancianos del norte de Europa o norteamericanos (¿acaso debería decir occidentales?) con sus pantalones cortos que pacientemente vuelven a verter esos paisajes tan familiares en sus lienzos, o papeles si se trata de acuarelas, me entusiasmo como cuando en mi niñez me los encontraba en Estambul (aunque veía a escasos pintores por las calles de mi ciudad), me acerco por detrás sin hacerme notar a esos pintores aficionados absortos en su trabajo, observo lo que están haciendo y, como hacía de niño, intento comprender cuánto se parece el puente de la pintura al puente de la vida real.

Por supuesto, el verdadero placer infantil es ver desde un ángulo completamente distinto los edificios de la ciudad, sus plazas, sus grandes construcciones religiosas, sus torres, mientras se circula a toda velocidad por ella en un barquito. Otro aspecto divertido de esta costumbre, que en Estambul he perdido a causa de los puentes del Bósforo y de las dos amplias carreteras que envuelven sus orillas como un cordel que lo estrangulara, es poder curiosear desde fuera a los habitantes de las mansiones o palazzi sumidos en sus vidas cotidianas, desayunando, viendo la televisión o sentados sin hacer nada.


Aspecto de Estambul. Obra del pintor Fausto Zonaro.

Es evidente que lo que une con un poderoso sentimiento a Venecia con el Estambul de mi infancia es el efecto que tienen sobre nosotros las huellas del gran imperio que quedó atrás. Cuando era niño, todos los viejos caserones de madera herencia de los otomanos, las mansiones desconchadas del Bósforo y los monumentos a medio desplomarse nos proporcionaban una cierta amargura, un sentimiento local de melancolía que nos unía porque la ciudad era extremadamente pobre. En Venecia veo que los cuidados palazzi, que nos evocan las grandes cantidades de dinero gastadas en su restauración, la riqueza de la ciudad y las multitudes de turistas que vienen con la intención de divertirse y ser felices no dan la menor oportunidad a la melancolía.

La grandeza de Venecia no es triste, sino algo alegre y que alegra. A uno le gustaría ver, contemplar sin cesar esta asombrosa belleza y, en lugar de comprenderla como un hecho histórico, vivirla, revivirla. Aquí mi primer impulso no es comprender, aprender, ni siquiera descifrar y reflexionar, sino mirar, ver, contemplar...

Quien mejor expresó este sentimiento con respecto a Venecia fue Théophile Gautier, el novelista, poeta, crítico y autor de libros de viajes francés, que escribió uno de los volúmenes más brillantes que se han compuesto sobre Estambul (Constantinople, 1853). Gautier, que mientras estaba en Venecia escribió que se pasaba "catorce horas al día sólo contemplando la ciudad", una vez cumplidos los veinte años dejó de lado su gran sueño de infancia y juventud de convertirse en pintor, como me ocurrió a mí, y comenzó a escribir poesía y novela. Antes de quejarnos del turismo de masas, como tantos hacen en Venecia, antes de afirmar con toda razón que la población local se va reduciendo y que esto se ha convertido en un paisaje artificial, en un sueño antiguo, es conveniente precisar que realmente se trata de un lugar que, como hacía Gautier, merece ser contemplado catorce horas al día.

La filosofía analítica de la Edad Moderna, al relacionar el pensamiento con la palabra, despreció la vista como algo sentimental e infantil. En Venecia lo que me despierta la impresión de haber vuelto a la infancia no es sólo el parecido que establezco con el Estambul de mi niñez; vivir de nuevo de manera absoluta los placeres de mirar, de ver, de contemplar, es algo que también me recuerda mi infancia.

De niño a veces me aburrían tanto algunas clases en la escuela primaria y secundaria que no me bastaba con mirar por la ventana a las nubes de fuera, así que fantaseaba con que la clase se inundaba y pasaban barcos y botes por entre los bancos de los estudiantes y la tarima del profesor. La emoción que, con una especie de embriaguez, nos recorre a Gautier y a quienes son como yo al pasear por las calles de Venecia durante horas mirando los edificios, los puentes y los muros agrietados, debe de ser el resultado de encontrarnos con una fantasía de la infancia ya lejana lejos del aburrimiento de la vida moderna.

Publicado el 26 de julio de 2009 en El País.
Traducción de Rafael Carpintero.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Pedro Salinas (1891-1951).
Poeta español.

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú. 

Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
 
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

¡Les debo el nombre del autor de esta obra!

viernes, 30 de noviembre de 2018




Tomado de The School of Life.

Algunas de las razones por las que no somos, colectivamente, tan buenos en la amistad, es que no tenemos una idea clara de cómo podría ser un buen amigo.

Por lo tanto, puede valer la pena intentar elaborar una lista de un candidato ideal, para enfocar nuestros deseos y estimularnos a adquirir el tipo de personaje que nos gustaría encontrar en otros:


1. El amigo ideal sabe mostrar debilidad.

El amigo ideal no intenta demostrar cuán robustos y exitosos son; por el contrario, muy a menudo nos informan cosas incómodas y potencialmente embarazosas sobre ellos mismos. Muestran cuánto confían en nosotros al confesar fallas y tristezas que los abrirían a la posible humillación del mundo más allá. Nos ofrecen el don de su vulnerabilidad.


2. Están realmente interesados en nuestras penas y dificultades.

Y sin embargo, no están sorprendidos, ni siquiera sorprendidos, por las cosas extrañas y estúpidas que hemos hecho. No juzgan a nadie, no son severos ni críticos con nuestras debilidades porque se conocen a sí mismos lo suficientemente bien como para estar alertas a sus propios lados más extraños y con más problemas, y nos hacen el favor gracioso de asumir eso, detrás del escenario. Somos tan radicalmente imperfectos como ellos.


3. El amigo apropiado es tranquilizador.

No sólo adulan; entienden con qué facilidad perdemos la perspectiva, nos asustamos y subestimamos nuestra propia capacidad para hacer frente. Saben que tenemos zonas de fragilidad que deben tratarse con cuidado. A veces nos hacen reírnos de nosotros mismos, cuando por nuestra cuenta nos inclinamos a la autocompasión o la rabia.


4. Un verdadero amigo ayuda a construir nuestra auto-comprensión.

Hay tantas cosas que no comprendemos del todo acerca de quiénes somos. Nos ponemos agitados o a la defensiva y realmente no sabemos por qué. Nos resulta difícil precisar nuestros objetivos. Podríamos tener algunas opiniones firmes, pero puede ser difícil explicar realmente por qué estas ideas nos importan. El amigo correcto escucha y nos ayuda a juntar la mejor cuenta de nuestros temores y emociones.


5. Nos ayudan a pensar.

Más a menudo de lo que es cómodo de admitir, no sabemos lo que pensamos hasta que un amigo apropiado nos pide con cuidado que ampliemos un pensamiento, que expliquemos por qué estamos impresionados y que encontremos buenas respuestas a las posibles objeciones. Ven el potencial en lo que decimos cuando no podemos.


6. Nos ayudan a gustarnos a nosotros mismos.

El buen amigo nos quiere de una manera que no podemos fácilmente. Normalmente estamos atentos a nuestras propias deficiencias; es más obvio (desde nuestro punto de vista) lo que es decepcionante o frustrante para nosotros que lo que es atractivo o entrañable. Necesitamos un amigo porque podemos ser muy hostiles con nosotros mismos.

Tendemos a pensar que un verdadero amigo debe ser alguien con quien pasamos mucho tiempo. Pero, en realidad, el otro ideal se convierte en parte de nosotros: internalizamos quiénes son, cómo hablan, cómo sonríen, cómo se detienen o se entusiasman. Continúan habitando nuestro cerebro, incluso cuando no hemos estado en contacto por un tiempo o cuando están lejos. Siempre están con nosotros.


«No era más que un zorro semejante a cien mil otros.
Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo».
Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.


sábado, 17 de noviembre de 2018



Fernando del Paso (1935-2018).
Escritor (¡y qué escritor!) mexicano.

Cuando yo me muera, allí está todo el año: tómalo. Cuando yo me muera, cómprate un calendario y por cada mes que todavía me quieras, deshoja la hoja, arráncala, arrójala. A enero, mándalo al cielo. A febrero, con mis camisas. Con marzo, envuelve una rosa. Y hazte con abril un barco que navegue despacio, hasta mayo. A junio dile que me salude a julio y mándalos a los dos por un embudo. Y con agosto, amada mía, cubre tus pechos para que se incendie el día. Cuando yo me muera, allí está septiembre: bésalo. Con octubre, haz un cometa y con noviembre, su cola. Y a diciembre deshójalo y jura que al mismo tiempo si me quieres, no me quieras, si me olvidas, no me olvides.

martes, 13 de noviembre de 2018



Es triste que el aire sea la
única cosa que compartimos.
No importa lo cerca que estemos,
siempre hay aire entre nosotros.

También es lindo que compartamos el aire.
No importa lo lejos que estemos,
el aire nos une.

Yoko Ono.
del catálogo de la galería Lisson '67. 

lunes, 12 de noviembre de 2018



Después
de la tormenta
salimos a juntar lluvia
antes de la evaporación
ponemos las gotas en fila
mirando hacia arriba
y las rociamos
una por una
con rayos
de sol 

rojos
   naranja
      amarillo
          verde
          cian
      violeta
y azul

¿les parecía fácil?
crear un arcoíris 
es un trabajo
de locos

Juan Lima (1944). Argentina.
Tomado del libro "Astronomía poética". 

sábado, 6 de octubre de 2018


Mary Oliver (1935, Ohio). Poeta estadounidense.
Desde que inicié Letranías siempre he cuidado que el contenido que comparto sea en español. Pero hoy quiero hacer una excepción, porque hay palabras, como las siguientes, que pierden su esencia con la traducción. «That little beast: a poem» de Mary Oliver forma parte de «Felicity» publicado en octubre del 2015.



That pretty little beast, a poem,
has a mind of its own.
Sometimes I want it to crave apples
but it wants red meat.
Sometimes I want to walk peacefully
on the shore
and it wants to take off all its clothes
and dive in.

Sometimes I want to use small words
and make them important
and it starts shouting the dictionary,
the opportunities.

Sometimes I want to sum up and give thanks,
putting things in order
and it starts dancing around the room
on its four furry legs, laughing
and calling me outrageous.

But sometimes, when I'm thinking about you,
and no doubt smiling,
it sits down quietly, one paw under its chin,
and just listens.

miércoles, 26 de septiembre de 2018



Karmelo C. Iribarren.
Poeta español.

Como el viento que encuentra
una rendija
y se cuela en la habitación
y lo desordena todo
libros
facturas
poemas
           así llega
en la vida
el amor.

Nada es igual a partir de entonces,
ese caos
es la felicidad.

Pero un día habrá que recoger.

Suerte si no te toca a ti.

viernes, 24 de agosto de 2018

Las sirenas (1874).
Del pintor alemán Wilhelm Kray (1828-1889). 


Manuel Tejada Loría*. Poeta yucateco.
Twitter: @eccetexas
Tomado del libro Inmóvil en el viento

Sextante

Voy a hablar de la altura de tu sonrisa.
De tu forma peculiar de estar en el mundo
como arrojada para que en ti florezca
algo más que vida, este verso.

(Tú creerás que lo mío es retórica
que mi verso es oficio
y que son los años que pesan sobre mí
lo que me hace escribir).

Pero yo voy a hablar de tu sonrisa y de su altura, 
porque he descubierto que en sus bordes
hay algo de estrella, de océano y de escama,
que hay marinos fumando su locura
al escucharte sonreír
y naufragios grabados en la cuenca lunar.

(Tú afirmarás que mi oficio es también
robar rosas, asimilar espinas, sorber
la tintura y el color de juventudes).

De tu sonrisa hablo con el sol atravesando
nubes pasajeras, cielos teñidos de luz.
Del rojo de tus labios a la noche
hay un paso que me haría caminar sobre
el agua, habitar las olas que distantes
mueven la barca del cuerpo absurdo.

(Tú afirmarás que por mis venas transita
la rabia y el desdén, la inverosímil lascivia
de horas pasadas, el trágico destino
de los puertos en cada marino roto).

Hay un oleaje en ti que trasforma el viento.
Existe en el aroma de tus imaginados pasos
la esencia irregular de tempestades, y
ante tu semidesnudez, naufrago o naufragio,

comprendo mi quebranto.

·:·  



* Con el poemario "Inmóvil en el viento", Manuel Tejada Loría ganó el Premio Internacional de Poesía "Ciudad de Mérida" 2016, otorgado por el Ayuntamiento de Mérida. La presentación será el viernes 24 de agosto de 2018 en el Centro Cultural José Martí, a las 20:00 horas. ¡Ahí estaremos! Da clic aquí para leer la charla que José Castillo Baeza tuvo con el poeta y que se publicó en el periódico Por Esto!



martes, 7 de agosto de 2018


Rubens, Adán y Eva (1628 - 1629). Copia de Tiziano, Vecellio di Gregorio.
 Óleo sobre lienzo, 238 x 184.5 cm. Museo del Prado.

De José María Merino (1941). Narrador español.

Aquella mañana empezamos a ver las cosas más claras: la complejidad del universo, la evolución de los seres vivos, que sobre un punto de apoyo se podría levantar el mundo, que era la tierra la que giraba alrededor del sol y no al contrario y, sobre todo, intuimos que la existencia es un misterio indescifrable. No habían pasado ni dos horas cuando llegó el guardia con la carta de desahucio: el casero había conseguido echarnos a la calle. Nos vinimos a este lugar tan frío, tuvimos hijos. Del resto saben ustedes mucho más que nosotros. El caso es que aquella mañana, en el desayuno, habíamos compartido una manzana.

viernes, 3 de agosto de 2018



Mario Benedetti, poeta uruguayo. 

¿Dónde empieza la boca? 
¿en el beso?
¿en el insulto?
¿en el mordisco?
¿en el grito?
¿en el bostezo?
¿en la sonrisa?
¿en el silbo?
¿en la amenaza?
¿en el gemido?

que te quede bien claro
donde acaba tu boca
ahí empieza la mía.

Addy Góngora Basterra

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