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miércoles, 1 de abril de 2020


Fernando del Paso (1935-2018).
Escritor mexicano.

Fragmento de O my darling Clementine!
Capítulo 17 del libro «Palinuro de México».


Todas las tardes después de comer y mientras digería las veleidades inconclusas que aleteaban en su estómago, mamá Clementina dormía una siesta y mientras la dormía y rebuznaba en sueños no se movía una hoja, no zumbaba una mosca, no se reproducía una flor, no anclaba un transatlántico en el Océano Índico, no se arrastraba un gusano y el tiempo casi no se atrevía a pasar con tal de no hacer ruido y despertarla. Porque la siesta de mamá era sagrada, sagrada como un campanario o como los desperdicios de una letanía, y Palinuro trataba de no pensar en nada porque mamá le había dicho: no hagas ruido, duérmete conmigo y si no tienes sueño pon la mente en blanco y no pienses en nada.

(…)

Otra tarde, cuando se le aflojó el primer diente de leche, Palinuro descubrió que con sólo tocarlo con la lengua provocaba el dolor y con sólo dejar de tocarlo, el dolor desaparecía. Y aprendió así a disfrutar del dolor por el solo placer de exorcizarlo a voluntad.

(…)

Mamá, sin embargo, era mucho más importante y más querida que un diente de leche y cuando a Palinuro le dolía mamá Clementina, no había en el mundo nada más grande, nada más imperfecto, nada más desnudo que ese dolor.

(…)

A mamá le gustaba silbar las arias famosas como la plegaria de Orfeo, y lo hacía con las ventanas abiertas, de manera que todo el vecindario se enterara de la muerte de Eurídice. Entonces la canción que mamá silbaba se desbordó por los balcones y caminó a la sombra de los muros rojos del Palacio de la Inquisición entre los puestos de frutas y las casas de empeño, y la gente se detenía y se preguntaba de dónde venía esa canción, quién la estaba silbando: el carnicero se quedaba a punto de destazar una cola de buey, el saltimbanqui en el aire a la mitad de un salto inmortal; las sirenas de las fábricas dejaban de pitar y las vitrolas y las ambulancias se callaban mientras la canción seguía su camino y cruzaba las avenidas, daba vuelta en los callejones, espantaba a los peatones desprevenidos y paseaba en canoa por el lago del bosque, mientras la gente se detenía y se preguntaba y se maravillaba. Entonces mamá dejó de silbar y las ventanas se cerraron, las cortinas de papel de cobre se quedaron quietas, el alma de mamá se escapó por un hilo de saliva y Palinuro se hincó a su lado y lloró las navidades en que mamá encendía las velas del árbol y papá llegaba a la casa con una botella de brandy y el tío Esteban con bolsas de higos de Esmirna y pasas de Corinto y lloró sus primeros patines, las bodas de cristal, las fiestas de fin de año y los faroles chinos que iluminaban el corredor de la casa de sus abuelos, y lloró su escuela, y lloró las siestas…

viernes, 27 de marzo de 2020

Imagen de @cdd20, síguelo en Instagram.

Darío Jaramillo Agudelo.
Poeta Colombiano.

Tu lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel,
tu lengua de fuego que me incendia,
tu lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo enamorado,
tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce,
invocación de los incendios que me saca de mí, que me transforma,
tu lengua de carne sin pudores,
tu lengua de entrega que me demanda todo, tu muy mía lengua,
tu bella lengua que electriza mis labios, que vuelve tuyo mi cuerpo por ti purificado,
tu lengua que me explora y me descubre,
tu hermosa lengua que también sabe decir que me ama.

lunes, 23 de marzo de 2020

Imagen de Tiny Tribes.

Imprevisible amor de muchos años.
Nadie besa dos veces
a la misma mujer.

Luis García Montero (1958).
Poeta español.

domingo, 22 de marzo de 2020



Karmelo C. Iribarren (1959).
Poeta español.

Llevábamos un rato en la cama,
despiertos,
cada uno absorto en su mundo.

Ojalá lo consigan, dijiste,
ojalá alguien consiga algo alguna vez.

Seguí la dirección
que marcaban tus ojos,
y vi allí, a lo lejos,
a punto ya de desaparecer de la ventana,
una bandada de pájaros
alejándose hacia un lugar mejor.

Me acerqué hasta tus labios.

Lo conseguirán, te dije,
y nosotros también.

domingo, 8 de marzo de 2020



Esta mañana, en Mérida. Incontables mujeres, acompañándonos con la voz y con el cuerpo, caminamos bajo el sol de Yucatán con nuestras historias. Estamos presentes por las que ya no pueden ir, estamos sólidas, estamos seguras de ir juntas. Fue emocionante detener por un momento el contingente al ver ondear una bandera de México de la que se desbordaba una tela morada (¡qué gran metáfora!), desde el balcón de una casa de Paseo de Montejo, como también inevitablemente conmovedor cuando alzamos el puño y gritamos juntas "Justicia para Emma", al ver a Ligia, su madre, con el gesto desgarrado de impotencia. Estremece sentir el poder, la pacífica unión ante el clamor de mujeres de todas las edades, mujeres de distintas ciudades, looks y deseos, siendo en diversa multitud una necesaria e incuestionable voluntad. 

· Addy Góngora Basterra ·
Domingo 8 de marzo de 2020.



sábado, 18 de enero de 2020

La Riviera Maya en todo su esplendor, en las primeras horas de enero 2020.

Pablo Neruda.
Poeta chileno.

Necesito del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navios.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

miércoles, 8 de enero de 2020

Fotografía de Stefaan Van der Biest.


Jaime Gil de Biedma (1929-1990).
Poeta español.

Ahora, voy a contaros
cómo también yo estuve en París, y fui dichoso.

Era en los buenos años de mi juventud,
los años de abundancia
del corazón, cuando dejar atrás padres y patria
es sentirse más libre para siempre, y fue
en verano, aquel verano
de la huelga y las primeras canciones de Brassens,
y de la hermosa historia
de casi amor.

Aún vive en mi memoria aquella noche,
recién llegado. Todavía contemplo,
bajo el Pont Saint Michel, de la mano, en silencio,
la gran luna de agosto suspensa entre las torres
de Notre Dame, y azul
de un imposible el río tantas veces soñado
It’s too romantic, como tú me dijiste
al retirar los labios.

¿En qué sitio perdido
de tu país, en qué rincón de Norteamérica
y en el cuarto de quién, a las horas más feas,
cuando sueñes morir no te importa en qué brazos,
te llegará, lo mismo
que ahora a mí me llega, ese calor de gentes
y la luz de aquel cielo rumoroso
tranquilo, sobre el Sena?

Como sueño vivido hace ya mucho tiempo,
como aquella canción
de entonces, así vuelve al corazón,
en un instante, en una intensidad, la historia
de nuestro amor,
confundiendo los días y sus noches,
los momentos felices,
los reproches

y aquel viaje —camino de la cama—
en un vagón del Metro Étoile-Nation.

martes, 7 de enero de 2020



Octavio Paz (1914-1998).
Poeta mexicano.

IV


Echado en la cama, pido el sueño bruto, el sueño de la momia. Cierro los ojos y procuro no oír el tam-tam que suena en no sé qué rincón de la pieza. "El silencio está lleno de ruidos —me digo— y lo que oyes, no lo oyes de verdad. Oyes al silencio". Y el tam-tam continúa, cada vez más fuerte: es un ruido de cascos de caballo galopando en un campo de piedra; es una hacha que no acaba de derribar un árbol gigante; una prensa de imprenta imprimiendo un solo verso inmenso, hecho nada más de una sílaba, que rima con el golpe de mi corazón; es mi corazón que golpea la roca y la cubre con una andrajosa túnica de espuma; es el mar, la resaca del mar encadenado, que cae y se levanta, que se levanta y cae, que cae y se levanta; son las grandes paletadas del silencio cayendo en el silencio.

Tomado de «Trabajos del poeta», 1949.

miércoles, 18 de diciembre de 2019


Carmen Villoro.
Poeta mexicana.

Quisiera darte de desayunar la ansiedad olvidada. Planchar todas las dudas de tu cuerpo; coserte algún botón de certidumbre sobre el pecho. Quisiera ver crecer el tiempo entre los cuartos de tus días, regar una a una tus palabras para que no se mueran. Quiero calentar los recuerdos en la estufa, lavarte la tristeza y ponerla a secar, sacudir los sueños para que no te vayas. Tender tu compañía sobre la cama aunque sea por una vida.

Tomado del libro «Jugo de naranja».

miércoles, 30 de octubre de 2019


Amor Towles (1964).
Escritor norteamericano.

Fragmento del libro «Un caballero en Moscú».

Desde una edad muy temprana hemos de aprender a despedirnos de amigos y familiares. Les decimos adiós a nuestros padres y a nuestros hermanos en la estación; visitamos a nuestros primos, vamos a colegios, ingresamos en un regimiento; nos casamos o viajamos al extranjero. Tomar a un ser querido por los hombros y desearle buena suerte mientras nos consolamos pensando que no tardaremos en tener noticias suyas es algo que hacemos constantemente y que forma parte de la experiencia humana.

Sin embargo, no es muy probable que la experiencia nos enseñe a despedirnos de nuestros objetos más preciados. ¿Y si lo hiciera? No agradeceríamos la lección. Porque muchas veces acabamos por tomarles más cariño a nuestras posesiones favoritas que a nuestros amigos. Nos las llevamos de un sitio a otro, en ocasiones con un coste y una incomodidad considerables; les quitamos el polvo y abrillantamos sus superficies, regañamos a los niños cuando juegan con demasiada brusquedad cerca de ellas y permitimos que nuestros recuerdos les confieran cada vez más importancia. En este mismo armario, tendemos a recordar, me escondía de niño; esos candelabros de plata eran los que adornaban nuestra mesa en Nochebuena; fue con este pañuelo con el que una vez ella se enjugó las lágrimas, etcétera, etcétera. Incluso imaginamos que esas posesiones cuidadosamente conservadas podrían ofrecernos auténtico solaz ante la pérdida de un compañero.

Y sin embargo, es evidente que un objeto no es más que un objeto.

lunes, 28 de octubre de 2019

Lichi, mi hermana, corrió el domingo 27 de octubre el Maratón de Washington. Se preparó durante meses en la poco favorable temperatura de Yucatán, tierra plana, húmeda y mayormente sofocante. Bajo la lluvia de DC, ayer logró un tiempo de 4:21:49 en los 42 kilómetros, nada mal. 

Esta mañana nos ha compartido  por WhatsApp la crónica de su desafío físico y mental. Así como el escritor Haruki Murakami, novelista que corre, escribió en su libro "De qué hablo cuando hablo de correr" que la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿hasta dónde llega la adecuada coherencia y a partir de dónde empieza la mezquindad? ¿cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrarme profundamente en mi interior? ¿hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella?, así Lichi encontró para la escritura de la vida un gran aprendizaje de sí misma en la carrera. Aquí lo comparte.





Por Liz Góngora Basterra (1983).


Domingo 27/10/2019

4.25 am.


Good morning Madame, this is the "wake up call" you asked for, Good luck today!

Abro los ojos, respiro profundo... y justo antes de poner los pies en el suelo tomo conciencia de lo que estoy a punto de hacer. Así que me tomo el tiempo de agradecerle a la vida por permitirme este momento, le agradezco a mi cuerpo por estar entero y completo, dispuesto a recibir el estrés físico al que lo someteré y para lo cual lo he preparado con mucha responsabilidad.

Y me agradezco a mí misma, sin importar qué pase a partir de ese momento, por no conformarme con la comodidad, por ser valiente como mis hermanas, por perseguir mis ideales hasta alcanzarlos como lo han hecho mis padres, por ser guerrera como mi entrenador —el mejor del mundo— y por elegir rodearme de todas las personas que tengo cerca y que me engrandecen, esas amistades que más bien son familia.

Respiro profundo nuevamente y entonces me deslizo de la alta cama del hotel como si fuera una resbaladilla... me dejo caer suavemente hasta que mis pies tocan el suelo, me conecto... y comienza el ritual.

Uniforme, desayuno, baño, reloj, cinturón, geles, pastillas de sal, vaselina —bendita vaselina—, gorra, audífonos, número, bandera, estiramientos... y mientras me estiro frente a la ventana que da a Washington DC me doy cuenta del tormentón que hay, del cual no creo librarme.

¡Lista! Llevo seis meses esperando esta mañana y aquí estoy. Bajo al Lobby, se abre la puerta del elevador y el mar de gente, todos compañeros corredores, llenan de energía el lugar. El ambiente se empieza a vivir, todos vamos por el mismo objetivo, con diferentes motivos... pero en este instante somos equipo, estamos juntos en esto.

Me subo al transporte que el hotel dispuso de forma gratuita para llevarnos al punto más cercano al inicio. Todos estamos cubiertos con bolsas de plástico, no importa quiénes somos, cómo nos vemos ni de qué país venimos. Es un ambiente de inclusión, de esos en los que da gusto estar. Aquí no importa la edad, el género, las preferencias, la nacionalidad, el peso, el look... ni siquiera tu marca importa... Entre 40,000 corredores en la línea de salida tú eres uno más y todos nos identificamos y nos respetamos por el simple hecho de estar aquí, de haber elegido esta batalla para superarla y crecer en el camino.

Betty Noell... deseo que algún día conozcan a personas como ella. Coincidimos llegando a la villa de corredores, donde iniciaría el maratón.

Betty & Lichi antes de correr.


Betty fue mi ángel de la guarda, representó a quienes de corazón me acompañaron en este proceso. Conocerla fue un regalo inesperado. Gracias a ella nunca estuve nerviosa, su compañía fue como si Mara estuviera ahí conmigo (como cuando estuvo en el maratón de Chicago), sus palabras fueron las que mi papá me habría dicho en ese momento, su abrazo fue el que mi mamá me hubiera dado, su entereza y energía eran las que Tere me hubiera inyectado, sus consejos y preocupación porque yo estuviera lista eran los que Calín me hubiera transmitido, su manera de saborear la lluvia en vez de sufrirla me hizo ver las cosas como las ve Addy, sencillas.

Nos despedimos llorando, emocionadas por la bellísima coincidencia y por lo que para cada una significaba este maratón.

7.58 am.


Despegué... con una sonrisa inmensa y con sensaciones extraordinarias, sintiéndome fuerte, segura, feliz... a pesar de la tormenta. Como debe ser en la vida. No se pueden cambiar muchas cosas pero sí se puede elegir cómo enfrentarlas.


Km 1 · km 30


Lluvia, llovizna, chubascos... viento. Lluvia, llovizna, chubascos, chubascoooossss... se cae el cielooooooooo... y así 30 kms.

Kilómetros de subidas que parecían cascadas y yo las combatía, bajadas que había que controlar para cuidar el paso y no resbalar. Kilómetros de esquivar charcos por precaución a que alguno fuera muy profundo, de esquivar gente, de mantenerse hidratada, de controlar la mente cuando el cuerpo me decía que estaba incómodo con la lluvia, kilómetros de evitar caer en lo que muchos caían: parar.
El ser humano es así, "si todos paran pues puedo parar también, ¿no?", pensaba, podría descansar un minuto y sacudirme de la tormenta para agarrar fuerza.

Pero mi mente y toda la gente que me conoce sabe que NO ENTRENE PARA PARAR, entrené para hacerlo bien. Así que rompí la barrera mental que me decía que parara y seguí, rebasé, me esforcé, me superé... y así llegué al km 30, sin dejar de correr.



Km 30 · km 38


Bajaba la intensidad de la lluvia y el recorrido era menos complejo, pero me esperaban unas cuantas subidas más, sobre todo cerca de la meta, así que a estas alturas fui precavida más que aguerrida; guardé energías para llegar entera al final. Pude disfrutar un poco más de la gente que, a pesar de la tormenta, salió a la calle para animarte. Y pensaba en mis amistades más cercanas (sé que no las tengo que mencionar, saben a quienes me refiero). Esas que durante cualquiera de mis tormentas han estado ahí para animarme, sonreírme, impulsarme, abrazarme y apoyarme incondicionalmente. Mi mejor recompensa en la vida es tener amistades que se alegran conmigo, que comparten tus retos y méritos como si fueran propios, los viven, los sufren, los lloran y los celebran contigo.

Km 38 · km 42

¡La hora de la verdad Lichi! "Cierra con todo, ya no queda nada"... escucho con el corazón las porras de mis seres queridos, a la distancia pero MUY cerca. "Venga Lali", "Ánimo Grillo", "Esooooo Thalía", "Tú puedeeeeeeeeedes Liz", "Ohanaaaaaaaa", "Esoooooooooo Basterraaaaaaaaaa", "Vamos Lichitaaaaaaaaaaaaaa, estamos contigo", "Bravooooo Lichi, nuestra campeona"... y lloro de emoción porque puedo sentir el apoyo, puedo escuchar sus voces, estoy más viva que nunca, empapada, cansada pero con MUCHA fuerza interna que termina haciendo que la recta final no cueste trabajo. Mis piernas responden. Me olvido del peso de mis tenis por el agua, veo la cuesta al final, esa que más de una persona me dijo que enfrentaría. Y la subo, aplaudo, me aplaudo... nunca lo había hecho, jamás lo había hecho... me aplaudí, me lo merezco.

Km 42 = Mile 26


Casualmente minutos antes de mi meta se detiene la lluvia y sale el sol. Regalazo de cierre.

4:21:49.


¡Misión cumplida! Marine Corps Marathon 2019. ENTERA, AGRADECIDA, SONRIENTE, ORGULLOSA.

Ha sido un reto sumamente enriquecedor. De principio a fin. Mi cuerpo está reaccionando de maravilla tras lo hecho ayer, porque también trabajé para una buena recuperación.

Correr es parte de mí, me da equilibrio, es mi tiempo conmigo. Me ayuda a superarme para ser mejor en todos los aspectos de mi vida. Me permite apreciar las cosas que a veces no valoramos, sentirme viva y entender la importancia de la salud.

Mis retos me han ayudado a confirmar la calidad humana que me rodea, los seres queridos que se preocupan y ocupan de mí. Sí, físicamente corrí sola, pero siempre —toda mi vida— he estado muy bien acompañada.

Familia: Son mi fuerza.
Calín: Eres el mejor entrenador y amigo.
Mara: Eres mi hermana.

Para quienes estuvieron al pendiente de mí mi más sincero agradecimiento, sepan que estoy muy feliz, llena de energía positiva.

Mi deseo para ti que te diste el tiempo para leerme es que enfrentes tus batallas con el corazón, nunca te rindas. Del tamaño que sea lo que tengas que superar, da un paso a la vez y te lo prometo, llegarás a tu meta y saldrá el sol...

viernes, 25 de octubre de 2019

Placa ubicada en la calle 51 del Centro Histórico de Mérida, Yucatán. La foto es de Alicia Ceballos, autora del texto que compartimos. Desde el 2005 ha visitado Mérida por largas temporadas.



En Mérida nunca me siento sola


Por Alicia Ceballos (1950).
Escritora cubano-venezolana.

Será…

porque las esquinas tienen nombre
y donde hay un nombre
hay una historia
y donde hay una historia
hay alguien que fue protagonista

porque cuando paso por las puertas
—abiertas y gigantes—
escucho voces, risas
y a veces mi propia historia
que en voz alta están narrando

porque siento que la ciudad se abre
para darme un espacio
en el «nosotros» de los pueblos ancestrales
porque en la convivencia hay besos y abrazos
porque es costumbre vivir cerca
siendo más pequeños los espacios personales

porque mi pared
es también la pared del otro
y entre todas sostienen
esta ciudad blanca de antaño

porque aceras irregulares me alertan
a estar verdaderamente despierta
—como en la vida he de estar—
porque si llego a caer
no falta un prójimo que me levante

porque la ciudad vibra en sus plazas
con bailes, música, alegría

por eso

en Mérida nunca me siento sola.


·:·:·:·:·:·:·:·:·

 

 Recientemente Alicia Ceballos publicó el libro «Luz de luna», el cual puedes encontrar en Amazon dando clic aquí.

martes, 22 de octubre de 2019


«Cielo de otoño»


En la época de mi bisabuela
todo lo que se necesitaba era una escoba
para ver lugares
y perseguir gansos en el cielo.


Charles Simic (1938).
Poeta serbio-estadounidense.


martes, 8 de octubre de 2019


Si bien Letranías es un blog dedicado a palabras en español, en esta ocasión queremos compartir a Mary Oliver sin traducción. Este es uno de esos poemas que alivian. Cada quien encontrará por qué en su lectura. Por eso lo consideremos imprescindible para la vida.

The gift


Mary Oliver (1935 - 2019).
Poeta estadounidense.

Be still, my soul, and steadfast.
Earth and heaven both are still watching
though time is draining from the clock
and your walk, that was confidente and quick,
has become slow.

So, be slow if you must, but let
the heart still play its true part.
Love still as once you loved, deeply
and without patience. Let God and the world
know you are grateful.
That the gift has been given.

Tomado del libro «Felicity».


lunes, 19 de agosto de 2019

El pintor ruso Anatoli Kaplan hizo este dibujo
que tituló «Edmond Jabès en París».


—La esperanza se encuentra en la siguiente página. No cierres el libro.
—He pasado todas las páginas del libro sin topar con la esperanza.
—La esperanza quizá sea el libro.

Edmond Jabès 
(El Cairo, 1912 – Francia, 1991).

viernes, 16 de agosto de 2019



Luis García Montero (1958).
Poeta español.

Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.

Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.

Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.

La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

domingo, 31 de marzo de 2019

Murakami: "Los novelistas pensamos con todo el cuerpo, y esa tarea requiere que el escritor use todas sus capacidades físicas por igual". 

Ando por estos días inmersa en las páginas del libro "De qué hablo cuando hablo de correr" de Haruki Murakami (Japón, 1949). Sabrán que los libros nos llegan cuando tienen que llegar. Lo que en él he encontrado coincide con la meta que me he puesto para abril: correr y escribir todos los días. Hay trechos interesantes y, mejor que eso, inspiradores. Dejo aquí un par de fragmentos que alientan y desafían:

"Soy consciente de que escribir novelas largas es básicamente una labor física. Tal vez el hecho de escribir sea, en sí mismo, una labor intelectual. Pero terminar de escribir un libro se parece más al trabajo físico. Por supuesto que, para escribir un libro, no es necesario levantar grandes pesos, ni correr muy rápido, ni volar muy alto. Por eso, la mayoría de la gente, que sólo ve el exterior, cree que el trabajo de novelista es una tranquila labor intelectual de despacho. Tal vez piensen que, con tal de tener la fuerza suficiente para poder levantar la taza de café, se pueden escribir novelas. Pero, si probaran de veras a hacerlo, estoy seguro de que enseguida me comprenderían y se darían cuenta de que escribir novelas no es un trabajo tan apacible. Es sentarse ante la mesa y concentrar todos tus sentidos en un solo punto, como si fuera un rayo láser, poner en marcha tu imaginación a partir de un horizonte vacío y crear historias, seleccionando una a una las palabras adecuadas y logrando mantener todos los flujos de la historia en el cauce por el que deben discurrir. Y para este tipo de labores se requiere una cantidad de energía a largo plazo mucho mayor de la que generalmente se cree. Y es que, aunque realmente el cuerpo no se mueva, en su interior está desarrollándose una frenética actividad que lo deja extenuado. Por supuesto, la que piensa es la cabeza, la mente. Pero los novelistas, envueltos en el ropaje de nuestras «historias», pensamos con todo el cuerpo, y esa tarea requiere que el escritor use —en muchos casos que abuse— todas sus capacidades físicas por igual. 

(...)

En mi caso, la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿hasta dónde llega la adecuada coherencia y a partir de dónde empieza la mezquindad? ¿cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrarme profundamente en mi interior? ¿hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella? Tengo la impresión de que si, cuando decidí hacerme escritor, no se me hubiera ocurrido empezar a correr largas distancias, las obras que he escrito serían sin duda bastante diferentes". 

Tomado del libro De qué hablo cuando hablo de correr.

domingo, 17 de marzo de 2019

El arganero crece solamente en la parta suroeste de Marruecos.
Sus raíces pueden hundirse hasta treinta metros buscando agua. 


Lamiae El Amrani.
Poeta marroquí.

Ayer me desperté
empapada de alba
buscando mirarme en el reflejo de tus versos,
y sentirme como el humo
que bordea el cerco de tu nuevo sol.

Necesitaba volar como una pluma
para deslizarme sobre tu tierra sólida.

Ayer desperté para ahogarme en ti,
mi propia musa.
Fuerza que me embriaga,
que me ahoga con su aroma de primavera.
Ayer deseaba pasear por tus sentidos
morirme en tus manos,
y resucitar siendo un árbol de arganero
que da sombra a las esperanzas caídas.

Tomado del libro "Venas del desierto" (2018).


martes, 5 de marzo de 2019



De Alberto Blanco (1951).
Poeta mexicano.

IV


Todo mapa comienza con un viaje.
Pero, ¿todo viaje comienza con un mapa?

El mapa es al viaje lo que el mito es al lenguaje.

Los mapas, al principio, fueron relatos de viajes.
Después los mapas fueron paisajes al ras del horizonte: narraciones visuales.
Finalmente, vistas a vuelo de pájaro: poemas geográficos.

Un mapa es una manifestación artística del miedo a lo desconocido.

V


Ver la tierra desde arriba: arrogancia de un dios impostado.

Al principio los mapas de la tierra siempre fueron acompañados por los mapas del cielo.
Después los mapas se quedaron sin cielo.
De seguir las cosas como van, muy pronto los mapas se quedarán sin tierra.

La verdad que se puede decir no es la verdad.
Las palabras no son las cosas que designan.
Los mapas de la tierra no son la tierra.
Las cartas estelares no son el cielo.

Un punto es un pueblo.
Una línea es una carretera.
Una superficie coloreada es un país.
Un volumen debe ser un mapa de la historia.

VI


Mapas exteriores: geografías.
Mapas interiores: psicografía.
Las puertas son los sentidos.
Los límites son el cuerpo.

La moral que se deduce de los mapas tiene que ver con una idea de dominio o —en el mejor de los casos— con una idea de conservación.

Cuando se piensa en la relación directa que existe entre los mapas, las ganancias, las guerras de conquista y el dominio del tiempo, no se puede menos que pensar en el título de aquel poema de Stephen Spender:
Un cronómetro y un mapa de artillería.
Un mapa a la medida de la ambición de un hombre.
La ambición de un hombre a la medida de un sistema de referencias.

Todos los puntos de referencia en un mapa ven hacia afuera.

Tomado de:
Revista de la Universidad de México.
Núm. 838/839. Julio - Agosto de 2018.

jueves, 24 de enero de 2019

George Steiner, 2005.
© Peter Marlow/Magnum Photos

Fragmento de «La idea de Europa".
George Steiner (1929). Teórico francés.

Algunos elementos integrantes del pensamiento y la sensibilidad europeos son, en el sentido originario de la palabra, «pedestres». Su cadencia y su secuencia son las del caminante. En la filosofía y en la retórica griegas, los peripatéticos son, literalmente, los que viajan a pie de una polis a otra, aquellos cuyas enseñanzas son itinerantes. En la métrica y en las convenciones poéticas de Occidente, el «pie», el «compás», el enjambement [encabalgamiento] de versos o estrofas nos recuerda la estrecha intimidad que existe entre el cuerpo humano recorriendo la tierra y las artes de la imaginería. Buena parte de la teorización más incisiva es generada por el acto de caminar. El cotidiano Fussgang [paseo a pie] de Kant, su ruta, cronométricamente exacta, a través de Königsberg, llegó a ser legendario. Las meditaciones, los ritmos perceptivos de Rousseau son los del promeneur. Los largos paseos de Kierkegaard por Copenhague y sus suburbios resultaron ser un espectáculo público y objeto de caricatura. Pero son estos paseos, con sus desviaciones, sus repentinos cambios de rumbo y paso, lo que se refleja en las síncopas de su prosa. La de Charles Péguy es probablemente la más pulsante, la que más se ajusta a un redoble de tambor de literatura moderna. Las frases avanzan inexorables; sus conclusiones son remachadas a fondo por los taconazos de estos pesados zapatos y estas botas de infantería, emblemáticas de la visión de Péguy. De ahí el incomparable «himno de marcha» de su peregrinación a Chartres y de la oda que la celebra.

En una era americana, que es la del automóvil y el avión a reacción, apenas podemos imaginar las distancias que los maestros europeos recorrían y utilizaban para finalidades intelectuales y poéticas. Hölderlin va a pie desde Westfalia a Burdeos, ida y vuelta. El joven Wordsworth camina desde Calais hasta el Oberland de Berna, ida y vuelta. Coleridge, un individuo corpulento y con diversos achaques físicos, cubre de manera habitual entre treinta y cinco y cincuenta kilómetros per diem por terreno peligroso, montañoso, componiendo a un tiempo poesía o intrincados argumentos teológicos. y pensemos en el papel del wanderer [caminante] en algunos de los más grandes de nuestra música: en las fantasías y canciones de Schubert, en Mahler. Una vez más, la enigmática profecía de Benjamin acude a neustro recuerdo: en toda la alegoría y la leyenda europea, el mendigo que llama a la puerta, el mendigo que acaso sea un enviado de los dioses o un agente demoniaco disfrazado, viene andando.

La historia europea ha sido una historia de largas marchas.


Wanderlust, palabra alemana.
Es el deseo o impulso por viajar y explorar el mundo.


PS. El Fondo de Cultura Económica, en la Colección Centzontle, tiene una pequeña edición de «La idea de Europa" que les recomiendo. Tiene prólogo de Mario Vargas Llosa e introducción de Rob Riemen.

Addy Góngora Basterra

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Julia Mortera

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