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miércoles, 30 de octubre de 2019

Nuestros objetos más preciados


Amor Towles (1964).
Escritor norteamericano.

Fragmento del libro «Un caballero en Moscú».

Desde una edad muy temprana hemos de aprender a despedirnos de amigos y familiares. Les decimos adiós a nuestros padres y a nuestros hermanos en la estación; visitamos a nuestros primos, vamos a colegios, ingresamos en un regimiento; nos casamos o viajamos al extranjero. Tomar a un ser querido por los hombros y desearle buena suerte mientras nos consolamos pensando que no tardaremos en tener noticias suyas es algo que hacemos constantemente y que forma parte de la experiencia humana.

Sin embargo, no es muy probable que la experiencia nos enseñe a despedirnos de nuestros objetos más preciados. ¿Y si lo hiciera? No agradeceríamos la lección. Porque muchas veces acabamos por tomarles más cariño a nuestras posesiones favoritas que a nuestros amigos. Nos las llevamos de un sitio a otro, en ocasiones con un coste y una incomodidad considerables; les quitamos el polvo y abrillantamos sus superficies, regañamos a los niños cuando juegan con demasiada brusquedad cerca de ellas y permitimos que nuestros recuerdos les confieran cada vez más importancia. En este mismo armario, tendemos a recordar, me escondía de niño; esos candelabros de plata eran los que adornaban nuestra mesa en Nochebuena; fue con este pañuelo con el que una vez ella se enjugó las lágrimas, etcétera, etcétera. Incluso imaginamos que esas posesiones cuidadosamente conservadas podrían ofrecernos auténtico solaz ante la pérdida de un compañero.

Y sin embargo, es evidente que un objeto no es más que un objeto.

lunes, 28 de octubre de 2019

Piernas, mente y corazón: Maratón

Lichi, mi hermana, corrió el domingo 27 de octubre el Maratón de Washington. Se preparó durante meses en la poco favorable temperatura de Yucatán, tierra plana, húmeda y mayormente sofocante. Bajo la lluvia de DC, ayer logró un tiempo de 4:21:49 en los 42 kilómetros, nada mal. 

Esta mañana nos ha compartido  por WhatsApp la crónica de su desafío físico y mental. Así como el escritor Haruki Murakami, novelista que corre, escribió en su libro "De qué hablo cuando hablo de correr" que la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿hasta dónde llega la adecuada coherencia y a partir de dónde empieza la mezquindad? ¿cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrarme profundamente en mi interior? ¿hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella?, así Lichi encontró para la escritura de la vida un gran aprendizaje de sí misma en la carrera. Aquí lo comparte.





Por Liz Góngora Basterra (1983).


Domingo 27/10/2019

4.25 am.


Good morning Madame, this is the "wake up call" you asked for, Good luck today!

Abro los ojos, respiro profundo... y justo antes de poner los pies en el suelo tomo conciencia de lo que estoy a punto de hacer. Así que me tomo el tiempo de agradecerle a la vida por permitirme este momento, le agradezco a mi cuerpo por estar entero y completo, dispuesto a recibir el estrés físico al que lo someteré y para lo cual lo he preparado con mucha responsabilidad.

Y me agradezco a mí misma, sin importar qué pase a partir de ese momento, por no conformarme con la comodidad, por ser valiente como mis hermanas, por perseguir mis ideales hasta alcanzarlos como lo han hecho mis padres, por ser guerrera como mi entrenador —el mejor del mundo— y por elegir rodearme de todas las personas que tengo cerca y que me engrandecen, esas amistades que más bien son familia.

Respiro profundo nuevamente y entonces me deslizo de la alta cama del hotel como si fuera una resbaladilla... me dejo caer suavemente hasta que mis pies tocan el suelo, me conecto... y comienza el ritual.

Uniforme, desayuno, baño, reloj, cinturón, geles, pastillas de sal, vaselina —bendita vaselina—, gorra, audífonos, número, bandera, estiramientos... y mientras me estiro frente a la ventana que da a Washington DC me doy cuenta del tormentón que hay, del cual no creo librarme.

¡Lista! Llevo seis meses esperando esta mañana y aquí estoy. Bajo al Lobby, se abre la puerta del elevador y el mar de gente, todos compañeros corredores, llenan de energía el lugar. El ambiente se empieza a vivir, todos vamos por el mismo objetivo, con diferentes motivos... pero en este instante somos equipo, estamos juntos en esto.

Me subo al transporte que el hotel dispuso de forma gratuita para llevarnos al punto más cercano al inicio. Todos estamos cubiertos con bolsas de plástico, no importa quiénes somos, cómo nos vemos ni de qué país venimos. Es un ambiente de inclusión, de esos en los que da gusto estar. Aquí no importa la edad, el género, las preferencias, la nacionalidad, el peso, el look... ni siquiera tu marca importa... Entre 40,000 corredores en la línea de salida tú eres uno más y todos nos identificamos y nos respetamos por el simple hecho de estar aquí, de haber elegido esta batalla para superarla y crecer en el camino.

Betty Noell... deseo que algún día conozcan a personas como ella. Coincidimos llegando a la villa de corredores, donde iniciaría el maratón.

Betty & Lichi antes de correr.


Betty fue mi ángel de la guarda, representó a quienes de corazón me acompañaron en este proceso. Conocerla fue un regalo inesperado. Gracias a ella nunca estuve nerviosa, su compañía fue como si Mara estuviera ahí conmigo (como cuando estuvo en el maratón de Chicago), sus palabras fueron las que mi papá me habría dicho en ese momento, su abrazo fue el que mi mamá me hubiera dado, su entereza y energía eran las que Tere me hubiera inyectado, sus consejos y preocupación porque yo estuviera lista eran los que Calín me hubiera transmitido, su manera de saborear la lluvia en vez de sufrirla me hizo ver las cosas como las ve Addy, sencillas.

Nos despedimos llorando, emocionadas por la bellísima coincidencia y por lo que para cada una significaba este maratón.

7.58 am.


Despegué... con una sonrisa inmensa y con sensaciones extraordinarias, sintiéndome fuerte, segura, feliz... a pesar de la tormenta. Como debe ser en la vida. No se pueden cambiar muchas cosas pero sí se puede elegir cómo enfrentarlas.


Km 1 · km 30


Lluvia, llovizna, chubascos... viento. Lluvia, llovizna, chubascos, chubascoooossss... se cae el cielooooooooo... y así 30 kms.

Kilómetros de subidas que parecían cascadas y yo las combatía, bajadas que había que controlar para cuidar el paso y no resbalar. Kilómetros de esquivar charcos por precaución a que alguno fuera muy profundo, de esquivar gente, de mantenerse hidratada, de controlar la mente cuando el cuerpo me decía que estaba incómodo con la lluvia, kilómetros de evitar caer en lo que muchos caían: parar.
El ser humano es así, "si todos paran pues puedo parar también, ¿no?", pensaba, podría descansar un minuto y sacudirme de la tormenta para agarrar fuerza.

Pero mi mente y toda la gente que me conoce sabe que NO ENTRENE PARA PARAR, entrené para hacerlo bien. Así que rompí la barrera mental que me decía que parara y seguí, rebasé, me esforcé, me superé... y así llegué al km 30, sin dejar de correr.



Km 30 · km 38


Bajaba la intensidad de la lluvia y el recorrido era menos complejo, pero me esperaban unas cuantas subidas más, sobre todo cerca de la meta, así que a estas alturas fui precavida más que aguerrida; guardé energías para llegar entera al final. Pude disfrutar un poco más de la gente que, a pesar de la tormenta, salió a la calle para animarte. Y pensaba en mis amistades más cercanas (sé que no las tengo que mencionar, saben a quienes me refiero). Esas que durante cualquiera de mis tormentas han estado ahí para animarme, sonreírme, impulsarme, abrazarme y apoyarme incondicionalmente. Mi mejor recompensa en la vida es tener amistades que se alegran conmigo, que comparten tus retos y méritos como si fueran propios, los viven, los sufren, los lloran y los celebran contigo.

Km 38 · km 42

¡La hora de la verdad Lichi! "Cierra con todo, ya no queda nada"... escucho con el corazón las porras de mis seres queridos, a la distancia pero MUY cerca. "Venga Lali", "Ánimo Grillo", "Esooooo Thalía", "Tú puedeeeeeeeeedes Liz", "Ohanaaaaaaaa", "Esoooooooooo Basterraaaaaaaaaa", "Vamos Lichitaaaaaaaaaaaaaa, estamos contigo", "Bravooooo Lichi, nuestra campeona"... y lloro de emoción porque puedo sentir el apoyo, puedo escuchar sus voces, estoy más viva que nunca, empapada, cansada pero con MUCHA fuerza interna que termina haciendo que la recta final no cueste trabajo. Mis piernas responden. Me olvido del peso de mis tenis por el agua, veo la cuesta al final, esa que más de una persona me dijo que enfrentaría. Y la subo, aplaudo, me aplaudo... nunca lo había hecho, jamás lo había hecho... me aplaudí, me lo merezco.

Km 42 = Mile 26


Casualmente minutos antes de mi meta se detiene la lluvia y sale el sol. Regalazo de cierre.

4:21:49.


¡Misión cumplida! Marine Corps Marathon 2019. ENTERA, AGRADECIDA, SONRIENTE, ORGULLOSA.

Ha sido un reto sumamente enriquecedor. De principio a fin. Mi cuerpo está reaccionando de maravilla tras lo hecho ayer, porque también trabajé para una buena recuperación.

Correr es parte de mí, me da equilibrio, es mi tiempo conmigo. Me ayuda a superarme para ser mejor en todos los aspectos de mi vida. Me permite apreciar las cosas que a veces no valoramos, sentirme viva y entender la importancia de la salud.

Mis retos me han ayudado a confirmar la calidad humana que me rodea, los seres queridos que se preocupan y ocupan de mí. Sí, físicamente corrí sola, pero siempre —toda mi vida— he estado muy bien acompañada.

Familia: Son mi fuerza.
Calín: Eres el mejor entrenador y amigo.
Mara: Eres mi hermana.

Para quienes estuvieron al pendiente de mí mi más sincero agradecimiento, sepan que estoy muy feliz, llena de energía positiva.

Mi deseo para ti que te diste el tiempo para leerme es que enfrentes tus batallas con el corazón, nunca te rindas. Del tamaño que sea lo que tengas que superar, da un paso a la vez y te lo prometo, llegarás a tu meta y saldrá el sol...

viernes, 25 de octubre de 2019

En Mérida nunca me siento sola

Placa ubicada en la calle 51 del Centro Histórico de Mérida, Yucatán. La foto es de Alicia Ceballos, autora del texto que compartimos. Desde el 2005 ha visitado Mérida por largas temporadas.



En Mérida nunca me siento sola


Por Alicia Ceballos (1950).
Escritora cubano-venezolana.

Será…

porque las esquinas tienen nombre
y donde hay un nombre
hay una historia
y donde hay una historia
hay alguien que fue protagonista

porque cuando paso por las puertas
—abiertas y gigantes—
escucho voces, risas
y a veces mi propia historia
que en voz alta están narrando

porque siento que la ciudad se abre
para darme un espacio
en el «nosotros» de los pueblos ancestrales
porque en la convivencia hay besos y abrazos
porque es costumbre vivir cerca
siendo más pequeños los espacios personales

porque mi pared
es también la pared del otro
y entre todas sostienen
esta ciudad blanca de antaño

porque aceras irregulares me alertan
a estar verdaderamente despierta
—como en la vida he de estar—
porque si llego a caer
no falta un prójimo que me levante

porque la ciudad vibra en sus plazas
con bailes, música, alegría

por eso

en Mérida nunca me siento sola.


·:·:·:·:·:·:·:·:·

 

 Recientemente Alicia Ceballos publicó el libro «Luz de luna», el cual puedes encontrar en Amazon dando clic aquí.

martes, 22 de octubre de 2019

Cielo de otoño


«Cielo de otoño»


En la época de mi bisabuela
todo lo que se necesitaba era una escoba
para ver lugares
y perseguir gansos en el cielo.


Charles Simic (1938).
Poeta serbio-estadounidense.


martes, 8 de octubre de 2019

El regalo


Si bien Letranías es un blog dedicado a palabras en español, en esta ocasión queremos compartir a Mary Oliver sin traducción. Este es uno de esos poemas que alivian. Cada quien encontrará por qué en su lectura. Por eso lo consideremos imprescindible para la vida.

The gift


Mary Oliver (1935 - 2019).
Poeta estadounidense.

Be still, my soul, and steadfast.
Earth and heaven both are still watching
though time is draining from the clock
and your walk, that was confidente and quick,
has become slow.

So, be slow if you must, but let
the heart still play its true part.
Love still as once you loved, deeply
and without patience. Let God and the world
know you are grateful.
That the gift has been given.

Tomado del libro «Felicity».