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domingo, 31 de marzo de 2019

Novelista que corre

Murakami: "Los novelistas pensamos con todo el cuerpo, y esa tarea requiere que el escritor use todas sus capacidades físicas por igual". 

Ando por estos días inmersa en las páginas del libro "De qué hablo cuando hablo de correr" de Haruki Murakami (Japón, 1949). Sabrán que los libros nos llegan cuando tienen que llegar. Lo que en él he encontrado coincide con la meta que me he puesto para abril: correr y escribir todos los días. Hay trechos interesantes y, mejor que eso, inspiradores. Dejo aquí un par de fragmentos que alientan y desafían:

"Soy consciente de que escribir novelas largas es básicamente una labor física. Tal vez el hecho de escribir sea, en sí mismo, una labor intelectual. Pero terminar de escribir un libro se parece más al trabajo físico. Por supuesto que, para escribir un libro, no es necesario levantar grandes pesos, ni correr muy rápido, ni volar muy alto. Por eso, la mayoría de la gente, que sólo ve el exterior, cree que el trabajo de novelista es una tranquila labor intelectual de despacho. Tal vez piensen que, con tal de tener la fuerza suficiente para poder levantar la taza de café, se pueden escribir novelas. Pero, si probaran de veras a hacerlo, estoy seguro de que enseguida me comprenderían y se darían cuenta de que escribir novelas no es un trabajo tan apacible. Es sentarse ante la mesa y concentrar todos tus sentidos en un solo punto, como si fuera un rayo láser, poner en marcha tu imaginación a partir de un horizonte vacío y crear historias, seleccionando una a una las palabras adecuadas y logrando mantener todos los flujos de la historia en el cauce por el que deben discurrir. Y para este tipo de labores se requiere una cantidad de energía a largo plazo mucho mayor de la que generalmente se cree. Y es que, aunque realmente el cuerpo no se mueva, en su interior está desarrollándose una frenética actividad que lo deja extenuado. Por supuesto, la que piensa es la cabeza, la mente. Pero los novelistas, envueltos en el ropaje de nuestras «historias», pensamos con todo el cuerpo, y esa tarea requiere que el escritor use —en muchos casos que abuse— todas sus capacidades físicas por igual. 

(...)

En mi caso, la mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana. De un modo natural, físico y práctico. ¿En qué medida y hasta dónde debo forzarme? ¿cuánto descanso está justificado y cuánto es excesivo? ¿hasta dónde llega la adecuada coherencia y a partir de dónde empieza la mezquindad? ¿cuánto debo fijarme en el paisaje exterior y cuánto concentrarme profundamente en mi interior? ¿hasta qué punto debo creer firmemente en mi capacidad y hasta qué punto debo dudar de ella? Tengo la impresión de que si, cuando decidí hacerme escritor, no se me hubiera ocurrido empezar a correr largas distancias, las obras que he escrito serían sin duda bastante diferentes". 

Tomado del libro De qué hablo cuando hablo de correr.

domingo, 17 de marzo de 2019

Arganero

El arganero crece solamente en la parta suroeste de Marruecos.
Sus raíces pueden hundirse hasta treinta metros buscando agua. 


Lamiae El Amrani.
Poeta marroquí.

Ayer me desperté
empapada de alba
buscando mirarme en el reflejo de tus versos,
y sentirme como el humo
que bordea el cerco de tu nuevo sol.

Necesitaba volar como una pluma
para deslizarme sobre tu tierra sólida.

Ayer desperté para ahogarme en ti,
mi propia musa.
Fuerza que me embriaga,
que me ahoga con su aroma de primavera.
Ayer deseaba pasear por tus sentidos
morirme en tus manos,
y resucitar siendo un árbol de arganero
que da sombra a las esperanzas caídas.

Tomado del libro "Venas del desierto" (2018).


martes, 5 de marzo de 2019

Mapas



De Alberto Blanco (1951).
Poeta mexicano.

IV


Todo mapa comienza con un viaje.
Pero, ¿todo viaje comienza con un mapa?

El mapa es al viaje lo que el mito es al lenguaje.

Los mapas, al principio, fueron relatos de viajes.
Después los mapas fueron paisajes al ras del horizonte: narraciones visuales.
Finalmente, vistas a vuelo de pájaro: poemas geográficos.

Un mapa es una manifestación artística del miedo a lo desconocido.

V


Ver la tierra desde arriba: arrogancia de un dios impostado.

Al principio los mapas de la tierra siempre fueron acompañados por los mapas del cielo.
Después los mapas se quedaron sin cielo.
De seguir las cosas como van, muy pronto los mapas se quedarán sin tierra.

La verdad que se puede decir no es la verdad.
Las palabras no son las cosas que designan.
Los mapas de la tierra no son la tierra.
Las cartas estelares no son el cielo.

Un punto es un pueblo.
Una línea es una carretera.
Una superficie coloreada es un país.
Un volumen debe ser un mapa de la historia.

VI


Mapas exteriores: geografías.
Mapas interiores: psicografía.
Las puertas son los sentidos.
Los límites son el cuerpo.

La moral que se deduce de los mapas tiene que ver con una idea de dominio o —en el mejor de los casos— con una idea de conservación.

Cuando se piensa en la relación directa que existe entre los mapas, las ganancias, las guerras de conquista y el dominio del tiempo, no se puede menos que pensar en el título de aquel poema de Stephen Spender:
Un cronómetro y un mapa de artillería.
Un mapa a la medida de la ambición de un hombre.
La ambición de un hombre a la medida de un sistema de referencias.

Todos los puntos de referencia en un mapa ven hacia afuera.

Tomado de:
Revista de la Universidad de México.
Núm. 838/839. Julio - Agosto de 2018.