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miércoles, 25 de octubre de 2017

Pablo Picasso



#Biografía

Así empieza el libro Picasso, creador y destructor*, biografía del célebre pintor español:

Nació muerto o eso creyeron. El niño que había dado a luz doña María Picasso de Ruiz, a las once y cuarto de la noche del 25 de octubre de 1881, no respiraba ni se movía. Tras inútiles esfuerzos para revivir al niño, la comadrona abandonó el cuerpo inanimado sobre una mesa y dedicó su atención a la madre. El marido de doña María, don José Ruiz, y los familiares que se habían congregado para ser testigos del nacimiento, lo dieron por muerto; pero no así don Salvador, el hermano más joven de don José y médico de gran habilidad y prestigio. Inclinándose sobre el niño, le sopló en la nariz humo del puro que estaba fumando, y allí donde la comadrona había fallado, el humo del tabaco tuvo éxito e hizo reaccionar al bebé. Así, el primer hijo varón de la familia Ruiz, al que le pondrían el nombre de Pablo, inició su vida «con una mueca y un grito de furia».



El 10 de noviembre fue bautizado en la parroquia de Santiago con los nombres de Pablo, por su difunto tío del mismo nombre; Diego, por su abuelo paterno y su tío mayor; José, por su padre; Francisco de Paula, por su abuelo materno; Juan Nepomuceno, por su padrino (abogado amigo de su padre), y María de los Remedios, por su madrina, que lo amamantó al mismo tiempo que a su primer hijo, ya que doña María, la madre de Pablo, no pudo criarlo por estar agotada psíquica y físicamente por el dramático parto. Los últimos nombres de la larguísima lista fueron Cipriano y «de la Santísima Trinidad», de acuerdo con la antigua costumbre de dejar el nombre más sagrado en último lugar, como si se dijera «es lo más lejos a lo que podemos llegar». La mayor parte de estos nombres no tuvieron más valor en su vida que el de aparecer en el Registro Civil de Málaga, y Picasso no usó nunca más nombre que el de Pablo, por el que fue universalmente conocido.

*Fragmento de «Yo, el Rey», capítulo I del libro “Picasso, creador y destructor” de Arianna Stassinopoulos Huffington. Ediciones Maeva-Lasser, 1988.




jueves, 19 de octubre de 2017

El viaje del elefante


Estás buscando un libro para leer, ¿qué tal éste? 
A modo de seducción, compartimos estas líneas que escribió Sergio Ramírez sobre esta historia:

"El viaje del elefante salomón y su cornaca subhro desde Lisboa hasta Viena en el siglo dieciséis es un viaje hacia el olvido y hacia la muerte, el penúltimo de los libros de José Saramago, cuando él mismo se acercaba ya al fin de su viaje, el suyo propio y el de su imaginación. Una extravagancia caprichosa el exótico regalo que el rey Juan III de Portugal le hace a su primo el archiduque Maximiliano de Austria, que se convierte en sacrificio cuando salomón es obligado a marchar a pie por el largo camino hacia su destino final, y fatal, que es también el de subhro, dos destinos que no pueden separarse, uno al lomo del otro, condenados a desaparecer de los ojos humanos si no es porque esta espléndida novela los revive para siempre".

lunes, 2 de octubre de 2017

Sonetos de Nandino



Elías Nandino (1900-1993). Poeta mexicano.
Fragmento del poema "Nocturno en llamas"

I


Antes de haber nacido, cuando apenas
en las galaxias era calofrío,
o sed en rotación por el vacío,
o sangre sin la cárcel de las venas;

antes de ser en túnica de arenas
un angustiado palpitar sombrío,
antes, mucho antes que este cuerpo mío
supiera de esperanzas y de penas:

ya buscaba tu nombre, tu semblante,
el disperso latir de tu vivencia,
tu mirada en las nubes esparcida;

porque, desde el asomo delirante
de mis instintos ciegos, tu existencia
era ya por mis ansias presentida.

III


¿Cuántas transmutaciones has pasado?
¿Cuántos siglos de luz, cuántos colores,
nebulosas, crepúsculos y flores
para llegar a ser, has transitado?

¿En qué constelaciones has brillado?
¿Después de cuántas muertes y dolores,
de huracanes, relámpagos y albores
la forma corporal has conquistado?

No puede concebir mi pensamiento
esa edad atmosférica que hicimos
en giratoria espera; mas yo siento

que milenios de lumbres anduvimos
esperanzados en el firmamento,
hasta unir este amor con que existimos.