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jueves, 21 de diciembre de 2017

Las navidades ajenas

Este cuento nos recuerda a las personas que, con detalles, nos han dicho que nos quieren... haciendo de la navidad un baúl de irremplazables emociones.

Por Federico Andahazi (1963).
Escritor argentino.

Recuerdo las navidades de mi infancia con esa grata nostalgia que dejan los deseos cumplidos. Cuando yo era chico vivíamos con mi madre en casa de mis abuelos. Mi abuelo, socialista y agnóstico intransigente, se resistía a celebrar toda ceremonia que tuviese un origen religioso. De manera que en mi casa no se festejaba la Navidad. El arbolito, los preparativos, los regalos, las compras de la víspera, eran parte de un mundo tan ajeno como anhelado. A través de la ventana de mi cuarto podía ver cómo, en el edificio de enfrente, cada departamento se iba poblando de luces y adornos, mientras mi casa permanecía como si nada sucediera. No era, sin embargo, una cena igual a la de todos los días; comíamos más tarde y, como por casualidad y aprovechando el feriado del día siguiente, esperábamos la medianoche. Entonces, cuando empezaban a tronar los petardos, salíamos al balcón para ver las luces de los fuegos artificiales que volaban por sobre la cúpula del Congreso. Iluminado por aquel destello multicolor, yo festejaba secreta y silenciosamente. No podía evitar querer ser parte de la fiesta, brindar como lo hacían mis vecinos y esperar sentado cerca del arbolito que dijeran mi nombre para recibir mi regalo. Así eran las navidades en casa, hasta que, en las fiestas previas a mi ingreso en la primaria, sucedió un hecho en apariencia intrascendente. Estábamos en el balcón viendo la repetida escena de los festejos en el departamento al otro lado de la calle Ayacucho, cuando, en el mismo momento en que yo me imaginaba abriendo el envoltorio de un paquete enorme, me encontré con la mirada severa de mi abuelo que, acodado en la baranda, parecía haber descubierto mis pensamientos. Ambos desviamos la vista con cierta incomodidad pero sin decir palabra. Creí ver en sus ojos el brillo del enojo. Nadie más fue testigo de aquel diálogo mudo.

Recuerdo que al día siguiente había ido a jugar a la pelota al garaje junto a mi casa, aprovechando que estaba cerrado. Cuando volví pude ver en un ángulo del living, un árbol de Navidad nevado, resplandeciente y decorado con luces que iluminaban todo el cuarto. Tardé en descubrir que, al pie, había un paquete envuelto con papel metálico rojo en cuya tarjeta estaba escrito mi nombre. Pero muchos años más demoré en entender lo que había significado para mi abuelo haber armado con sus propias manos aquel arbolito que apenas sobrepasaba mi estatura infantil y, sin embargo, me pareció el más grande del mundo.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Poema de amor 2

Este poema es para esos amores que duran más que el tiempo que pasaste junto a «ese alguien»...

Darío Jaramillo Agudelo (1947).
Poeta colombiano.

Podría perfectamente suprimirte de mi vida,
no contestar tus llamadas, no abrirte la puerta de la casa,
no pensarte, no desearte,
no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte,
circular por calles por donde sé que no pasas,
eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,
cada recuerdo de tu recuerdo,
olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,
responder con evasivas cuando me pregunten por ti
y hacer como si no hubieras existido nunca.

Pero te amo.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

¡Viva la foto!

"Fotografiar es conferir importancia"
—Susan Sontag.

Por Addy Góngora Basterra.

Va de salida el 2017 que en el ámbito literario ha resonado por la conmemoración de los cien años del natalicio de Juan Rulfo (1917-1986). Por eso el Colectivo «Viva La Foto» organizó un concurso de fotoliteratura, convocando a traducir o representar en imágenes las palabras del autor jalisciense.

     La premiación —que contó con el apoyo de La Bodega del Fotógrafo— y exposición, realizada el lunes 11 de diciembre en el Foro Cultural Amaro, presentó las tres obras ganadoras, así como algunas de las participantes. Antes de recorrer la galería tuvimos espacio para hablar brevemente de Rulfo, leer algo suyo y hacer entrega de premios a los tres ganadores: Hugo Borges, Isaac Medina y Elizabeth Rodríguez.

     Si algo hay que agradecer son las invitaciones a compartir con otros el amor que uno tiene por ciertos libros y autores. Con Letranías como carta de presentación, acepté cuando me convocaron a leer algo del centenario homenajeado. La tentación —más que invitación— fue provocadora y ocasión ideal para compartir una crónica rulfiana de 1950, “Castillo de Teayo”, que así inicia: 


Un farol nos detiene. Un farol rojo que expande su luz y se balancea frente a nosotros. Sólo se ve el farol. La lluvia y la noche cierran la carretera. 
     —¿Qué quieren esos? ¿dónde estamos?
     El farol se acerca y alguien, allá en el fondo de la oscuridad, nos dice:
     —¡Bajen sus luces! ¡Favor! ¡Favor de hacerse a un lado!
     La lluvia golpea ahora más fuerte, en ráfagas blancas, mezcladas con neblina. Por la ventanilla abierta se asoma una cara extraña, como de cobre.
     —No se puede seguir más allá —dice—. Se ha derrumbado el paredón en Mata Obscura, no hay paso. Eso es todo. Pueden volverse a Poza Rica o quedarse aquí, como quieran.
     Es un soldado. Detrás de él está un rifle por el que escurre el agua en hilos brillantes.
     —¿Dónde estamos? ¿qué lugar es éste?

     Juan Rulfo pasó a la historia como gran fotógrafo y escritor porque fue un gran viajero. Con los sentidos afilados anduvo serpenteando carreteras y pueblos de México, de aquí para allá, siempre alerta, con cámara y lápiz en mano. Destreza de ajtsikbal: supo escuchar y recrear. Pero también supo ver, sutil mirada de artista para detener en el tiempo la luz filtrada entre ahuehuetes o el impasible cráter de un volcán.

     Si la escritura de Juan Rulfo es un caracol al que acercamos oídos para escuchar mexicanidad en palabras de tierra, piel y niebla, sus fotografías son instantes de vida rural entre ruido prehispánico y selva, paisaje yermo y silencio del México multicolor detenido inolvidablemente a blanco y negro. / AGB /.


Primer lugar. Fotografía de Hugo Borges. Dedicada al relato "El llano en llamas".

Mención honorífica. Fotografía de Isaac Medina. "Don Juan y Doloritas" inspirada en "Pedro Páramo". 

Fotografía de Elizabeth Rodríguez evocando el estilo fotográfico de Juan Rulfo "El viaje sin regreso". 

Olga Moguel durante dando la bienvenida al Foro Cultural Amaro y presentando la actividad del Colectivo "Viva La Foto". Foto de Victoria González Chablé.

Addy Góngora Basterra hablando de Juan Rulfo y de la crónica de viajes "Castillo de Teayo". Foto de Victoria González Chablé.

Organizadores del evento e Integrantes del Colectivo «Viva La Foto» con Isaac Medina. 

Una de las fotografías que formaron parte de la exposición y el fragmento de Juan Rulfo al que alude.

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La crónica "Castillo de Teayo" forma parte de la edición que RM publicó recientemente. Puedes conseguirlo en Librerías Gandhi. 

jueves, 7 de diciembre de 2017

La Uruguaya

La narrativa en "La Uruguaya" de Pedro Mairal es corriente impetuosa ante la que no puedes oponer resistencia: te lleva, te arrastra, te transporta. Por algo Mairal está considerado como autor imperdible de la literatura argentina contemporánea. Publicó su primera novela en 1998, "Una noche con Sabrina Love", con la que ganó el Premio Clarín Novela.

Para el 2018 está el proyecto de hacer película "La Uruguaya" con guión suyo, de Hernán Casciari y Christian Basilis. El mismo Mairal ha dicho que será —nada más y nada menos— que Jorge Drexler quien haga el tema 🎶.
Recomiendo su lectura 👌
Addy




Pedro Mairal (1970). Escritor argentino.
Fragmento de "La Uruguaya".

"Entonces escribí el mail que vos encontraste más tarde: 
     «Guerra, estoy yendo. ¿Podés a las 2?»
     Nunca dejaba mi correo abierto. Jamás. Era muy cuidadoso con eso. Me tranquilizaba sentir que había una parte de mi cerebro que no compartía con vos. Necesitaba mi cono de sombra, mi traba en la puerta, mi intimidad, aunque solo fuera para estar en silencio. Siempre me aterra esa cosa siamesa de las parejas: opinan lo mismo, comen lo mismo, se emborrachan a la par, como si compartieran el torrente sanguíneo. Debe haber un resultado químico de nivelación después de años de mantener esa coreografía constante. Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos... ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? Te volvés simétrico con el otro, los metabolismos se sincronizan, funcionás en espejo; un ser binario con un solo deseo. Y el hijo llega para envolver ese abrazo y sellarlos con un lazo eterno. Es pura asfixia la idea. 
     Digo «la idea» porque me parece que los dos luchamos contra eso a pesar de que la inercia nos fue llevando. Ya mi cuerpo no terminaba en la punta de mis dedos; continuaba en el tuyo. Un solo cuerpo. No hubo más Catalina ni más Lucas. Se pinchó el hermetismo, se fisuró: yo hablando dormido, vos leyéndome los mails... En algunas zonas del Caribe las parejas le ponen al hijo un nombre compuesto por los nombres de los padres. Si hubiéramos tenido una hija, se podría llamar Lucalina, por ejemplo, y Maiko podría llamarse Catalucas. Ése es el nombre del monstruo que éramos vos y yo cuando nos trasbasábamos en el otro. No me gusta esa idea del amor. Necesito un rincón privado. ¿Por qué miraste mis mails? ¿Estabas buscando algo para empezar la confrontación, para finalmente cantarme tus verdades? Yo nunca te revisé los mails. Ya sé que dejabas tu casilla siempre abierta, y eso me quitaba curiosidad, pero no se me ocurría ponerme a leer tus cosas". 

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Pedro Mairal · Fotografía tomada de Wikipedia.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Guitarra



—La Guitarra—

Habrá un silencio verde
todo hecho de guitarras destrenzadas.

La guitarra es un pozo
con viento en vez de agua.

Gerardo Diego (1896-1987).
Poeta español.


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—Las seis cuerdas—

La guitarra,
hace llorar a los sueños.
El sollozo de las almas
perdidas,
se escapa por su boca redonda.
Y como la tarántula,
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe de madera.

Federico García Lorca (1898-1936).
Poeta español.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Cuando se enferma



Muhsin Al-Ramli (1967). 
Poeta iraquí.

Cuando está enferma, me dice:
estoy triste,
ven y siéntate al borde de la cama
toma mi mano y cántame
con tu voz cansada por el tabaco y el habla continua.
Estoy enferma, acércate
y cántame
una canción de niños de tu país
una canción de niños, con el acento de tu país.
Estoy enferma.
Cántame.

Tomado del libro «Pérdida ganadora».


martes, 7 de noviembre de 2017

El final de la ciencia ficción

Detalle de la escultura "Apolo y Dafne" de Bernini, realizada en mármol entre 1622 y 1625. Se encuentra en la Galería Borghese en Roma. 


Lisel Mueller (1924). Poeta estadounidense.

Esta no es una fantasía, es nuestra vida.
Somos los personajes
que invadieron la luna,
los que no pueden parar a las computadoras.
Somos los dioses capaces de deshacer
el mundo en siete jornadas.

Las dos manos se detienen al mediodía.
Estamos empezando a vivir para siempre
en mamelucos livianos, de aluminio,
con un número estampado en la espalda.
Sintonizamos nuestras palabras como música funcional.
Y nos escuchamos a través del agua.

El género está muerto. Inventen algo nuevo.
Inventen un hombre y una mujer
desnudos en un jardín,
inventen un hijo que va a salvar al mundo,
un hombre que se lleve a su padre
de una ciudad en llamas.
Inventen un carretel de hilo
que conduzca al héroe a un lugar seguro,
inventen una isla donde abandone
a la mujer que le salvó la vida
sin perder el sueño por esa traición.

Invéntennos como éramos
antes de que el cuerpo nos resplandeciera
y dejáramos de sangrar:
inventen a un pastor que mate a un gigante,
a una chica que se transforme en árbol,
a una mujer que se niegue a dejar atrás
el pasado y se vuelva una estatua de sal,
a un hermano que robe la primogenitura
y se convierta en el líder de una nación.
Inventen las lágrimas verdaderas, el amor imposible,
las palabras antiguas, pronunciadas despacio
y con dificultad, como los primeros pasos
que da un chico para atravesar una sala.

La traducción al español es de Sandra Toro.



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The end of Science Fiction


This is not fantasy, this is our life.
We are the characters
who have invaded the moon,
who cannot stop their computers.
We are the gods who can unmake
the world in seven days.

Both hands are stopped at noon.
We are beginning to live forever,
in lightweight, aluminum bodies
with numbers stamped on our backs.
We dial our words like Muzak.
We hear each other through water.

The genre is dead. Invent something new.
Invent a man and a woman
naked in a garden,
invent a child that will save the world,
a man who carries his father
out of a burning city.
Invent a spool of thread
that leads a hero to safety,
invent an island on which he abandons
the woman who saved his life
with no loss of sleep over his betrayal.

Invent us as we were
before our bodies glittered
and we stopped bleeding:
invent a shepherd who kills a giant,
a girl who grows into a tree,
a woman who refuses to turn
her back on the past and is changed to salt,
a boy who steals his brother's birthright
and becomes the head of a nation.
Invent real tears, hard love,
slow-spoken, ancient words,
difficult as a child's
first steps across a room.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Pablo Picasso



#Biografía

Así empieza el libro Picasso, creador y destructor*, biografía del célebre pintor español:

Nació muerto o eso creyeron. El niño que había dado a luz doña María Picasso de Ruiz, a las once y cuarto de la noche del 25 de octubre de 1881, no respiraba ni se movía. Tras inútiles esfuerzos para revivir al niño, la comadrona abandonó el cuerpo inanimado sobre una mesa y dedicó su atención a la madre. El marido de doña María, don José Ruiz, y los familiares que se habían congregado para ser testigos del nacimiento, lo dieron por muerto; pero no así don Salvador, el hermano más joven de don José y médico de gran habilidad y prestigio. Inclinándose sobre el niño, le sopló en la nariz humo del puro que estaba fumando, y allí donde la comadrona había fallado, el humo del tabaco tuvo éxito e hizo reaccionar al bebé. Así, el primer hijo varón de la familia Ruiz, al que le pondrían el nombre de Pablo, inició su vida «con una mueca y un grito de furia».



El 10 de noviembre fue bautizado en la parroquia de Santiago con los nombres de Pablo, por su difunto tío del mismo nombre; Diego, por su abuelo paterno y su tío mayor; José, por su padre; Francisco de Paula, por su abuelo materno; Juan Nepomuceno, por su padrino (abogado amigo de su padre), y María de los Remedios, por su madrina, que lo amamantó al mismo tiempo que a su primer hijo, ya que doña María, la madre de Pablo, no pudo criarlo por estar agotada psíquica y físicamente por el dramático parto. Los últimos nombres de la larguísima lista fueron Cipriano y «de la Santísima Trinidad», de acuerdo con la antigua costumbre de dejar el nombre más sagrado en último lugar, como si se dijera «es lo más lejos a lo que podemos llegar». La mayor parte de estos nombres no tuvieron más valor en su vida que el de aparecer en el Registro Civil de Málaga, y Picasso no usó nunca más nombre que el de Pablo, por el que fue universalmente conocido.

*Fragmento de «Yo, el Rey», capítulo I del libro “Picasso, creador y destructor” de Arianna Stassinopoulos Huffington. Ediciones Maeva-Lasser, 1988.




jueves, 19 de octubre de 2017

El viaje del elefante


Estás buscando un libro para leer, ¿qué tal éste? 
A modo de seducción, compartimos estas líneas que escribió Sergio Ramírez sobre esta historia:

"El viaje del elefante salomón y su cornaca subhro desde Lisboa hasta Viena en el siglo dieciséis es un viaje hacia el olvido y hacia la muerte, el penúltimo de los libros de José Saramago, cuando él mismo se acercaba ya al fin de su viaje, el suyo propio y el de su imaginación. Una extravagancia caprichosa el exótico regalo que el rey Juan III de Portugal le hace a su primo el archiduque Maximiliano de Austria, que se convierte en sacrificio cuando salomón es obligado a marchar a pie por el largo camino hacia su destino final, y fatal, que es también el de subhro, dos destinos que no pueden separarse, uno al lomo del otro, condenados a desaparecer de los ojos humanos si no es porque esta espléndida novela los revive para siempre".

lunes, 2 de octubre de 2017

Sonetos de Nandino



Elías Nandino (1900-1993). Poeta mexicano.
Fragmento del poema "Nocturno en llamas"

I


Antes de haber nacido, cuando apenas
en las galaxias era calofrío,
o sed en rotación por el vacío,
o sangre sin la cárcel de las venas;

antes de ser en túnica de arenas
un angustiado palpitar sombrío,
antes, mucho antes que este cuerpo mío
supiera de esperanzas y de penas:

ya buscaba tu nombre, tu semblante,
el disperso latir de tu vivencia,
tu mirada en las nubes esparcida;

porque, desde el asomo delirante
de mis instintos ciegos, tu existencia
era ya por mis ansias presentida.

III


¿Cuántas transmutaciones has pasado?
¿Cuántos siglos de luz, cuántos colores,
nebulosas, crepúsculos y flores
para llegar a ser, has transitado?

¿En qué constelaciones has brillado?
¿Después de cuántas muertes y dolores,
de huracanes, relámpagos y albores
la forma corporal has conquistado?

No puede concebir mi pensamiento
esa edad atmosférica que hicimos
en giratoria espera; mas yo siento

que milenios de lumbres anduvimos
esperanzados en el firmamento,
hasta unir este amor con que existimos.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Segundo recuerdo



"El beso", hacia 1816-1817. Théodore Géricault.
Carboncillo, aguada y gouache sobre papel marrón . 20 x 27.4 cm
©Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

Rafael Alberti (1902 - 1999).
Poeta español.
… rumor de besos y batir de alas… 
—Gustavo Adolfo Bécquer.

También antes,
mucho antes de la rebelión de las sombras,
de que al mundo cayeran plumas incendiadas
y un pájaro pudiera ser muerto por un lirio.
Antes, antes que tú me preguntaras
el número y el sitio de mi cuerpo.
En la época del alma.
Cuando tú abriste en la frente sin corona, del cielo,
la primera dinastía del sueño.
Cuando tú, al mirarme en la nada,
inventaste la primera palabra.

Entonces, nuestro encuentro.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Aunque tú no lo sepas



Luis García Montero (1958). 
Poeta español. 

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero,
curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz de un sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

lunes, 28 de agosto de 2017

De la sombra



Mihaï Beniuc (1907-1988).
Poeta rumano.

[Fragmento]

Mis canciones, sonoras caracolas,
sin mí se quedarán en el ribazo,
amarillas, azules, rojas, blancas,
las finas espirales agudas hacia arriba.
En algunas, quizás,
los cangrejos de blandas espaldas
se acurrucarán
dejando sus tijeras cortadoras afuera,
temiendo a las estrellas de mar.
Otras, sin embargo,
los niños, dando saltos en la arena,
las alzarán al sol, resplandecientes,
y tal vez
sobre una,
alguna niña
apoyará el oído
para escuchar el son profundo de lo eterno,
en tanto que el ardiente ímpetu del futuro,
de una orilla a la otra,
sobre los continentes,
tejerá sus canciones nuevas sobre las ondas.
¡Ay! Y yo no estaré allí
y de los agujeros de mis órbitas
se escurrirán grandes granos de oscuridad.
Pero las caracolas rojas, gualdas, azules,
que los niños harán danzar al sol,
brillarán más hermosas,
y una muchacha encantará su oído
con la sonora caracola
oyendo el porvenir.

[Versión de Rafael Alberti y María Teresa León]

jueves, 24 de agosto de 2017

Poema de los dones

Borges al pie de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Foto de Eduardo Comesaña.


En 1955, Jorge Luis Borges fue nombrado Director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Para entonces, la ceguera se había apoderado de sus ojos. Por eso escribió los versos que hoy compartimos, conmemorando la fecha de su nacimiento, 24 de agosto de 1899. En una de las conferencias (1977) que recoge el libro "Siete noches", Borges cuenta al respecto lo siguiente: Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el «Poema de los dones». Y aquí están esos inolvidables diez cuartetos, magistrales y conmovedores endecasílabos:


Nadie rebaje a lágrima o reproche 
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

1968. Fotografía de Sara Facio · JLB en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.


Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

lunes, 21 de agosto de 2017

Cuando Watson conoció a Sherlock

Arthur Conan Doyle.
Fragmento de Estudio en escarlata*. 

"Si sabía [Sherlock] un número de cosas fuera de lo común, ignoraba otras tantas de todo el mundo conocidas. De literatura contemporánea, filosofía y política, estaba casi completamente en ayunas. Cierta vez que saqué yo a colación el nombre de Tomás Carlyle, me preguntó, con la mayor inocencia, quién era aquél y lo que había hecho. Mi estupefacción llegó sin embargo a su cenit cuando descubrí por casualidad que ignoraba la teoría copernicana y la composición del sistema solar. El que un hombre civilizado desconociese en nuestro siglo XIX que la tierra gira en torno al sol, se me antojó un hecho tan extraordinario que apenas si podía darle crédito. 
—Parece usted sorprendido —dijo sonriendo ante mi expresión de asombro—. Ahora que me ha puesto usted al corriente, haré lo posible por olvidarlo. 
—¡Olvidarlo! 
—Entiéndame —explicó—, considero que el cerebro de cada cual es como una pequeña pieza vacía que vamos amueblando con elementos de nuestra elección. Un necio echa mano de cuanto encuentra a su paso, de modo que el conocimiento que pudiera serle útil, o no encuentra cabida o, en el mejor de los casos, se halla tan revuelto con las demás cosas que resulta difícil dar con él. El operario hábil selecciona con sumo cuidado el contenido de ese vano disponible que es su cabeza". 



* Novela de misterio publicada en la revista "Beeton's Christmas Annual" de noviembre de 1887, con ilustraciones de David Henry Friston.

lunes, 14 de agosto de 2017

El columpio



Carmen Villoro.
Poeta mexicana.

Ahí está el parque, 
salpicado de niños
y de gritos.
Un personaje espera
que lo aborden
para su nueva magia.
Es un sabio oxidado
conocedor del tiempo. 
En su viaje de ida
y de regreso
trae momentos distintos,
edades diferentes
a la misma persona.
Chirriar sobre chirriar
pasa la tarde
y algo sucede
en el rumor del aire.
Encierra en su forma curiosa
de existencia
una contradicción
y más de algún asombro:
parece fijo
y no lo está,
parece aquí
pero está allá
y además, 
sus cadenas
lo hacen libre. 

Tomado del libro "El tiempo alguna vez", 2004. 
Fondo de Cultura Económica. 

miércoles, 2 de agosto de 2017

En clase de Pociones

«No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Harry y Ron intercambiaron miradas con las cejas levantadas. Hermione Granger estaba sentada en el borde de la silla y parecía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque».

—Snape en Hogwarts dando clase de Pociones.
Tomado de «Harry Potter y la piedra filosofal», de J.K. Rowling.

martes, 1 de agosto de 2017

Solo de sol



sólo el sol
el sol solamente
solo en el cielo
y yo tan solo
a solas con el sol
sonrío simplemente

Jorge Eduardo Eielson (1924 - 2006).
Poeta peruano.

miércoles, 26 de julio de 2017

Ennio Marchetto: Genio de papel



Ennio Marchetto (Venecia, 1960) es The living paper cartoon.
Sus espectáculos consisten en papel, música y versatilidad, dando muestra de cuánto puede salir de pliegos de colores. Ennio es una oda a la creatividad. Verlo es fascinante y quizá por una simple razón: provoca bienestar... y eso, en el mundo vertiginoso que vivimos, ¡qué bien nos hace! Aquí un collage de su espectáculo. Si algún día tienes oportunidad de verlo, ¡no te lo pierdas!



lunes, 24 de julio de 2017

El unicornio... según Marco Polo

Homenaje a Marco Polo: esta pluma tiene en la parte superior una rosa de los vientos, debajo del emblema de Montblanc.


"Cuando se sale de este reino se entra en el reino de Basman, un reino autónomo, con una lengua especial, cuyos habitantes viven como animales. Reconocen la soberanía del Gran Khan, pero no le entregan tributos en especie, porque están tan lejos que los hombres del Gran Khan no pueden llegar hasta ellos. Sin embargo, todos los habitantes de la isla reconocen su soberanía y de vez en cuando le envían una ofrenda, por medio de los viajeros que pasan por aquellos lugares, algo bello y extraño y en especial ciertos azores negros de una extraña especie. Tienen muchos elefantes salvajes y unicornios, que son mucho más pequeños que los elefantes. Los unicornios se parecen a los búfalos en el pelaje, mientras que sus patas recuerdan a las de los elefantes. Tienen un cuerno en medio de la frente, grande y negro. Pero como arma ofensiva no utilizan este cuerno, sino tan solo la lengua y las rodillas. En efecto, tienen en la lengua espinas largas y agudas; de ahí que, cuando quieren atacar, aplastan y estrujan a la víctima con las rodillas y luego la hieren con la lengua. Tienen la cabeza como los jabalíes y la llevan inclinada; les gusta permanecer en el fango y en el barro. Son animales de aspecto muy desagradable y no se parecen en nada a las descripciones que de ellos hacíamos: en efecto, según una creencia muy extendida por nosotros, los unicornios se dejan prender por las vírgenes. Es justamente todo lo contrario".

Tomado del libro Los viajes de Marco Polo.
 

miércoles, 19 de julio de 2017

Lejos de casa


Carmen Villoro (1958). Poeta mexicana.

Miran hacia delante
como las vías del tren.
Del pasado les queda
alguna pertenencia:
una fotografía,
un recuerdo fugaz,
algún aroma que se desvanece
con el amanecer.

Su presente tiene la dimensión
de sus zapatos:
única patria temporal,
único hogar seguro.

Desafiantes abordan la distancia
como quien decide
dominar a una bestia
sentándose en su lomo.
Una victoria íntima
alimenta sus sueños:
cruzar el vacío
como quien cruza una frontera.

Cuando escucho el lamento del tren
pienso que ahí van ellos
los ángeles de hierro,
los guerreros del tiempo
dispuestos a atravesar los llanos
heridos por la noche
y ese silbido grave
me abre un país inhóspito
en el pecho.

Poema inédito publicado en el Periódico de Poesía de la UNAM, No. 100, junio 2017, Año 9. 


martes, 18 de julio de 2017

Instinto de Inez

Carlos Fuentes (1928-2012). Escritor mexicano.
Tomado del libro “Instinto de Inez”, 2001. 


#Fragmento

—¿Oyes a las lechuzas?
—No, el motor hace mucho ruido.
Gabriel río. —El signo del buen músico es saber escuchar muchas cosas al mismo tiempo y ponerle atención a todas ellas.
Que oyera bien a las lechuzas. Eran no sólo las vigías nocturnas del campo, sino sus afanadoras.
—¿Sabías que las lechuzas capturan más ratones que cualquier ratonera? —afirmó, más que preguntó, Gabriel.
—Entonces para qué trajo Cleopatra sus gatos del Nilo a Roma —dijo ella sin énfasis.
Ella pensó que acaso valdría la pena tener lechuzas en casa como celosas amas de llaves. Pero, ¿quién podría dormir con ese ulular perpetuo del ave nocturna?
Ella prefirió entregarse, durante el trayecto de Londres al mar, a la visión de la luna que brillaba plenamente esa noche, como para auxiliar a la aviación alemana en sus incursiones. La luna no era desde ahora excusa romántica. Era el faro de Luftwaffe. La guerra cambiaba el tiempo de todas las cosas pero la luna insistía en contar el paso de las horas y éstas no dejaban, a pesar de todo, de ser tiempo y acaso tiempo del tiempo, madre de las horas… Si no hubiera luna, la noche sería el vacío. Gracias a la luna, la noche se iba dibujando como un monumento. Cruzó la carretera un zorro plateado, más veloz que el automóvil.
Gabriel frenó y agradeció la carrera del zorro y la luz de la luna. Un viento pausado y murmurante corría por el páramo de Durnover y mecía ligeramente los alerces derechos y delgados cuyas hojas blandas de color verdegay parecían señalar hacia la espléndida construcción del circo lunar de Casterbridge.
Le dijo a ella que la luna y el zorro se habían confabulado para detener la velocidad ciega del automóvil e invitarlos —descendió, abrió la puerta, le ofreció la mano a la mujer— a llegar juntos al coliseo abandonado por Roma en medio del yermo británico, abandonado por las legiones de Adriano, abandonadas las bestias y los gladiadores que murieron olvidados en las celdas subterráneas del Circo de Casterbridge.
—¿Oyes el viento? —preguntó el maestro.
—Apenas —dijo ella.
—¿Te gusta este sitio?
—Me sorprende. Jamás imaginé algo así en Inglaterra.
—Podríamos ir un poco más lejos, al norte de Casterbridge, hasta Stonehenge, que es un vasto círculo prehistórico, con más de cinco mil años de edad, en cuyo centro se levantan, alternados, pilares y obeliscos de arenisca y cobre antiguo. Es como una fortaleza del origen. ¿Lo oyes?
—¿Perdón?
—¿Oyes el lugar?
—No. Dime cómo.
—¿Quieres ser cantante, una gran cantante?
Ella no contestó.
—La música es la imagen del mundo sin cuerpo. Mira este circo romano de Casterbridge. Imagina los círculos milenarios de Stonehenge. La música no los puede reproducir porque la música no copia el mundo. Tú escucha el perfecto silencio de la llanura y si aguzas el oído convertirás al Coliseo en la caja de resonancia de un lugar sin tiempo. Créeme que cuando dirijo una obra como el Fausto de Berlioz, renuncio a medir el tiempo. La música me da todo el tiempo que necesito. Los calendarios me sobran.
La miró con sus ojos negros y salvajes a esa hora y se sorprendió de que la luna volviese transparentes los párpados cerrados de la mujer que lo escuchaba sin decir palabra.


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Así empieza la reseña que de esta novela escribió Adolfo Castañón: 

"La historia de Gabriel Atlan Ferrara y de Inez Prada podría formularse en términos de una pareja que hace el amor a través de la música y celebra su unión virtual en el espacio del arte. Pero esa historia está matizada, trenzada por otra —la de los hombres y mujeres, de la pareja prehistórica— que significativamente está contada en futuro, como si el fin de nuestra historia sólo pudiese formularse en términos de una relectura de la prehistoria. La hipótesis de la esperanza se disipa en la memoria profética del origen: como si la salida del laberinto hubiese que buscarla a la entrada del mismo, en los mitos del origen".

Léela completa dando clic aquí

viernes, 14 de julio de 2017

Elogio de la alegría



Alguien elogió la locura
Yo elogiaré tu alegría:
la humildad
de no pretender arreglar el mundo
(el mundo empieza y termina contigo)
que te levantes cantando
(¿cómo puedes cantar?)
que te acuestes cantando
que no conozcas el rencor
que no tengas miedo a la muerte
Que te haga ilusión un teléfono
un vestido nuevo
una receta de cocina
la visita de una lejana desconocida 
Que todo lo olvides
todo
Que te rías –un año después–
de tus amores absolutos
Que jamás te preguntes el sentido de la existencia

Allí donde sólo los verdaderamente humildes
pueden ser alegres. 

Cristina Peri Rossi. Poeta uruguaya. 
Tomado del libro "Aquella noche". 

jueves, 13 de julio de 2017

Me has hecho infinito

I

Me has hecho infinito, este ha sido tu placer.
Apuras sin cesar este frágil vaso, y vuelves a llenarlo nuevamente de vida joven.
Te has llevado por colinas y valles esta pequeña flauta de caña y has soplado en ella melodías eternamente nuevas.
Al inmortal contacto de tus manos, mi alegre corazón rompe sus límites y te vierte en inefables expansiones.
Sólo tengo mis pequeñas manos para recoger tus dones infinitos. Y pasan los tiempos, y tú sigues esparciéndolos, y siempre queda algo por llenar.

–Rabindranath Tagore (1861-1941). Poeta hindú. 
Así empieza "Gitanjali". 

martes, 4 de julio de 2017

Nudo ciego




#Microrrelato

Se había metido tanto en su propio cuento, que se enredó en el nudo y nunca pudo encontrarle un desenlace.

– Manuel Pastrana Lozano.

viernes, 5 de mayo de 2017

El reino de lo irremplazable

Mayra Santos-Febres (1966).
Escritora Puertorriqueña. 

Relojes, celulares, tenis Nike, bicicletas, zapatos comprados por internet, ipads, kindles, gogo’s, camisetas, gorras, sortijas, cosas, cosas, cosas. La gente no me cree, pero para los más jóvenes la "mercancía" los abruma. Ya las cosas no significan nada, o casi nada.

Para muestra, un botón.

Los otros días, en mi taller de poesía de la Universidad de Puerto Rico, les pedí a mis pichones de poetas (¡son unos genios, pero no se los digan!) que escribieran 5 haikús o 5 odas refiriéndose a 5 objetos que pare ellos fueran importantes. El juego me lo enseñó la amiga y poeta Chiara Merino, autora del libro "Criaturas gelatinosas". Es un buenísimo libro. Lo recomiendo.

Los poemas que salieron eran bastante flojos, cosa rara en mis pollitos versificadores. Cuando les pregunté por qué esa poesía tan rala, me contestaron:

—Profe, yo no tengo cosas. Es decir, son mías, pero no . Es que estamos acostumbrados a que todo es reemplazable.

Alcé las cejas en asombro. ¿Todo es reemplazable? Error. Horror. ¿Qué es eso? Ya estaba pensando cómo debatir tan terrible enunciación, tan errada cosmovisión, cuando decidí darle un segundo pienso a la cosa. Me callé la boca y decidí escuchar en vez de corregir, aprender en vez de guiar. He sido muchas cosas en esta vida, menos bruta. Sé reconocer sabiduría, venga de donde venga.

A mis alumnos les tocó aquel día ser mis maestros. Escuché callada y atenta mientras ellos pensaban, sopesaban y argumentaban, a ver por qué las cosa no les tocaban los afectos. Volvían a hacer lista y nada. No heredaron ningún reloj del abuelo. No guardaron ningún juguete de la infancia (que acaban de dejar atrás). Se han mudado tantas veces, de tantos pueblos, estados, casas, vecindarios que todo fue quedando en cajas olvidadas o basureros. Los vi tratar, realmente tratar de encontrar aquellas cinco cosas entrañables, sin éxito.

Mis alumnos tienen razón. Para ellos Todo ES REEMPLAZABLE. Hasta los afectos.

Esto es un cambio significativo que vale la pena pensar. Lo que quiero decir, es que, si este, como la mayoría de los países del tercer mundo, es un país de jóvenes; ya las cosas no significan nada para casi nadie.

Otro efecto de la sociedad de consumo. Uno consume no por necesidad, ni siquiera por lujo; sino por el consumo en sí. Todo muy hegeliano.

Yo, hasta el sol de hoy, guardé dos Muñecas Newborn babies negras, las primeras muñecas negras hechas por Mattel. Me las regalaron a la edad de los 8 años.

No quiero argumentar que de niña fui una luchadora de los derechos civiles y de la igualdad en representación" juguetil" . Lo que sí argumento es que para mí aquel evento fue importante y que aquella muñeca me parecía tan asombrosa, tan improbable que decidí guardarla de por vida.

Lo mismo me pasa con los anillos de boda de mi madre (los míos no, que ya llevo tres matrimonios), un traje de cuando tenía 4 años (era una nena gooorda), fotos polaroid, dientes de mis hijos, y dos trajes de poliester bien "seventies" que usaba mami. Eso y los libros y cartas de mi hermano muerto componen una especie de altar personal íntimo, cosas que no pegan ni pueden ser fácilmente traducibles en mi status de Facebook. Cosas demasiado concretas para servir de info para el desarrollo de amigos virtuales.

Lo que quiero decir es que yo, que me hice mujer justito en la cresta del imperio de lo repetible y lo reemplazable, todavía conservo una cierta ingenuidad por lo tangible. No me creo que tengo amigos en "Facebook" . Tiendo a diferenciar la imagen de la cosa y la información de la experiencia. Qué les puedo decir, soy arcaica.

Pero, ¿y mis pollitos (así llamo a mis estudiantes, no puedo evitar ser un poco mamá gallina con ellos)?¿Qué altares holográficos construirán ? ¿Qué odas elementales escribirán a qué par de calcetines, a qué hogaza de pan, a qué Marilyn Monroe o Amy Wineheart suicidándose?

Talento tienen, y pulso. Y son tan tan inteligentes...

Veremos donde logran depositar sus afectos.

Veremos.

jueves, 4 de mayo de 2017

Los árboles hablaron

Imagen tomada de aquí.

Carmen Villoro (1958). Poeta mexicana.
Tomado del libro "Jugo de naranja". 

Durante la noche los árboles hablaron. Dejaron caer sus secretos. Se mostraron tal y como son: poseedores de sombras y olvidos, de inquietudes y fragilidades que tú, madrugador, pudiste observar dispersas sobre las calles, todavía susurrantes bajo tus pies. Pero las amas de casa, temerosas, salieron muy temprano a barrer las evidencias y dejaron las banquetas en silencio, para que nadie sepa. 

jueves, 20 de abril de 2017

5 frases del discurso de Eduardo Mendoza


Hoy el escritor catalán Eduardo Mendoza (1943) recibió en España el Premio Cervantes. A continuación compartimos cinco frases de su discurso:
  • He sido y sigo siendo un fiel lector de Cervantes y, como es lógico, un asiduo lector del Quijote. Con mucha frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo, a sabiendas de que siempre pasará un rato agradable y enriquecedor. Y así es: con cada relectura el libro mejora y, de paso, mejora el lector.
  • Las cosas cambian de nombre en función de la distancia. El suelo que ahora piso se llama paisaje cuando está lejos. Y cuando ya no está, se llama Geografía.
  • Una forma de escritura en la cual el lector no disfruta tanto de la intriga propia del relato como de la compañía de la persona que lo ha escrito.
  • Ésta es, a mi juicio, la función de la ficción. No dar noticia de unos hechos, sino dar vida a lo que, de otro modo, acabaría convertido en mero dato, en prototipo y en estadística. Por eso la novela cuenta las cosas de un modo ameno, aunque no necesariamente fácil: para que las personas, a lo largo del tiempo, la consuman y la recuerden sin pensar, como los insectos que polinizan sin saber que lo hacen.
  • Hace muchos años, cuando yo vivía en Nueva York, quedé en un bar con un amigo, ilustre poeta leonés. Como vimos que la camarera que nos atendía era hispanohablante, probablemente portorriqueña, cuando vino a tomarnos la comanda nos dirigimos a ella en castellano. La camarera tomó nota y luego nos preguntó si éramos franceses. Le respondimos que no. ¿Qué le había hecho pensar eso? Oh, dijo ella, como habláis tan mal el español... En su momento, esta anécdota nimia me produjo una gran alegría que nunca se ha disipado. Porque comprendí que habitaba un mundo diverso, rico, divertido y con un amplísimo horizonte. Y que todas las lenguas del mundo son amables y generosas para quien las quiere bien y las trabaja.
Lee el discurso completo dando clic aquí.

miércoles, 19 de abril de 2017

Andrés Neuman


Andrés Neuman (1977). Escritor argentino.
Relatos tomados del libro "El fin de la lectura" (Almadía).

La felicidad


Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal.
No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.
Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.
Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo. Domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.
Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, tanta, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los fornidos pectorales de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda ansiosa con los brazos abiertos.
A mí me colma de gozo semejante paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas y algún día, pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.


Estar descalzo


Cuando supe que sería mortal como mi padre, como aquellos zapatos negros en una bolsa de plástico, como el balde con agua donde entraba y salía la fregona queLa res­tregaba el pasillo del hospital, yo tenía veinte años. Era joven, viejísimo. Por primera vez supe, mientras las este­las de claridad iban borrándose del suelo, que la salud es una película muy fina, un hilo que se evapora con el andar de los pasos. Ninguno de esos pasos era de mi padre.

Mi padre siempre había caminado de manera extra­ña. Veloz y al mismo tiempo torpe. Cuando iniciaba sus caminatas, uno nunca sabía si iba a tropezarse o echar a correr. A mí me gustaban esos andares. Sus pies planos y duros se parecían al suelo que pisaba, al suelo del que huía.

Los pies planos de mi padre ya eran cuatro, se habían repartido en dos lugares distintos: en la camilla (unidos por los talones, ligeramente abiertos, evocando una iró­nica V de victoria) y dentro de aquella bolsa de plástico (a modo de recuerdo en los zapatos, imponiendo su molde al cuero). La enfermera me la entregó como se entregan unos desperdicios. Yo miré las baldosas, su tablero cam­biante.

Me quedé sentado ahí, frente a las puertas del quirófa­no, esperando noticias o temiendo las noticias, hasta que saqué los zapatos de mi padre. Me levanté y los puse en el centro del pasillo, como un obstáculo o una frontera o un accidente geográfico. Los posé cuidadosamente, procurando no alterar sus bultos originales, la protuberancia de los huesos, su forma ausente.

Al rato la enfermera apareció a lo lejos. Atravesó el pasillo, eludió los zapatos y siguió de largo. El suelo res­plandecía. De pronto la limpieza me dio miedo. Me pare­ció una enfermedad, una impecable bacteria. Me agaché y avancé a gatas, sintiendo el roce, el daño en las rodillas. Volví a guardar los zapatos en la bolsa. Apreté el nudo lo más fuerte que pude.

De tarde en tarde, en casa, me pruebo esos zapatos. Cada vez me quedan mejor.

miércoles, 5 de abril de 2017

La naturaleza del deporte



Fragmento tomado de "Juan de Mairena" del poeta español Antonio Machado (1873-1939).

"Para crear hábitos saludables, que nos acompañen toda la vida, no hay peor camino que el de la gimnasia y los deportes, que son ejercicios mecanizados, en cierto sentido abstractos, desintegrados, tanto de la vida animal como de la ciudadana. Aun suponiendo que estos ejercicios sean saludables —y es mucho suponer—, nunca han de sernos de gran provecho, porque no es fácil que nos acompañen sino durante algunos años de nuestra efímera existencia. Si lográsemos, en cambio, despertar en el niño el amor a la naturaleza, que se deleite en contemplarla, o la curiosidad por ella, que se empeñe en observarla y conocerla, tendríamos más tarde hombres maduros y ancianos venerables, capaces de atravesar la sierra de Guadarrama en los días más crudos del invierno, ya por deseo de recrearse en el espectáculo de los pinos y de los montes, ya movidos por el afán científico de estudiar la estructura y composición de las piedras o de encontrar una nueva especie de lagartijas. Todo deporte, en cambio, es trabajo estéril, cuando no juego estúpido".



Fotografías tomadas de aquí.

viernes, 31 de marzo de 2017

El día en que se mueven las montañas


Akiko Yosano (1878 - 1942). 
Poeta japonesa. 

Llegó el día. Las montañas se mueven.
Lo digo pero nadie me lo cree.
Han estado dormidas mucho tiempo,
pero antes bailaban encendidas.
Puede que no lo crean, y está bien,
pero esto en cambio tienen que creerme:
todas esas mujeres que dormían
ahora abren los ojos y se mueven.

sábado, 11 de febrero de 2017

La casa

Ilustración de Betty Stroppel. 

Lina Zerón. Poeta mexicana (1959).
De "Vino Rojo".

Llegó el momento de partir
el hogar en dos.
Bien:
comencemos por los rincones donde las arañas
tejieron también su historia.
Hablemos de los muros y sus cuadros.
¿Cuál eliges?
¿El del día de la boda,
el retrato de la niña
o el de vacaciones en verano?
Quiero el antiguo bodegón
para recordar las comidas familiares.

Mira la casa:
permanece ahí de pie
pero sin alma.

¿Con cuál alcoba deseas quedarte?
¿Aquella donde los gemidos
algunas vez fueron música perfecta?
¿O el cuarto azul
donde echó raíces la cuna para siempre?
¿O el jardín
donde todavía se columpian las sonrisas?

Deseo la terraza,
esa roja plataforma de minúsculos ladrillos
donde lluvias y palomas encontraron su refugio,
donde todavía transpiran las estrellas
y no hay sombra que oculte los engaños.

Te regalo los espejos
saturados de susurros, ecos familiares,
desfigurados rostros
que hoy se desangran en reproches.

Pero tienes razón:
tal vez aquí ya nada nos retenga.
A la frontera tal vez llegamos
entre el amor que vacila y las cenizas.

Viéndolo bien,
no puedo partir en dos la casa:
te la regalo toda
con todo y promesas de futuros sublimes.

Como cortinas viejas
te regalo lo que queda:
este cielo sombrío
y este desvencijado viento
que dejaste al cerrar la puerta principal.

martes, 7 de febrero de 2017

Sonho meu



Para quienes disfrutamos la música brasileña:
la #diosa Maria Bethânia y Zeca Pagodinho...

#SonhoMeu
Traz a pureza de um samba
sentido, marcado de mágoas de amor
um samba que mexe o corpo da gente
e o vento vadio embalando a flor,
sonho meu, sonho meu...


miércoles, 1 de febrero de 2017

Nubes

Del poeta cubano Luis Rogelio Nogueras (1944 - 1985).

Allá arriba
las nubes de mi infancia sobreviven.
Gané y perdí.
Amé
y a los treinta años
todavía soy el dueño del mundo.
Día a día contemplo las nubes
y me digo:
sólo el deseo es eterno.

A mi modo soy feliz
al pie del muro blanco
una muchacha me besa.
Sus grandes ojos parecen preguntarme
si nuestro amor va a durar
toda la vida.

Yo sonrío
pero no le digo
que sólo el deseo es eterno.
Cada mañana me miro en el espejo
atrás quedó la primavera
de mi vida
pero soy aún el dueño del mundo.
Y lo seré
mientras allá arriba
no se esfumen las nubes de mi infancia
no se apaguen los viejos deseos.

viernes, 20 de enero de 2017

Fragmentos de Memorias

Adolfo Bioy Casares (1914-1999). Escritor argentino. 

En 1940, Bioy Casares publicó "La invención de Morel". Fue amigo de Jorge Luis Borges y esposo de Silvina Ocampo, con quienes realizó la "Antología de Literatura Fantástica", éxito editorial que no pierde vigencia con el paso de los años. Compartimos en este post "Fragmentos de Memorias" tomado de la Revista de la Universidad de México.

"A mí las buenas noticias me alegran y las malas me desagradan. Creo que soy normal. Sé que una psicoanalista, amiga mía, que durante unos diez años me vio de cerca, dice a quien le quiere oír que soy el hombre más normal que ha conocido. Otra amiga, psicoanalizada, que me hizo algunos reportajes, me dijo que yo parecía un psicoanalizado de los que les había hecho bien el análisis.

Publicar un libro es ofrecerse a juicio público. La publicación de mis primeros seis libros me puso en un dilema. Sobrevivir a la crítica adversa o no escribir más. O tal vez algo peor para alguien como yo que tenía entonces la vida por delante: perder la fe en mi inteligencia. Por suerte comprendí que no siempre un libro equivocado prueba que el autor sea inepto. Muchas veces hay tan buenas y tan atendibles razones para errar como para acertar. Creo que Ramón y Cajal dijo que toda decisión equivale a un salto en el vacío.

Yo sé que tengo una deuda con el público por haberle propuesto seis libros pésimos. La experiencia (no hay justicia en esta vida) en algún modo me resultó benéfica. Me volvió razonablemente insensible a los ataques de los críticos. Además creo que si un crítico señala errores en algún libro mío, el disgusto no me ofuscará y no me impedirá asimilar las correcciones.

Mi madre, que estaba muy orgullosa de sus hermanos Casares, me decía que mis tíos Bioy administraban el campo sentados en las sillas de paja del corredor del casco. Hacia 1937, cuando yo administraba el campo del Rincón Viejo, sentado en las sillas de paja, en el corredor de la casa del casco, entreví la idea de La invención de Morel. Yo creo que esa idea provino del deslumbramiento que me producía la visión del cuarto de vestir de mi madre, infinitamente repetido en las hondísimas perspectivas de las tres fases de su espejo veneciano. Borges en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, me hace decir que aborrezco los espejos y la cópula... Le agradeceré siempre el hecho de ponerme en un cuento tan prodigioso, pero la verdad es que nuca tuve nada contra los espejos y la cópula. Casi diría que siempre vi los espejos como ventanas que se abren sobre aventuras fantásticas, felices por lo nítidas. La posibilidad de una máquina que lograra la reproducción artificial de un hombre, para los cinco o más sentidos que tenemos, con la nitidez con que el espejo reproduce las imágenes visuales, fue pues el tema esencial del libro. Primero creí que podría escribir un falso ensayo, a la manera de Borges, y comentar la invención de esa máquina. Después, las posibilidades novelísticas de mi idea trajeron un cambio de planes. Las circunstancias de que el héroe y relator de la historia fuera un perseguido de la justicia, que la máquina funcionara en una isla remota, que las mareas fueran su fuente de energía, sirvieron al argumento.

Néstor Ibarra observó que nada era arbitrario en La invención de Morel. Eso había sido, exactamente, lo que yo me había propuesto. Comprendí que la crítica de Ibarra era justificada. Porque lograr una historia en que de vez en cuando hubiera elementos arbitrarios, sin que parecieran ociosos, sino que por el contrario dejaran entrar la vida en la obra, era una meta más ardua que la entrevista por mí".