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jueves, 3 de noviembre de 2016

Katherine Mansfield

Katherine Mansfield (1888-1923). Escritora neozelandesa. 

Katherine Mansfield amaba la música y quiso dedicar su vida al cello; su padre no lo permitió. En cambio, si pasó gran parte de su tiempo escribiendo; sus cuentos son referente en el género y es considerada una de las mejores tejedoras de relatos en lengua inglesa. En septiembre de 2016, Gatopardo Ediciones publicó el libro del crítico literario italiano Pietro Citati titulado "La vida breve de Katherine Mansfield", quien enferma de tuberculosis murió a los 34 años. Luchó por su salud y escribió sobre el dolor físico en sus Diarios, de donde hemos tomado el siguiente fragmento: 

Bueno, Katherine, ¿qué entiendes por salud? ¿Y para qué la quieres?

Contestación: por salud entiendo la capacidad de vivir una vida completa, adulta, viva, activa, en estrecho contacto con lo que quiero, la tierra y sus maravillas: el mar, el sol. Todo lo que entendemos cuando decimos el mundo exterior. Quiero penetrar en él, ser parte de él, vivir en él, aprender de él, perder todo lo que es superficial y adquirido en mí, volverme un ser humano consciente y sincero. Al comprenderme a mí misma, quiero comprender a los demás. Quiero realizar todo lo que soy capaz de ser para poder ser (y aquí me he parado, he esperado inútilmente, una sola expresión dice lo que hay que decir) una hija del sol. Si uno habla del deseo de ayudar a los demás, de llevar una luz y otras aspiraciones semejantes, parece que uno mienta. Que baste esto. Ser una hija del sol.

Y luego quisiera trabajar. ¿En qué? Quisiera vivir de manera que me fuera posible trabajar con mis manos, mi corazón y mí cerebro. Quisiera tener un jardín, una casita, hierba, animales, libros, cuadros, música. Y de todo esto sacar lo que quiero escribir, expresar todas estas cosas. (Aunque tomara como personajes a cocheros de fiacre. Esto no importa.)

Pero la vida, la vida cálida, anhelante, viva, tener raíces en la vida, aprender, desear, saber, sentir, pensar, actuar. Nada que sea menos que esto es lo que quiero. A esto es a lo que tengo que tratar de llegar.

Estas páginas las he escrito para mí. Ahora voy a correr el riesgo de enviarlas a J... que haga lo que quiera con ellas. Así verá cuánto le quiero.

Y cuando digo: «tengo miedo», esta palabra no te tiene que inquietar, corazón mío. Todos tenemos miedo cuando estamos en casa del médico en una sala de espera. Sin embargo tenemos que pasar por ella, y en la sangre fría que consigue tener el que se queda reside toda la ayuda que nos podemos dar mutuamente...

Todo esto suena muy serio y arduo. Mas ahora que he luchado cuerpo a cuerpo con estos sentimientos ya no me parecen tal. Me siento feliz, en el fondo, muy en el fondo. Todo está bien.

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Leer sus cuentos es la mejor forma de conocer su visión de la vida y su enorme legado a la literatura.  También sugerimos –aunque aún no lo hemos leído– el libro que mencionamos líneas arriba:




miércoles, 2 de noviembre de 2016

Canica



Por Addy Góngora Basterra.

Tu nombre se repite una y otra vez, golpe de martillo en mi pared. Te has venido atornillando cada día. Todos mis espacios se han impregnado de ti, olor que persigue y atrae. Por las mañanas, especialmente domingo o días festivos, el escándalo de saberte en mi vida me saca del sueño, en oleadas las sábanas me empujan de la cama, porque en tu cuerpo convergen mis mareas, todos los caminos me llevan a ti.

Y siempre, ante todo, está tu nombre como antídoto y guarida. Juego con él –perfecta canica–, lo voy rodando, rodando, lo veo de principio a fin, recorro su geografía y ahí va la caniquita haciendo ruido, seduciendo mi atención, motivando mi escritura. La acomodo en el dedo índice, con el dedo gordo la empujo y pium sale disparada, le pega a otras canicas y salen disparadas como al inicio de un juego de billar, siendo mi canica la que se impone entre las demás.

Cada noche es regocijo dormir cobijada a la sombra de tu nombre, ese que me llama a atravesar la ciudad, el que pronuncio en silencio de alcoba, sueño posible, verdad que es pan de cada día al despertar.

martes, 1 de noviembre de 2016

La calaca

"Adelita" de José Guadalupe Posada.
Hugo Gutiérrez Vega (1934-2015).
Poeta mexicano.

En la danza
el cordel, la gritería;
de azúcar es tu hueso
y en tu frente
la burla de la vida.
La carcajada reina en el mercado
con curvada alegría;
la flor de la casa de los muertos,
el duro cempasúchitl,
decora las cazuelas de la ofrenda;
las mujeres lloran embozadas
—en este sitio hay que ocultar las lágrimas,
sólo se admite el pálido sollozo,
el discreto aletear de las entrañas—
y el macho grita en su guitarra oscura
las coplas retadoras:
¿"en qué quedamos pelona,
me llevas o no me llevas"?
Los cerros inclinan la cabeza
y alguien dice en la noche creciente:
"viene la muerte cantando
detrás de la nopalera".
La luna de noviembre es un gran cráneo
y el país entero llora de risa.

lunes, 31 de octubre de 2016

The fantastic flying books of Mr. Morris Lessmore



Nuestro amor por libros e historias, nuestro gusto por leer y escribir, es lo que nos hace pensar que este cortometraje es de lo más bonito que hemos visto últimamente:


The fantastic flying books of Mr. Morris Lessmore

Ganó en el 2011 el Premio Oscar como mejor cortometraje animado. ¿Cómo puede ser que hayan pasado tantos años sin conocerlo? La vida tiene sus momentos y todo llega cuando tiene que llegar. El guión es de William Joyce, quien dirigió el corto acompañado de Brandon Oldenburg.

Compartimos unos minutos de hermosura para despedir octubre.