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viernes, 10 de junio de 2016

Escribir es mi Veracruz

Ernest Hemingway en Finca Vigía, Cuba. 1946
De Leonardo Padura. Escritor Cubano.
Fragmento del libro Adiós, Hemingway.

     —El dueño de las historias aquí eres tú, no yo.
     Él lo miró y otra vez se asombró de la oscuridad impoluta del pelo de Calixto.
     —Ese es el problema: tengo que contar historias, pero ya no puedo. Siempre tuve una bolsa llena de buenas historias y ahora ando con un saco vacío. Reescribo cosas viejas porque no se me ocurre nada. Estoy jodido, horriblemente jodido. Yo creía que la vejez era otra cosa. ¿Tú te sientes viejo?
     —A veces sí, muy viejo —confesó Calixto—. Pero lo que hago entonces es que me pongo a oír música mexicana y me acuerdo que siempre pensé que cuando fuera viejo volvería a Veracruz y viviría allí. Eso me ayuda.
     —¿Por qué Veracruz?
     —Fue el primer lugar fuera de Cuba que visité. Acá yo oía música mexicana, allá los mexicanos oyen música cubana, y las mujeres son hermosas y se come bien. Pero ya sé que no voy a volver a Veracruz, y me moriré aquí, de viejo, sin tomar un trago más.
     —Nunca me habías hablado de Veracruz.
     —Nunca habíamos hablado de la vejez.
     —Sí, es verdad —admitió él—. Pero siempre hay tiempo para volver a Veracruz… Bueno, mejor me voy a dormir.
     —¿Estás durmiendo bien?
     —Una mierda. Pero mañana quiero escribir. Aunque no se me ocurra nada, tengo que escribir. Me voy. Escribir es mi Veracruz.

Tusquets, 2006, pág. 119.

jueves, 9 de junio de 2016

¡Al agua patos!


Por Julia Mortera.

Érase una vez dos patitos de goma. Vivían en un país lleno de colores con más patitos de goma como ellos. Había patos azules, amarillos, rojos, verdes, negros, morados, rosas ¡de todos colores!
     En ese mundo con muchos jardines verdes de color intenso, lagos grandes con peces parlanchines, escuelas con libros que al abrirse cuentan su propia historia, restaurantes con platillos de toda clase de chocolates, ahí vivían felices Yelitou y Patitura.
     Yelitou era muy guapo y divertido, ¡un gran deportista! Era de la familia de los amarillos. Como pato amarillo, era muy sociable, así que no era extraño verlo rodeado de amigos.
     Un día, en una fiesta de hule, conoció a Patitura, una pata muy elegante y simpática. Era de la familia de los rosas y como pata rosa, era muy amigable y atenta, así que no era extraño verla en fiestas y en reuniones o ayudando a otros patos de distintos colores.
     Yelitou era un gran nadador, Patitura en cambio sentía un gran temor por el agua.

     —Te enseñaré a nadar si me dejas —dijo Yelitou en un atardecer color naranja.
     —Me da miedo —respondió Patitura con un poco de pena.
     —¿Cuándo se ha visto a un pato que no sepa nadar? Piensa distinto, pronto dejarás de temer. Confía en mí. Te ayudaré, estaré contigo.

     Patitura pensó en toooooodas esas cosas que se perdía por no saber nadar. Yelitou le había contado de lugares increíbles a los que solo se llega nadando. Así que a la mañana siguiente, sin pensarlo mucho más, se fue a buscar a su amigo y comenzó la instrucción.

     —¡Al agua patos! —gritó Yelitou con mucho entusiasmo.

     Patitura metió su alita, cerró los ojos, respiró profundo.

     —Soy una pata valiente —se dijo, metiéndose al agua.
     —La primera lección, Patitura, es que aprendas a flotar. Mantén tu cuerpo en el agua y echa el miedo a volar.

     Entonces Patitura abrió los ojos, miró a su maestro y se dijo:

     —Soy una pata valiente —y comenzó a flotar.

     Ese día Patitura flotó y flotó y flotó. Flotó tanto en el agua que dejó de sentir miedo, estaba segura y tranquila con la compañía de su amigo amarillo.

     Al día siguiente volvieron al lago.

     —¡Al agua patos! —gritó Yelitou con más entusiasmo.

     Patitura metió su alita con los ojos abiertos, entró al agua y comenzó a flotar.

     —La segunda lección, Patitura, es aprender a avanzar. Mantén tu cuerpo a flote, mueve tus patitas hacia adelante y hacia atrás, ¡nada!
     Patitura volvió a sentir miedo, para nadar en el agua necesitaba avanzar y ella no se había alejado hacia el lado hondo. Había flotado, sí, pero siempre cerca de la orilla y de Yelitou. Entonces se dijo:
     —Soy una pata valiente —e hizo lo que su amigo maestro le indicó.

     Movió su patita derecha hacia adelante, luego la izquierda, luego empezó a alternarlas y sin más empezó a nadar. Nadó y nadó y nadó. Nadó tanto que en vez de miedo sintió alegría, había descubierto en la profundidad, lejos de la orilla, peces pequeños y grandes que la saludaban desde el fondo del agua, salían a animarla, a saludarla, a decirle que era la pata rosa más bonita y más valiente que alguna vez había nadado en ese lugar.

     Volvieron por tercera vez y antes de que Yelitou gritara “Al agua patos”, Patitura ya estaba en el agua.

     —La tercera lección, Patitura, es navegar. Para ir lejos en el agua no sólo hay que flotar y nadar, sino también dirigir el camino, hasta el puerto al que quieras llegar. Así que tú dirás, ¿hacia dónde quieres nadar?
     Entonces Patitura tembló otra vez. Era el momento de la verdad, iba a ir a un lugar nuevo en el que quizá no habría patos de todos colores ni el mundo sería de hule, quizá en el camino habría lluvia o los peces no serían tan amigables como los de aquel lago. Entonces se dijo:

     —Soy una pata valiente —y diciéndole a su amigo, pidió— vamos al lugar en donde los niños hacen castillos de arena, en donde el agua es azul como el cielo, en donde hay otros patos y otras aves, en donde no hablan “cuac cuac”.

Yelitou y Patitura conociendo "La Sagrada Familia", Barcelona.
     Los dos amigos navegaron hacia aquel lugar de sueño y cuando lo recorrieron, decidieron ir a más y más lugares. Fueron los dos patos más felices recorriendo el mundo.
    
     Cuando volvieron a casa, tenían tantas historias y habían aprendido tanto, que quisieron que otros patos vieran lo mismo que ellos, querían enseñarle a navegar a los patos azules, verdes, rojos, negros, morados, amarillos, rosas, ¡de todos colores!
    
     Así Yelitou y Patitura abrieron su escuela de natación y navegación, la llamaron “Al agua patos”.
    
     ¡Y colorín colorado, este cuento de patos de hule, se ha terminado!

Mail: juliamortera74@gmail.com

martes, 7 de junio de 2016

Muerte de Clarice Lispector

Clarice Lispector, escritora brasileña.
(1920- 1977)

De Ferreira Gullar (1930).
Poeta brasileño.

Mientras te enterraban en el cementerio judío
de Caju
(el soterrado resplandor de tu mirada
resistiendo aún)
el taxi recorría conmigo la orilla de la Lagoa
en dirección a Botafogo
Y las piedras y las nubes y los árboles
en el viento
mostraban alegremente
que no dependen de nosotros.