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sábado, 19 de marzo de 2016

Tú tienes lo que busco

Jaime Sabines. Poeta chiapaneco.
(25 de marzo de 1926 - 19 de marzo de 1999)
Fotografía de Roberto Portillo.

Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,
tú lo tienes.
El puño de mi corazón está golpeando, llamando.
Te agradezco a los cuentos,
doy gracias a tu madre y a tu padre,
y a la muerte que no te ha visto.
Te agradezco al aire.
Eres esbelta como el trigo,
frágil como la línea de tu cuerpo.
Nunca he amado a una mujer delgada
pero tú has enamorado mis manos,
ataste mi deseo,
cogiste mis ojos como dos peces.
Por eso estoy a tu puerta, esperando.


Jaime Sabines.

viernes, 18 de marzo de 2016

Ángeles

La vida cotidiana es poesía al filtrarse en la escritura de Carmen Villoro (México, 1958). Leerla es redescubrir los objetos y aprender una nueva forma de mirar. Van los siguientes versos que también pudieron titularse "Oda a los Albañiles" como muestra de lo que es la escritura de esta magnífica autora mexicana y cuya lectura recomiendo ampliamente.


De Carmen Villoro.

Sus pies apenas tocan los andamios,
sus brazos se apoyan en latas de pintura
vacías y ligeras,
su fuerza se desplaza
sobre delgadas tablas que cruzan el abismo.
No saben que son dioses,
que edifican destinos
y que la mezcla en sus manos
fecunda los espacios
y hace crecer las sombras.
Son ángeles de piedra,
tallas de polvo,
gárgolas cuya sangre
pone en movimiento las fachadas
y vuelve los deseos góticos posibles.
Sus objetos sagrados descansan en el suelo:
un radio, unos zapatos, un refresco.
Por la tarde descienden,
guardan sus alas rotas
y el edificio en construcción
mira crecer su soledad
desangelado y gris.

martes, 15 de marzo de 2016

Cuando los ratones se daban la gran vida


Por Francisco Hinojosa*

En el tiempo en que la luna era roja y los árboles daban todo el año flores y frutas, todos los animales de la tierra eran del mismo tamaño. 
Fue un ratón el que descubrió el secreto: un día encontró una tripita que salía de la pata de un león. Le quitó la tapa y… 
El león empezó a desinflarse. Luego buscó la pata de una abeja y también encontró la tripita. Y la empezó a inflar e inflar e inflar…
Pasaban entonces cosas muy raras: las hormigas podían cargar más hojas, pero no cabían en sus agujeros, los changos no podían subirse a los árboles ni comer plátanos. 
Las moscas eran tan pesadas que no podían volar. 
El gato no perseguía a los ratones. Y a los cocodrilos nadie les tenía miedo. 
Los ratones eran los únicos que se daban la gran vida. 
El elefante era el encargado de servir el queso. El oso polar les cortaba el pelo y los bigotes. 
Los caracoles hacían ricos pasteles. Los lobos tiraban los trineos. Y el gato los divertía con sus bailes. Pasaron así muchos años, hasta que un buen día el búho descubrió la tirita en la pata de una hormiga. Le quitó la tapa y… 
La hormiga se hizo chiquita, chiquita, y pudo volver a su agujero. Entonces el búho les dijo a todos el secreto. Así la jirafa fue con el camello y lo empezó a inflar e inflar e inflar…
Hasta que el camello se hizo más grande que los árboles. 
—No me infles tanto, ya no te puedo ver —le gritó a la jirafa.
Todos los animales volvieron a ser como antes: la araña ya podía tejer su tela, las mariposas volar, el tigre saltar de los árboles y el hipopótamo volver a su casa. 

Desde entonces los ratones dejaron de ser los amos de la tierra. Y los animales vivieron muy contentos. 

* Nació en la Ciudad de México, en 1954. Es poeta, narrador y editor. Estudió la carrera de Lengua y literatura hispánica en la Universidad Nacional Autónoma de México. Una gran parte de su obra ha sido dedicada a los niños y jóvenes. Ha impartido talleres de literatura infantil en diversos países y es uno de los autores más destacados de literatura infantil y juvenil en lengua española. Ha sido traducido al inglés y portugués.