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viernes, 11 de marzo de 2016

Astor Piazzolla



Un 11 de marzo nació en Mar del Plata Astor Piazzolla (1921-1992), bandoneonista que revolucionó el Tango. Hoy cumpliría 95 años. Piezas como "Oblivion", "Las cuatro estaciones" o "Adiós Nonino" forman parte del soundtrack de la vida de quienes hemos tenido el placer de acompañarnos de su música. Entre las personas que influenciaron su carrera figura Nadia Boulanger (Francia, 1887-1979) pianista, Directora de Orquesta y Maestra de Maestros, de quién él comentó lo siguiente en una ocasión:
Nadia Boulanger me hizo estudiar durante 18 meses que me sirvieron como si hubieran sido 18 años. Ella me enseñó a creer en Astor Piazzolla, en que mi música no era tan mala como yo creía. Yo pensaba que era una basura porque tocaba tangos en un cabaret y resulta que yo tenía una cosa que se llama estilo. Sentí una especie de liberación del tanguero vergonzante que era yo. Me liberé de golpe y dije: "Bueno, tendré que seguir con esta música, entonces".

Astor Piazzolla con Nadia Boulanger.
Fotografía tomada por Dedé Wolff, primera esposa de Astor.
Piazzolla comenta en el libro de Natalio Gorin "Astor Piazzolla: A manera de memorias" (Alba Editorial, 2003), lo siguiente:

Cuando la conocí, Nadia estaba por cumplir 75 años. Vivía en un departamento muy grande, tenía un órgano enorme, un piano de cola, en las paredes colgaban fotos dedicadas de Igor Stravinsky, André Gide, Paul Valéry y André Malraux. Era una mujer muy agradable. A las cinco de la tarde entraba la mucama con una bandeja que tenía los elementos para el té con masitas, pero la dejaba sobre una mesa: el té lo servía Nadia. Fue como estudiar con mi mamá. 
La volví a ver 20 años después en el Conservatorio Fontainebleau, estaba casi ciega pero su oído musical, a pesar de su edad, seguía siendo perfecto. Me acerqué, le tomé la mano y le dije: "Hello, mademoieselle Boulanger". Me reconoció por la voz y me contestó enseguida: "Hello mi querido Astor, lo felicito, ahora es muy famoso". Siempre la recuerdo con mucha cariño”. 
Y es que éste argentino es, verdaderamente, uno de los prodigios que ha tenido la historia de la música. Escucharlo siempre es una experiencia que nos enriquece. Por eso, disfrutemos esta grabación del Festival Internacional de Jazz de Montreal.


Y por último, comparto esta foto histórica y memorable. En ella vemos a Mercedes Sosa sentada en el suelo y recargada en el sofá mientras escucha atenta las palabras de Piazzolla. Se sabe que esa noche él al bandoneón interpretó "Los mareados" y ella lo acompañó con su eterna e inquebrantable voz.

Astor Piazzolla y Mercedes Sosa en un encuentro en París durante el exilio.



jueves, 10 de marzo de 2016

El mal fotógrafo

Juan Villoro (1956). Escritor Mexicano.
Fotografía: Vasco Szinetar.

En el panorama de la literatura actual, Juan Villoro es uno de los escritores más activos y, sobre todo, ¡leídos! tanto por público juvenil como adulto. En marzo de 2016 recibirá el Premio "Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco" que otorga la Universidad Autónoma de Yucatán, la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) y la Asociación UC-Mexicanistas en reconocimiento a la trayectoria literaria de autores nacidos en México.

En ediciones anteriores, el Premio le ha sido otorgado a: 

2013.- José Emilio Pacheco.
2014.- Elena Poniatowska.
2015.- Fernando del Paso.

En una conversación, Sara Poot-Herrera me comentó que el jurado esté integrado por tres académicos y dos escritores; este año lo conforman Victoria Borsò, Hernán Lara Zavala, Max Parra, Cristina Rivera Garza y Jacobo Sefamí. 

La FILEY, que se inaugurará el sábado 12 de marzo, traerá a la ciudad autores que recomiendo escuchar de viva voz, ya sea en las presentaciones de libro, actividades como la del lunes 14 de marzo a las 20:30 horas con Juan Villoro en el Centro Cultural Olimpo o en el Congreso Internacional "Lo busco lo busco y no lo busco. De búsquedas y encuentros en la cultura mexicana" que iniciará el miércoles 16 de marzo en el Centro de Convenciones Siglo XXI en Mérida.

Complementando lo anterior, comparto este cuento de Juan Villoro que probablemente sea la historia de muchas familias... espejo de infancia de quienes han crecido con un padre ausente. 


El mal Fotógrafo



Juan Villoro.

Recuerdo a mi padre alejarse del grupo donde se servía limonada. En las playas o los jardines, siempre tenía algún motivo para apartarse de nosotros, como si los niños causáramos insolación y tuviese que buscar sombra en otra parte.

Puedo ver su cara recortada en el quicio de una puerta, fumando con desgano, con la rutina parda del adicto que hace mucho dejó de disfrutar el vicio. Nunca se quitaba la corbata. Para él las vacaciones eran el momento en que se manchaba la corbata y no le importaba. Sólo se ponía otra al volver al trabajo.

Supongo que nunca se adaptó a nosotros. Nos tomaba en cuenta con la calmosa dedicación con que alguien deja caer gotas azules en un acuario.

También el verdadero sol lo molestaba. Le sacaba pecas en los antebrazos, cubiertos de vellos rojizos. No era un hombre de intemperie. Lo único que disfrutaba de las vacaciones era el trayecto, las muchas horas a bordo del coche. Entonces cantaba una canción sobre un caballo de carreras. Aunque el caballo perdía siempre, su voz sonaba feliz y libre. Una voz hecha para el camino.

Distanciarse estaba en su carácter. Nunca lo vimos tomar una fotografía, pero las fotos que encontramos muchos años después deben ser suyas. Estuvo suficientemente cerca y suficientemente lejos de nosotros para retratarnos. Lo imagino con una de esas cámaras que se colgaban del hombro y tenían estuche de cuero.

Las fotos recogen jardines olvidados y casas donde tal vez dormimos una noche, en camino a otra parte. Entonces éramos más rubios, más blancos, más antiguos. Una época pálida, antes de que la fotografía a color se volviera enfática. A mi padre le iban bien esos tonos indecisos, donde un coche azul parecía más gris de lo que era.

Nadie guardó las fotos en un álbum, tal vez porque eran malas, tal vez porque pertenecían a una época que se volvió complicado recordar.

En las tomas aparecen objetos que sólo a mi padre le hubiera interesado retratar. Las bancas, los postes de luz, los tejados, los coches –sobre todo los coches– sobreviven mejor que nosotros. Ciertas fotos oblicuas o movidas parecen tomadas desde un auto en movimiento.

El dato final y decisivo para asociarlas con mi padre es que después no hubo otras. Una tarde subió a su Studebaker y no volvimos a saber de él.

Las fotografías aparecieron en un desván, dentro de una maleta con correas, estampada con nombres de hoteles a los que no fuimos nosotros. Supongo que las dejó ahí para que lo conociéramos de otro modo, para que supiéramos lo mal fotógrafo que había sido, cuán frágil era su pulso, la falta de concentración que determinaba su mirada. Un detective a sueldo hubiera hecho mejor trabajo.

¿Es posible que el autor de las fotografías sea otro? No lo creo. La torpeza, el desapego, la atención vacilante son una firma clara.

De mi padre sabemos lo peor: huyó; fuimos la molestia que quiso evitarse. Las fotos confirman su dificultad para vernos. Curiosamente, también muestran que lo intentó. Con la obstinación del mediocre, reiteró su fracaso sin que eso llegara a ser dramático. Nunca supimos que sufriera. Ni siquiera supimos que fotografiaba.

Hubo un tiempo en que vivimos con un fotógrafo invisible. Nos espiaba sin que ganáramos color. Que alguien incapaz de enfocar nos mirara así, revela un esfuerzo peculiar, una forma secreta del tesón. Mi padre buscaba algo extraviado o que nunca estuvo ahí. No dio con su objetivo, pero no dejó de recargar la cámara. Sus ojos, que no estaban hechos para vernos, querían vernos.

Las fotos, desastrosas, inservibles, fueron tomadas por un inepto que insistía.

Una tarde subió al Studebaker. Supongo que cantó su canción del caballo, una y otra vez, hasta que en un recodo solitario ganó, al fin, una carrera.

Publicado en diciembre de 2008 en la revista Letras Libres.

Consulta el programa completo de la FILEY 2016 dando clic aquí

martes, 8 de marzo de 2016

¡Tiemblen, dragones!

A partir de ahora todos los martes compartiré Literatura Infantil para que leamos con los niños que amamos y que están ávidos de historias. Ocho años después de haber iniciado Letranías me doy cuenta de que es un sector al que no había involucrado en mis publicaciones... todo gracias al grupo de lectura "Puro Cuento" que empecé en enero con niños de 5 a 12 años de edad. Es fascinante compartir con ellos palabras y creatividad, no importa si no saben leer... ¡la riqueza está en imaginar! Éste es uno de los cuentos que leímos juntos y del que posteriormente conversamos y opinamos. Fue exquisito: los niños son fuente de sabiduría. La versión en español del cuento "¡Tiemblen, dragones!" que hoy comparto, está tomado del libro "Cuéntame lecturas para todos los días" (Editorial Castillo, 2009), antologado por Francisco Hinojosa.



Historia: Robert Munsch.
Ilustraciones: Michael Martchenko.

Elizabeth era una hermosa princesa. Vivía en un castillo enorme y tenía muchos vestidos elegantes. Además pronto se casaría con su novio, el príncipe Ronaldo.
Por desgracia, un dragón destruyó su castillo, quemó todos sus vestidos y se llevó al príncipe Ronaldo. Elizabeth decidió ir tras el dragón para rescatar a su novio. pero antes necesitaba encontrar que ponerse. Buscó por todos lados y lo único que encontró fue una bolsa de papel. Elizabeth se la puso y partió en busca del dragón.

Fue muy fácil seguirlo. Sólo tuvo que seguir su rastro por los bosques quemados.
Después de un largo rato, Elizabeth llegó a una cueva con una gran puerta y un aldabón enorme. Elizabeth tomó el aldabón y tocó tres veces: ¡BANG, BANG, BANG!

El dragón asomó la nariz por la puerta y dijo:
—¡Vaya! ¡Una princesa! Me encanta comer princesas, pero hoy ya me comí un castillo entero. Soy un dragón muy ocupado. Regresa mañana.

Azotó la puerta tan fuerte, que Elizabeth por poco se queda sin nariz. Elizabeth tomó el aldabón y llamó de nuevo a la puerta: ¡BANG, BANG, BANG!

El dragón se asomó una vez más y dijo:



—Ya te dije que te fueras. Me encanta comer princesas, pero hoy ya me comí un castillo entero. Soy un dragón muy ocupado. Regresa mañana.
—¡Espera! —exclamó Elizabeth—. ¿Es cierto que eres el dragón más listo y feroz del mundo entero?
—Sí— dijo el dragón.
—¿Es cierto —preguntó Elizabeth— que puedes quemar hasta diez bosques con tu aliento de fuego?
—Desde luego —contestó.
El dragón tomó una gran bocanada de aire y lanzó tanto fuego, que quemó otros cien bosques.
El dragón no tenía fuego ni para asar una salchicha. Elizabeth dijo:
—Oye dragón, ¿es cierto que puedes volar alrededor del mundo en tan solo diez segundos?
—Por supuesto— le contestó.
El dragón tomó vuelo, dio un gran brinco y se elevó por los aires. Dio la vuelta al mundo en solo diez segundos. El dragón regresó muy cansado, pero Elizabeth gritó:
—¡Fantástico! ¡Hazlo otra vez!
El dragón se elevó de nuevo por los aires y dio la vuelta al mundo en tan solo veinte segundos. Cuando regresó, estaba tan cansado que se acostó en el piso y se quedó profundamente dormido.
Elizabeth se acercó al dragón y le susurró suavemente:
—Oye, dragón...
Pero el dragón no se movió ni un poquito. Elizabeth levantó la oreja del dragón y metió su cabeza dentro. Entonces gritó tan fuere como pudo:
—¡OYE DRAGÓN!


El dragón estaba tan cansado que ni se inmutó. Elizabeth pasó por encima de dragón y abrió la puerta de la cueva. Ahí estaba el príncipe Ronaldo. Cuando la vio, el príncipe dijo:

—¡Elizabeth! ¡Estás hecha un desastre! Hueles a ceniza, tu pelo es un asco y vienes vestida sólo con una vieja y sucia bolsa de papel. Ni pienses que te dejaré rescatarme en esas fachas. Regresa cuando parezcas una princesa de verdad.


—Ronaldo —respondió Elizabeth—, tu ropa es muy elegante y estás muy bien peinado. Pareces un verdadero príncipe, pero en realidad eres un patán.

Después de todo, Elizabeth y Ronaldo no se casaron.



domingo, 6 de marzo de 2016

Amor a primera vista


La escritora polaca Wislawa Szymborska, en su casa en 2009.
Premio Nobel de Literatura en 1996 / Foto: Witold Krassowski

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

Del libro: Fin y principio escrito en 1993.
Wislawa Szymborska (1923-2012).