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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Canica



Por Addy Góngora Basterra.

Tu nombre se repite una y otra vez, golpe de martillo en mi pared. Te has venido atornillando cada día. Todos mis espacios se han impregnado de ti, olor que persigue y atrae. Por las mañanas, especialmente domingo o días festivos, el escándalo de saberte en mi vida me saca del sueño, en oleadas las sábanas me empujan de la cama, porque en tu cuerpo convergen mis mareas, todos los caminos me llevan a ti.

Y siempre, ante todo, está tu nombre como antídoto y guarida. Juego con él –perfecta canica–, lo voy rodando, rodando, lo veo de principio a fin, recorro su geografía y ahí va la caniquita haciendo ruido, seduciendo mi atención, motivando mi escritura. La acomodo en el dedo índice, con el dedo gordo la empujo y pium sale disparada, le pega a otras canicas y salen disparadas como al inicio de un juego de billar, siendo mi canica la que se impone entre las demás.

Cada noche es regocijo dormir cobijada a la sombra de tu nombre, ese que me llama a atravesar la ciudad, el que pronuncio en silencio de alcoba, sueño posible, verdad que es pan de cada día al despertar.
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