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sábado, 15 de agosto de 2015

El ramo de flores de Moncayo

José Pablo Moncayo, (1912-1958).
Compositor mexicano. 

Por Addy Góngora Basterra. 

I

Redobla el timbal. El fagot se estira en una nota laaaaaarga. El güiro sacude la quietud rascando el sonido. Se unen violines. Respira el corno. Parte plaza la trompeta con sordina. El arpa todo lo acentúa, engalana y embellece con la fina y perfecta llovizna de sus cuerdas. Es el 15 de agosto de 1941. Es viernes. Es México sonando. Es el Palacio de Bellas Artes cobijando el estreno mundial de la composición inspirada en sones jarochos de José Pablo Moncayo. Es Carlos Chávez dirigiendo la Orquesta Sinfónica Nacional. Es la piel erizada. Es el “Huapango” derrochando sonidos que a tantas generaciones ha provocado orgullo nacional.

II

Siempre he querido preguntarle a alguno de mis amigos músicos si al interpretar el “Huapango” tienen alguna emoción especial como la que sentimos varios de los que estamos en las butacas del teatro. “Mozart me limpia por dentro”, me contó una tarde Samuel Rafinesque —músico francés integrante de la Orquesta Sinfónica de Yucatán—, tras uno de los ensayos de “Las bodas de Fígaro”. Como si la partitura, al traducirse en sonidos con el aire que exhala para hacer sonar su instrumento —Corno Francés— le purificara el interior… como si ese aire que empuja desde adentro, aire que es música, aire que es la imaginación de Mozart… pulmones, cuerpo y vibración de labios, fueran un bálsamo o comunión. ¿Le pasará lo mismo con la música de Moncayo? ¿Qué sentirán Alondra de la Parra y Juan Carlos Lomónaco mientras dirigen el “Huapango”? ¿Y el trompetista que inunda los espacios de emoción con la sordina? ¿Y el arpista que mece esa cortina de cuerdas que nos estremece el alma y la patria cuando suena?

III

Hará un mes y medio que recibí en mi oficina un regalo inesperado: el disco “Misterios gozosos” de la intérprete oaxaqueña Susana Harp. Fue como si me enviaran un ramo de flores, pero mejor, porque la música no se marchita. Lo diferente en la sorpresa fue también que venía con una instrucción: “Escucha primero el track 14”. Fui obediente y así lo hice a bordo de mi automóvil. Conduje y conduje siguiendo de largo el lugar de mi destino porque no quería dejar de escuchar el track. En este disco que reúne música emblemática de México y Latinoamérica, Susana Harp incluyó el “Huapango” de Moncayo con los siete sones ¡cantados! que —según la investigación que la intérprete realizó con la asesoría del etnomusicólogo Rubén Luengas y el antropólogo Antonio García de León— sirvieron de inspiración para la fina hechura de esta pieza. Se sabe que al final de la década de los treinta Carlos Chávez envió a José Pablo Moncayo —como también a Blas Galindo y Silvestre Revueltas— a regiones de Veracruz y Oaxaca a que pararan las orejas y escucharan sonidos, ritmos y folclor en su más pura y fidedigna expresión. Desde siempre se han reconocido tres sones jarochos como inspiración para el “Huapango” —“El Siquisiri”, “El Balajú” y “El Gavilancito”— pero músicos tradicionales y soneros mayores identifican también otros sones como “El conejo”, “El jarabe loco” y “María Chuchena”, los cuales están cuidadosamente insertados en el arreglo exquisito que se escucha en “Misterios gozosos” luciendo arpa y jarana como lo que son: el alma del Huapango.

Pero no fue la versión cantada lo que estuve escuchando al volante, sino entrevistas hechas a personas que conocieron a Moncayo. El track 14 se llama “Historias de Huapango” y es la voz del poeta y decimero oaxaqueño José Samuel Aguilera Vázquez narrando entrevistas que dan cuenta de las andanzas de José Pablo en Sotavento. Iba yo manejando con el sol y la sonrisa a todo lo que dan, fascinada, saboreando las historias de esa gente, una joya para la historia musical. Debería escucharlo todo aquel a quien se le haya enchinado el cuero oyendo la patria musical que es el Huapango y que retiemble en sus centros la tierra con esa pieza que tanto emociona y que varios consideramos un alegre y benigno Himno Nacional Mexicano, aquel al que le llovieron los aplausos en Bellas Artes, setenta y cuatro años atrás.

miércoles, 12 de agosto de 2015

De lo privado al escenario del mundo

Portada del libro.

Por Zulai Marcela Fuentes*
Tomado de La Jornada Maya 

Uno no puede dejar de preguntarse a qué hora escribía Alfonso Reyes tanta carta. ¿Cómo se daba tiempo para realizar su obra gigantesca con tanto trabajo diplomático y, al mismo tiempo, ser un devorador de cartas y un puntual corresponsal?

A raíz de mi traslado a Mérida en 2007 quedó la tarea pendiente de averiguar si entre esos cientos y cientos de corresponsales de Reyes estaban los yucatecos Antonio Mediz Bolio y Ermilo Abreu Gómez. La consigna se había quedado en la ciudad de México, como tantos otros pendientes. Fue así como Alfredo Tapia emprendió la visita a la Capilla Alfonsina para salir de dudas. En esa grata ocasión y plática con la nieta de don Alfonso, la Dra. Alicia Reyes, salió a relucir que sí, en efecto, en las gavetas del archivo personal de su abuelo existían legajos enteros de copias al carbón con el diálogo epistolar de estos escritores nacidos a fines del siglo XIX en la península de Yucatán. Comenzó entonces la emocionante tarea de revisar y solicitar fotocopias de todos los documentos: oro molido para nuestras intenciones. Esas cartas habían esperado casi cinco décadas para ser desentrañadas. Vino así el desciframiento, la transcripción y con ello la investigación documental e iconográfica; para ello había que consultar el Archivo Histórico de El Colegio de México y el Archivo Histórico Genaro Estrada de Relaciones Exteriores que generosamente permitieron el acceso a sus acervos.

martes, 11 de agosto de 2015

Haiku-mático

Conaculta lanzará Haiku-matico, aplicación para acercar a niños y jóvenes a la creación poética en forma lúdica


  • Alfonso Ochoa y Javier Barros dialogarán sobre la relevancia de los medios digitales en la lectura y la escritura




Como parte de su agenda digital, la Dirección General de Publicaciones (DGP) del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), a través del Programa Nacional Salas de Lectura (PNSL), presentará Haiku-mático, aplicación diseñada para iPad donde el usuario puede construir su propio haiku.

La aplicación propone que la interactividad es más que dar clic a botones. El usuario asume un papel activo para leer, seleccionar versos, elegir de entre una amplia gama de posibilidades aleatorias para finalmente satisfacer el deseo de crear poesía en cualquier soporte.

Haiku-mático cambia versos, compone nuevos significados en cada una de sus 27 mil posibles combinaciones y va acompañado de ilustraciones tipo collage.

lunes, 10 de agosto de 2015

El pájaro carpintero


De Eduardo Galeano.
Escritor uruguayo.

Orlando Goicoechea reconoce las maderas por el olor, de qué árboles vienen, qué edad tienen, y oliéndolas sabe si fueron cortadas a tiempo o a destiempo y les adivina los posibles contratiempos.

Él es carpintero desde que hacía sus propios juguetes en la azotea de su casa del barrio de Cayo Hueso. Nunca tuvo máquinas ni ayudantes. A mano hace todo lo que hace, y de su mano nacen los mejores muebles de La Habana: mesas para comer celebrando, camas y sillas que te da pena levantarte, armarios donde a la ropa le gusta quedarse.

Orlando trabaja desde el amanecer. Y cuando el sol se va de la azotea, se encierra y enciende el video. Al cabo de tantos años de trabajo, Orlando se ha dado el lujo de comprarse un video, y ve una película tras otra.

No sabía que eras loco por el cine, ­le dice un vecino.

Y Orlando le explica que no, que a él el cine ni le va ni le viene, pero gracias al video puede detener las películas para estudiar los muebles.