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sábado, 4 de julio de 2015

El perro perdido (1936)

Fotografía del inglés Derek Berwin.

martes, 30 de junio de 2015

Mar eterno

José Emilio Pacheco con Cristina Pacheco, 1977. Fotografía de Rogelio Cuéllar.

"Digamos que no tiene comienzo el mar.
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes". 

José Emilio Pacheco. Poeta Mexicano.
(30 de junio de 1939 - 26 de enero de 2014).

lunes, 29 de junio de 2015

El Principito en 50 francos

Billete de 50 francos. Anverso.

Por Addy Góngora Basterra. 

Antoine de Saint Exupéry, el célebre piloto autor de "El Principito" nació el 29 de junio de 1900 en Francia. Antes de que su país natal adoptara el euro como moneda oficial, el billete de 50 francos llevó su rostro y algunas ilustraciones -hechas por él mismo para su libro- que hasta el día de hoy vemos replicadas en camisetas, tazas y ediciones. Se sabe que, desde la publicación del libro en 1943, ¡se han vendido más de 200 millones de ejemplares traducidos a 220 idiomas!

Reverso del billete de 50 francos.

En el reverso del billete vemos al Principito, de pie sobre su planeta. Detrás, el avión que desapareció en julio de 1944 sobre el Sahara, piloteado por Antoine de Saint-Exupéry. El aeropuerto de Lyon, ciudad donde nació, lleva su nombre.

El libro se consigue en cualquier librería. Si no lo has leído, hoy puede ser un buen día para empezar... o releerlo. Es una historia de la que todos podemos aprender algo, como por ejemplo, que la siguiente imagen es mucho más que un reloj.

¿Qué ves?

Decálogo del pájaro huído




Por Addy Góngora Basterra.

—Oiga, cuántos libros— me dijo el carpintero que arregló la puerta principal de mi departamento. Yo no sé leer —continuó. Lo de abecé sí me lo enseñaron, chin pero cuando agarro uno de los libros que tienen mis hijos, chin, cuando veo ya estoy pensando en quiénsequé. ¿Cómo le hace usted para que no se le vaya el pájaro?

—Pues mire, lo del pájaro huído pasa mucho —contesté— porque eso de leer sin distraerse no está fácil.

—Y estos libros, ¿ya los leyó todos?

Y así continuó la conversación con el muchacho mientras llegaba su patrón por él. Me hizo gracia lo del pájaro como también me hizo pensar en lo siguiente:


1. Leer es más que hábito y concentración: es aprender a disfrutar de nuestra propia compañía.
2. Leer es la esquina de la vida donde somos sinceros, sin disfraces ni máscaras, quizá sin miedo.
3. Leer es desear encontrar cómplices con quien conversar sobre lo leído: es hacer nuevos amigos.
4. Leer es sol para cualquier edad, soledad que nutre y acompaña. Sol de noche. Soledad que no daña.
5. Leer es encontrar posibilidades y caminos que no se nos habían ocurrido.
6. Leer es mirar con los ojos de otro, calzar los zapatos de otro, saborear al amante de otro.
7. Leer es querer vivir: los libros siembran antojo por viajar y conocer lo descubierto en sus páginas.
8. Leer es sano exilio de este mundo injusto, mundo en el que nos inventamos pasiones, sonidos, personajes y motivos.

Paréntesis.

Motivos que parecen de película, siendo considerados improbables e inverosímiles y que bautizamos como “ficción”. Llamamos así a la literatura —y al cine, por supuesto— para no cuestionar lo que nos resulta increíble, pero lo cierto es que… ¡cuánta verdad hay en lo que se vende como mentira! Benditas mentiras. Creativas mentiras. Puras mentiras. Por eso cuando a alguien ya no le creemos nada así le decimos: “Ah… tú eres puro cuento”. Y por eso “Puro Cuento” se llama el grupo de lectura que empecé la semana pasada donde leeremos puros cuentos, cuya materia prima sorprendió al carpintero. Dos días después a la conversación que tuve con él, leí en voz alta “La iglesia del diablo” del narrador brasileño Joaquim —así con m, como si fuera yucateco— Maria Machado de Assis, un cuento publicado en 1884 y que perfectamente pudo haberse escrito ayer por lo atemporal de su historia: la contradicción humana. ¿Cómo iba a imaginarse ese bebecito mulato que hace más de siglo y medio llegó a este mundo que lo estarían leyendo unas yucatecas y tres veracruzanas tomando café y agua de pepino? Y también pensaba en nosotras, las lectoras, las que por el sólo hecho de leer esas palabras escritas hace 131 años —jalándole las plumas al pájaro, en varios momentos, para que no se nos fuera— estaban dándole vida a un hombre —sus ideas, su exquisito humor y su sabrosa narrativa— como esas figuras de plástico que toman cuerpo cuando las infla el aire. Así que por eso…

Paréntesis.

9. Leer es romper la línea recta del cardiograma, recobrar a personas de entre la niebla de los años y los siglos.
10. Leer es reencontrarnos con lo que se ha perdido, con lo irreal, con lo imposible. Es un tablón de salvación a la hora del naufragio. No es bola de cristal, pero qué cobijo sentimos cuando encontramos palabras bálsamo ante algo con lo que nos identificamos y está escrito tan preciso, tan nuestro y tan exacto, como si desde siempre nos hubiera estado esperando.

Pilón

Me quedó rondando algo que dijo el carpintero: “Lo de abecé sí me lo enseñaron”. Es decir: sí le enseñaron a leer, pero no le enseñaron a quedarse en un libro. ¿Eso se enseña, se aprende, se contagia? Cada quien podría decir si el pájaro de sus libros es domesticado o huidizo, pero lo cierto es que cuando ese pájaro hace nido, nos regala el placer insustituible de estar con nosotros mismos.

@letranias

domingo, 28 de junio de 2015

Es sólo que soy feliz porque la quiero

De Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013). 
Poeta Veracruzano. 

Como ya nada puedo
imaginar por mí —claro, entre luces
estoy viviendo, y el amor me agobia,
me emborracha, me enferma—,
quiero decir tan solamente
lo que me has enseñado, los secretos
que en mí vas alumbrando,
las pequeñas verdades que levantas
sobre mi viejo tiempo de ceniza.

Por ejemplo, de golpe me enseñaste
que hay muchas cosas mías en el mundo:
que soy rico. Que tengo en todas partes
lugares que, por ti, me pertenecen:
lugares, fechas, luces, que he tomado
sencillamente, porque en ellos
he pasado contigo,
y en ellos te has quedado para siempre.

Nunca pensé que hubiera tanta parte
de mi ternura en cosas, en momentos
que están y pasan cerca, a todas horas.

Hoy, por ti, me conmueven
las canciones de amor de un limosnero
que canta en el camión al que he subido,
y son tesoros míos incomparables
un cabello robado, un recordado
perfume, unas palabras, un pañuelo
con pintura de labios.


Me has enseñado que soy joven;
que puedo, sin temor, verte a los ojos
o besarte delante de las gentes.

Me tengo que reír con toda el alma
cuando recuerdo mi tristeza.
Hoy lo sé: soy alegre.
Me contentan el ruido y el silencio,
las noches me contentan y los días,
la voz, el cuerpo, el alma, me contentan.

Cuando me he despedido
de ti, después de un día de tenerte,
y camino de gusto por las calles,
ay, cómo compadezco
a los que tú no amas, que no saben.
Y me dan ganas de abrazarlos
a todos, de gritarles que la vida
es buena: que tú vives, que debemos
obligatoriamente ser felices.
O de echarme en el suelo, boca arriba
con los ojos cerrados,
y cuando alguno llegue a preguntarme
si algo me pasa, contestar: "Es sólo
que soy feliz porque la quiero."

Y tú, que tanto tiempo me ocultaste
lo que era yo, al sentirme
pensarás que soy bueno o que estoy loco,
y desde cerca o desde lejos
me mirarás compadecida,
y sonreirás tendiéndome la mano.


Tomado del libro “El manto y la corona” (1958).