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martes, 30 de junio de 2015

Mar eterno

José Emilio Pacheco con Cristina Pacheco, 1977. Fotografía de Rogelio Cuéllar.

"Digamos que no tiene comienzo el mar.
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes". 

José Emilio Pacheco. Poeta Mexicano.
(30 de junio de 1939 - 26 de enero de 2014).

lunes, 29 de junio de 2015

El Principito en 50 francos

Billete de 50 francos. Anverso.

Por Addy Góngora Basterra. 

Antoine de Saint Exupéry, el célebre piloto autor de "El Principito" nació el 29 de junio de 1900 en Francia. Antes de que su país natal adoptara el euro como moneda oficial, el billete de 50 francos llevó su rostro y algunas ilustraciones -hechas por él mismo para su libro- que hasta el día de hoy vemos replicadas en camisetas, tazas y ediciones. Se sabe que, desde la publicación del libro en 1943, ¡se han vendido más de 200 millones de ejemplares traducidos a 220 idiomas!

Reverso del billete de 50 francos.

En el reverso del billete vemos al Principito, de pie sobre su planeta. Detrás, el avión que desapareció en julio de 1944 sobre el Sahara, piloteado por Antoine de Saint-Exupéry. El aeropuerto de Lyon, ciudad donde nació, lleva su nombre.

El libro se consigue en cualquier librería. Si no lo has leído, hoy puede ser un buen día para empezar... o releerlo. Es una historia de la que todos podemos aprender algo, como por ejemplo, que la siguiente imagen es mucho más que un reloj.

¿Qué ves?

Decálogo del pájaro huído




Por Addy Góngora Basterra.

—Oiga, cuántos libros— me dijo el carpintero que arregló la puerta principal de mi departamento. Yo no sé leer —continuó. Lo de abecé sí me lo enseñaron, chin pero cuando agarro uno de los libros que tienen mis hijos, chin, cuando veo ya estoy pensando en quiénsequé. ¿Cómo le hace usted para que no se le vaya el pájaro?

—Pues mire, lo del pájaro huído pasa mucho —contesté— porque eso de leer sin distraerse no está fácil.

—Y estos libros, ¿ya los leyó todos?

Y así continuó la conversación con el muchacho mientras llegaba su patrón por él. Me hizo gracia lo del pájaro como también me hizo pensar en lo siguiente:


1. Leer es más que hábito y concentración: es aprender a disfrutar de nuestra propia compañía.
2. Leer es la esquina de la vida donde somos sinceros, sin disfraces ni máscaras, quizá sin miedo.
3. Leer es desear encontrar cómplices con quien conversar sobre lo leído: es hacer nuevos amigos.
4. Leer es sol para cualquier edad, soledad que nutre y acompaña. Sol de noche. Soledad que no daña.
5. Leer es encontrar posibilidades y caminos que no se nos habían ocurrido.
6. Leer es mirar con los ojos de otro, calzar los zapatos de otro, saborear al amante de otro.
7. Leer es querer vivir: los libros siembran antojo por viajar y conocer lo descubierto en sus páginas.
8. Leer es sano exilio de este mundo injusto, mundo en el que nos inventamos pasiones, sonidos, personajes y motivos.

Paréntesis.

Motivos que parecen de película, siendo considerados improbables e inverosímiles y que bautizamos como “ficción”. Llamamos así a la literatura —y al cine, por supuesto— para no cuestionar lo que nos resulta increíble, pero lo cierto es que… ¡cuánta verdad hay en lo que se vende como mentira! Benditas mentiras. Creativas mentiras. Puras mentiras. Por eso cuando a alguien ya no le creemos nada así le decimos: “Ah… tú eres puro cuento”. Y por eso “Puro Cuento” se llama el grupo de lectura que empecé la semana pasada donde leeremos puros cuentos, cuya materia prima sorprendió al carpintero. Dos días después a la conversación que tuve con él, leí en voz alta “La iglesia del diablo” del narrador brasileño Joaquim —así con m, como si fuera yucateco— Maria Machado de Assis, un cuento publicado en 1884 y que perfectamente pudo haberse escrito ayer por lo atemporal de su historia: la contradicción humana. ¿Cómo iba a imaginarse ese bebecito mulato que hace más de siglo y medio llegó a este mundo que lo estarían leyendo unas yucatecas y tres veracruzanas tomando café y agua de pepino? Y también pensaba en nosotras, las lectoras, las que por el sólo hecho de leer esas palabras escritas hace 131 años —jalándole las plumas al pájaro, en varios momentos, para que no se nos fuera— estaban dándole vida a un hombre —sus ideas, su exquisito humor y su sabrosa narrativa— como esas figuras de plástico que toman cuerpo cuando las infla el aire. Así que por eso…

Paréntesis.

9. Leer es romper la línea recta del cardiograma, recobrar a personas de entre la niebla de los años y los siglos.
10. Leer es reencontrarnos con lo que se ha perdido, con lo irreal, con lo imposible. Es un tablón de salvación a la hora del naufragio. No es bola de cristal, pero qué cobijo sentimos cuando encontramos palabras bálsamo ante algo con lo que nos identificamos y está escrito tan preciso, tan nuestro y tan exacto, como si desde siempre nos hubiera estado esperando.

Pilón

Me quedó rondando algo que dijo el carpintero: “Lo de abecé sí me lo enseñaron”. Es decir: sí le enseñaron a leer, pero no le enseñaron a quedarse en un libro. ¿Eso se enseña, se aprende, se contagia? Cada quien podría decir si el pájaro de sus libros es domesticado o huidizo, pero lo cierto es que cuando ese pájaro hace nido, nos regala el placer insustituible de estar con nosotros mismos.

@letranias

domingo, 28 de junio de 2015

Es sólo que soy feliz porque la quiero

De Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013). 
Poeta Veracruzano. 

Como ya nada puedo
imaginar por mí —claro, entre luces
estoy viviendo, y el amor me agobia,
me emborracha, me enferma—,
quiero decir tan solamente
lo que me has enseñado, los secretos
que en mí vas alumbrando,
las pequeñas verdades que levantas
sobre mi viejo tiempo de ceniza.

Por ejemplo, de golpe me enseñaste
que hay muchas cosas mías en el mundo:
que soy rico. Que tengo en todas partes
lugares que, por ti, me pertenecen:
lugares, fechas, luces, que he tomado
sencillamente, porque en ellos
he pasado contigo,
y en ellos te has quedado para siempre.

Nunca pensé que hubiera tanta parte
de mi ternura en cosas, en momentos
que están y pasan cerca, a todas horas.

Hoy, por ti, me conmueven
las canciones de amor de un limosnero
que canta en el camión al que he subido,
y son tesoros míos incomparables
un cabello robado, un recordado
perfume, unas palabras, un pañuelo
con pintura de labios.


Me has enseñado que soy joven;
que puedo, sin temor, verte a los ojos
o besarte delante de las gentes.

Me tengo que reír con toda el alma
cuando recuerdo mi tristeza.
Hoy lo sé: soy alegre.
Me contentan el ruido y el silencio,
las noches me contentan y los días,
la voz, el cuerpo, el alma, me contentan.

Cuando me he despedido
de ti, después de un día de tenerte,
y camino de gusto por las calles,
ay, cómo compadezco
a los que tú no amas, que no saben.
Y me dan ganas de abrazarlos
a todos, de gritarles que la vida
es buena: que tú vives, que debemos
obligatoriamente ser felices.
O de echarme en el suelo, boca arriba
con los ojos cerrados,
y cuando alguno llegue a preguntarme
si algo me pasa, contestar: "Es sólo
que soy feliz porque la quiero."

Y tú, que tanto tiempo me ocultaste
lo que era yo, al sentirme
pensarás que soy bueno o que estoy loco,
y desde cerca o desde lejos
me mirarás compadecida,
y sonreirás tendiéndome la mano.


Tomado del libro “El manto y la corona” (1958).

martes, 23 de junio de 2015

La luna en Bahía

Riela en mi alma tu recuerdo
como la luna sobre el mar

León de Greiff (1895 - 1976).
Poeta colombiano.


Salvador de Bahía. Brasil.
Foto tomada de aquí.

lunes, 22 de junio de 2015

Efimérides


De Michele Moreno. 

Recuerdo aquellas bugambilias que se recuperaron enormemente cuando llegamos a vivir ahí. “Se nota que ahora sí se riegan”, me decían los vecinos. Y no, no las regaba pues la manguera no alcanzaba. Ni una gota de agua, y se recuperaron. Yo sólo llegaba cada día, y las miraba. 
Las miraba. Nada más. 

2 de marzo a las 11:30.

·

Mis piedras preciosas son las que amigos recogen en su camino, en sus viajes. Las he acomodado en un pequeño jardín zen. Hay de la Antártida, de la Muralla China, de Guatemala, Grecia, Alemania… Y hasta una que pisó un oso en Canadá. Joyas que amo, porque cada una representa un momento de gente que quiero, y que la tuvo en su mano, lejos, para mí, pensando en mí, allá… ¿Cómo valdría más un rubí comprado en una joyería? ¡Jamás!

7 de abril a las 13:50.

·

Cuando una bebe café de Perú, se toma la brisa del valle sagrado que arrastra la mirada de la muchacha que cada noche bajo el mismo árbol lo espera salir del cafetal, se bebe el eco de los pensamientos de los trabajadores que recolectaron los granos, el sonido de las botas de los cafetaleros, la rima de las manos que sembraron la canción que silba mientras riega… y los huesos hechos tierra de miles de sabios incas que amaron el sol… 
¿Qué quieres que te responda cuando me preguntas si estoy tomando mi café “sola”? ¿Eh?

15 de abril a las 21:53.

·

Desde muy joven se enamoró de las ceibas. Sembró ceibas, observó ceibas, comerció ceibas. Alguna vez me dijo: “Debe ser muy padre que cuando te mueras a tus cenizas las depositen bajo las raíces de un árbol pequeño, de manera que puedas volver a crecer, pero ahora como ramas, como tronco…”
Por eso no lo dudé el día que —con sólo 43 años de edad—, murió. Allí todos reunidos, depositamos las cenizas y justo sobre ellas colocamos las raíces de una ceibita de un metro, que hoy es ya un árbol frondoso en hojas y nidos. 
Por eso tienes el don del equilibrio que va de la tierra al cielo y también viceversa, Emilia, porque ese hombre era tu abuelo y ese árbol es tu abuelo, de él aprendes que la vida son ciclos, a veces vienen los pájaros a veces no, pero la tarde se acomoda en las ramas, cada vez. 
Así, Emilia, tú eres nieta de una ceiba. 
Y es así. 

2 de septiembre a las 00:05. 




Lo anterior está tomado del libro "Efimérides", el cuál reúne los
estados de Facebook de su autora, publicados durante el 2011. 


"Efimérides" es un juego de palabras que evoca lo "Efímero" con "Efemérides".

El libro está a la venta en Flores Café.
Calle 16 entre avenida Colón y calle 23. 
Col. García Ginerés. Mérida, Yucatán.


jueves, 18 de junio de 2015

#SaramagoSiempre

José Saramago y Pilar del Río. 2007. En Lanzarote.
Fotografía de Javier Salas.

Recibí esta madrugada un correo de @megustaleer donde se nos comparte a los lectores "Una guía para leer a José Saramago. De la estatua a la piedra. El autor se explica". De esta manera, a cinco años de su partida, la editorial que cobija gran parte de su producción nos trae este regalo cuyo link líneas abajo compartiré, como también comparto el enlace a una nota de Ferran Bono de El País, que inicia de la siguiente manera:
Anotaba cuando se le ocurría una idea para empezar una novela. Podía ser de madrugada o viajando en tren. Expresaba sus dudas sobre la calidad de lo que llevaba escribiendo o manifestaba su desconfianza sobre el interés de una trama cuando él mismo se había hastiado urdiéndola. José Saramago solía apuntar todo, incluso cuando de repente decidía cambiar el título de una novela hasta que el juicio de su mujer, Pilar del Río, le hacía desistir y volvía a su plan original.

Así pasó con Ensayo sobre la lucidez, del que hoy, justo cuando se cumplen cinco años del fallecimiento del premio Nobel de Literatura de 1998, EL PAÍS publica en exclusiva una serie de textos inéditos en castellano (en portugués lo hace la revista Blimunda de la Fundación Saramago). Son notas del autor en 2003 durante la redacción del libro publicado un año después que muestran el proceso creativo del autor, la construcción del relato, el cómo se hizo la novela (lo que en el cine se denomina making of).


Para ir a los enlaces, clic en los títulos:

·

jueves, 11 de junio de 2015

Artistas y poetas no gobiernan




Por Addy Góngora Basterra.
Publicado en el Diario de Yucatán.

Últimamente he recordado unas palabras que me soltó así no´más el novio de una compañera, poco más de quince años atrás: “Tus amigas dicen que eres un bicho raro”. Me acuerdo de la escena con sonrisa, porque no tomé a mal la frase que, a decir verdad, fue un piropo. “Pero así la queremos”, dijo mi amiga, tratando de remediar lo que consideró una metida de pata por parte de su galán.

Sigo siendo el bicho raro que empezaba a tomar forma en la prepa. Sólo que ahora tengo más vivencias, más lecturas, más música devorada; he tenido la oportunidad de viajar y entablar conversaciones con personas fascinantes. Tengo más kilometraje, pues. Soy un bicho raro feliz que procura rodearse y frecuentar a otros bichos raros que también son felices. Y entre la gran variedad de personas diferentes o excéntricas para la ciudad en la que vivo —donde lo considerado “normal” es todavía ley—, mis alumnos son de mis favoritos.

El semestre anterior le compartí a mis estudiantes de la Licenciatura en Artes Visuales de la UADY el comentario del entonces novio de mi amiga. Pregunté si alguna vez les habían dicho bichos raros y por qué consideraban que se los decían. Cada uno tuvo anécdotas en sus respuestas, de las que algunas fueron estas: “porque me gustan cosas que le gustan al otro género”, “por no seguir la línea de pensamiento que tienen ellos”, “por mis gustos no acordes a la edad, como leer libros de política”, “porque me quedaba dibujando cuando el maestro no llegaba a clase cuando todos preferían salir del salón”, “me han dicho bicho raro, fenómeno, edición limitada, peligro de extinción, todo esto porque sobresalía entre los grises, yo resaltaba entre ellos por estar fuera de lo común y de la monotonía de mis compañeros”, “porque me gusta el arte”, “iba a una academia de ballet por gusto, por pasión, porque verdaderamente me gustaba, mientras las demás iban porque sus mamás las dejaban ahí para irse a tomar un café”, “porque no me quiero casar ni tener hijos”, “la gente es conservadora, no están acostumbrados a los tatuajes”, “porque dicen que pierdo el tiempo pintando”, “la mayoría de las veces me lo dicen porque estoy en un grupo de la iglesia, católico, se les hace raro que defienda mi fe”, “porque prefería leer novelas a ver Rebelde”, “prefiero jugar Nintendo a reunirme a pintarnos las uñas”, “por que estoy metido en la música y abarco varios ámbitos, como música experimental o ambiental, no pueden creer que me guste esa música”, “porque me gusta el ánime, los cómics, mangas y la música asiática”, “porque tengo más amigos varones que mujeres”, “porque tuve muchos problemas para hablar en la primaria, empecé a hablar en segundo grado, no sabía decir mi nombre, todos se burlaban de mí”, “en la primaria me gustaban los libros de arte y quería hablar de eso con mis amigos”, “por lo que he decidido hacer con mi cuerpo: perforarme la nariz, raparme un lado de la cabeza, fumar, uso ropa negra y se supone que las niñas no deben ser así”, “desde la primaria usé lentes, tenía estrabismo, usaba lentes con fondo de botella, saliendo de la primaria me operaron de la vista”, “me han dicho bicho raro por las cosas que me gustan, prefería quedarme en mi casa viendo documentales que salir”, “porque prefería levantarme a las 4 de la mañana para ir a entrenar que salir la noche anterior”, “por las palabras que uso al hablar”.

¿De qué hablamos cuando hablamos de un “bicho raro”, a quién le decimos así? Bichos raros fueron Einstein y Mandela, Marie Curie, Rosario Castellanos, José Martí. Seres que soñaron, desafiaron, crearon y concretaron. ¿Qué siento cuando mis alumnos me dan como una dádiva palabras con las que, varios de ellos, no han sabido qué hacer? Me conmuevo y reafirmo que son fuera de serie, personas necesarias para la sociedad; que sus padres y hermanos deberían estar orgullosos; que les admiro que hayan elegido estudiar —en este país, en este momento— una licenciatura en arte. Son jóvenes que aman lo que hacen y que le han apostado al futuro usando como escudo y arma un lápiz, barro, pinceles, arte digital, un mural. Y creo en ellos, creo en su talento.

Para este país cuyo gobierno cada día pierde credibilidad, para este país que siempre defiendo y presumo, para este país en el que ha nacido tanta gente sin la que la vida no sería igual, para este país exquisito añoro personas sensibles, ciertos bichos raros que con su forma de ver la vida ofrezcan una mirada positiva; anhelo una ciudad donde talento y creatividad estén presentes y no solamente intereses personales para favorecer a quienes poco aportan ni lo merecen. Para mi ciudad quisiera bichos raros con disciplina y buenos modales, educación sentimental y formación académica, personas capaces de admirarse y conmoverse por pequeños detalles, aplaudir por emoción, convicción y no por protocolo; personas que en sus discursos citen a autores que han leído sin equivocarse al nombrarlos.

Pero ya sabemos que artistas y poetas no gobiernan. Así que seguiré yendo, cada mañana, a mi salón de clase —pequeña trinchera— a conversar con mis bichos raros que madrugan para escuchar sobre historia y literatura, poesía y arquitectura, el amor a la vida y la política en Grecia, eso que para Aristóteles era el “Arte de comportarse en la ciudad”, y que hoy, en contados casos, encuentra sinónimo en la realidad.

miércoles, 10 de junio de 2015

Flaming June

Frederick Lord Leighton (1830-1896).
Autorretrato a los 50 años.

Lord Leighton, pintor y escultor inglés, creó poco antes de morir Flaming June (1895), considerada por muchos su obra maestra.

Durante un tiempo se expuso en el Museo Ashmolean de Oxford para después formar parte de una exposición privada y posteriormente... desaparecer.





En la siguiente fotografía de su estudio, tomada un año después a su muerte, vemos alguna de sus obras donde figura la que en español se conoce como "Sol ardiente de junio". Actualmente se encuentra en el Museo de Arte de Ponce, en Puerto Rico.



jueves, 4 de junio de 2015

El lector nunca está solo

Carlos Yushimito (Foto de Helen Hesse).
El escritor peruano reflexiona sobre el momento 
en que la gente se enfrenta a la lectura.

Tomado de El País Cultura.

No estoy de acuerdo con Franzen cuando afirma que la lectura nos enseña a estar solos. Esa soledad solo puede ocurrir, tal vez, en un corazón conservador de blanca sangre protestante. Todo lo contrario ocurre en la lectura profana. La lectura nos educa en la compañía, nos inhabilita, como la primera experiencia del amor, para disfrutar nuevamente de la soledad. Estos días leo a Olson, quien a su vez leía a Melville, quien a su vez leía a Shakespeare, todo ello documentándose —gracias a la materialidad del libro— en los diálogos con que a la manera de viejos monjes, Olson y Melville siguen susurrándonos en las glosas que heredamos de su marginalia. Una nota de Olson apunta con precisión al adjetivo “goético”: el arte que invoca al demonio y, en cuyo nombre, el arpón de Ahab bautiza la blanca espalda de Moby Dick. La lectura puede parecerse al triunfo de un aparente desierto. Pero el lector nunca estará solo en él, ni nunca más en su propio cuerpo. A la pregunta de cualquier inquisidor de soledades le sabrá responder, en su imposible, inatrapable soledad: yo soy legión (oh, ineludible etimología), porque leo, porque en mí habitamos muchos.

Carlos Yushimito (Lima, 1977) es autor de Los bosques tienen sus propias puertas (Demipage)

miércoles, 3 de junio de 2015

What a wonderful world!


Además de ser uno de los más prodigiosos trompetistas que podremos escuchar y de darnos su voz inconfundible al cantar "What a wonderful world", Louis Armstrong (Nueva Orleans 1901 - Nueva York 1971) fue un apasionado viajero que llevaba, a donde fuera, su instrumento. 

En 1961 visitó Egipto con su esposa... ¿cuál habrá sido la melodía que empujó desde la panza en tan célebre explanada? Lamento no tener el crédito de las fotografías. Se las debo.




Aunque en el siguiente video la calidad de imagen
no es muy bueno, la de audio sí.
And I think to myself...



lunes, 1 de junio de 2015

Escoriación

Cristina Peri Rossi, poeta uruguaya.

Herida que queda, luego del amor, al costado del cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele, y arde el yodo,
que corre todo a lo largo del buque,
que deja pasar la espuma,
que tiene un ojo triste en el centro.


En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor,
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esa suerte de heridas,
escoriaciones profundas,
que tienen el largo del cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca,
y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones,
de otras travesías.

Por el número de escoriaciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoriaciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.

Del libro: "Descripción de un naufragio", 1975.