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jueves, 4 de junio de 2015

El lector nunca está solo

Carlos Yushimito (Foto de Helen Hesse).
El escritor peruano reflexiona sobre el momento 
en que la gente se enfrenta a la lectura.

Tomado de El País Cultura.

No estoy de acuerdo con Franzen cuando afirma que la lectura nos enseña a estar solos. Esa soledad solo puede ocurrir, tal vez, en un corazón conservador de blanca sangre protestante. Todo lo contrario ocurre en la lectura profana. La lectura nos educa en la compañía, nos inhabilita, como la primera experiencia del amor, para disfrutar nuevamente de la soledad. Estos días leo a Olson, quien a su vez leía a Melville, quien a su vez leía a Shakespeare, todo ello documentándose —gracias a la materialidad del libro— en los diálogos con que a la manera de viejos monjes, Olson y Melville siguen susurrándonos en las glosas que heredamos de su marginalia. Una nota de Olson apunta con precisión al adjetivo “goético”: el arte que invoca al demonio y, en cuyo nombre, el arpón de Ahab bautiza la blanca espalda de Moby Dick. La lectura puede parecerse al triunfo de un aparente desierto. Pero el lector nunca estará solo en él, ni nunca más en su propio cuerpo. A la pregunta de cualquier inquisidor de soledades le sabrá responder, en su imposible, inatrapable soledad: yo soy legión (oh, ineludible etimología), porque leo, porque en mí habitamos muchos.

Carlos Yushimito (Lima, 1977) es autor de Los bosques tienen sus propias puertas (Demipage)

miércoles, 3 de junio de 2015

What a wonderful world!


Además de ser uno de los más prodigiosos trompetistas que podremos escuchar y de darnos su voz inconfundible al cantar "What a wonderful world", Louis Armstrong (Nueva Orleans 1901 - Nueva York 1971) fue un apasionado viajero que llevaba, a donde fuera, su instrumento. 

En 1961 visitó Egipto con su esposa... ¿cuál habrá sido la melodía que empujó desde la panza en tan célebre explanada? Lamento no tener el crédito de las fotografías. Se las debo.




Aunque en el siguiente video la calidad de imagen
no es muy bueno, la de audio sí.
And I think to myself...



lunes, 1 de junio de 2015

Escoriación

Cristina Peri Rossi, poeta uruguaya.

Herida que queda, luego del amor, al costado del cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele, y arde el yodo,
que corre todo a lo largo del buque,
que deja pasar la espuma,
que tiene un ojo triste en el centro.


En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor,
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esa suerte de heridas,
escoriaciones profundas,
que tienen el largo del cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca,
y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones,
de otras travesías.

Por el número de escoriaciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoriaciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.

Del libro: "Descripción de un naufragio", 1975.