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martes, 25 de agosto de 2015

Unas palabras de Rufino Tamayo

Pintura mexicana es la que se hace en México o la que se hace donde sea por mexicanos. Nuestro pueblo tiene bastante tradición artística para que en él surjan muchas tendencias artísticas. Es necesario que surjan. Yo, personalmente, seguiré con mi tendencia, porque estimo que la poesía es necesaria en la pintura, lo mismo que en la vida.

Rufino Tamayo

El Gimnasta. 1988.


Creo en la pintura con la convicción absoluta de que lo único que le da validez son sus cualidades plásticas y su poesía.

Poesía que es mensaje, calidad humana, vida que da a los elementos plásticos la justificación de su presencia.

Creo en la poesía y en los valores plásticos como la fórmula única y suficiente para darle el rango que la pintura tiene como expresión humana superior.

Porque es estructura de solidez eterna que podrá revertirse, si ese es el deseo, con nimiedad preciosista o reduciendo sus elementos de expresión hasta la síntesis o, de otra manera, agregándole ideas de hondo sentido humano o de la más absoluta trivialidad, pero que en todos los casos y gracias a su presencia, el resultado final ha de ser PINTURA.

Me parece que pretender que el valor de ella es derivado de otros elementos, particularmente de contenido ideológico que no es sino agregado del contenido plástico, no pasa de ser una falacia que puede sorprender de momento a los incautos, pero que el tiempo, enemigo despiadado de todo lo deleznable, se encarga de refutar.

Si así no fuera habría que descartar definitivamente de los rangos de la historia del arte nombres como los de Cardin, Cezanne, Braque, para sólo citar unos cuantos, por pertenecer a autores de un arte carente en lo absoluto de “ideología” y, en consecuencia carente también de valor.

¡Veamos quién tira la primera piedra! ¡Oigamos quién es capaz de afirmar que las naturalezas muertas producidas por estos hombres no son verdaderos monumentos de la pintura!

Y poniendo el caso a la inversa, ¿acaso no tenemos hecha ya nuestra opinión terminante respecto a mucha de esa producción que representa, objetivizando, las ideas importantísimas de distintos órdenes que nos convencen en el terreno filosófico o social o de cualquier otra rama del pensamiento, pero que en el pictórico sólo nos producen indiferencia en virtud del sacrificio que en ellas se ha hecho de los elementos pictóricos con el fin de lograr énfasis en la ideología?

¡Yo tiro una piedra más!

La pintura no es literatura, ni periodismo ni demagogia. La pintura es, hay que repetirlo, la maravillosa unión de la poesía que trae consigo el mensaje y las calidades plásticas que son el vehículo para transmitirlo.

Esa es mi convicción, madurada a lo largo de mi larga vida pictórica.

Si antes la defendí con el calor con que el iniciado sostiene el ideal en que ha puesto su fe, ahora mi experiencia (que de sobra me ha confirmado la rectitud de mi concepto), me obliga a sostenerla con firmeza.

He de hacerlo, no desbordándome en torrentes de palabras ni esgrimiendo el insulto procaz que son las armas de quienes no están seguros de sus valimientos, sino con mi obra, que es el retrato de mi convicción y es también mi palabra y mi arma de combate.

Rufino Tamayo
Publicado en Espacios, Revista Integral de Arquitectura y Artes Plásticas, dirigida por Guillermo Rossell Jr., núm 3, junio de 1949.


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