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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Fletcher's song in club



¿Recuerdan esa escena de "Whiplash" cuando Andrew entra al club y encuentra a Fletcher al piano? ¡Qué música! La composición es de Justin Hurwitz.




domingo, 20 de diciembre de 2015

La vida en claro


"Tidal Flats". Ted Kautzky (1896-1953), pintor húngaro.



Por Addy Góngora Basterra.
Publicado en el Diario de Yucatán.

Me cambió la vida en los últimos meses del 2015. Tomándolo de la mejor manera, me di tiempo y quietud para cosas tan simples y placenteras como beber café sin prisa por las mañanas oyendo música; tiempo para replantearme qué es lo que quiero hacer, cómo, por qué, con quién y para quién. En tardes y papeles he reestructurado lo que pretendo a corto plazo, porque el tiempo libre puede ser un potro sin domar que te avienta para todos lados si no sabes cómo aprovecharlo. A veces todo se pone de cabeza cuando nos enfermamos y nos vemos obligados a cambiar hábitos y horarios, cuando perdemos a alguien o cuando dejamos un lugar y responsabilidades de trabajo.

Por eso quise darme un obsequio: me inscribí a clase de pintura con Sandra Nikolai. Una cosa es saber de pintores y corrientes artísticas y otra es trazar, crear, darse cuenta de lo puede brotar de uno mismo más allá de las palabras. Comprendo ahora esa fascinación de Rafael Alberti, Alejandra Pizarnik y Fernando del Paso por las formas y el color, porque la pintura es lenguaje que complementa exquisitamente la literatura.

Lo más importante que he aprendido en las clases de Sandra es a… ver. Poner atención en el entorno. Ver lo iluminado. Lo sombrío. La fusión. Dónde es línea, dónde no. Así como dicen que la música está hecha de silencios, la pintura está hecha de blancos. Ahora admiro más que nunca lo sencillo. A saber: la semana pasada partí un aguacate. Me llené de asombro como nunca antes al ver su color por fuera y la gama inimaginable de los tonos verdes de adentro, contrastando hermosamente con la semilla. He visto atardeceres que imagino hechos con pinceles, popurrí de bugambilias dignas de acuarela desbordándose en cascada, un rostro amado bajo el ámbar de un farol en Prolongación Montejo, ojos que quisiera eternizar en un retrato para siempre mirarlos.

Fue Sandra quien me introdujo a la obra de Ted Kautzky (1896-1953), pintor húngaro. Estudió arquitectura en Budapest y a los 27 años se mudó a Nueva York. Ahí se dio a conocer y empezó a enseñar arte. Estoy fascinada con él porque en sus acuarelas he aprendido que los espacios claros son lo que le dan valor a sus obras. Si algo es prácticamente imposible en la acuarela, es rescatar el blanco que ha sido cubierto por otro color en la superficie del papel, por lo que debe procurarse el espacio claro desde que se empieza la obra para así darle al paisaje o a los retratos acentos de luz y realidad. En la casa rodeada de árboles en rama durante el invierno, alguien contemplando la caída del agua en una cascada o un barco encallado en surcos provocados por marismas, encuentro metáforas sobre saber dejar espacios no solamente en el lienzo, también en la vida real, el tiempo por domar para darle lindeza y provecho a cada día. Sandra y Kautzky me han mostrado que en la acuarela el claro no es ausencia, es maestría, y que los blancos son espacios de prodigio y protagonismo.

Una de las formas de la felicidad es darse claros para hacer lo que uno quiere con quien uno quiere, islas de belleza en los horarios. La vida en claro es uno de los privilegios que me han dado los últimos meses y que la vorágine del trabajo me había hecho olvidar, porque así como en la acuarela hay que vislumbrar, cuidar y procurar esos espacios, así también en el calendario.

De lo mejor que una persona puede hacer por otra es generarle aprecio por la vida. Eso es lo que Sandra Nikolai hace —y me atrevo al plural— por quienes acudimos a su taller, oasis creativo para el trajín cotidiano de tantas personas, bálsamo sobre caballetes, oportunidad para explorar talento que surge de pinceles. La singularidad del arte, ese bellísimo invento de la humanidad que acompaña y ennoblece nuestro paso por el mundo, es que nos da diferentes perspectivas para saborear detalles y deleitar nuestra condición de seres efímeros ante la inmortalidad de los siglos.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Soneto XVII

Pablo Neruda- poeta Chileno:
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Pablo Neruda.
Poeta chileno.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Percebes o lechugas o taburetes

Alguien a quien no le interesa leer es alguien a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo.


Por Javier Marías (1951). Escritor español. 
Publicado el 27 de marzo de 2015 en El País.



El titular no podía ser más triste para quienes pasamos ratos magníficos en esos establecimientos: “Cada día cierran dos librerías en España”. El reportaje de Winston Manrique incrementaba la desolación: en 2014 se abrieron 226, pero se cerraron 912, sobre todo de pequeño y mediano tamaño. Las ventas han descendido un 18% en tres años, pasándose de una facturación global de 870 millones a una de 707. La primera reacción, optimista por necesidad, es pensar que bueno, que quizá la gente compra los libros en las grandes superficies, o en formato electrónico, aunque aquí ya sabemos que los españoles son adictos a la piratería, es decir, al robo. Nadie que piratee contenidos culturales debería tener derecho a indignarse ni escandalizarse por el latrocinio a gran escala de políticos y empresarios. “¡Chorizos de mierda!”, exclaman muchos individuos al leer o ver las noticias, mientras con un dedo hacen clic para choricear su serie favorita, o una película, o una canción, o una novela. “Quiero leerla sin pagar un céntimo”, se dicen. O a veces ni eso: “Quiero tenerla, aunque no vaya a leerla; quiero tenerla sin soltar una perra: la cultura debería ser gratis”.

Pero el reportaje recordaba otro dato: el 55% no lee nunca o sólo a veces. Y un buen porcentaje de esa gente no buscaba pretextos (“Me falta tiempo”), sino que admitía con desparpajo: “No me gusta o no me interesa”. Alguien a quien no le gusta o no le interesa leer es alguien, por fuerza, a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo y por qué diablos hay mundo; por qué hay algo en vez de nada, que sería lo más lógico y sencillo; qué ha pasado en la tierra antes de que él llegara y qué puede pasar tras su desaparición; cómo es que él ha nacido mientras tantos otros no lo hicieron o se malograron antes de poder leer nada; por qué, si vive, ha de morir algún día; qué han creído los hombres que puede haber tras la muerte, si es que hay algo; cómo se formó el universo y por qué la raza humana ha perdurado pese a las guerras, hambrunas y plagas; por qué pensamos, por qué sentimos y somos capaces de analizar y describir esos sentimientos, en vez de limitarnos a experimentarlos.


A ese individuo no le provoca la menor curiosidad que exista el lenguaje y haya alcanzado una precisión y una sutileza tan extraordinarias como para poder nombrarlo todo, desde la pieza más minúscula de un instrumento hasta el más volátil estado de ánimo; tampoco que haya innumerables lenguas en lugar de una sola, común a todos, como sería también lo más lógico y sencillo; no le importa en absoluto la historia, es decir, por qué las cosas y los países son como son y no de otro modo; ni la ciencia, ni los descubrimientos, ni las exploraciones y la infinita variedad del planeta; no le interesa la geografía, ni siquiera saber dónde está cada continente; si es creyente, le trae al fresco enterarse de por qué cree en el dios en que cree, o por qué obedece determinadas leyes y mandamientos, y no otros distintos. Es un primitivo en todos los sentidos de la palabra: acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal –tipo gallina–, y pasar por la tierra como un leño, sin intentar comprender nada de nada. Come, juega y folla si puede, más o menos es todo.
Tal vez haya hoy muchas personas que crean que cualquier cosa la averiguarán en Internet, que ahí están los datos. Pero “ahí” están equivocados a menudo, y además sólo suele haber eso, datos someros y superficiales. Es en los libros donde los misterios se cuentan, se muestran, se explican en la medida de lo posible, donde uno los ve desarrollarse e iluminarse, se trate de un hallazgo científico, del curso de una batalla o de las especulaciones de las mentes más sabias. Es en ellos donde uno encuentra la prosa y el verso más elevados y perfeccionados, son ellos los que ayudan a comprender, o a vislumbrar lo incomprensible. Son los que permiten vivir lo que está sepultado por siglos, como La caída de Constantinopla 1453 del historiador Steven Runciman, que nos hace seguir con apasionamiento y zozobra unos hechos cuyo final ya conocemos y que además no nos conciernen. Y son los que nos dan a conocer no sólo lo que ha sucedido, sino también lo que no, que con frecuencia se nos aparece como más vívido y verdadero que lo acaecido. Al que no le gusta o interesa leer jamás le llegará la emoción de enfrascarse en El Conde de Montecristo o en Historia de dos ciudades, por mencionar dos obras que no serán las mejores, pero se cuentan entre las más absorbentes desde hace más de siglo y medio. Tampoco sabrá qué pensaron y dijeron Montaigne y Shakespeare, Platón y Proust, Eliot, Rilke y tantos otros. No sentirá ninguna curiosidad por tantos acontecimientos que la provocan en cuanto uno se entera de ellos, como los relatados por Simon Leys en Los náufragos del “Batavia”, allá en el lejanísimo 1629. De hecho ignora que casi todo resulta interesante y aun hipnotizante, cuando se sumerge uno en las páginas afortunadas. Es sorprendente –y también muy deprimente– que un 55% de nuestros compatriotas estén dispuestos a pasar por la vida como si fueran percebes; o quizá ni eso: una lechuga; o ni siquiera: un taburete.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Sobre el Islam

Mezquita de Damasco. Siria.

Deseo que las personas con quienes he compartido mi amor y admiración por el Arte Islámico los últimos días en clase de Historia del Arte, recuerden lo que conversamos: los musulmanes son gente que ama, respeta al otro y procura la paz. Que el Islam es bondad, hermosura, fe, talento en arquitectura, poesía y caligrafía. Deseo que recuerden que la palabra “Califato” usada hace siglos, por ejemplo, para designar a los Omeyas de Damasco o Córdoba, es actualmente empleada por un grupo terrorista que se autoproclamó con ese nombre y que representa a un porcentaje mínimo de quienes creen en Alá. Es importante conocer, leer y no quedarnos con una visión occidental, porque el mundo es mucho más de lo que creemos, conocemos y consideramos como única verdad. Porque de otro modo, generalizar un estereotipo diría que todos los colombianos y mexicanos somos narcos y que todos los estadounidenses son drogadictos y asesinos en las escuelas. Por eso insisto e insistiré siempre en lo siguiente: el arte, la literatura, la poesía y la historia no son hobbie ni recreación, son faro que nos recuerda en donde está la orilla entre la confusión que vive el mundo. Como hoy.
Addy Góngora Basterra. 

La selva colorida

Fernando del Paso y Juan Villoro en la FIL Guadalajara.
Por Juan Villoro.
Publicado en Reforma.com

Conocí a Fernando del Paso cuando era diplomático en París y admiré que extendiera su estética a la ropa: traje de tres piezas, calcetines rojos y una corbata que parecía diseñada por Joan Miró. En materia de gastronomía también privilegiaba las mezclas audaces y lograba que no fueran contradictorias. Con la complicidad de Socorro, su compañera de vida, convirtió sus emociones en guisos y las registró en un libro destinado a recibir el redundante adjetivo de "sabroso": Douceur et passion de la cuisine mexicaine.

Un amigo que lo visitó en los años setenta, cuando trabajaba en la BBC de Londres, se sorprendió al verlo dibujar con las dos manos al mismo tiempo. Durante una pausa en las grabaciones, el escritor que sobrevivía como guionista llenó una página de plantas, túneles, sombreros de copa y seres imaginarios que transmitían una inconfundible felicidad.

La obra narrativa de Del Paso parece creada de ese modo: un tapiz concebido con nítido detalle y con la originalidad de quien, disponiendo del virtuosismo de la mano derecha, también se da el lujo de usar la izquierda.

Los méritos del dibujante se han colado a una copiosa narrativa que le debe mucho a los atributos visuales. Además, estamos ante un artista de la "larga duración". Como Thomas Mann, Del Paso no se contenta con echar un primer vistazo. Su método de trabajo recuerda al de los antiguos balleneros que zarpaban durante siete años y regresaban a puerto convertidos en otras personas. Fue el tiempo que le llevó escribir su primera novela, José Trigo. Ubicada en el barrio ferrocarrilero de Nonoalco, esta singular pieza narrativa tiene como protagonista absoluto al lenguaje. El autor que había velado sus primeras armas en Sonetos de lo diario demostró ser aún más poeta en prosa.

Fiel a su estrategia de entender el texto como un sitio al que se emigra, tardó doce años en publicar su siguiente novela, la excepcional Palinuro de México. Visión a un tiempo descarnada y humorística del país, metáfora del 68, lección de anatomía, viaje por las islas de la publicidad, indeleble estampa de la Plaza de Santo Domingo, esta obra inagotable es, ante todo, una enciclopedia viva del idioma. Como en José Trigo, el lenguaje se celebra a sí mismo, pero aquí lo hace con singular desmadre.

La erudición de Del Paso nunca ha dejado de estar al servicio de las tramas y los personajes. Para conocer la conducta de una flor es capaz de leer una biblioteca de botánica. Lo importante es que oculta sus lecturas y cultiva la planta entre sus páginas para que arroje su inconfundible aroma. Eso sí: jamás se conforma con una planta. Creador compulsivo, necesita una serie, un linaje, una genealogía. Su obra ha crecido como una selva tan exuberante, rítmica y colorida que parece regada por Carlos Pellicer.


El jueves 12 de noviembre de 2015, en el grupo de lectura "Puro Cuento" que coordina Addy Góngora Basterra, leímos un fragmento de la novela "Palinuro de México", porque esa es la mejor manera de celebrar el premio que en abril recibirá Del Paso en Alcalá de Henares.

En Palinuro de México diserta acerca del cuerpo humano con la destreza del alumno de medicina que memorizó el Testut y en Noticias del Imperio recrea los tiempos de Maximiliano de Habsburgo en el país donde creyó que era bienvenido. Ninguno de estos libros podría haberse escrito sin un complejo andamiaje de conocimientos, pero no los leemos como triunfos de la pedagogía sino como ilusiones de vida.

Es difícil que un prosista de aliento poético se resista al monólogo interior, donde la asociación libre de ideas se guía por la entonación y las emociones, sin atender a las exigencias de la anécdota. Noticias del Imperio es, ante todo, la voz de Carlota, la "loca de la casa", pariente lejana de Molly Bloom.

Después de tres titánicas novelas, Del Paso escribió una divertida pieza policiaca, Linda 67, y una crónica de excepcional generosidad: Memoria y olvido. Vida de Juan José Arreola. Dotado de un talento verbal inaudito, el autor de Confabulario hacía literatura instantánea que a veces quedaba en la mente de sus escuchas y otras se disipaba con el viento. Cautivo de la televisión, Arreola comenzó a pasar más tiempo ante las cámaras que ante la página. Su prodigiosa obra parecía agotada hasta que Del Paso entró en escena y pidió que le contara su azarosa vida. El resultado fue una obra maestra del testimonio.

Por lo que llevo dicho, resulta obvio que estamos ante un personaje de temple cervantino, al que le sobran motivos para convertir la más parda realidad en desaforada invención. Por si quedaran dudas, Del Paso dedicó un libro ejemplar al fundador de la literatura moderna: Viaje alrededor de El Quijote.

Con justicia poética, el inventor de selvas acaba de ser distinguido con el Premio Cervantes.

lunes, 9 de noviembre de 2015

En medio de la noche



De José Batlló (1939).

Poeta español.

En medio de la noche
te desvelas
y adivinas mi rostro dormido.
Apoyas tu boca sobre mi frente,
dejas, como al descuido,
tu mano sobre mi pecho,
hasta que nuestros latidos se acompasan. 

En medio de la noche, 
hostil y oscura, 
me guardas,
estremeciéndote a cada
movimiento que hago,
hasta que, femenina y desvalida,
te quedas soñando
como un ángel cansado.

Por la mañana
tengo una alegría que me vive
todo el día, que me asiste
todo el día, sin saber
a qué se debe,
por qué nace.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Golpe

Las familias de las 3.200 víctimas entre muertos y desaparecidos que se atribuye a la etapa de mayor represión de la dictadura de Pinochet entre 1973 y 1978 han conmemorado así el 40º aniversario del golpe en el Parque por la Paz de Santiago. (IVAN ALVARADO/Reuters).

Mamá, dijo el niño, ¿qué es un golpe? Algo que duele muchísimo y deja amoratado el lugar donde te dio. El niño fue hasta la puerta de casa. Todo el país que le cupo en la mirada tenía un tinte violáceo.

Pía Barros (1956). 
Escritora chilena.

lunes, 26 de octubre de 2015

Sobre el Dragón


De Marco Denevi. 

Escritor argentino.


Caballeros, paladines, héroes, santos, monjes todos jóvenes, salieron en busca del Dragón y, naturalmente, no lo encontraron. Regresaron con la buena noticia de que el Dragón era una quimera, una fantasía de niños, quizás un truco de los viejos para mantener a raya a la díscola juventud. Y sin embargo habían pasado junto al Dragón sin verlo. Lo que ocurre es que el Dragón toma una apariencia terrorífica sólo a la distancia, más allá del horizonte. Visto de cerca parece un animal inofensivo y hasta hermoso.


Tomado del libro "Parque de diversiones", 1970.

lunes, 19 de octubre de 2015

Cumpleaños de amor


Ángel González. 
Poeta español.

¿Cómo seré yo 
cuando no sea yo? 
Cuando el tiempo 
haya modificado mi estructura, 
y mi cuerpo sea otro, 
otra mi sangre, 
otros mis ojos y otros mis cabellos. 

Pensaré en ti, tal vez. 
Seguramente, 
mis sucesivos cuerpos 
—prolongándome, vivo, hacia la muerte—
se pasarán de mano en mano, 
de corazón a corazón, 
de carne a carne, 
el elemento misterioso 
que determina mi tristeza 
cuando te vas, 
que me impulsa a buscarte ciegamente, 
que me lleva a tu lado 
sin remedio: 
lo que la gente llama amor, en suma. 

Y los ojos 
—qué importa que no sean estos ojos
te seguirán a donde vayas, fieles. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

Rhapsody in blue



Por Addy Góngora Basterra.

Cuando éramos adolescentes sin edad suficiente para una licencia de conducir, alguno de mis padres nos llevaba, todas las mañanas, a la escuela a mis hermanas y a mí. Recuerdo que durante un tiempo estuvo en el stereo del coche un cassette cuyo lado A iniciaba con una melodía que me encantaba. Con los años supe el nombre… “Rhapsody in blue” y quién era su compositor… George Gershwin. Del trayecto que llevaba de la reja de mi casa a la reja principal del colegio, solía pensar que era una hermosa manera de empezar el día. No habían dado las siete de la mañana y yo ya tenía el cuerpo lleno de hermosura musical. Inolvidable.

Comparto “Rhapsody in blue” en esta maravillosa interpretación de la Filarmónica de Nueva York en la que podemos ver a Leonard Bernstein al piano, que murió un 14 de octubre como hoy. Célebre compositor y Director de Orquesta estadounidense, especialmente recordado por el musical “West Side Story” —que estrenó en 1957— y por sus conciertos para jóvenes, los cuales podemos admirar y disfrutar gracias a youtube.



lunes, 5 de octubre de 2015

Batya Gur

Batya Gur. Escritora israelí.
Fotografía de Daniel Mordzinski.

Antes de que la música se derramara por la sala hubo un instante de una serenidad tan perfecta, de una quietud tan plena, que se podría haber pensado que alguien había respirado hondo antes de la primera nota y, alzando la batuta, había impuesto silencio en el mundo.



Lo anterior es un fragmento de la novela "Un asesinato musical: un caso barroco" de Batya Bur. Si te gusta la literatura policíaca o quieras empezar a leerla, es una buena recomendación.

Dando clic aquí conocerás algo de su obra.

jueves, 1 de octubre de 2015

Estamos


De Cintio Vitier. Poeta cubano.
Murió el 1 de octubre del 2009. 

Estás
haciendo
cosas:
música,
chirimbolos de repuesto,
libros,
hospitales
pan,
días llenos de propósitos,
flotas,
vida,
con tan pocos materiales.
A veces
se diría
que no puedes llegar hasta mañana,
y de pronto
uno pregunta y sí,
hay cine,
apagones,
lámparas que resucitan,
calle mojada por la maravilla,
ojo del alba,
Juan
y cielo de regreso.
Hay cielo hacia delante.
Todo va saliendo más o menos
bien o mal o peor,
pero se llena el hueco,
se salta,
sigues,
estás haciendo
un esfuerzo conmovedor en tu pobreza,
pueblo mío,
y hasta horribles carnavales, y hasta
feas vidrieras, y hasta luna.
Repiten los programas,
no hay perfumes
(adoro esa repetición, ese perfume):
no hay, no hay, pero resulta que
hay.
Estás, quiero decir,
Estamos.



Cintio Vitier con su esposa Fina García Marruz

lunes, 21 de septiembre de 2015

De Memoria y Olvido


Juan José Arreola
(21 de septiembre de 1918 - 3 de diciembre de 2001)

Prólogo de Juan José Arreola para su libro “Confabulario”, primera edición en “Narrativa Actual Mexicana”, publicado en julio de 1999. 

Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán. Es un valle redondo de maíz, un circo de montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul y una laguna que viene y se va como un delgado sueño. Desde mayo hasta diciembre, se ve la estatura pareja y creciente de las milpas. A veces le decimos Zapotlán de Orozco porque allí nació José Clemente, el de los pinceles violentos. Como paisano suyo, siento que nací al pie de un volcán. A propósito de volcanes, la orografía de mi pueblo incluye otras dos cumbres, además del pintor: el Nevado que se llama de Colima, aunque todo él está en tierra de Jalisco. Apagado, el hielo en el invierno lo decora. Pero el otro está vivo. En 1912 nos cubrió de cenizas y los viejos recuerdan con pavor esta leve experiencia pompeyana: se hizo la noche en pleno día y todos creyeron en el Juicio Final. Para no ir más lejos, el año pasado estuvimos asustados con brotes de lava, rugidos y fumar olas. Atraídos por el fenómeno, los geólogos vinieron a saludarnos, nos tomaron la temperatura y el pulso, les invitamos una copa de ponche de granada y nos tranquilizaron en plan científico: ata bomba que tenemos bajo la almohada puede estallar tal vez hoy en la noche o un día cualquiera dentro de los próximos diez mil años.

Yo soy el cuarto hijo de unos padres que tuvieron catorce y que viven todavía para contarlo, gracias a Dios, como ustedes ven, no soy un niño consentido. Arreolas y Zúñigas disputan en mi alma como perros su antigua querella doméstica de incrédulos y devotos. Unos y otros parecen unirse allá muy lejos en común origen vascongado. Pero mestizos a buena hora, en sus venas circulan sin discordia las sangres que hicieron a México, junto con la de una monja francesa que les entró quién sabe por dónde. Hay historias de familia que más valía no contar porque mi apellido se pierde o se gana bíblicamente entre los sefarditas de España. Nadie sabe si don Juan Abad, mi bisabuelo, se puso el Arreola para borrar una última fama de converso (Abad, de abba, que es padre en arameo). No se preocupen, no voy a plantar aquí un árbol genealógico ni a tender la arteria que me traiga la sangre plebeya desde el copista del Cid, o el nombre de la espuria Torre de Quevedo. Pero hay nobleza en mi palabra. Palabra de honor. Procedo en línea recta de dos antiquísimos linajes: soy herrero por parte de madre y carpintero a título paterno. De allí mi pasión artesanal por el lenguaje.

Nací el año de 1918, en el estrago de la gripa española, día de San Mateo Evangelista y Santa Ifigenia Virgen, entre pollos, puercos, chivos, guajolotes, vacas, burros y caballos. Di los primeros pasos seguido precisamente por un borrego negro que se salió del corral, tal es el antecedente de la angustia duradera que da color a mi vida, que concreta en mí el aura neurótica que envuelve a toda la familia y que por fortuna o desgracia no ha llegado a resolverse nunca en la epilepsia o la locura. Todavía este mal borrego negro me persigue y siento que mis pasos tiemblan como los del troglodita perseguido por una bestia mitológica.

Como casi todos los niños, yo también fui a la escuela. No pude seguir en ella por razones que sí vienen al caso pero que no puedo contar: mi infancia transcurrió en medio del caos provinciano de la Revolución Cristera. Cerradas las iglesias y los colegios religiosos, yo, sobrino de señores curas y de monjas escondidas, no debía ingresar a las aulas oficiales so pena de herejía. Mi padre, un hombre que siempre sabe hallarle salida a los callejones que no la tienen, en vez de enviarme a un seminario clandestino o a una escuela del gobierno, me puso sencillamente a trabajar. Y así, a los doce años de edad entré como aprendiz al taller de don José María Silva, maestro encuadernador, y luego a la imprenta del Chepo Gutiérrez. De allí nace el gran amor que tengo a los libros en cuanto objetos manuales. El otro, el amor a los textos, había nacido antes por obra de un maestro de primaria a quien rindo homenaje: gracias a José Ernesto Aceves supe que había poetas en el mundo, además de comerciantes, pequeños industriales y agricultores. Aquí debo una aclaración: mi padre, que sabe de todo, le ha hecho al comercio, a la industria y a la agricultura (siempre en pequeño) pero ha fracasado en todo: tiene alma de poeta.

Soy autodidacto, es cierto. Pero a los doce años y en Zapotlán el Grande leí a Baudelaire, a Walt Whitman y a los principales fundadores de mi estilo: Papini y Marcel Schwob, junto con medio centenar de otros nombres más y menos ilustres… y oía canciones y los dichos populares y me gustaba mucho la conversación de la gente de campo.

Desde 1930 hasta la fecha he desempeñado más de veinte oficios y empleos diferentes... he sido vendedor ambulante y periodista; mozo de cuerda y cobrador de banco. Impresor, comediante y panadero. Lo que ustedes quieran.

Sería injusto si no mencionara aquí al hombre que me cambió la vida. Louis Jouvet, a quien conocí a su paso por Guadalajara, me llevó a París hace veinticinco años. Ese viaje es un sueño que en vano trataría de revivir; pisé las tablas de la Comedia Francesa: esclavo desnudo en las galeras de Antonio y Cleopatra, bajo las órdenes de Jean Louis Barrault y a los pies de Marie Bell.

A mi vuelta de Francia, el Fondo de Cultura Económica me acogió en su departamento técnico gracias a los buenos oficios de Antonio Alatorre, que me hizo pasar por filólogo y gramático. Después de tres años de corregir pruebas de imprenta, traducciones y originales, pasé a figurar en el catálogo de autores (“Varia invención” apareció en Tezontle, 1949).

Una última confesión melancólica. No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka. Desconfío de casi toda la literatura contemporánea. Vivo rodeado por sombras clásicas y benévolas que protegen mi sueño de escritor. Pero también por los jóvenes que harán la nueva literatura mexicana: en ellos delego la tarea que no he podido realizar. Para facilitarla, les cuento todos los días lo que aprendí en las pocas horas en que mi boca estuvo gobernada por el otro. Lo que oí, un solo instante, a través de la zarza ardiente.

Al emprender esta edición definitiva, Joaquín Díez-Canedo y yo nos hemos puesto de acuerdo para devolverle a cada uno de mis libros su más clara individualidad. Por azares diversos, “Varia invención”, “Confabulario” y “Bestiario” se contaminaron entre sí, a partir de 1949. (“La feria” es un caso aparte.) Ahora cada uno de esos libros devuelve a los otros lo que no es suyo y recobra simultáneamente lo propio.

Clic aquí para leer el libro en versión digital


Este “Confabulario” se queda con los cuentos maduros y aquello que más se les parece. A “Varia invención” irán los textos primitivos, ya para siempre verdes. “El Bestiario” tendrá Prosodia de complemento, porque se trata de textos breves en ambos casos: prosa poética y poesía prosaica. (No me asustan los términos.)

¿Y a quién finalmente le importa si a partir del quinto volumen de estas obras completas o no, todo va a llamarse confabulario total o memoria y olvido? Sólo me gustaría apuntar que confabulados o no, el autor y sus lectores probables sean la misma cosa. Suma y resta entre recuerdos y olvidos, multiplicados por cada uno.


Juan José Arreola.

jueves, 17 de septiembre de 2015

El cuello de camisa

Escultura de Hans Christian Andersen en Central Park, NY.
En la esquina inferior izquierda puede verse
a uno de sus más célebres personajes: el patito feo
.


De Hans Christian Andersen (1805-1875).
Escritor y poeta danés.

Érase una vez un caballero muy elegante, que por todo equipaje poseía un calzador y un peine; pero tenía un cuello de camisa que era el más notable del mundo entero; y la historia de este cuello es la que vamos a relatar. El cuello tenía ya la edad suficiente para pensar en casarse, y he aquí que en el cesto de la ropa coincidió con una liga.
      Dijo el cuello:
      —Jamás vi a nadie tan esbelto, distinguido y lindo. ¿Me permite que le pregunte su nombre?
      —¡No se lo diré! —respondió la liga.
      —¿Dónde vive, pues? —insistió el cuello.
      Pero la liga era muy tímida, y pensó que la pregunta era algo extraña y que no debía contestarla.
      —¿Es usted un cinturón, verdad? —dijo el cuello—, ¿una especie de cinturón interior? Bien veo, mi simpática señorita, que es una prenda tanto de utilidad como de adorno.
      —¡Haga el favor de no dirigirme la palabra! —dijo la liga—. No creo que le haya dado pie para hacerlo.
      —Sí, me lo ha dado. Cuando se es tan bonita —replicó el cuello— no hace falta más motivo.
      —¡No se acerque tanto! —exclamó la liga—. ¡Parece usted tan varonil!
      —Soy también un caballero fino —dijo el cuello—, tengo un calzador y un peine.
      Lo cual no era verdad, pues quien los tenía era su dueño; pero le gustaba vanagloriarse.
      —¡No se acerque tanto! —repitió la liga—. No estoy acostumbrada.
      —¡Qué remilgada! —dijo el cuello con tono burlón. En éstas los sacaron del cesto, los almidonaron y, después de haberlos colgado al sol sobre el respaldo de una silla, fueron colocados en la mesa de planchar. Entonces llegó la plancha caliente.
      —¡Mi querida señora —exclamaba el cuello—, mi querida señora! ¡Qué calor siento! ¡Si no soy yo mismo! ¡Si cambio totalmente de forma! ¡Me va a quemar; va a hacerme un agujero! ¡Huy! ¿Quiere casarse conmigo?
      —¡Harapo! —replicó la plancha, corriendo orgullosamente por encima del cuello. Se imaginaba ser una caldera de vapor, una locomotora que arrastraba los vagones de un tren.
      —¡Harapo! —repitió.
      El cuello quedó un poco deshilachado en los bordes. Por eso acudió la tijera a cortar los hilos.
      —¡Oh! —exclamó el cuello—, usted debe de ser primera bailarina, ¿verdad? ¡Cómo sabe estirar las piernas! Es lo más encantador que he visto. Nadie sería capaz de imitarla.
      —Ya lo sé —respondió la tijera.
      —¡Merecería ser condesa! —dijo el cuello—. Todo lo que poseo es un señor distinguido, un calzador y un peine. ¡Si tuviese también un condado!
      —¿Se me está declarando, el asqueroso? —exclamó la tijera, y, enfadada, le propinó un corte que lo dejó inservible.
      —Al fin tendré que solicitar la mano del peine. ¡Es admirable cómo conserva usted todos los dientes, mi querida señorita! —dijo el cuello—. ¿No ha pensado nunca en casarse?
      —¡Claro, ya puede figurárselo! —contestó el peine—. Seguramente habrá oído que estoy prometida con el calzador.
      —¡Prometida! —suspiró el cuello; y como no había nadie más a quien declararse, se le dio por hablar mal del matrimonio.
      Pasó mucho tiempo, y el cuello fue a parar al almacén de un fabricante de papel. Había allí una nutrida compañía de harapos; los finos iban por su lado, los toscos por el suyo, como exige la corrección. Todos tenían muchas cosas que explicar, pero el cuello los superaba a todos, pues era un gran fanfarrón.
      —¡La de novias que he tenido! —decía—. No me dejaban un momento de reposo. Andaba yo hecho un petimetre en aquellos tiempos, siempre muy tieso y almidonado. Tenía además un calzador y un peine, que jamás utilicé. Tenían que haberme visto entonces, cuando me acicalaba para una fiesta. Nunca me olvidaré de mi primera novia; fue una cinturilla, delicada, elegante y muy linda; por mí se tiró a una bañera. Luego hubo una plancha que ardía por mi persona; pero no le hice caso y se volvió negra. Tuve también relaciones con una primera bailarina; ella me produjo la herida, cuya cicatriz conservo; ¡era terriblemente celosa! Mi propio peine se enamoró de mí; perdió todos los dientes de mal de amores. ¡Uf!, ¡la de aventuras que he corrido! Pero lo que más me duele es la liga, digo, la cinturilla, que se tiró a la bañera. ¡Cuántos pecados llevo sobre la conciencia! ¡Ya es tiempo de que me convierta en papel blanco!


      Y fue convertido en papel blanco, con todos los demás trapos; y el cuello es precisamente la hoja que aquí vemos, en la cual se imprimió su historia. Y le está bien empleado, por haberse jactado de cosas que no eran verdad. Tengámoslo en cuenta, para no comportarnos como él, pues en verdad no podemos saber si también nosotros iremos a dar algún día al saco de los trapos viejos y seremos convertidos en papel, y toda nuestra historia, aun lo más íntimo y secreto de ella, se imprima, y andemos por esos mundos teniendo que contarla.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Anécdota de Joaquín Sabina

En Buenos Aires, una noche, después de tocar el último de cuatro conciertos que ofrecí en el Luna Park, íbamos en el coche camino de un restaurante para cenar y notamos que nos perseguían implacablemente. Le dije a mi chofer que, por favor, hiciera algo, y paramos en un semáforo.


El tipo que me perseguía se puso a nuestro lado, asomó la cabeza y sacó a un niño por la ventanilla, al modo de Michael Jackson con sus hijos en Alemania. Bajé la ventanilla y me dijo: "Mira. Se llama Joaquín". Entonces arrancamos y al parar en el siguiente semáforo me enseñó de la misma forma a una niña, y dijo: "Se llama Sabina".


Tomado del libro "Sabina en carne viva". 

jueves, 27 de agosto de 2015

El río de los sueños

De Gustavo Sainz (1940-2015).
Escritor mexicano.




Yo, por ejemplo, misántropo, hosco, jorobado, pudrible, inocuo exhibicionista, inmodesto, siempre desabrido o descortés o gris o tímido según lo torpe de la metáfora, a veces erotómano, y por si fuera poco, mexicano, duermo poco y mal desde hace muchos meses, en posiciones fetales, bajo gruesas cobijas, sábanas blancas o listadas, una manta eléctrica o al aire libre, según el clima, pero eso sí, ferozmente abrazado a mi esposa, a flote sobre el río de los sueños.


Tomado de "El libro de la imaginación". Fondo de Cultura Económica.

martes, 25 de agosto de 2015

Unas palabras de Rufino Tamayo

Pintura mexicana es la que se hace en México o la que se hace donde sea por mexicanos. Nuestro pueblo tiene bastante tradición artística para que en él surjan muchas tendencias artísticas. Es necesario que surjan. Yo, personalmente, seguiré con mi tendencia, porque estimo que la poesía es necesaria en la pintura, lo mismo que en la vida.

Rufino Tamayo

El Gimnasta. 1988.

lunes, 24 de agosto de 2015

La chancla de hule

Carmen Villoro (1958). Poeta mexicana.

La cubrirá la arena;
una oleada de mar la arrojará al abismo.
Mas, qué puedo yo hacer por esta chancla,
no tiene par, no es mía,
nada tiene que hacer en esta playa,
tampoco en otra parte encontrará su sitio.
Pero algo me detiene junto a ella.
Si hay hombres que se sienten seguros junto al mar,
si en la selva o el monte recuperan
la biología perdida
o el correr milenario de su sangre
se escucha nuevamente junto a un río,
hay otros que se sienten confortados,
nos sentimos,
por una llanta vieja o un paraguas.
Seres cuyo paisaje
de alcantarillas y de elevadores
nos da el sosiego que a otros
el halo de la luna les otorga.
Siento junto a esta chancla
lo que sentí otras veces
cuando al dejar la oscuridad del campo
su silencio,
el valle abierto,
la carretera larga como el tiempo,
la ciudad con sus luces
se presentó a mi amparo.
Nada menos humano
que un hule que no sirve
pero en ella se encuentra quizá todo:
la huella de unos pies,
la intimidad de un baño,
el olor de una toalla,
el miedo que a la muerte le tenemos.
“El hombre y sus objetos” he de pensar un rato;
a mis manos regresarán la pala y la cubeta
con las que hace treinta años cavé un foso
que el mar llenó de pronto,
la camiseta roja, la diadema,
el sombrero de paja en la silla de lona
donde quedó marcado para esfumarse pronto
la silueta húmeda de un cuerpo.

Y todo por la chancla
que alguien olvidó
sobre la arena.

viernes, 21 de agosto de 2015

Epigramas

Ernesto Cardenal (1925) Poeta Nicaragüense.
Fotografía de Claudio Álvarez.


Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí ese artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso.



jueves, 20 de agosto de 2015

Editorial independiente rompe estereotipos en cuentos infantiles

La colección Antiprincesas -de la editorial Chirimbote- lanzó libros infantiles con mujeres latinoamericanas como protagonistas. Desde la autogestión, ingresan al mercado con una propuesta que derriba viejos estereotipos sexistas en las primeras lecturas de niñas/os.



Tomado de Agencia de noticias Ansol.

(Ansol).- “Traspasaron su época para dejarnos un legado impresionante a las mujeres pero no veíamos que para niñas y niños hubiera historias contadas desde esa mirada. Si bien hay algunos intentos de abordar libros no sexistas, era difícil que compitieran con las princesas Disney por su estructura más rígida”, explicó a esta agencia Nadia Fink, la autora de Frida Kahlo y Violeta Parra.

Los textos, que están ilustrados por Pitu y son de la editorial Chirimbote, recorren las vidas de la artista plástica mexicana Frida Kahlo, en el marco de la Revolución Mexicana; y de la artista y antropóloga musical chilena Violeta Parra.

Al respecto, desde Chirimbote señalaron que los libros fueron realizados en pocos meses y de forma autogestiva: son una excelente aproximación a la lectura de niños y niñas, lo que los transforma en una opción más para obsequiarles en su día, que se celebrará el domingo 16.

Las publicaciones tienen un valor de 70 pesos, y están disponibles en kioscos y librerías de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y puntos de venta en todo el país, pero también se pueden conseguir en tiendas online como Oasis y Boliche Rodante (de Capital) y Los libros de Claudia (de Córdoba), y muy pronto en ConSol.


Romper con estereotipos


“Acercamos referentes de mujeres fuertes a las chicas de hoy, mujeres que se rebelaron contra maridos, padres o sociedad, que desarrollaron un arte profundamente popular mientras rompían estructuras, a veces con la mirada ladeada del resto de la gente”, sostuvo Fink sobre la primera colección basada en historias de mujeres latinoamericanas.

Los realizadores adelantaron que los libros incluyen fragmentos “divertidos y actividades didácticas, ideales para ser tomados por la práctica docente”.

lunes, 17 de agosto de 2015

Llévate el arte a la bolsa

Aplicaciones para aprender o hacer visitas a museos

Por Aída Barrera Pino | El Macay en la Cultura.
Publicado en el Diario de Yucatán.



Hace unos días platicaba con algunos colegas sobre la cantidad de información y formatos a los que tenemos acceso para estudiar historia del arte y conocer referentes, tendencias, estilos.

Uno de ellos me preguntó: “¿Qué tanto sabes de arte?”. Sinceramente, no tanto como quisiera. Si bien las clases y los libros han sido grandes aliados, mi memoria no es tan poderosa, así que el usar herramientas como las aplicaciones móviles se ha convertido en una de mis estrategias favoritas.

Touch Van Gogh es una aplicación gratuita disponible para tablets y desarrollada por el Museo Van Gogh.

domingo, 16 de agosto de 2015

La ostentosa desnudez de Pita Amor

Un documental resalta la obra literaria de la poeta mexicana y refleja su personalidad única


Por Marina Gómez-Robledo.
Publicado en El País Cultura.

La poeta mexicana Pita Amor. Fotografía cedida por Eduardo Sepúlveda.
Guadalupe Amor (1918, México-2000, México), famosa poeta mexicana de los años cincuenta, fue una mujer de contrastes. Su talante ante la vida podría definirse de una desnudez ostentosa. No solo por las innumerables ocasiones en las que exhibió sus pechos, sino también por sus versos. La poeta, más conocida como Pita Amor, solía cubrir su cuerpo con elegantes joyas, pero disfrutaba vistiendo con ropa de gasa transparente o dejando caer sus vestidos sin que le importara quién la viera. Por la parte literaria, sus sonetos fueron “perfectos”, en palabras de Elena Poniatowska, y en ellos esta mexicana nacida en 1918 también consiguió expresarse sin tapujos.

Eduardo Sepúlveda Amor, sobrino de la poeta, presentó hace unos días en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México su documental Pita Amor, señora de la tinta americana, en coproducción con TV UNAM. A través de entrevistas con amigos, artistas, familiares y críticos, la película resalta la obra poética de Amor sin ocultar su tan peculiar y única personalidad. Nació en el seno de una familia conservadora, católica y porfirista (una época, entre 1876 a 1910, dominada por el presidente Porfirio Díaz), fue la última de siete hermanos y desde chica mostró su carácter caprichoso y vanidoso. “Yo de niña fui graciosa, de adolescente llorona, en mi juventud cabrona y en mi verano impetuosa”, recitaría la poeta años más tarde.