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lunes, 31 de marzo de 2014

Cien años

Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.

Octavio Paz

Poeta mexicano nacido el 31 de marzo de 1914.
Fotografía de Daniel Mordzinski.

Publicaciones anteriores de Octavio Paz en Letranías.
Click en el link para ir a la entrada.


Fragmento de "Piedra de sol" | Miércoles 4 de julio de 2012 | Link
"... para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros..."
Octavio Paz


Fragmento de "El cántaro roto" | Viernes 17 de diciembre de 2010 | Link
"Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos,
soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos,
hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros,
cantar hasta que el sueño engendre y brote del costado del dormido la espiga roja de la resurrección,
el agua de la mujer, el manantial para beber y mirarse y reconocerse y recobrarse,
el manantial para saberse hombre, el agua que habla a solas en la noche y nos llama con nuestro nombre,
el manantial de las palabras para decir yo, tú, él, nosotros, bajo el gran árbol viviente estatua de la lluvia,
para decir los pronombres hermosos y reconocernos y ser fieles a nuestros nombres..." Octavio Paz


Como quien oye llover | Lunes 30 de marzo de 2009 |  Link
"... óyeme como quien oye llover,
sin oírme, oyendo lo que digo
con los ojos abiertos hacia adentro,
dormida con los cinco sentidos despiertos..."
Octavio Paz



Epitafio para un poeta | Lunes 17 de agosto de 2009 | Link
"Quiso cantar, cantar
para olvidar
su vida verdadera de mentiras
y recordar
su mentirosa vida de verdades".
Octavio Paz




Mi vida con la ola | Miércoles 10 de marzo de 2010 | Link
"El amor era un juego, una creación perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguía, increíblemente esbelta, como tallo líquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecía en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas de caían sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrían de blancuras. O se extendía frente a mi, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacia horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me envolvía como una música o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vértigo, misteriosamente suspendido, para caer después como una piedra , y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres látigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo". Octavio Paz

El gran golpe del leñador mágico | Lunes 6 de diciembre de 2010 | Link
"Veredas transitadas por seres más pequeños que una hormiga, castillos construidos en un milímetro cúbico de ágata, ventisqueros del tamaño de un grano de sal, continentes a la deriva en una gota de agua (...) El microscopio de la fantasía descubre criaturas distintas a las de la ciencia pero no menos reales". 
Octavio Paz




jueves, 27 de marzo de 2014

Día Mundial del Teatro 2014

Niños viendo teatro el día de San Fernando.
30 de mayo de 1960. Palencia.
Delegación Provincial del Frente de Juventudes.
Archivo fotográfico.
Foto tomada de aquí.

Mensaje de Brett Bailey.
Dramaturgo sudafricano.

Donde quiera que haya una sociedad humana el incontenible espíritu de la actuación se manifiesta.

Bajo los árboles de pueblos pequeños, sobre escenarios de alta tecnología en las metrópolis del mundo, en los pasillos de escuela, en el campo, en templos, en barrios pobres, en plazas urbanas, centros comunitarios y sótanos de edificios; la gente está agrupada para expresarse en el mundo que nosotros mismos creamos –el teatro– para mostrar en carne viva la complejidad de nuestra existencia, nuestra diversidad, nuestra vulnerabilidad con voz y aliento.

Nos juntamos para llorar, para recordar, para reír y para contemplar; para aprender, confirmar e imaginar; maravillarse sobre la tecnología y encarnar a los dioses. La gente contiene la respiración pensando en su capacidad para la belleza, la comprensión y la monstruosidad.

Nos juntamos para llenarnos de energía y para realizarnos. Celebramos la riqueza de nuestras diferentes culturas y para disolver las fronteras que nos dividen.

Donde quiera que haya sociedad humana el incontenible espíritu de la actuación se manifiesta. Nacido del pueblo, este espíritu se pone la máscara y vestuario de nuestras variadas tradiciones. El espíritu se aprovecha de nuestros ritmos y gestos para crear un espacio de cultura dentro de nosotros.

Niños viendo un teatro de Títeres.

Y nosotros, los artistas que trabajamos con este espíritu antiguo nos sentimos comprometidos canalizándolo a través de nuestros corazones, ideas y cuerpos, revelando nuestras realidades con toda su banalidad y rutilante misterio.

Pero en esta época donde tantos millones luchan para sobrevivir,  sufren bajo regímenes represivos, un capitalismo depredador, huyen de conflictos y miseria, donde nuestra privacidad está invadida por servicios secretos o nuestras palabras son censuradas por gobiernos intrusos; donde los bosques están siendo aniquilados, especies exterminadas y océanos envenenados nos preguntamos: ¿Qué es lo que tenemos que manifestar al mundo?

En este mundo de poderes desiguales, donde fuerzas hegemónicas tratan de convencernos que una nación, raza, género, preferencia sexual, religión, ideología o un marco de cultura es superior a los demás, nos preguntamos: ¿Es realmente posible insistir que las artes deben ser libres de las agendas sociales?

¿Estamos los artistas escénicos, doblegándonos a las exigencias asépticas del mercado, o estamos tomando por la fuerza el poder que tenemos: liberando un espacio en los corazones y mentes de la sociedad, congregando a la gente alrededor de nosotros para inspirar, hechizar, informar y crear un mundo de esperanza y colaboración generosa?

Traducción de Jefferson Storm-Mesa.


27 de Marzo
Día Mundial del Teatro


Relieve de la comedia griega "Andria" de Terencio. 
Se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

jueves, 20 de marzo de 2014

Ley



Ley de salud mental: 
no sufras por cosas imaginarias.

Julio Torri
Escritor mexicano.

lunes, 10 de marzo de 2014

Para ser

"Lo que te estoy escribiendo no es para leer,
es para ser".

Clarice Lispector
Escritora brasileña



sábado, 1 de marzo de 2014

La diva de los pies desnudos





Por Addy Góngora Basterra.

La primera vez que escuché a Cesária Évora fue en la película “Grandes esperanzas”, adaptación cinematográfica de la historia homónima de Charles Dickens que en 1998 dirigió Alfonso Cuarón y que tiene como protagonistas a Ethan Hawke, Gwyneth Paltrow y Robert de Niro. En una escena, el niño pintor acerca la boca al hilo de agua que brota de una fuente, estilo bebedero. De pronto recibe, a cambio de su sed, el beso primero de la niña rubia de sus sueños. Recuerdo la escena no solamente por su belleza, sino porque es “Bésame mucho” la canción con la que Cesária Évora forma parte del soundtrack de la película y a través de la cual la conocí.

Gracias a Consuelo Velázquez me adentré en su música, así como también a su vida a veces triste y desmedida que cotejó con mornas, la música nacional de su país, lo que en Portugal serían los fados o en Estados Unidos el blues. La morna le canta a la sodade —esa palabra hermosa y respetuosamente intraducible que es saudade— por la tierra, la naturaleza y el amor. Dicho de otra manera, la morna es el fado africano y Cesária Évora la Billie Holiday del océano atlántico.

Cabo Verde, archipiélago frente a las costas de Senegal, fue colonizado por los portugueses en el siglo XV. Es paradójico el adjetivo de su nombre, “verde”, porque lo que hoy es tierra con piedras volcánicas negras —que contrasta oníricamente con el azul del mar— era el reino de la vegetación tropical. Pero tanto mar y la falta de lluvia han sido fulminantes… por eso del verdor sólo queda el nombre y la esperanza de quienes ahí nacieron, porque ahora es algo parecido a un desierto rodeado por agua salada donde la gente padece sequía y hambre. Cesária Évora, quien murió en diciembre del 2011, acompañó esa pena en melodías y canciones; ella, que aprendió a cantar en el coro de un orfanatorio: «Mis canciones tratan de cosas perdidas y nostalgia, amor, política, inmigración y realidad. Nosotros cantamos sobre nuestra tierra, sobre el sol, sobre la lluvia que nunca llega, sobre la pobreza y problemas, y sobre cómo vive la gente en Cabo Verde».

Converge en «la diva de los pies desnudos» —así se llamó su primer álbum en 1988— la cultura negra afroamericana-cubana-brasileña, prueba de ello lo son algunos temas que eligió para sus discos, así como los músicos involucrados, tales como Chucho Valdés al piano para «Negue», interpretación que le habrá enchinado el cuero a la mismísima Maria Bethânia —quien también canta descalza— y es hermana, por cierto, de Caetano Veloso, quien acompaña a Cesária en el tema «Regresso», versión musicalizada del poema de Amílcar Cabral también conocido como «Mamãe velha». Esta es, a mi parecer, una de las interpretaciones más bellas de Cesária. Cantó también con Tania Libertad «Historia de un amor»; «Yamore», un himno al amor, con Salif Keita, cantante y compositor de pop africano. Y así podría continuar con un largo listado de intérpretes y músicos que compartieron escenario con esta mujer de voz inconfundible, quien cayó en el laberinto del grog —aguardiente típico de su tierra a base de caña de azúcar— del que logró salir.

Cantar es otra forma de la nostalgia, la alegría, el desamor, la plenitud. Por eso tenemos himnos, porras, rezos. Cesária Évora cantó alabanzas por su tierra, enalteciendo el lugar donde vivió, São Vicente di Longe; quizá por eso sus pies desnudos al cantar, porque fue la mejor manera de conectar al cuerpo con la voz, las plantas en perfecta conexión con la garganta, porque hay quienes al cantar ponen más que aire, intención y ganas, ponen pasión y plegarias, tal como en el “Bésame mucho” de Consuelo Velázquez, ícono musical de nuestra patria que cantamos con el corazón descalzo, haciendo nuestras sus palabras.

@letranias

Cesária Évora:
Cantante nacida en Cabo Verde.