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sábado, 1 de marzo de 2014

La diva de los pies desnudos





Por Addy Góngora Basterra.
Publicado en el Diario de Yucatán.

Hace unas semanas, cuando la cantante española Concha Buika salió al escenario para ofrecer su concierto durante el “Mérida Fest” y la vi descalza —como acostumbra cantar—, pensé en la cantante caboverdiana Cesária Évora, conocida como “la diva de los pies desnudos”.

La primera vez que escuché su voz fue en la película “Grandes esperanzas”, adaptación cinematográfica de la historia homónima de Charles Dickens que en 1998 dirigió Alfonso Cuarón y que tiene como protagonistas a Ethan Hawke, Gwyneth Paltrow y Robert de Niro. En una escena, el niño pintor acerca la boca al hilo de agua que brota de una fuente, estilo bebedero, cuando de pronto recibe, a cambio de su sed, el beso primero de la niña rubia de sus sueños. Recuerdo la escena no solamente por su belleza, sino porque es “Bésame mucho” la canción con la que Cesária Évora forma parte del “soundtrack” de la película y a través de la cual la conocí.

Gracias a Consuelo Velázquez me adentré en su música, así como también a su vida a veces triste y desmedida que cotejó con “mornas”, la música nacional de su país, lo que en Portugal serían los “fados” o en Estados Unidos el “blues”. La “Morna” le canta a la “sodade” —esa palabra hermosa y respetuosamente intraducible que es “saudade”— por la tierra, la naturaleza y el amor. Dicho de otra manera, la “morna” es el fado africano y Cesária Évora la Billie Holiday del océano atlántico.

Cabo Verde, archipiélago frente a las costas de Senegal, fue colonizado por los portugueses en el siglo XV. Es paradójico el adjetivo de su nombre, “Verde”, porque lo que hoy es tierra con piedras volcánicas negras —que contrasta oníricamente con el azul del mar— era el reino de la vegetación tropical. Pero tanto mar y la falta de lluvia han sido fulminantes… por eso del verdor sólo queda el nombre y la esperanza de quienes ahí nacieron, porque ahora es algo parecido a un desierto rodeado por agua salada donde la gente padece sequía y hambre. Cesária Évora, quien murió en diciembre del 2011, acompañó esa pena en melodías y canciones; ella, quien aprendió a cantar en el coro de un orfanatorio: “Mis canciones tratan de cosas perdidas y nostalgia, amor, política, inmigración y realidad. Nosotros cantamos sobre nuestra tierra, sobre el sol, sobre la lluvia que nunca llega, sobre la pobreza y problemas, y sobre cómo vive la gente en Cabo Verde”.

Converge en “la diva de los pies desnudos” —así se llamó su primer álbum en 1988— la cultura negra afroamericana-cubana-brasileña, prueba de ello lo son algunos temas que eligió para sus discos, así como los músicos involucrados, tales como Chucho Valdés al piano para “Negue”, interpretación que le habrá enchinado el cuero a la mismísima Maria Bethânia —quien también canta descalza— y es hermana, por cierto, de Caetano Veloso, quien acompaña a Cesária en la guitarra en el tema “Regresso”, versión musicalizada del poema de Amílcar Cabral también conocido como “Mamãe velha”. Esta es, a mi parecer, una de las interpretaciones más bellas de Cesária. Cantó también con Tania Libertad “Historia de un amor”; “Yamore”, un himno al amor, con Salif Keita, cantante y compositor de pop africano. Y así podría continuar con un largo listado de intérpretes y músicos que compartieron escenario con esta mujer de voz inconfundible, quien lamentablemente cayó en el laberinto del “grog” —aguardiente típico de su tierra a base de caña de azúcar— del que logró salir.

Cantar es otra forma de la nostalgia, la alegría, el desamor, la plenitud. Por eso tenemos himnos, porras, rezos. Cesária Évora cantó alabanzas por su tierra, enalteciendo el lugar donde vivió, São Vicente di Longe; quizá por eso sus pies desnudos al cantar, porque fue la mejor manera de conectar al cuerpo con la voz, las plantas en perfecta conexión con la garganta, porque hay quienes al cantar ponen más que aire, intención y ganas, ponen pasión y plegarias, tal como en el “Bésame mucho” de Consuelo Velázquez, ícono musical de nuestra patria que cantamos con el corazón descalzo, haciendo nuestras sus palabras.

@letranias

Cesária Évora:
Cantante nacida en Cabo Verde.


viernes, 28 de febrero de 2014

Sobre la naturaleza de las cosas

Karla Marrufo Huchim
http://reciclajedeldeseo.blogspot.mx/

Del poemario "Otras orillas"

no son siempre los mismos
los tejados del gato ni la luna 
en su agonía

no siempre es leve 
el candor en las calles de nombres olvidados
ni la tarde en su dulzor
de frutos y licores
a veces presiento un hambre de otros tiempos
una sed de historias y de pájaros
y también desespero
porque frente a mí desfilan los ojos 
y las manos buscan
-cómo buscan-
una mirada amiga en las anchoas
un eructo de paz en el verdor
de una copa mal lavada

pero no son los mismos
no lo son 
las pensiones de sábanas raídas
ni el crujir de la conciencia
en el anciano moribundo

y no puede ser igual la sangre
ni la niña pasmada
mirándose envejecer  
frente a sus manos

por un resto de aceituna en la mirada
uno podría dar cualquier cosa
si las cosas fueran las mismas
si se conservaran intactas
reconocibles 
aunque sea un poco nuestras
si en un gesto de franca fidelidad guardaran
la goma sin sabor 
ya endurecida
por debajo de una mesa


Karla Marrufo Huchim nació en Mérida, Yucatán. 
Ha publicado los libros "Variaciones sobre una misma espera" (poesía) 
y "Arquitecturas de lo invisible" (crónica). Actualmente vive en Xalapa, Veracruz.

jueves, 27 de febrero de 2014

Mientras tú existas

Ángel González (1925 - 2008)
Poeta español.


Mientras tú existas, 
mientras mi mirada 
te busque más allá de las colinas, 
mientras nada 
me llene el corazón, 
si no es tu imagen, y haya 
una remota posibilidad de que estés viva 
en algún sitio, iluminada 
por una luz cualquiera... 

Mientras 
yo presienta que eres y te llamas 
así, con ese nombre tuyo 
tan pequeño, 
seguiré como ahora, amada 
mía, 
transido de distancia, 
bajo ese amor que crece y no se muere, 
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

Ángel González