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miércoles, 8 de enero de 2014

No a liberar Irak de mí

Zigurat de Ur,
en el actual Irak.

No a liberar Irak de mí


De Muhsin Al-Ramli (1967). 
Poeta Irakí con residencia en Madrid.


Esta tinta derramada en vuestra prensa
es la sangre de mi país.
Esta luz diluviada de vuestras pantallas
es el brillo de los ojos en los niños de Basora.
Éste que está sollozando en la oscuridad de su exilio
soy yo;
Huérfano después de que hayáis matado a mis padres: Tigris y Eufrates;
Viudo después de que hubierais crucificado la pareja de mi alma: Irak
Oh... por ti, tierra mía: crucificada de entre las regiones.

Ay... de vosotros, señores de la guerra
Escuchadme:
No a la fiesta de los ejércitos en el tejado de mi casa.
No al verdugo que habéis plantado o al que vais a plantear.
No a vuestra libertad caída sobre las cabezas de mi gente en bombas
No a liberar Irak de mí o a mí de él. 
   Yo soy Irak.

Mis hierbas son las letras y sé lo que quiero.
Dejadme a mí mismo, a mi rabel y a vuestra ausencia.
Volved a vuestras películas detrás del océano.
Dejad para mí lo que queda
de los minaretes, de los mausoleos de mis ancestros,
de las tumbas de mi familia ...
Y bebed de las copas del petróleo hasta que os saciéis.

Robad la miel del azufre y la arena del desierto.
Llevad con vosotros vuestros clientes.
Llevaos al dictador con cada parte de vosotros que ha comprado con mi sangre.
Llevad lo que queráis y marchad,
dejadme sólo
con lo derribado de los sueños de mi hermana,
con el incendio de las palmeras en las orillas de Mesopotamia,
con los huesos de mi padre
   y el té de la merienda.

Dejadme sólo
con las canciones tristes del sur,
con la danza degollada del norte
   y con el pavo real de los Yasidíes.
Dejadme sólo
curando las heridas de mi tierra Irak
Sólo...
            igual que María...
                              sólo con mi solitario...
Mi país: el crucificado de entre las regiones.
Sabré cómo animar su resurrección.

Sabrá cómo renacer de su ceniza.
¿Acaso habéis olvidado que él es el creador del Fénix?
Ay, un infierno, para vosotros señores de la guerra
Escuchadme:
No asustéis a las nubes de Bagdad con vuestros aviones.
No sembréis soldados en nuestro jardín.
No quitéis la chilaba a mi madre.
No. Grito no a liberar Irak de mí o a mí de él.
   Yo soy Irak.
Las aldeas han florecido de mi abrigo, y sé lo que quiero.
Dejadme a mí mismo, a mi familia y a vuestro olvido.

martes, 7 de enero de 2014

Tienda de muebles

... poco a poco
lo iremos amueblando, yo quisiera,
cuántas mensualidades,
envejecer contigo en esta casa,
en esta habitación, en este beso.

Foto: Ikea.

De Luis García Montero, poeta andaluz.

En la tienda de muebles
hay mil casas vacías. Los espejos,
la perfección pulida de las mesas
y de los canteranos,
el cristo de Dalí, las acuarelas,
los armarios, las camas, todo duerme
con la inquieta nostalgia de sus metros cuadrados
y campanada de reloj que saltan
sin nadie a quien llamar
también quisieran
vivir en los horarios, ser mañana
una versión doméstica del tiempo.

Es mayo en el jardín. Una pareja
se vigila los labios con mirada de nácar,
merodea en las dudas que conducen
hasta el beso primero,
ése que por la noche se medita
y vuelve a repetirse, natural, encendido,
como un gesto mecánico.

Luego serán los meses estampas de almanaque,
decorados que corren a la cita.
En agosto provoca la distancia
cartas de buen amor. Pero septiembre,
cómplice de los árboles, propone
una sabiduría de plazas y jardines,
y la luz del otoño
es igual que un abrazo detenido,
tiembla confusamente,
como tiemblan las horas en la casa de Alberto,
no habrá nadie mañana,
tú ya sabes quién es,
mi mejor compañero de trabajo.

Verte desnuda
o comprender el hueco de las manos,
no tengo miedo, amor, porque te quiero,
me gustas con las luces encendidas,
aún es pronto,
llámame cuando llegues,
voy a colgar, mi madre
necesita el teléfono.

La luna impertinente de los sábados
se apoya en la guantera del 127
y por los hombros cae
lenta como las luces serenadas
sobre la discoteca.
Pero también es bello el sol de invierno
en las mañanas de domingo.
Mis padres quieren conocerte,
hace ahora dos años que salimos,
yo puedo trabajar, tal vez nos llegue
con mi sueldo y la rosa de tus labios,
ayer encontré piso,
amor, verte desnuda
es comprender el hueco de mis manos,
balcones frente a un río, poco a poco
lo iremos amueblando, yo quisiera,
cuántas mensualidades,
envejecer contigo en esta casa,
en esta habitación, en este beso.

En la tienda de muebles
hay mil besos vacíos. Ayúdame a escoger,
mira la cama grande y abrazada,
el sofá de las tardes infinitas,
un armario que puede
doblar las estaciones y guardarlas,
de cuánto los recibos,
la mesa familiar, mira el espejo
que sabrá la estatura de los niños,
podemos firmar letras,
amor, es tu desnudo
lo que divide el mapa de las sábanas.
Seguir, envejecer, soñar la vida
en el tanto por ciento de un abrazo.

Será felicidad, memoria fuerte
los muebles de la casa,
hasta llegar al sueño más oculto de un hijo,
ése que funda el tiempo
y vuelve por las noches,
natural, encendido de huellas primitivas,
De valores eternos
que se compran a plazos
y tal vez con un poco de rebaja.

lunes, 6 de enero de 2014

Mérida intíma

6 de enero de 2014:
472 aniversario de fundación de la ciudad de Mérida.


Por Roger Cicero Mac- Kinney*.


I

A más de cuatro siglos de nacida,
Mérida, te contemplo y te respiro,
y no puedo evitar que algún suspiro
exhale mi poesía por tu vida.

Te tengo por las venas adherida
a este mi corazón, y a cada giro
de tus veletas últimas que miro,
siento tu brisa un tanto entristecida.

Y es que el tiempo no frena su carrera:
casi todo lo cambia, o lo arrasa
como las sombras a la luz del día.

Pero mientras adorne una palmera
tu imagen de verdad y fantasía,
Mérida, seguirás siendo mi casa.


II

Eres mi hogar, y por lo tanto eres
el texto manuscrito de mi diario;
eres mi indestructible calendario
y hasta el río de mi sangre, si lo quieres.

La más piadosa tú de las mujeres,
la que ha hecho de mi alma su santuario,
la que compendia mi devocionario
y alimenta mi fe, ésta tú eres.

Y aquí en secreto, Mérida: a veces
se me hace que te llevo de la mano
y velo tu descanso en cada estrella;

que envejece mi paso y tú no creces,
que yo soy el galán, tú, la doncella…
o la niña indefensa y yo el hermano.



III

Beso pétalo a pétalo tus flores
y se perfuma el beso y se matiza;
beso tus tardes, y se me idealiza
el beso por besar tantos colores.

Y es así que me lleno de esplendores,
Mérida, por mitad blanca y cobriza;
niña, doncella o maternal mestiza,
¡fiesta de pueblo echando voladores!

Juegas aún, y al mismo tiempo rezas;
te explayas por ligeras avenidas
y en el suburbio, quieta te recoges.

Estática o fugaz, de las tristezas
no estás al margen como yo. Y me acoges,
y juntos nos curamos las heridas.


* Roger Cicero Mac- Kinney (1929). Poeta Yucateco.
Poesía tomada del libro: "Arquitectura de las palabras. 
Voces merideñas - Voces meridanas.
Antología poética de las Méridas Americanas",
al que puede accederse dando click aquí.




domingo, 5 de enero de 2014

Para él, para ti, para ella

Escrito por Addy Góngora Basterra.
La intención de estas palabras era despedir el 2013 en el espacio de Letranías en la Editorial del Diario de Yucatán. 
Aunque ya cambiamos de año, la intención es la misma: la vigencia es vitalicia.
Publicado en el Diario de Yucatán el sábado 4 de enero de 2014.

Porque son los últimos días del año escribo para él, para ti, para ella. Para quien menos lo imagina. Por todo lo que nos espera. Porque cualquier parecido con la realidad no es coincidencia. Nuestras vidas se parecen: nos corta la misma tijera.


I
Porque me habló de amor y me pidió una cita, porque me escribió una carta enamorada que no respondí. Porque tal vez herí su corazón de manera involuntaria, porque a veces eso pasa, porque la vida es así. Porque son los últimos días del año le deseo meses próximos con ilusión renovada, con amor posible, con un nombre repetido noventa y siete veces en el celular por tantos mensajes recibidos. Porque es noble, transparente, porque merece amor correspondido. 


II
Porque éramos amigas. Las mejores. Porque la vida tiene esquinas inesperadas que quiebran los caminos y llevan por sendas separadas. Porque bailaba conmigo y sonreía y era feliz girando en sus tacones. Por las copas de vino y la música, por los abrazos, los secretos, las pasiones; por la última mirada y las que nunca más serán. Porque me duele y la recuerdo. Porque la he querido por entero.


III
Para él, para ti, para ella. Porque escribir es otra forma de querer. Porque pensar en alguien y trazar su nombre es hechizo, es recuerdo, es eterno. Por eso aquí va una persona: __________ un él, un ella, alguien a quien se quiera y ha tenido cerca este año impar. Ahora estas palabras de amor son del lector. Para él, para ti, para ella. Recórtalas. Obséquialas. 


IV
Porque está junto a mí en una foto que he perdido. Porque nos recuerdo hombro con hombro en un tiempo al que es imposible volver porque ya no somos lo que fuimos. Porque dicen que es feliz. Porque siempre tendrá para mí amor sincero y años intactos. Porque es más grande que yo aunque siempre se impuso a su cuerpo mi tamaño. Porque no nos hemos vuelto a ver y piensa en mí el día de mi cumpleaños.


V
Por sus manos de trabajo y la mirada cansada que fue la órbita de tantos. Porque sale de su casa solamente para regar las plantas, caminando despacio. Por su voz en el teléfono y el olor del tabaco, vicio que el doctor le retiró, humo que ya no sigue echando. Porque para quererla sólo tengo noble corazón de infancia. Porque se merece días plácidos, toda la paz y toda la bonanza tras dejar el alma, el cuerpo y los años en un cardumen de parientes. Porque hay personas que debieran tener cielo terrenal, una vejez tranquila y sin pendientes. 


VI
Porque me aventó su enojo y lo frené y lo enfrenté, porque cuando me dijo algo que no me pareció le respondí sin miedo y ahogado en furia no tuvo más que aceptar mis decisiones. Porque algo bueno debe tener, quizá sea un buen amigo, buen hermano. Porque sí, porque todos, porque estoy cerca de él y deseo que tenga mejor carácter, que no azote la puerta, que trate mejor a la gente, que algo pase este fin de año y lo vuelva diferente.


VII
Porque es la mayor de varias hijas y es valiente. Porque tras años se atrevió a salir de una casa donde no era bien querida y volvió a una ciudad donde sus hermanas le hacen sentir la tierra prometida. Porque ahora el horizonte luce diferente y su cuerpo en el espejo le dice una verdad que la halaga y florece. Porque sus hijos están bien, están mejor, porque se está procurando lo que por años se debió. Porque el dos mil catorce será año de renovación.


VIII
Porque son los últimos días del año escribo para él, para ti, para ella, para quien leyendo vuelva suyas mis palabras. Porque todos merecemos un final con esperanza, con mérito, con ánimo. Para él, para ti, para ella. Porque sí, por todo, porque siempre. Porque es justo. Porque escribo con amor. Porque cuando escribo eso es lo que busco y proclamo. Porque eso quiero hasta el último día del año.