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miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Feliz 2015!


Lectores de Letranías: 

¡Feliz 2015! 

Gracias por sus comentarios y por ser tripulantes en esta travesía de palabras e imágenes que pretendemos como caricias para el alma. 

Cerremos el año y los ojos a besos con estos versos de Carilda Oliver Labra, poeta cubana. :

“Pues me han salido en la cara tus ojos
y a ti en el rostro mi boca,
y no sé cuando te miro si eres tú quien me mira
ni cuando tú me besas
si soy yo quien te ha besado”.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Renovando promesa


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Papel




Escribo con los ojos
con el corazón con la mano
Pido consejo a mis orejas
y a mis labios
Cada verso que escribo
es de carne y hueso.

Sólo mi pensamiento
es de papel.


Jorge Eduardo Eielson (1924-2006).
Poeta Peruano.

viernes, 21 de noviembre de 2014

L'empire des Lumière

«Quiero infundir nueva vida en la manera en que miramos las cosas que nos rodean. ¿Pero como debemos mirar? Como un niño: la primera vez lo ve todo como una realidad fuera de sí. 
Yo vivo en el mismo estado de inocencia que un niño, 
que cree poder alcanzar con su mano un pájaro en pleno vuelo».

René Magritte (1898)
Pintor belga que nació un 21 de noviembre.

"L'empire des Lumière".
René Magritte.

martes, 4 de noviembre de 2014

Nuestro amor


miércoles, 22 de octubre de 2014

Striptease

Rufino Tamayo, Mujer con Sombrero (P. 132):
 "Mujer con sombrero", 1975.
Rufino Tamayo.



Quítate el sombrero
si lo tienes
quítate el pelo
que te abandona
quítate la piel
las tripas los ojos
y ponte un alma
si la encuentras.

Blanca Varela
[Poeta peruana]

martes, 14 de octubre de 2014

Espero curarme de ti en unos días


De Jaime Sabines, poeta chiapaneco.

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero").

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

sábado, 11 de octubre de 2014

El espejo en la entrada

Espejo antiguo biselado.....:

De Konstantino Kavafis, poeta griego.
[Traducción de Christian Rivero].

La opulenta casa tenía en la entrada

un gran espejo muy antiguo,

comprado por lo menos hace ochenta años.

Un joven hermosísimo,
empleado de sastre
(atleta aficionado los domingos),

se presentó con un paquete.

Se lo dio a alguien de la casa
y éste lo llevó dentro para traer el recibo.

El empleado de sastre se quedó solo y esperó.
Se acercó hacia el espejo,
mientras se miraba se arregló la corbata.

Después de cinco minutos le trajeron el recibo.
Lo tomó y se fue.

Pero el espejo antiguo que había visto y visto,
durante su existencia de tantos años,

millares de cosas y rostros,
el espejo antiguo ahora se alegraba

y se jactaba porque había recibido sobre sí
la belleza perfecta durante algunos minutos.

jueves, 9 de octubre de 2014

Monsieur Modiano

Patrick Modiano (1945), novelista francés.
Premio Nobel de Literatura 2014.


Escrito por Addy Góngora Basterra.
Publicado en Nexos y el Diario de Yucatán.

Sinónimo de subirme al mundo en un día de oficina es encender la computadora, abrir Outlook, Google Chrome, iTunes no necesariamente en ese orden y se declara inaugurada la jornada laboral. Así que como cada mañana, siguiendo el ritual, la página principal que tengo en el Chrome me da los buenos días con el nombre de un escritor francés del que nada he leído y a quien desconocía.

Patrick Modiano, leo. Modiano, vuelvo a leer. Premio Nobel de Literatura 2014. Qué bien, pienso. Algo nuevo el día de hoy por conocer. Ahora ya no se me va a olvidar ni será indiferente cuando lo encuentre en alguna vitrina o coronando pilas de libros. Entonces recuerdo ejemplares de Alice Munro que no compré— paciente y estratégicamente ordenados al paso de la clientela en librerías. Pasó un año y no la leí, como muy probablemente tampoco leeré a Modiano. ¿Tampoco voy a leerlo? ¿Y quién eres tú para semejante censura? me dice una parte de mí que lucha contra la otra yo que todos los días se levanta temprano a dar clase, que luego corre a la oficina, que luego sale corriendo otra vez para dar clase, que llega a su departamento por la noche, que a veces tiene una cena, siempre un amor, últimamente una cancha de tenis, quién eres tú para decirte que no vas a leer, me reprocho. Y me consuelo con palabras de Daniel Pennac:

El tiempo para leer siempre es tiempo robado. (Al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar.)
¿Robado a qué?
Digamos que al deber de vivir.
Ésta es, sin duda, la razón de que el metro símbolo arraigado de dicho deber resulte ser la mayor biblioteca del mundo.
El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir.
Si tuviéramos que considerar el amor desde el punto de vista de nuestra distribución del tiempo, ¿qué arriesgaríamos? ¿quién tiene tiempo de estar enamorado? ¿se ha visto alguna vez, sin embargo, que un enamorado no encontrara tiempo para amar?
Yo jamás he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme que acabara una novela que amaba.

Consideraré lo anterior y sumaré a la lista de lecturas a Modiano que, dice la prensa, ha sido galardonado «por el arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más inasibles y descubierto el mundo de la ocupación». Ha empezado en redes sociales y sitios web la avalancha de extractos, fotografías, fragmentos, citas, entrevistas y todo lo que sirva para nutrir y difundir a la figura literaria que le ha dado chamba a los que, como yo, tampoco o poco lo conocen.

Mientras su obra llega a nuestras manos, la web nos permitirá un esbozo de este novelista cuyo leitmotiv es la ocupación alemana en Francia durante la II Guerra Mundial. Su fecha de nacimiento lo dice todo: 30 de julio de 1945. Europa recién salía de la pesadilla en la que se vio envuelta cuando Patrick Modiano lloró a la vida.

Miro el teclado. En él, mi dedo índice de la mano derecha juega al sube-y-baja por las teclas UJM MJU con leves roces, sin hundirlas, saltitos de yemas como quien juega rayuela, mientras pienso para qué sirve un Premio Nobel de Literatura y lo que ocurre en el común de los mortales cuando ese nombre se anuncia. ¿Nos nutre de alguna manera? ¿es posible que algo de lo que esa persona escribió nos cambie la vida? Cierto es que nos regala la oportunidad de encontrar una ventana al mundo. Cuando se anuncia que alguien ganó un premio nada deja de ser como era por un nombre pero cuando se trata de un escritor, mucho de nosotros puede llenarse de riqueza con esas palabras nuevas, sus historias, su visión de la vida. Quizá para eso nos sirva el boom publicitario de un Premio Nobel de Literatura: para descubrir de nosotros lo que en otros autores no habíamos descubierto.

@letranias

DE PILÓN

Además de libros, una de los legados de Modiano es su hija Marie, cantautora que en su último disco acompaña poesía con música del sueco Peter Van Poehl, que podemos escuchar en el programa Rencontre avec Marie Modiano pour Franche connexion” y también en el video "La fille à la balafre.

Para quien tenga avidez por mayor información, comparto el link a la entrevista Las obsesiones de Modiano de Antonio Jiménez Barca publicada en El País el 16 de mayo del 2009.


REFERENCIA
Pennac, D. (1992) Como una novela. Barcelona: Anagrama.

sábado, 4 de octubre de 2014

¿De qué tamaño es Mercedes Sosa?

Mercedes Sosa
(9 de julio de 1935 - 4 de octubre de 2009)
Fotografía de Bernd Arnold


Escrito por Addy Góngora Basterra | @letranias
Publicado en Nexos

Un día como hoy hace cinco años, murió Mercedes Sosa.
Lo recuerdo porque yo estaba viviendo en Buenos Aires y me resulta inolvidable el ambiente de aquel domingo tras la muerte de esta cantante que tanto adoró el pueblo argentino. La gente se volcó a las calles llevando flores, chacareras y canciones. No se podía ser indiferente al acontecimiento.

De manera similar recuerdo la emoción que sentí el domingo 20 de mayo del 2007 cuando Gal Costa, cantante brasileña, dio un concierto en el Teatro Gran Rex, ahí sobre la célebre avenida Corrientes que el tango A media luz ha vuelto leyenda. El público se acomodaba en sus lugares. Hacía algunos momentos que Rafael mi amigo puertorriqueño, cómplice y compañero de cuanta aventura musical, cultural y gastronómica se nos antojara y yo habíamos llegado al teatro cuando inició de pronto una lluvia de aplausos. Miré el reloj y faltaban varios minutos para que Gal saliera a prodigar su voz. El telón aún estaba en su lugar. La gente se puso de pie sin dejar de lado esa ovación improvisada. Nos asomamos a ver qué ocurría estábamos en el segundo piso del teatro y entonces ahí estaba Mercedes Sosa avanzando por el pasillo hacia su butaca agradeciendo con la mano en alto y con un Gracias, gracias que por la distancia no se escuchaba pero que no era difícil adivinar. Te queremos Negra, le gritó alguno.

De ese tamaño era Mercedes; del tamaño del amor y admiración que personas anónimas le arrojaban a gritos sin violencia. Era del tamaño de una ovación que no cabe en las manos; ovación de esas que hacen que acabes con las palmas ardidas, de esas en las que se vuelve eufórica una nación en agradecimiento a canciones que hicieron de este mundo un lugar mejor.

Pero esa no fue la primera vez que vi a la Negra. Dos años antes dio un concierto en un parque por el que atravesé Buenos Aires una tarde de sábado con la misión de escucharla. El evento fue al aire libre, sobre un pasto; había frío y mucha gente.  Su voz nos dio calor, nos movió el cuerpo, cantamos con ella, nos apretujamos unos contra otros, conocidos y desconocidos, como un rebaño que encuentra consuelo y abrigo con la cercanía del otro. Aunque nunca nos habíamos visto, los que estábamos ahí éramos algo parecido a amigos recién descubiertos, todo por el simple hecho de estar ahí convocados por la mujer del escenario que cantaba sentada porque ya le costaba trabajo estar de pie y caminar. Algo similar debíamos tener en el alma para acudir en esa tarde de invierno a escucharla cantar, entre mate y mate. Haberla visto de lejos pero tan cerca de mí es una imagen/sensación que todavía me acompaña.

Años después el rostro de Mercedes Sosa con una sonrisa estuvo en varios puntos de la capital porteña en el afiche que le daba publicidad al disco doble Cantora, álbum en el que compartió su voz y sus canciones con intérpretes tan diversos como Lila Downs y Shakira, Calle 13 y María Graña, la Sole, David Lebón, Joaquín Sabina, Spinnetta, Jorge Drexler, Teresa Parodi, Julieta Venegas y Gustavo Cerati, tan sólo por decir algunos.

Quizá el mejor de los encantos de la música y de sus intérpretes es que nos marcan la vida. Son otra forma de los recuerdos y de la nostalgia. Mercedes marcó mi adolescencia desde la primera vez que oí su voz en la cocina de la familia López Carrillo en Coatzacoalcos; en los viajes en carretera con la música a todo volumen; mis andanzas con audífonos; las noches de bohemia con guitarra, amigas y un sacerdote que exigía sus canciones como quien muere de sed y pide de beber.

¿De qué tamaño era Mercedes Sosa? ¿Cómo se mide a alguien sin tiempo y sin fronteras? Ni básculas ni flexómetros ni termómetros ni la venta de boletos en taquilla. ¿Cómo se mide la vida de alguien, su talento, su legado? ¿Cómo se mide lo que una voz nos ha dejado a tantos?

Tal vez Mercedes Sosa es del tamaño de las personas que seguimos viendo, queriendo, escuchando. 

sábado, 20 de septiembre de 2014

Ragazzo

Trastevere. Roma.
Fotografía de Time E. White.


Del poeta cubano Nelson Simón (Pinar del Río, 1965).
Tomado de Círculo de Poesía.

La palabra ragazzo, no tiene traducción:
lo aprendí bajo la luz intensa del verano de Roma,
aún fascinado por el mármol piadoso
de la fuente de Trevi; mientras recorría,
—invisible y absorto— Piazza Venezia.

Perdido en la conversación sin sentido
que sostienen los turistas; cansado
de admirar los estragos del tiempo
que hace polvo la carne y silencio la piedra,
me senté en un banco
a ver cómo la tarde descendía hacia el Trastevere.
Con ella, envuelta en sus pañales, iba mi alma,
y alguna ilusión vana como el país del que había llegado.
(Por entonces había comprendido que la isla
siempre habrá de dolernos como un cardo, que, pobre,
se enquista en nuestro pecho).

La palabra ragazzo, no tiene traducción:
no la busquéis en vano en los diccionarios,
no preguntéis por su significado ni en las plazas más nobles,
ni en las sórdidas tabernas donde el humo del tabaco
y el olor de la cerveza, se entrecruzan como un cisne invisible
que te empuja hacia la tentación.
Los sensuales muchachos de La Habana,
abiertamente tristes como sus playas,
nunca podrán ser nombrados con la palabra ragazzi.
Los alegres chicos de Andalucía, con labios
que se ofrecen cual carnosas olivas,
nunca van a reír con la dulce perversidad
de un ragazzo. Los modernos jóvenes de Nueva York,
con sus músculos perfectos como el acero que sostiene a su ciudad,
no pueden abrazar con esa pasión antigua,
mezcla de sangre
y lirio tostado por el sol mediterráneo,
que arrastran los ragazzi.

Piazza Venezia, Roma, Italy
Perspectiva de la Piazza Venezia

El ragazzo se sentó a mi lado en el sencillo banco de Piazza Venezia,
y la ciudad de Roma, hasta entonces sólo esplendor de ruinas y de sueños,
fue otra de repente. Tuvo el misterio y el glamour
que yo había imaginado para ella.
Habló y apenas pude comprender,
al extender su mano, firme como los puentes que atravesamos,
que me invitaba a andar,
cuando junto a la tarde descendimos hasta el Trastevere.
Vimos pasar los botes y algún pájaro gris, cual fantasmas románticos.
Sentimos en nosotros el aroma culpable de los hombres
que antes se habían amado junto a las calmas aguas.
Nunca dejé su mano. Nunca dijo su nombre ni quise preguntarle.
Pudo llamarse Adriano, Fabrizzio, Giuseppe, o Giuliano:
nombres que siempre dejarían su música en el esmalte de mis dientes.
Su perfil me acompaña aún como las imágenes de esos jarrones
que he visto en los museos. Su boca me sigue recordando
la luna atada sobre el Trastévere. Su pelo descuidado,
su cuerpo perfecto y dispuesto
solo pueden caber en esa palabra intraducible: ragazzo.
Yo aprendí aquella tarde lo que ya Pasolini
había visto en los pepillos romanos,
lo que le hacía vivir, cada noche, al borde del abismo,
siempre dentro del puño pálido y seductor de la muerte.