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martes, 31 de diciembre de 2013

Actitud


La escritora española Rosa Montero, bajo el nombre de @BrunaHusky, escribió en Twitter: "Mi artículo de hoy en EL PAÍS. ¡Último día del año! Mucha actitud y un 2014 maravilloso para todos". 

Así que tomo prestadas sus palabras para cerrar este año impar en las publicaciones de Letranías. 

¡Un abrazo y muchas cosas buenas para el 2014 a todos los lectores!

«Ya sabemos que estas celebraciones de fin de año son una pura convención, pero, ¿no es magnífico que un viejo ritual nos ayude a parar por un instante la velocidad aturdidora del tiempo y a reflexionar siquiera un poco sobre nuestro pasado y nuestro porvenir? O sea, a replantearnos la existencia.

Yo, que ya he vivido lo bastante como para aprender que la felicidad es la ausencia de dolor, me deseo y os deseo eso: un futuro sin demasiados mordiscos. Pero en realidad somos capaces de hacer más, mucho más. Porque no podemos controlar lo que nos sucede, pero sí la manera en que respondemos a lo que nos sucede. Hay que vivir con panache (literalmente, penacho, pluma), como Cyrano de Bergerac, cuyas últimas palabras antes de morir son, precisamente, “mon panache”, un término que representa la virtud de la bravura modesta, de la vitalidad y el sentido del humor ante la adversidad. Tengo un amigo que suele decir, citando a Viktor Frank: “Lo único que no te pueden quitar es la actitud”. Nadie te puede quitar la belleza de los árboles desnudos que se estiran por las mañanas rechinantes de escarcha; la emoción y el orgullo de saber que, si te sucede algo a media noche, siempre habrá un amigo o una amiga dispuesto a ayudar; los momentos de risa y bienestar con la gente que quieres, esas carcajadas tontas y niñas que te dejan sin fuerza en los costados; la pasión de leer, de aprender, de escuchar música, de ver un cuadro hermoso, una película, de pasear por una ciudad, una playa, un monte. La gloriosa sensualidad del cuerpo, de sentirte lo suficientemente sano, de oler y acariciar a un hijo pequeño o a un animal querido, de oler y disfrutar el cuerpo de tu amante. Me deseo y os deseo todo esto en 2014. Mucho panache, mucha actitud y serenidad para saber gozar de la indudable belleza de la vida».

Link a la fuente original: aquí

jueves, 26 de diciembre de 2013

La camisa que nunca abracé

Instalación de Elena Martínez Bolio 
en el Centro Cultural Olimpo. 
Forma parte de la exposición colectiva 
“Detrás de las fachadas. Ciertos espacios interiores”. 







Comparto esta nota: 

martes, 24 de diciembre de 2013

¡Feliz navidad!



martes, 17 de diciembre de 2013

Lejos, en el andén


domingo, 8 de diciembre de 2013

Rusia: Catedral de la Resurrección de Cristo



Alfred Parland fue el arquitecto de esta hermosura rusa en San Petersburgo. Está a orillas del canal Griboyédova.

Esto dice de ella Wikipedia:

«El nombre oficial en ruso es Собор Воскресения Христова, que significa Catedral de la resurrección de Cristo, y fue construida sobre el lugar donde el zar Alejandro II de Rusia fue asesinado, víctima de un atentado el 13 de marzo de 1881 (1 de marzo para el calendario juliano, en vigor en esa época). Durante la Segunda Guerra Mundial y el bloqueo de la ciudad, una bomba cayó encima de la cúpula más alta de la iglesia. La bomba no explotó y se encontró dentro de la cúpula de la iglesia durante 19 años. Sólo cuando los obreros subieron a la cúpula para remendar las goteras la bomba fue encontrada y retirada. Entonces se decidió comenzar la restauración de la Iglesia de la sangre derramada. Después de 27 años de restauración la Iglesia de la sangre derramada fue inaugurada como museo estatal donde los visitantes pueden conocer la historia del asesinato de Alejandro II».

Dan ganas de leer y conocer más al respecto, ¿o no?

viernes, 6 de diciembre de 2013

Persistencia del olvido

Fotografía de Bruno Ehrs.

Felipe Benítez Reyes
Poeta español nacido en 1960.

Recuerdo una ciudad como recuerdo un cuerpo.

Caía ya la luz sobre las calles
ya caía en tu cuerpo
—en un hotel oscuro, o en no sé
qué habitación sin muebles de no sé
qué ciudad— la luz agonizante
de velas encendidas.

Un temblor
de velas, o un temblor de árboles,
en el otoño sucedía —no lo sé—
en la ciudad que no recuerdo
—ya esa desmemoriada sensación
de haber estado allí, ignoro adónde,
con alguien que no sé,
quizás en la ciudad que siempre olvido.

Tal vez era la lluvia: mi pasado
ocupa un escenario de calles desoladas.
Sin duda era la lluvia golpeando
los cristales de un taxi, con alguien a mi lado,
con alguien que ha perdido
sus rasgos con el tiempo.

O era yo
—no lo sé—, tal vez yo mismo
reflejado en cristales mojados por la lluvia.
Quizás era en verano, no recuerdo,
y era otra ciudad la que ahora olvido.
Una ciudad con bares junto al mar,
donde tú nunca estabas.

No sé bien
qué ciudad era aquélla en que la luz
tenía la apariencia de una flor abrasada,
pero tus manos frías estaban en mis manos,
tal vez en algún cine con palcos de oro viejo,
en su caliente oscuridad.

Una ciudad
se vive como un cuerpo,
se olvida como él.

Posiblemente
ahora evoco ciudades que existieron
al lado de esos cuerpos que existieron
en ciudades que existen tal vez en el olvido.
Que deben existir, pero no sé.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Algo tiene el aire de noviembre que enamora

Escrito por Addy Góngora Basterra
Publicado en el Diario de Yucatán.

I

Las páginas adelgazadas de mi agenda me anuncian la fugacidad de este año impar.

—Se fue Noviembre —pienso en voz alta.
Me escucha una de mis compañeras de trabajo, Azucena Vargas, cuyo escritorio está cerca del mío.
—Nunca más regresa un día —dice sin mirarme continuando de manera automática la frase.

Me le quedo viendo sin que ella lo sepa, porque está sentada de espaldas a mí. Después miro las páginas de mi agenda 2013. Barajo una de sus esquinas. En tres segundos hago transcurrir por mi mano derecha todo el año en un brevísimo aleteo de papel. Tomo de mi escritorio el cuaderno verde que en la portada tiene un mandala. Escribo las palabras de Azucena: “Nunca más regresa un día”. En seguida, en otro lugar de la página, anoto: “Se fue Noviembre. Me quedas tú. Dúrame mucho”.

II

Cuántos noviembres se han ido, noviembres que ya no son, personas que estuvieron ya no están, queda de ellas el recuerdo del recuerdo, nombres que no tendrán olvido. Y sin embargo, de algún modo, están presentes en cada vuelco del corazón, en fechas indelebles, en la brizna de la tarde y el color del amanecer; en una carta a puño y letra, en una fotografía, el estribillo de una canción y el círculo perfecto de un anillo. Pero no todo es pérdida y nostalgia en Noviembre, también es ilusión y renovación, mes de encuentros y pasión. Y si no lo creen, pregúntele a los nacidos bajo el signo de Escorpión.

III

Algo tiene el aire de noviembre que enamora.

Ha de ser por el ambiente otoñal del hemisferio norte. Algo se nos desprende, se desvanece, nos dice adiós para transformarse en algo diferente. Hojas de árbol que caen. Días del año que no vuelven. Algo se fragua y no es un final, sino un comienzo que tiene como pista de despegue los treinta y un días de diciembre.

Lo digo porque lo siento: algo tiene el aire de noviembre que enamora. Pero no es cualquier amor. No. Porque uno puede enamorarse y vivir en el idilio de pensar en el otro sin que el sujeto del delirio lo sepa. Ahí anda uno, como alma en pena, sin tregua ni cuartel suspirando por quien ni lo sospecha. Los amores de noviembre tienen un brillo distinto, un sabor pacífico, el milagro que a todos debería ocurrirnos: amor correspondido.

Tal vez sea el ambiente decembrino que se anuncia en esquinas, árboles y en la ropa que por estas fechas usamos. Quizá sea porque anochece más temprano y las estrellas atestiguan más horas nuestros pasos. No sé a qué se deba… pero tal vez haya quien sí lo sepa y esté de acuerdo conmigo cuando digo que algo tiene el aire de noviembre que enamora. Alguien que tenga o haya tenido la urgencia por vivir todo lo que no se pudo en otros meses, esa prisa misteriosa que se instala en emociones, afanes y deseos, aquello innombrable que se apodera de la voluntad y nos hace mejores personas, par y complemento. En este mes, penúltimo peldaño, algo tiene el aire de noviembre que enamora: triquiñuela del calendario que nos deja lo mejor para el final del año.