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sábado, 4 de enero de 2014

La ridícula idea de no volver a verte

Esta mañana terminé de leer "La ridícula idea de no volver a verte", el último libro de Rosa Montero.

Leerlo ha potenciado mi amor por la vida y mi alegría por la gente que respira: «La ridícula idea de no volver a verte» es un tributo a Marie Curie, un tour por sus pasiones y su laboratorio, fascinándonos con la luminosidad del Radio y la mirada sabia de Pierre. Si bien en el libro está la tristeza de Marie tras la muerte de su cómplice y compañero, «La ridícula idea de no volver a verte» es también la propia Rosa Montero en carne viva tras la muerte de Pablo, su pareja, que enfermó y murió de cáncer.

Resumiendo: este es un libro que acompaña, consuela, anima, enseña y, sobre todo, nos ayuda a vivir.

He crecido tras leerlo, he sentido amor profundo por quienes quiero e incluso he reflexionado sobre cómo soy con las personas con las que trabajo y convivo, especialmente las palabras con las que me despido. También comprendo, como nunca antes lo había hecho, a quienes han perdido a alguien que han amado y he incluso llorado con la idea de perder a quienes son el eje de mi vida, mi compañía y mi alegría. Dicho de otra forma, he revalorado la presencia de personas. ¿No es magnífico lo que los libros pueden hacer por nosotros y por las personas que nos rodean?

Me despido de «La ridícula idea de no volver a verte» transcribiendo uno de mis párrafos favoritos:


"Para vivir tenemos que narrarnos; somos un producto de nuestra imaginación. Nuestra memoria en realidad es un invento, un cuento que vamos reescribiendo cada día (lo que recuerdo hoy de mi infancia no es lo que recordaba hace veinte años); lo que quiere decir que nuestra identidad también es ficcional, puesto que se basa en la memoria. Y sin esa imaginación que completa y reconstruye nuestro pasado y que le otorga al caos de la vida una apariencia de sentido, la existencia sería enloquecedora e insoportable, puro ruido y furia. Por eso, cuando alguien fallece, como bien dice la doctora Heath, hay que escribir el final. El final de la vida de quien muere, pero además el final de nuestra vida en común. Contarnos lo que fuimos el uno para el otro, decirnos todas las palabras bellas necesarias, construir puentes sobre las fisuras, desbrozar el paisaje de maleza. Y hay que tallar ese relato redondo en la piedra sepulcral de nuestra memoria. 
Marie no pudo hacerlo, claro está, y por eso escribió ese diario. Yo tampoco pude, y quizá por eso escribo este libro".
Rosa Montero

Marie y Pierre Curie:
pasiones compartidas.

viernes, 3 de enero de 2014

La primera lluvia del año


Lluvia de primavera:


La primera lluvia del año moja las calles,
abre el aire,
humedece mi sangre.
¡Me siento tan a gusto y tan triste, Tarumba,
viendo caer el agua desde quién sabe,
sobre tantos y tanto!
Ayúdame a mirar sin llorar,
ayúdame a llover yo mismo sobre mi corazón
para que crezca como la planta del chayote
como la yerbabuena.
¡Amo tanto la luz adolescente
de esta mañana
y su tierna humedad!
¡Ayúdame, Tarumba, a no morirme,
a que el viento no desate mis hojas
ni me arranque de esta tierra alegre!


Jaime Sabines. 
Poeta Chiapaneco.

martes, 31 de diciembre de 2013

Actitud


La escritora española Rosa Montero, bajo el nombre de @BrunaHusky, escribió en Twitter: "Mi artículo de hoy en EL PAÍS. ¡Último día del año! Mucha actitud y un 2014 maravilloso para todos". 

Así que tomo prestadas sus palabras para cerrar este año impar en las publicaciones de Letranías. 

¡Un abrazo y muchas cosas buenas para el 2014 a todos los lectores!

«Ya sabemos que estas celebraciones de fin de año son una pura convención, pero, ¿no es magnífico que un viejo ritual nos ayude a parar por un instante la velocidad aturdidora del tiempo y a reflexionar siquiera un poco sobre nuestro pasado y nuestro porvenir? O sea, a replantearnos la existencia.

Yo, que ya he vivido lo bastante como para aprender que la felicidad es la ausencia de dolor, me deseo y os deseo eso: un futuro sin demasiados mordiscos. Pero en realidad somos capaces de hacer más, mucho más. Porque no podemos controlar lo que nos sucede, pero sí la manera en que respondemos a lo que nos sucede. Hay que vivir con panache (literalmente, penacho, pluma), como Cyrano de Bergerac, cuyas últimas palabras antes de morir son, precisamente, “mon panache”, un término que representa la virtud de la bravura modesta, de la vitalidad y el sentido del humor ante la adversidad. Tengo un amigo que suele decir, citando a Viktor Frank: “Lo único que no te pueden quitar es la actitud”. Nadie te puede quitar la belleza de los árboles desnudos que se estiran por las mañanas rechinantes de escarcha; la emoción y el orgullo de saber que, si te sucede algo a media noche, siempre habrá un amigo o una amiga dispuesto a ayudar; los momentos de risa y bienestar con la gente que quieres, esas carcajadas tontas y niñas que te dejan sin fuerza en los costados; la pasión de leer, de aprender, de escuchar música, de ver un cuadro hermoso, una película, de pasear por una ciudad, una playa, un monte. La gloriosa sensualidad del cuerpo, de sentirte lo suficientemente sano, de oler y acariciar a un hijo pequeño o a un animal querido, de oler y disfrutar el cuerpo de tu amante. Me deseo y os deseo todo esto en 2014. Mucho panache, mucha actitud y serenidad para saber gozar de la indudable belleza de la vida».

Link a la fuente original: aquí