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sábado, 19 de octubre de 2013

Breve historia del pasaporte que me llevó al pasado

Ligia Cámara, pianista yucateca.

Escrito por Addy Góngora Basterra.
Publicado en el Diario de Yucatán.

2023. Qué cifra escandalosa. Eso pensé cuando vi el año de caducidad del pasaporte que renové hace unos días. Seguramente lo mismo pensé cuando renové el anterior... y aquí estoy con diez años de más, con los años de ahora… ¿en dónde estaré en los que están por venir cuando el tiempo plasmado en mi nuevo pasaporte pierda validez? Me muero de curiosidad, no de incertidumbre. Son dos maneras diferentes de vivir el futuro. Opto la primera y me pregunto: ¿qué recordaré en diez años y qué recuerdo de diez años atrás? … … … me quedo pensando por un momento y me sorprendo porque, de entre todos los recuerdos, brilla un nombre de mujer… ha de ser porque lo traigo a flor de piel.

De diez años atrás recuerdo a Ligia Cámara.

Hace una década trabajé en la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida. Cierta ocasión se organizó una noche de música cubana y contraté a Ligia para que con su Roland inseparable —que sólo un buen piano podía suplir— y Julián López en los bongos, hicieran de una velada al aire libre una noche inolvidable. Y así fue. Ligia tenía una buena cantidad de fans, gente que continuará admirándola y queriendo, porque seguiremos disfrutando su son y el fulgor que del piano sus manos destilaban. No hubo quien pudiera escapar de su algarabía ni quien no quisiera bailar al escucharla.

Pasaron los días y salió el cheque con el que se le pagaría a la artista y le llamé para avisarle. Me dijo que estaba por salir a ver unas cosas y que tan pronto acabara pasaría por el cheque a la Dirección de Cultura. Recuerdo que la esperé en la banqueta para que no tuviera que estacionarse ni bajar. Cuando llegó, detuvo el auto, bajó la ventanilla y en vez de sacar la mano para que le entregara el cheque, sacó su vozarrón y me dijo “Súbete chiquita, vamos a dar una vuelta”. Y la vuelta se convirtió en dos horas. Fuimos a su casa, donde Soco, su hermana, nos esperaba con sandwiches, refrescos y conversación para prodigar sin ton ni son a quien prestara oídos.

—Toca algo, chiquita— me dijo Ligia, que seguramente me vio los ojos llenos de antojo al ver el piano en la sala de su casa. Me senté e hice sonar lo poco que sé. —Pero si aquí la pianista eres tú— seguramente le habré dicho, porque lo siguiente que recuerdo es a Ligia tocando el piano. Tras un par de canciones anunció: "Ahora voy a cantar una mía"... y empezó una melodía que yo no conocía y que ahora, diez años después, escucho perfectamente: "Nunca pensé que yo faltara a mis principios de mujer... nunca creí enamorarme así de ti…" y ahora, mientras esto escribo, veo a Ligia claramente en ese momento… cuando de pronto, sin aviso ni contención, se echó a llorar sin poder continuar la canción.

Esa mañana conocí a una Ligia Cámara viva de amor por alguien a quien conoció de improviso y de quien se enamoró “desde el instante en que te vi frente de mí… me cautivó esa mirada y el sonido de tu voz, mi corazón volvió a latir…”. Ahí estaba la señora del jazz conmovida hasta el llanto por una historia de amor vuelta música.

Tras releer lo anterior, me doy cuenta de las tretas que nos juega la memoria cuando se mezcla con el corazón, porque en realidad quería escribir sobre la nostalgia que me invade cuando hojeo mis pasaportes y veo los sellos, entradas y salidas de mundos, personas y momentos a los que ya no puedo volver porque el tiempo me lo impide, porque hay cosas que una vez que suceden no vuelven a repetirse, como aquel secuestro express musical con el que fui afortunada. Mi pasaporte renovado me llevó al pasado; a revivir un momento que ya no registraba, un encuentro que en sueños deseo tener de vez en cuando: estar cerca de Ligia mientras toca el piano.

viernes, 18 de octubre de 2013

Poemánticos

                                                            A Juan Duch

No. 42
Hoy me bañé con música
de pájaros
y quedé profundamente claro.

Clemente López Trujillo
Poeta Yucateco



jueves, 17 de octubre de 2013

Me voy a hacer el favor de amarte



José María Zonta
Poeta Costarricense. 
Me voy a hacer el favor de amarte
yo
que nunca me traté con amabilidad
que no me quejé si las botas me apretaban
ni protesté por los millones de desayunos fríos

a partir de ahora
me haré el dulce regalo de besarte

tal vez eso no signifique
que duelan menos las palabras que duelen
ni dejar de cortarme al afeitarme el alma

no importa

yo con mis favores me alcanzo
me pongo una mano en el hombro
un abrigo si llueve
y me ofrezco así a los demás

sin el apoyo del gobierno
pero con el aplauso de las flores

voy a hacerme el favor
de bajar del tren
encender el fuego
y amarte.


Para leer más de él en Letranías, click aquí.

martes, 15 de octubre de 2013

De dónde es la cantante. ¿Será de Santiago?

♫♪ A una le dio por el piano
por el jazz y por el blues:
a la otra por el mesabanco,
por la monja De la Cruz.

La una es artista; la otra mexicanista
Una mira al norte/ otra mira al sur/ Una vive en el norte/ la otra en el sur.

Una toca
La otra baila
Una escribe
La otra canta.

Una es Bloom (Blum)
La otra Poot (Put) ♫♪
La pianista y cantante yucateca Ligia Cámara Blum ha tomado un camino diferente. 
Letranías atesora cada momento compartido con ella, cada canción, cada gesto suyo, 
cada carcajada, su música y su vozarrón. 
Mi corazón solidario para su hermana Lía y para su vecina-hermana Sara Poot-Herrera. 
Hoy por la mañana encontré en mi correo electrónico estas palabras 
que con permiso de su autora reproduzco.
Fotografía de © Richard Hamilton Smith.



Para Ligia Cámara

Por Sara Poot-Herrera

Son las 10:34 de la noche de hoy sábado 12 de octubre. Reviso un escrito, largo tiempo guardado y que había hecho a pedido de Carlos Peniche Ponce. Cuando lo leí en aquella ocasión, de pronto un compañero de mesa (un profesor cubano de apellido ruso) me invitó a bailar y lo hicimos al ritmo del “Son de la loma”, tocado por Ligia Cámara, ¡música, mi maestra! (¿no que era un congreso?, ¡cómo han cambiado las cosas!).

Reviso, cambio, actualizo el escrito y lo mando a Maggie Shrimpton y a Raúl Moarquech (sábado, dije, 10:37 pm de Santa Bárbara, y ya domingo en México). Se trata de “La Habana-Mérida: odas de ida y vuelta”. Va dedicado a Ligia Cámara.

Sin esperar respuesta, hoy de nuevo les escribo y les digo: “Podemos quitar todo…, pero no la dedicatoria”.



Allí hablo de Ligia Cámara y de sus hermanas Soco y Lía Genny. Comento lo que nuestro barrio de Santiago, la calle 61 les debe a ellas tres. Unas líneas de lo que he escrito dicen:

Cuánta vida cubana ha discurrido por este barrio, y hay que dar las gracias sobre todo a las hermanas Cámara Blum. Lía Genni y Fidel se conocieron —lo contó ya Joaquín Tamayo— en una “gua gua” yucateca que venía de Valladolid, y después Fidel (¿Alejandro González?) no salía de la casa de mis hermanas las Cámara. 
Pero Cuba ha estado aquí desde “siempre” y ha hecho cubana a Ligia Cámara (yo creo que ya lo era y desde antes de nacer y lo será también en su próxima vida, a donde irá empujando su piano con su piecito y el movimiento maravilloso de sus manos y abriendo olas con su gran voz). En mis recuerdos veo a Ligia y a su hermana Soco en una fotografía con Celia Cruz. Creo que también tienen una con Olga Guillot y que Ligia ha cantado con la Sonora Matancera. Incontables músicos y compositores cubanos han pasado por Ligia Vista Social Club.

Eso lo dije hace dos noches. ¿Ya tan pronto “la próxima vida”? No puedo no mencionar “Cuando tú te hayas ido”. Ay, Rosario Sansores, “me envolverán las sombras”. La oíamos de un modo en voz de Ligia Cámara, y de otro modo la oigo hoy (pero no, no la quiero oír; no, al menos no hoy).

Mejor reviso aquello de “Por divertir mis tristezas”, de nuestro congreso Armonía en las Artes de 2011 en Mérida, estando allí Ligia presente, como también lo estuvo en la otra ocasión, la de La Habana en Mérida. Y resumo (y me asumo):

Por divertir mis tristezas me dio por esta armonía. Y hoy en este encuentro de literatura, música y baile, puedo decir que tuve el privilegio de tenerlos y trenzaditos los tres desde el momento de brincar la cuerdita del cordón umbilical y de empezar a caminar con el pie quebrado, si no de la poesía sí de la música que de la casa de Ligia Cámara cruzaba a la mía.




Todo esto ocurrió en la calle 61, donde tuve la fortuna de conocer desde siempre a quien, manos y voz, amistad y generosidad, es punto de partida de mi memoria en cuanto a la armonía en las artes: Ligia Cámara, mi amiga, mi hermana. Yo siempre creí —y lo sigo creyendo—  que sus diez dedos se multiplican en las teclas blancas y negras de su piano; el dedito gordo del pie, impulsor de su ritmo nato; y su voz, profunda como su idea de la amistad. Vecinas ambas —puerta frente a puerta—, somos “las de la 61”, y me gusta pensarnos como “la letra y la música” que algún día podríamos ser. Y hoy comenzamos.

Es ésta mi propuesta de lectura, una conversación de letra y música con mi musa de la infancia; yo, su muñeca fea, bailaba no en los rincones sino en su jardín cual golondrina (“Golondrinita, golondrinita”), mientras ella tocaba y metía a la 61 el ritmo cubano de la infancia, el mexicano de la adolescencia, el cubano yucateco, el maya de la sabiduría en tiempos modernos. Hablo de la esquina de nuestras casas —El Kiuik Dzotz—, una esquina que es un palíndromo —kiuik kiuik—, plaza de los murciélagos a quienes saludo en día de fiesta en Austin, Texas, donde cada año les dan la bienvenida todos vestidos de Batman, de mujeres maravilla, como lo es la artista que, leal al barrio de Santiago, allí está frente a su gran piano de cola con el que noches y días nos recuerda y adelanta el “cuando tú te hayas ido”.

Ligia es mi infancia y con ella viene la memoria de lo que ella y sus dos hermanas grabaron en el disco suave y duro de la niñez: las ondas de ida y vuelta de la cultura musical cubana. Ligia es mi adolescencia: con ella entró en mi imaginario musical la letra y la tonada del rock mexicano, traído expresamente a su casa desde la ciudad de México. Con Ligia en Mérida me pregunto si Yucatán es o era parte de Cuba o de México.

¿Dónde queda Yucatán, ventana del templo de las siete muñecas donde entra el sol más temprano que en el resto de la república? ¿Dónde nos queda el resto de México que sin esta península no levantaría la cara hacia el mar que nos conecta con otras culturas?

La nuestra, la peninsular, está entre aguas y tierra firme. De tierra adentro nos llegaron, y con Ligia en el piano, “Presumida”, “Popotitos”, “Agujetas de color de rosa”. Yo en la radio diciendo que Manolo Muñoz llegaba a Mérida. Y llegó y no se movía de ¿dónde? De la casa de Ligia Cámara, desde donde ella y él (¿somos novios?) hacían levantar el pavimento con el Rock de la cárcel que muchos años después Ligia tocó en la cárcel de Mérida a donde la invitó Verónica García para amenizar una tarde de alegría fugaz (les pedí permiso para tocarlo, dijo Ligia, no podía no hacerlo, “todo el mundo en la prisión corrieron a bailar el rock”).

¿Quién tocará ahora a ritmo de jazz “Puruxón Cahuich? Quien se fue hoy con “las azules horas”. Las veo, las recuerdo, hermana una, hermanita la otra. Ellas, “Las de la 61”:

A una la cuidó su abuela
a la otra su chichí;
una es hija de Sara Herrera
la otra de doña Tití.

A una le dio por el piano
por el jazz y por el blues:
a la otra por el mesabanco,
por la monja De la Cruz.



La una es artista; la otra mexicanista
Una mira al norte/ otra mira al sur/ Una vive en el norte/ la otra en el sur.

Una toca
La otra baila
Una escribe
La otra canta.

Una es Bloom (Blum)
La otra Poot (Put).

La una es iPot
La otra le hace al rock.

Viven en el kiuik Dzotz, en el kiuik, en el kihuik, en el kiuik.

Tienen que hacer la letra y ponerle la música al rock del kiuik dzotz. Ellas, las de la 61; ellas, letra y música de una misma canción: “Adoro la calle en que nacimos”. Como hace un rato me recordó Oswaldo Estrada (y ustedes son testigos): “sé que le seguirás cantando ‘adoro la calle en que crecimos’”.

Hoy 14 de octubre, día en que se fue también Molly, mi única prima, y que nunca supimos cómo fue y por qué. Mes de octubre, cuando yo creía que la luna era más hermosa. Y lo es. Tanto, que ilumina el camino por donde Ligia Cámara se fue para ser ya y para siempre una estrella más del coro celestial.


Sara Poot-Herrera
Doctora en Literatura Hispánica por El Colegio de México y profesora del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de California en Santa Bárbara.  Es autora de más de un centenar de publicaciones. Ha recibido numerosos reconocimientos, entre otros, el nombramiento como Mujer del Año por la Mexican American Opportunity Foundation (Los Ángeles, California, 1997). En el año 2000 recibió la Medalla Literaria Antonio Mediz Bolio (Mérida Yucatán) y en 2009 el Gobierno de su estado le otorgó la Medalla Yucatán. Es cofundadora de UC-Mexicanistas (asociación de especialistas en estudios mexicanos del sistema de la Universidad de California).


Santa Teresa

Este 15 de octubre 
Letranías recuerda a Santa Teresa 
con esta breve selección de su poesía.

"Éxtasis de Santa Teresa"
Escultura en mármol de Gian Lorenzo Bernini.
Se encuentra en Roma en la Iglesia de Santa María de la Victoria.


"¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas".

Del poema: ¡Oh hermosura que excedéis!

*

"Fuera de ti no hay buscarme,
porque para hallarme a Mí,
bastará sólo llamarme,
que a ti iré sin tardarme
y a Mí buscarme has en ti".

Del poema: Alma, buscarte has en mí.

*

"Vivo sin vivir en mí
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

(...) 

Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero".

Del poema: Vivo sin vivir en mí