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viernes, 27 de septiembre de 2013

VI Aniversario de Letranías

¡Gracias a todos los lectores! 

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Oiga Mire Lea

La vida preestablecida por el género


Fotografía de © Hartmut Loebermann


Escrito por Addy Góngora Basterra. 
Publicado en el Diario de Yucatán.
Link a la edición electrónica aquí.


Niño-Niña, éste es el relato que te acompañará toda la vida.

Eres tan sólo un deseo, Niña-Niño. No eres célula aún y los demás ya buscan, ya sueñan ya proyectan la vida que tendrás, hembra varón, hablan de ti como si te conocieran, varón hembra, huesos y carne serás. Sangre serás. El sexo determinará tus días. Bastará que otros conozcan esa breve parte de tu cuerpo para sembrar expectativas y decidir lo que creerán mejor para tu vida.

Ahora, al mundo que vendrás, Niño-Niña, es urgente saberlo todo y todo puede hallarse en una página web. Vivimos en la era donde hay un click entre la duda y el saber. Basta pulsar enter o dar un golpecito con el dedo índice sobre una pantalla para salir de la ignorancia ¡Plop! como palomitas en el sobre que se hincha dentro del microondas, estalla el conocimiento en los cerebros: bienvenido al siglo de lo instantáneo.

Pero tú, Niña-Niño, no eres fuente que se encuentre en internet. Tu sexo pequeño, Niña-Niño, sólo puede detectarse a través del eco de luz de un transductor espiando el vientre donde duermes. ¡Ahí están los genitales! dice una voz que anuncia la bienaventuranza del arribo de Niña-Niño a la pareja que tanto deseaba que fueras Niña-Niño. ¡Al fin! dice la madre, ¡Al fin! exclama el padre. Y el mundo familiar se llena de bonanza porque han sido escuchadas las plegarias: ya viene a casa Niña-Niño, pequeña vida tan deseada.

Entonces dará inicio, Niña-Niño, la peregrinación hacia el nombre con el que tu mundo te identificará; el nombre bajo el que alguien parecido a ti, Niña-Niño, te amará; el nombre con el que irás a la escuela y con el que irás a trabajar; el nombre que aparecerá en actas, sobres, documentos de identidad, periódicos, páginas de internet, el nombre con apellido, Niña-Niño, que te echará a rodar por ciudades y países en los que te cuestionarás y reiventarás.

Ese es el comienzo del porvenir, Niña-Niño: el ultrasonido. Esa visión determinará el camino que cumplirás ¡será hembra varón! Así, los que han empezado a amarte sin que tú lo sepas, podrán llegar a ti con un obsequio acorde al sexo que el doctor develó. En esta vida todo tiene su color: banderas, polos, géneros.

Hasta que un día, Niño-Niña, lloras a la vida.

En torno a ti y a tu sexo recién nacido se abre la vida establecida para el género en el que tu cuerpo encaja. Pero crecerás, Niño-Niña, y varias veces te preguntarás si tu cuerpo encaja en el género que la sociedad te otorga. Pero vivirás, Niño-Niña, y varias veces te dolerá la vida establecida para el género en el que no encajas.

Como tienes pocos años y aún no piensas —¿de verdad no se piensa? ¿será posible que al crecer todos experimentemos la tristeza de olvidar para sobrevivir en una sociedad que nos contagia su amnesia?—, los adultos decidirán por ti. Te vestirán como Niño-Niña se viste, porque hay prendas que Niña-Niño no se debe poner, eso es de Niño-Niña. Jugarás los juegos que sólo están permitidos para Niña-Niño, porque Niño-Niña no debe jugar con muñecas y porque Niña-Niño no debe jugar con soldados. Tú, Niño-Niña, no lo comprenderás, pensarás… ¿qué tiene de malo si a Niña-Niño le gustan los soldados, qué tiene de malo si a Niño-Niña le gusta cocinar? Será ironía, Niño-Niña, porque para ti no existe el concepto de “maricón” ni “marimacho”, pero será algo, Niña-Niño, que te dolerá al escuchar con los años.

A la gente estas palabras se les han instalado en los labios y las sueltan como disparos.

Niña-Niño… el mundo es tan raro.

@letranias

martes, 24 de septiembre de 2013

Mi olor a ti


Marilyn Monroe perfumándose con Chanel No. 5 en su habitación del Hotel Ambassador, NY.
Fotografía del archivo de © Michael Ochs. 1 de marzo de 1955. 

Leopoldo Alas Mínguez
De "La posesión del miedo".

Toda mi ropa huele a cuando estabas.
Sería al abrazarte -no lo entiendo-
o que estuviste cerca y se quedó prendido.
Si arrimo mi nariz al hombro o a la manga,
te respiro.
Al ponerme la chaqueta, en la solapa,
y en el cuello de un jersey que no abriga.
Aroma de placer, de feromonas,
de recostarme en ti mientras dormías.
Por mucho que la lave, mi ropa lo conserva:
es un perfume dulce que me alivia
como vestir mi carne con tu piel.
Y está durando más que mi recuerdo.
Tu rostro en mi memoria se disipa,
casi puedo decir que he olvidado tu cuerpo
y sigo respirándote en las prendas
que, al tiempo que me visten, te desnudan.
Pero la ropa es mía.
De tanto olerte en mí, tu olor es mío.

Tu olor era mi olor desde el principio,
fue siempre de mi cuerpo, no del tuyo,
de un cuerpo que lo tengo a todas horas
para quererlo entero como jamás te quise
y olerlo de los pies a la cabeza.
Es el olor de todas mis edades,
del niño absorto y puro,
del claro adolescente eléctrico y espeso,
de un joven con insomnio que soñaba
fantasmas del amor, y es también el olor
que al transpirar mis sueños
dejaron en las sábanas.

Quién sabe tú a qué aspiras sin este efluvio mío,
sin mi esencial fragancia.
Estando en compañía, serás siempre la ausente
igual que si te fueras o no hubieras llegado.
Pues no olerás a nada, no dejarás recuerdo
ni podrás despertar auténtico deseo
ni embalsamar las yemas de los dedos
que un día te acaricien
con un perfume físico y concreto.
Serás para el olfato de los otros
como un espejo para los vampiros.
Y yo atesoraré con más fe que codicia
este perfume dulce de mi cuerpo
que descubrí contigo.
Si quieres existir, respíralo de nuevo.

Elizabeth Taylor y Jane Powell en una escena de la película "A date with Judy", 1948.
Fotografía de © Underwood & Underwood


lunes, 23 de septiembre de 2013

Melody Gardot, una alquimista del jazz


Melody Gardot
Por Addy Góngora Basterra (*)
Publicado en el Diario de Yucatán.

Llevo semanas hechizada por Melody Gardot.

Es un deleite lo que logra con sus músicos, espectáculo sinónimo de gozo, porque eso provoca la voz de esta mujer que canta con el capricho de una diosa. Enamora el talento de sus veintiocho años —tan diferente a cantantes estadounidenses de su edad— que la ha llevado a los mejores teatros y festivales del mundo.

Así como Frida Kahlo pintó su dolor, Melody Gardot transformó el suyo en melodía, obteniendo virtud de una desgracia. A ambas un accidente les cambió la vida. Frida tenía dieciocho años cuando su cuerpo vivió una tragedia a bordo de un tranvía; Melody tenía diecinueve cuando, montando bicicleta, un automóvil la atropelló. En una sociedad como la nuestra ambas serían señaladas como mujeres “discapacitadas” y sin embargo, cada una a su manera, ha hecho lo que muchas personas no podemos hacer. Tras la experiencia del dolor y la cercanía a la muerte, resignificaron sus vidas al ser alquimistas de lo que su cuerpo padecía.

Melody Gardot es por sí misma el espectáculo. Embelesa su finura, el júbilo con el que toca el piano, la elegancia con la que abraza la guitarra, la galanura con la que se acomoda el cabello, siempre diferente, para cantar; la cortesía con la que saluda al público en francés, el respeto y la admiración que expresa por sus músicos, todos ellos prodigiosos y apasionados —¡qué placer es verlos hacer lo que les gusta! —, amalgama de primer nivel que le da a sus conciertos la categoría de imperdibles. Porque Melody Gardot es de esas cantantes a las que hay que ver, no basta escucharla, no, hay que verla, hay que admirar su salud vuelta belleza melódica, su voz como una dádiva para quienes tengamos la fortuna de disfrutarla ya sea en una butaca del Olympia de París o a través de youtube, donde para nuestra fortuna podemos encontrar grabaciones, con excelente calidad, de sus presentaciones.

El jazz es un género exigente y Melody Gardot lo engalana, lo luce, lo lleva por el mundo en los pasos que acompaña el bastón que le da seguridad y que magníficamente suple con el piano o la guitarra, instrumentos que no solamente la equilibran, sino que reafirman su lugar en el mundo.

Melody Gardot en sesión de fotos para la revista Vogue

Melody Gardot —cuya mirada protege con gafas oscuras— no solo canta, también compone temas que la sitúan al nivel de grandes creadores, inventora de emociones, sonidos, sensaciones; es una viajera incansable que toma lo mejor de cada lugar que visita, por eso Lisboa, Buenos Aires, Marruecos, España, Brasil se derraman en su música y en sus composiciones. En su música encontramos reminiscencias del fado, de la samba, morna, flamenco y bossa nova; la influencia de Elis Regina, Duke Ellington, Stan Getz, Amália Rodrigues, Sarah Vaughan y Ray Charles en una voz que quizá para algunos atisbe la esencia de la inolvidable Judy Garland.

Cuando canta, Melody Gardot puede tener cualquier edad y ser de cualquier lugar del mundo. Ni su edad ni su nacionalidad ni el idioma son límite para todo lo que ella es capaz. Podemos escucharla en “Mira” o “Baby I´m a fool” de su autoría y sentirnos encantados, como sucede también con “Somewhere over the rainbow” en una versión alegre y diferente; o su interpretación de “La vie en Rose” con firma propia o “Sodade” de Cesaria Evora con sentimiento tal que la vuelve anacrónica.

El arte y la música son alianza de sobrevivencia, curan el alma, porque crear es reinventar, sembrar testimonio de existir. Melody Gardot personifica lo anterior, sirena de escenario que escuchamos fascinados en cada canción con la que honra y celebra la vida.



Al menos una vez por semana descubro una canción o un artista que desconocía. Bondades de la tecnología. Me gusta saber que hay sonidos a los que un día llegaré, que siempre hay algo más, algo que hoy ignoro pero que anda por ahí derrochando para otros su belleza, tal como lo ha hecho para mí Melody Gardot en estas tardes de lluvia y jazz.- Mérida, Yuc.


 (*) Licenciada en Letras Hispánicas y Profesora de Historia del Arte.



Link al video de "Mira"