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sábado, 31 de agosto de 2013

De palabras, amuletos y sorpresas


La onírica cueva de los cristales en Naica, Chihuahua,
que fue descubierta por dos mineros por fortuna y sin querer.


Letranías
No hay para mí un solo día en el que pase inadvertido el sol. Aunque no esté en su presencia, sé que siempre anda por ahí, lo nombro en mis conversaciones y no resisto mirarlo de frente, como si fuera un viejo amor sin cicatriz, una herida ardiente…
Parece que no envejece; por lo contrario, se impone y rejuvenece alumbrándonos con su tiranía y empujándonos a la tregua de un vaso con agua, la bendita sombra de un árbol o al alivio de algún lugar con aire acondicionado.
Qué enigmática estrella es el sol. Pensar que giramos incesantemente a su alrededor, que en este momento la tierra gira sobre su propio eje al tiempo que muy lentamente sigue el curso de una órbita que otros nos han hecho imaginar.
La Tierra tiene tantas cosas gratas para vivir y compartir que no deja de sorprenderme por qué habiendo, literalmente, tantas cosas buenas bajo el sol se enfatiza la violencia y la maldad dejando de lado la hermosura, la alegría ante buenas noticias, placeres diarios y sanos que nos reconcilian con nuestra condición de seres humanos.
A veces me parece que sin darnos cuenta nos vamos acostumbrando a vivir en un mundo que continuamente nos decepciona. Algo nos aleja de lo sensual, es decir, del mundo de los sentidos, de esa capacidad de asombro que cada uno de nosotros posee, eso que nos distingue de otras especies.
¿Qué mundo estamos construyendo si relegamos la destreza sensorial que se nos concede al nacer? ¿A dónde hemos confinado el sentir? Pareciera que muchas de las imágenes de la televisión y que circulan en internet nos fueran entrenando para digerir, cada vez, cosas peores, cosas que no voy a nombrar porque precisamente es la hermosura, la bondad, el bienestar, lo humano, lo que procuro y procuraré en este espacio, porque eso es Letranías, una pausa día a día, una esquina por la cual volver los ojos a la vida, un espacio para la belleza, para las cosas buenas, para todo aquello que vale la pena y que está en la mirada de la gente, en la literatura y la poesía, en la historia del arte, en la cotidianidad de la que cada uno de nosotros es protagonista.
Compartir
Escribir es compartir. Lo creo fervientemente y eso me hace responsable de las palabras que elijo para nombrar. Hay palabras que dichas en ciertos momentos pueden cambiar la vida de las personas.
Hoy elijo una palabra que comparto a modo de amuleto por si a alguien le fuera necesaria: Serendipia. Aunque la Real Academia Española no la reconoce, la vida sí, porque la historia es una sucesión de serendipias: es la suerte de hallar algo de manera imprevista o accidental cuando se espera encontrar algo diferente.
Ejemplo famoso: Alexander Fleming y la Penicilina; la onírica cueva de los cristales en Naica, Chihuahua, que fue descubierta por dos mineros por fortuna y sin querer; el polémico hallazgo del buzo que en una de sus inmersiones encontró las estructuras de Yonaguni, un megalito sumergido en el mar de Japón que parece construido por el hombre.
Una serendipia fue tal vez ese momento en el que saliste a la calle con la decisión de encontrar algo y en su lugar hallaste algo magnífico y distinto a lo que estabas buscando. Tal vez fue así como te enamoraste.
La vida nos da sorpresas en sus esquinas. Si ya te las ha dado, entonces quizá sepas de lo que estoy hablando. Y si no, sal a su encuentro, alguna serendipia te ha de estar esperando. Se trata de vivir. Y además, es fin de semana y fin de agosto. Abre bien los ojos, tal vez septiembre te aguarde un tesoro, algo nuevo bajo el sol antiguo, algo sólo para ti, intransferible y maravilloso.- Mérida, Yucatán.
addy@letranias.com
@letranias
—–
*) Licenciada en Letras Hispánicas
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martes, 27 de agosto de 2013

Un conjuro para Siria

Siria, fragmento de mundo antiguo, 
yo me duelo por ti y contigo, lejos de tu tierra.
Siria, mezquita de Damasco, Califato, Omeyas, 
romana y bizantina, hermosa guarida 
de arte islámico en querella. 
Ojalá mis palabras fueran un conjuro 
que te cobijara y protegiera 
contra lo que otros no consideran.
@letranias

Plano de la ciudad de Damasco, siglo XVII.
Bajo el dominio otomano, la ciudad conoció una de sus etapas más prósperas,
siendo la sede del gobierno de Siria.
Ilustración tomada de aquí.

lunes, 26 de agosto de 2013

"Afirmaciones" de Rufino Tamayo


Rufino Tamayo
(Oaxaca, 1899 - Ciudad de México, 1991)

¿Qué me diferencia de otros pintores mexicanos? Que entiendo hacer pintura universal en vez de pintura puramente localista. Es universal por el dinamismo característico de nuestra época, por la búsqueda de algo que es hoy, consciente e inconsciente, la preocupación de la humanidad: el tiempo, el movimiento.

(...)

El hecho de ser mexicano no me da ninguna primacía sobre quienes no han nacido en mi país, ni pretendo que éste es el mejor del mundo, sobre todo en un mundo donde no hay nada "mejor". Aunque me siento muy satisfecho de haber nacido mexicano, estoy seguro de que también lo estaría de haber nacido en cualquier otra parte. Esto quiere decir que, en última instancia, no son las características que mi nacionalidad me ha impuesto lo verdaderamente importante en mi ser, o en el de cualquier otra persona. Lo fundamental es que soy un hombre igual a otros hombres, dotado igual que ellos, con las mismas aspiraciones y preocupaciones. Uno más entre los hombres de este mundo dividido por prejuicios y nacionalismos, pero unido por la participación común en una misma cultura, la cultura humana, cualquier que sean las formas locales e históricas que adopte. Ser mexicano, nutrirme en la tradición de mi tierra, pero al mismo tiempo recibir del mundo y dar al mundo cuanto pueda, éste es mi credo de mexicano internacional.

Tomado del libro "Textos de Rufino Tamayo".
Recopilación, prólogo y selección de viñetas de Raquel Tibol. UNAM: 1987.

jueves, 22 de agosto de 2013

Vales de despensa


Refri vacío. Hambre llena.
Creo es momento
de cacería posmoderna.
Addy Góngora Basterra

martes, 20 de agosto de 2013

Calle 59

Tarde nublada acentúa el azul pastel.
Torres de catedral son atisbo
de piedra color miel.
@letranias



Casa construida por el Arquitecto Manuel Amábilis Domínguez.
Actualmente es la "Casa de la Cultura Jurídica 
´Ministro Rafael Matos Escobedo´".
Calle 59 no. 458 entre 52 y 54. Centro. Mérida, Yuc.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Arte: Lo que sobrevive


Tassili n´Ajjer, Sahara. Conjunto de bóvidos.

Raoul-Jean Moulin.
Tomado del libro “Fuentes de la Pintura”.

El arte sobrevive a las sociedades que lo engendran y a las mitologías que lo inspiran: las estatuas no mueren; mueren los hombres y sus mitos (…) el arte libera al hombre de las tinieblas, rompe su soledad y le permite comunicarse con sus semejantes, ya que la actividad artística no se aplica solamente a conocer el universo, sino también a transformarlo.

El arte es un acto social; es la acción del hombre sobre la naturaleza y sobre los hombres. En todas las épocas, en el seno de cualquier civilización, el arte construye al hombre, expresa un momento determinado de su práctica de lo real, esa interrogación por medio de la cual la humanidad se plantea los problemas que la experiencia y el conocimiento no pueden resolver todavía.

lunes, 12 de agosto de 2013

El día que supe lo que es un ídolo


Mario Moreno "Cantinflas"

Por Addy Góngora Basterra.

Un miércoles de abril, hace veinte años, mi madre fue a buscarnos a mis hermanas y a mí, como cada día, a la escuela. Cuando llegamos a la casa recuerdo perfectamente lo que había en la televisión: una multitud de personas en la calle y la noticia mayúscula de la muerte de Cantinflas, ocurrida horas antes. Recuerdo las imágenes a blanco y negro. No sé si porque así eran o porque así me hace recordarlas el día lluvioso del funeral y los tres días de luto nacional que declaró el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Mario Moreno tuvo a miles de personas tristes por él en un día de lluvia… “lo más negro que hay es un carro fúnebre cuando llueve”, dice la milonga de Jaime Ross.

La televisión mexicana no se caracteriza por programas de calidad cultural. Ha tenido al país atontado y entretenido durante décadas. ¿Qué identidad quiere forjar la televisión en quien la consume? La respuesta es una invitación a la reflexión. Sin embargo, hay algo que le agradezco al trabajo de Mario Moreno: la producción y transmisión en televisión abierta de “Cantinflas Show”. De niña esperé y disfruté esos dibujos animados sobre temas vinculados a personajes célebres, historia universal, arte y cultura. Ahora youtube es el túnel a través del cual puedo acceder a las cápsulas que me hacían feliz desde que escuchaba la musiquita del opening.




La semana pasada, durante la clase de Historia del Arte que imparto en la UADY, platicaba con un grupo de alumnos sobre la diferencia que sería para nuestro país si las televisoras, al menos media hora diaria, en vez de pasar “talk shows” con nombre de mujer, pasaran cápsulas culturales. O qué sucedería si el tiempo de transmisión que durante décadas le han dedicado a “El Chavo del Ocho” se lo dedicaran a algo formativo y educativo vinculado al arte. ¿Qué consumen, hoy por hoy, los niños en la televisión? Teniendo México tanta riqueza, tanto pasado y tantas cosas buenas, es para mí una vergüenza que el referente mexicano en otros países sea producto de la televisión: el Chavo, el barril y la vecindad en la que vive. Yo no crecí viendo “El Chavo del ocho” y mi identidad como mexicana no tiene ninguna referencia al programa. Nunca lo he visto más de un minuto. A diferencia de “Cantinflas Show”, la sola musiquita del opening del Chavo me alejaba y me sigue alejando de la televisión, si es que estoy cerca de ella. Varias veces me he cuestionado el poder y la manipulación que hay detrás de un canal; pasar todos los días durante tantos años programas que se repiten y no tener la innovación para darle a la gente dosis de algo diferente, dice mucho de quien lleva las riendas. La gente habla de lo que conoce; me queda claro que a quien tiene el control no le interesa que se hable de algo diferente. Tiene razón Groucho Marx: "Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro".

El pretexto de estas palabras es la fecha de hoy, porque Mario Moreno Reyes nació el 12 de agosto de 1911; Cantinflas, el personaje, nació años después, extraído del pueblo mismo. En la entrevista con Jacobo Zabludovsky para el programa “Efemérides” en 1967, Mario Moreno dijo: “… yo, Jacobo, en cualquier condición que esté, soy pueblo y lo seré toda mi vida, porque muchos años y hasta la fecha convivo con el pueblo y sé lo que es el pueblo (…) mi extracción, en el aspecto social, fue muy humilde…”. Quizá por eso el atuendo de su personaje alude a una clase social baja; la gabardina es una ironía, una tira de tela sobre el hombro, por mecate un cinturón, los pantalones maltrechos, facha inolvidable que Carlitos Espejel imitó perfectamente en el programa “Chiquilladas” haciéndose llamar “Carlinflas”.

Paréntesis

Un 12 de agosto nació también Héctor Herrera “Cholo”, ícono del Teatro Regional en Yucatán. El Ayuntamiento de Mérida destaca su legado al teatro designando en el 2013 una presea que lleva su nombre.

Cierro paréntesis

Semanas atrás leí que Óscar Jaenada, actor español, le dará vida a Cantinflas en una película que dirige el mexicano Sebastián del Amo (“El fantástico mundo de Juan Orol”, 2012). ¿Un actor español para encarnar a uno de los personajes más memorables que tiene México?, seguramente nos preguntemos varios. Del Amo declaró en una entrevista que no hubo ningún actor mexicano que lo convenciera (¿Qué pasó, Chato, tan mal estamos?) y agregó que Jaenada tiene rasgos físicos que evocan a Mario Moreno. A fin de cuentas si un actor es un profesional para interpretar un papel, habremos de esperar para ver y escuchar qué tal le salen a Jaenada los movimientos y el acento inolvidable, ahí va a estar el detalle. Después de todo, sin importar la nacionalidad, hay gente a la que no le cuesta trabajo cantinflear. En la cinta también veremos a Bárbara Mori como Liz Taylor y a Ximena González Rubio como María Félix.

Óscar Jaenada


Con los años he entendido por qué Chaplin expresó “En la comicidad, sólo Cantinflas y yo”, por qué el New York Times publicó su obituario, por qué la Real Academia Española incorporó el término “Cantinflear” al diccionario y por qué hay en el Paseo de la Fama de Hollywood una estrella con su nombre.

En aquel abril de 1993, la noticia de la muerte de Cantinflas fue una marea que se expandió rápidamente por medios informativos nacionales y extranjeros. La XEW La voz de América Latina transmitió en vivo la crónica de lo sucedido: “Con el ensordecedor grito de Cantinflas, Cantinflas, han llegado a la cripta los restos de don Mario Moreno Reyes encabezado por su hijo Mario Moreno Ivanova, quien recibe múltiples muestras de afecto por parte de los asistentes (…) Flores vuelan sobre los restos de don Mario Moreno Cantinflas (…) Este es el último adiós que le está dando el pueblo”. De fondo se escucha a la multitud a coro “Se ve, se siente, Cantinflas está presente”. La urna de bronce y plata se alzó para la gente, que aplaudía enardecida, minutos antes de ser ingresada a la cripta familiar. Banderas de México ondeaban en un emocionante sentimiento popular que creo que no ha vuelto a repetirse.

Yo tenía once años aquel miércoles de abril. Ese día supe lo que es un ídolo y cuán grande era el fervor y la tristeza por la muerte de quien tanto hizo reír al pueblo mexicano.




jueves, 1 de agosto de 2013

La tía Pirata


Ilustración: Tatifer.

Escrito por Addy Góngora Basterra.
Agosto del 2013.

Para Lichi y Tere, que de niñas corrían bajo la lluvia.

La tarde es árbol de lluvia que ensombrece y refresca un fragmento de ciudad. Bajo el aguacero, dos niñas se escabullen por la abertura de la reja que limita una casa, corren hacia la calle inundada y juegan a atrapar en puños el agua en bajada. Calor de vacaciones, sol de verano convertido en lluvia y momentos familiares.

Mujeres llaman alarmadas a las niñas, pero ellas no escuchan. O no obedecen. Hay ocasiones en las que no conviene tener oídos para las mamás. El agua ha dejado a los niñas de tal manera que parecen recién salidas del mar; lluvia que ahora es pequeña laguna de ciudad. No hay peligro, no hay rayos, dice una de las adultas. Pero se pueden enfermar, dice la otra. No pasa nada, dice la tía que tal vez nunca sea mamá. Deja la terraza y va hacia la lluvia que las niñas intentan asir como lianas para balancearse en selva imaginada. Tarzanas de tarde pluvial. La lluvia se desploma, atrapa a la tía rescatista, la sujeta por los tobillos, trasmuta en medusa dormida su cabello, se le adhiere al cuerpo, es evocación de una escultura griega viviente, mujer de paños mojados, cuerpo sin edad. 

—¡Esa pirata está tomando nuestros mares! —dice altanera una de las niñas.
—¡Al ataque! —convoca la segunda.

Las niñas se han ganado la complicidad de la tía Pirata, que les sigue el juego. Al ver a sus hijas nadando en el gran charco, las madres gritan infartadas ¡párense y vengan para acá! ¡se van a raspar los codos y las rodillas! ¡se van a morir de algo si se tragan esa agua!  

El aguacero llena de piquetes la calle inundada y entre el escándalo del goteo quedan lejanos e inaudibles los gritos de salvación de las mamás. Ahora la tía Pirata es isla perdida en algún mapa de la infancia, panza a flote, con sus pequeñas islitas —crucificadas boca arriba en el charco— como brotes de tierra en bajamar. Estas son las mejores vacaciones de mi vida, dice una de las niñas con la certeza de sus nueve años. Hacía años que no me divertía tanto, dice la otra con su apenas estrenado lustro de edad.

La tía Pirata y la sobrinería pasan corriendo cerca de las mamás, descalzas y felices, desafiando la autoridad. Van al chorro que cae del techo por el desagüe. Creo que no tiene remedio, dice una de las mamás al escuchar el pedido de la tía Pirata que desvanece a su paso el grito: “Pasen el shampooooo”.

Bajo el chorro de agua cantan y bailan en filita, se turnan para la cascada artificial, concursan por la pose más ocurrente, por el peinado y la barba más extravagante hecha con espuma. Son todas ellas un conjunto escultórico de Fidias, tienen pegada al cuerpo la ropa y la vida, la dicha plena de una casa sin piscina y sin mar, una casa de ciudad que siempre será bendecida por lluvias que saben el camino preciso para llegar y sopesar el calor con frescura y repiquetear.

Lluvias con las que somos privilegiados y de las que hemos aprendido a resguardarnos, olvidando que son felicidad gratuita y natural.