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viernes, 26 de abril de 2013

A veces




 A veces
            alguien te sonríe tímidamente en un supermercado
            alguien te da un pañuelo
            alguien te pregunta con pasión qué día es hoy en la sala
               de espera del dentista
            alguien mira a tu amante o a tu hombre con envidia
            alguien oye tu nombre y se pone a llorar.

A veces
            encuentras en las páginas de un libro una vieja foto de
               la persona que amas y eso te da un tremendo
               escalofrío
            vuelas sobre el Atlántico a más de mil kilómetros por
               hora y piensas en sus ojos y en su pelo
            estás en una celda mal iluminada y te acuerdas de un
               día luminoso
            tocas un pie y te enervas como una quinceañera
            regalas un sombrero y empiezas a dar gritos.

A veces
            una muchacha canta y estás triste y la quieres
            un ingeniero agrónomo te saca de quicio
            una sirena te hace pensar en un bombero o en un
               equilibrista
            una muñeca rusa te incita a levantarle las faldas a tu
               prima
            un viejo pantalón te hace desear con furia y con dulzura
               a tu marido.

A veces
            explican por la radio una historia ridícula y recuerdas a 
            un hombre que se llama Leopoldo
            disparan contra ti sin acertar y huyes pensando en tu
               mujer y en tu hija
            ordenan que hagáis esto o aquello y enseguida te
               enamoras de quien no hace ni caso
            hablan del tiempo y sueñas en una chica egipcia
            apagan lentamente las luces de la sala y ya buscas la
               mano de tu amigo.

A veces
            esperando en un bar a que ella vuelva escribes un
               poema en una servilleta de papel muy fino
            hablan en catalán y quisieras de gozo o lo que sea
               morder a tu vecina
            subes una escalera y piensas que sería bonito que el
               chico que te gusta te violara antes del cuarto piso
            repican las campanas y amas al campanero o al cura o a
               Dios si es que existiera
            miras a quien te mira y quisieras tener todo el poder
               preciso para mandar que en ese mismo instante se
               detuvieran todos los relojes del mundo.

A veces
            sólo a veces gran amor.


José Agustín Goytisolo. Poeta Español.
De: “A veces gran amor”

miércoles, 24 de abril de 2013

Seis libros, un niño y los bomberos


Fragmento de la entrevista de Tere Góngora Basterra al dramaturgo cubano Salvador Lemis el 10 de septiembre del 2009. Fue la primera emisión del programa de radio "Lee sin pretextos" que durante meses se transmitió online todos los jueves.

Tere: ¿Por qué leer?
Salvador: Leer es viajar, transportarse a otros mundos, visualizar otras personas, soñar, trasladarse. Y yo recuerdo que pasé por las tres bibliotecas más grandes que había en mi ciudad, Holguín, desde niño ahí leí mucho. Una viejita me prestaba todos los días seis libros que yo tenía que devolver o al día siguiente o dejando un día por el medio, y me los leía todos. Me prestaba libros de seis en seis. Recuerdo una vez. Estaba yo tan pequeñito que las bibliotecarias no supieron que yo me había quedado leyendo, cerraron la biblioteca y se fueron. Yo me sabía el teléfono de mi casa y llamé a mi mamá, y le dije, “Mami llama a los bomberos porque me quedé encerrado…” y mi mamá llorando al otro lado del vidrio y el niñito ahí… que se había quedado detrás de un libro…

lunes, 22 de abril de 2013

Haroldo de Campos, uno de los grandes poetas.



Haroldo de Campos
Poeta brasileño



Por Guillermo Cabrera Infante.
Publicado el 29 de agosto del 2003 en El País

Me entero por el diario EL PAÍS de que ha muerto Haroldo, el único Haroldo posible. Nadie me dijo que estaba tan enfermo. Sí, sabía que tenía diabetes y vivía con sobrepeso. Pero para mí, Haroldo era uno de los inmortales. Le conocí hace años, aquí, en Londres, cuando visitaba con gran recocijo la colonia cultural que tenían Caetano Veloso y Gilberto Gil. Nos reíamos mucho a pesar de que tenía una pierna enyesada y se movía con dificultad. Fuimos a visitar a "los muchachos" en su guarida de Chelsea y allí Haroldo estaba a sus anchas, y aunque no era Navidad, Haroldo parecía una versión brasileña de Santa Claus, y es que era el regalo de sí mismo.

Luego vino a visitarme varias veces y hablamos de un tema inagotable entre nosotros: la traducción y sus consecuencias. Hablamos de lo poco y lo mucho del interés por las traducciones y me aseguró que no le interesaban los best sellers. "¿Estaría más cómodo con un worst seller?". Lo cierto es que nos reíamos bastante. Pero a mí ya me preocupaba mucho la gordura creciente de Haroldo. También le preocupaba a Emir Rodríguez Monegal, el crítico uruguayo, un amigo común de entonces, que hace años que está muerto. Haroldo era un inmortal. Es así que he recibido con sorpresa la noticia de su muerte.

La última vez que nos vimos fue en São Paulo, en un homenaje que organizaron -¿con quién si no?- Caetano Veloso y Gilberto Gil. Haroldo, de animador de la cultura, estaba regocijado y al mismo tiempo asombrado de lo que él calificaba como su poder de convocatoria: había en el auditorio más de dos mil jóvenes que venían, estaba claro, por Caetano y por Gilberto, pero que estaban pendientes del discurso, siempre generoso y bilingüe, de Haroldo.

Ahora, la noticia de su muerte me coge desprevenido y como huérfano: será difícil encontrar a otro hombre tan generoso en su conversación y tan sabio y trascendental en su cultura. Mi homenaje, aunque tardío, no debe ser menos sentido. La cultura de São Paulo, la cultura de Brasil, la cultura en general, no será la misma sin la presencia de Haroldo, voluminoso y sensible y dadivoso. El recuerdo es, por vivo, doloroso y permanente.

Pero hay que recordarlo vivo y con risas, como las que le asaltaban cada vez que me hacía leerle el principio de Tres tristes tigres, ése que habla de un Brasil digno de Carmen Miranda. Nada lo hacía reírse tanto.