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sábado, 2 de febrero de 2013

Cacatúas ruborizadas y Milan Kundera


Cacatúa Ninfa o Carolina
Fotografía de Diane Miller


Fragmento del libro “La Identidad”
del escritor checo Milan Kundera.


Jean-Marc había inscrito el rubor de Chantal muy al principio del libro de oro de su amor.

Se habían visto por primera vez en medio de mucha gente, en una sala alrededor de una larga mesa llena de copas de champán y platos con emparedados, terrinas y jamón. Era un hotel de montaña; entonces él era monitor y le habían invitado, por pura casualidad y tan sólo en aquella ocasión, a unirse a los miembros de una convención que terminaba por la noche con un pequeño coctél.

Les presentaron, de pasada, rápidamente, sin que pudieran siquiera retener sus respectivos nombres. Sólo pudieron intercambiar unas palabras en presencia de los demás.

Sin ser invitado, Jean-Marc acudió al día siguiente tan sólo para volver a verla. Cuando apareció, ella se ruborizó. Se le roburizaron no sólo las mejillas, sino el cuello, y aún más abajo, sobre todo el escote, se puso magníficamente roja ante todos, roja por y para él.

Ese rubor había sido su declaración de amor, ese rubor lo decidió todo.

Casi media hora después, consiguieron encontrarse a solas en la penumbra de un pasillo, sin pronunciar palabra, ávidamente, se besaron.

El que más adelante, durante años, él ya no la viera ruborizarse le confirmó el carácter excepcional de aquel rubor que, en la lejanía de su pasado, resplandecía como un rubí de inefable precio. Luego, un día, ella le dijo que los hombres ya no se vuelven para mirarla. Las palabras, en sí mismas insignificantes, pasaron a ser importantes gracias al rubor al que iban asociadas.

No pudo permanecer mudo ante el lenguaje del color, que era el de su amor y que, unido a la frase que ella había pronunciado, le pareció hablar de la tristeza de envejecer. Por eso, oculto tras la máscara de un extraño, él le había escrito: “Soy como un espía, es usted bella, muy bella”.





viernes, 1 de febrero de 2013

De "El manto y la corona"


Rubén Bonifaz Nuño es y será siempre uno de los poetas predilectos de Letranías. Rindo un sencillo homenaje a sus palabras compartiendo estos sus-mis poemas favoritos del libro “El manto y la corona” (1958), porque son hermosos, porque ayer murió su autor y porque a más de tres estos versos se le acomodarán como un anillo.


3

Hoy recibí algo tuyo: unas palabras
que al mismo tiempo nacen
del lugar apartado que visitas,
y de la más cercana
felicidad con que me ocupas.

Me dices solamente:
"Llegué bien. No lo olvido. Lo acompaño",
y firmas con tu nombre.

Así que no estoy muerto; que respiro
en algún sitio de tu pensamiento:
que una parte tan sólo
de mí se quedó en México, escribiéndote,
mientras que lo que soy de verdadero
está contigo en calles, en jardines.

Invisible camino al lado tuyo,
con los ojos cerrados, esperando
que tú me cuentes lo que miras
para verlo también; quiero mirarlo
para poder, dentro de mucho tiempo,
decirte alguna vez: "¿te acuerdas
de aquel viaje que hicimos?"

Quiero, además, contarte
que aquí también me estás acompañando;
que tan concretos y evidentes
como el lugar en el que aquí descansas,
como la ropa tuya que dejaste
colgada en una perche, están conmigo
tu voz, tus ojos buenos, tu deseo
de hacer el bien. Poblados se me alumbran,
con tu esperanza, el sueño y la vigilia.

Porque tú lo mandaste al despedirnos,
porque soy cosa tuya, he procurado
no sufrir. He querido que no sientas
ningún dolor por causa mía
en este dedo chico de tu mano
que es hoy mi corazón. Porque te quiero
te digo: "No he sufrido."

Dejo ya de escribirte
para seguir pensando en ti. Comienzo
a tratarte de "usted" en mi memoria.
Usted no me ha olvidado;
Yo la estoy esperando. Usted lo sabe.


4

Aunque estés lejos, aunque pienses
que estás viviendo a solas,
siempre que formas o rompes algo,
cuando algo modificas en las cosas
que te cercan a diario, y al hacerlo
sientes que estás abandonada,
que no hay nadie en tu mundo transformado,
no padeces tú sola. Estoy contigo.

Trabajo tuyo y mío
es abrir ventanas, las opacas
paredes, asomarnos a las cosas,
y no quedar en paz, no ser felices
mientras haya tristeza, mientras haya
algo que no esté hecho, mientras llore
sentado en una calle, entre las gentes,
un perro abandonado.

De tanto darse en vano, está dolido
tu corazón que sigue dándose.
Todo lo que tú eres, lo que amas,
crece en tu corazón, y lo desborda, y se despeña
de tus manos abiertas.

Pero no das en vano ya; recibo
lo que dejas caer. Tu desventura
ya no es completa desde que te amo.

Reina desamparada,
señora de las dádivas perdidas:
porque te necesito te hago falta.
Tu soledad no es sólo tuya, es nuestra:
porque te das existo,
y solidariamente respondemos
de la suerte del mundo.


Rubén Bonifaz Nuño.
Córdoba, 12.Nov.1923 - México DF, 31.Ene.2013

Dejo aquí más de su poesía para quien desee adentrarse en sus palabras.


jueves, 31 de enero de 2013

Unicornio marino: el Narval

Por Nevia Leonor Pérez Aguilar 
Estudiante de Biología Marina 
Universidad Autónoma de Yucatán

¿Han escuchado del  narval? Yo lo conocí de una forma nada original: viendo documentales en Discovery Channel. Me llamó la atención por la infantil —pero no despreciable— razón de que su nombre comienza con “N”, igual que el mío.

Se trata de una ballena que vive en aguas árticas —de hecho, más al Norte que cualquier otro cetáceo— donde forma grupos bastante unidos de poco más de veinte individuos del mismo sexo o de la misma clase de edad. En el verano estos pequeños grupos se juntan y forman agregaciones de varios cientos de individuos. Los machos llegan a medir hasta 4.7 metros y las hembras, 4.2. Los adultos tienen motas negras en el dorso pero el vientre es blanco; los individuos viejos se tornan cada vez más blancos —no pude evitar pensar en las canas de mi abuelo—. 

No tienen aleta dorsal sino una cresta carnosa en la mitad posterior de la espalda —no pude evitar pensar en la cresta de los gallos—. En el verano se alimentan de bacalao ártico (Arctogadusglacialis) y bacalao polar (Boreogadussaida) —no pude evitar pensar en el bacalao a la vizcaína de navidad— pero en poca cantidad; durante el invierno se atiborran de Reinhardtiushippoglossoides, no conozco su nombre común, pero es una especie de lenguado con mucho más contenido lipídico —mucho más grasosa— que el bacalao; comen calamares del género Gonatus todo el año. Durante el verano las orcas (Orcinus orca) se alimentan de narvales y cuando llega el invierno los osos polares (Ursusmaritimus) usan el mar congelado como plataforma para alcanzar los narvales y sacarlos del agua para tener una buena charla con ellos… bueno, en realidad para matarlos y comerlos… pero tenía que escribirlo.

(Nota para Nevia: Debo evitar pensar cosas que no vienen al caso).

Y bueno, aquí termina el primer párrafo de datos generales —muy generales— sobre el narval, ahora hablaré sobre su característica más notable y única: su “cuerno” de hasta tres metros de longitud. A propósito, si quieren pueden saltarse los nombres científicos cuando lean, pero yo siento que es una obligación biológica ponerlos, así que tendrán que disculparme.

 Se piensa que el narval es el animal detrás de la leyenda del unicornio. Desde la Edad media, comerciantes y químicos conspiraron para mantener la existencia del narval en secreto, mientras vendían “cuernos de unicornio” a un precio muy alto pues se suponía tenía propiedades curativas. Herman Melville, en su magnífico y gran —¡gran!— libro de 1851, Moby Dick —¿y cuál si no? — escribe:


Por ciertos antiguos escritores claustrales he sabido que este mismo cuerno de unicornio marino se consideraba en épocas pasadas como el gran antídoto contra el veneno, y que, en cuanto tal, los preparados hechos de él alcanzaban precios inmensos. También se destilaba en sales volátiles para damas que se desmayaban, del mismo modo que los cuernos de ciervo se elaboran como amoníaco. Originalmente se consideraba en sí mismo como objeto de gran curiosidad.

Así es como los narvales fueron percibidos en la civilización occidental hasta el siglo XVII cuando aparecieron las primeras descripciones de un pez-monstruo marino.

La verdad es que el “cuerno” es un diente, el canino izquierdo de la mandíbula superior que atraviesa el labio y sigue creciendo; eso de un colmillo que atraviesa el labio puede llevar a algunos a pensar en vampiros mutantes, pero les aseguro que el narval es un cetáceo y no chupará su sangre. Hay una gran variedad en la forma y dimensiones de este diente, algunos son bastante rectos y otros tienen la forma de un sacacorchos; algunos son delgados y frágiles, mientras otros son cortos y gruesos.

En 1758, Linneo —el apasionado-por-el-orden y clasificador-de-plantitas—, usó el nombre científico Monodonmonoceros para la ballena con un diente y un cuerno. Me gusta su nombre científico, es de los fáciles de recordar; también me gusta porque se parece al nombre científico con que me acabo de bautizar: Monocromáticusmonosilábicus. He aquí la explicación: 1) mi pelo y mis ojos son del mismo color: café, café y 2) no soy habladora sino todo lo contrario, tengo desgarradoras historias de bulliyng de la secundaria por causa de esta característica mía, pero regresemos al narval antes de que pueda recordar más.

Ya he aclarado que se trata de un diente, pero no necesitamos ser dentistas para tener curiosidad y preguntar: ¿cómo así?, bueno, seis pares de papilas dentales maxilares y dos pares de papilas dentales mandibulares están presentes en los embriones de los narvales  pero sólo dos pares maxilares persisten y se desarrollan. De estas, los dos dientes anteriores se elongan. Los otros dos dientes permanecen vestigiales. En los machos, el izquierdo de los dos dientes elongados crece (en espiral hacia la izquierda) y sobresale a través del hueso maxilar y la piel del rostro de la ballena… y el resultado es una pieza natural bella, magnífica, asombrosa… y de misteriosa utilidad.

¿Para qué sirve el colmillo del narval? A mí me estorbaría un diente retorcido que sobresale de mi boca pero al parecer a los narvales no ¿por qué?





En Moby Dick—recuerden, escrito en 1851—, hay un capítulo que se llama Cetología, y yo creo que es una gema, dice cosas extrañas, como que las ballenas son peces pero creo que eso contribuye a su encanto; bueno, en este capítulo Melville—¿o debería llamarlo Ismael? — describe muchas ballenas, desde delfines hasta el cachalote, y por supuesto pasa por el narval… y por supuestísimo habla de su colmillo: 

Pero —el colmillo— se encuentra sólo en el lado izquierdo, lo que produce un desagradable efecto, dando a su poseedor un aspecto análogo al de un zurdo inhábil. Sería difícil responder a qué propósito exactoresponde este cuerno o lanza de marfil. No parece usarse como la de hoja de pez-espada o pez-aguja, aunque algunos marineros me dicen que el narval lo emplea como una badila revolviendo el fondo del mar en busca de alimento. Charley Coffin decía que se usaba como rompehielos, pues el narval, al subir a la superficie del mar polar y encontrarlo cubierto de hielo, mete el cuerno para arriba y se abre paso. Pero no se puede demostrar que sea correcta ninguna de esas hipótesis. Mi propia opinión es que, de cualquier modo que este cuerno unilateral sea usado por el narval, de cualquier modo que sea, le resultaría muy conveniente como plegadera para leer folletos.

Literatura más reciente (1981) y sin licencia poética, dice que parece improbable que sirva para alimentarse pues la mayoría de las hembras no tienen colmillos y sobreviven bien; más bien podría servir para que los machos peleen como un modo de establecer su dominancia en la jerarquía social. Los machos pelean de forma no agresiva debajo o arriba de la superficie del agua; el sonido de los colmillos chocando es como el de dos bastones de madera que son golpeados el uno con el otro.

Una hipótesis más nueva (2005) dice que es un órgano sensorial. Se descubrieron  diez millones de pequeñas conexiones nerviosas que van desde el nervio central del colmillo hasta su superficie exterior. Aunque se ve rígido y duro, el colmillo es como una membrana con una superficie extremadamente sensible, capaz de detectar cambios en la temperatura, presión del agua y también gradientes de partículas, ésta última característica les permite conocer la salinidad del agua, lo que podría ayudarlas a sobrevivir en su ambiente Ártico, pudiendo reconocer las características del agua apropiadas para los peces que comen. Estas conexiones sensoriales también proveen habilidad táctil. Al frotar sus colmillos los machos deben experimentar una sensación única.

Pero esto rompe las reglas del desarrollo normal, después de todo ¿porqué se expondrían al  frío ambiente ártico esos millones de caminos sensoriales que conectan al sistema nervioso?

Estas ballenas son misteriosas y sólo una cosa es segura: no padecen sensibilidad dental.

Larga vida-no-en-cautiverio al narval.



Sobre la autora: 

Me llamo Nevia Leonor Pérez Aguilar  y nunca ideé un pseudónimo convincente. Nací en Mérida en el año de gracia de 1991 y estudio Biología Marina en la Universidad Autónoma de Yucatán. Odio que lo definido entre en la definición pero no odio las definiciones negativas. Tengo un hermoso gato, quien siente por mí un auténtico amor por conveniencia.


El texto "Unicornio marino: El Narval" fue publicado en el número 15 de la revista Al Pie de la Letra de la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo.  
¿Te gustaría publicar? Escríbenos a alpiedelaletraum@gmail.com 

miércoles, 30 de enero de 2013

ü

Pingüino es una palabra atacada por las moscas. 


Ramón Gómez de la Serna

lunes, 28 de enero de 2013

Recordando a Martí

(La Habana, Cuba, 28 de enero de 1853 – Dos Ríos, Cuba, 19 de mayo de 1895)



Cerca de la estatua de Martí en el Parque Central de La Habana,
se yerguen veintiocho palmas reales en alusión al día del natalicio de este cubano inolvidable, en enero de 1853.

Fragmento de Tres héroes.


Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar. Y cuentan que el viajero, solo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo. El viajero hizo bien, pues todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él, porque la América fuese del hombre americano. A todos: al héroe famoso y al último soldado, que es un héroe desconocido. Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria.

Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. En América no se podía ser honrado, ni pensar ni hablar. Un hombre que oculta lo que piensa o no se atreve a decir lo que piensa no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permiten que pisen el país en que nació, los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado. El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir en honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado. El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón y está en camino de ser bribón. Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas; el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso, la llama del Perú se echa en la tierra y se muere, cuando el indio le habla con rudeza o le pone más carga de la que puede soportar. El hombre debe ser, por lo menos, tan decoroso como la llama y el elefante. En América se vivía antes de la libertad, como la llama que tiene mucha carga encima. Era necesario quitarse la carga, o morir. 

Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, así como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados. Estos tres hombres son sagrados: Bolívar, de Venezuela; San Martín, del Río de la Plata; Hidalgo, de México. Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.

Bolívar era pequeño de cuerpo. Los ojos le relampagueaban y las palabras se le salían de los labios. Parecía como si estuviera esperando siempre la hora de montar a caballo. Era su país, su país oprimido que le pesaba en el corazón y no le dejaba vivir en paz. La América entera estaba como despertando. Un hombre solo no vale nunca más que un pueblo entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos hombres y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el mérito de Bolívar, que no se cansó de pelear por la libertad de Venezuela, cuando parecía que Venezuela se cansaba. Lo habían derrotado los españoles, lo habían echado del país. El se fue a una isla, a ver su tierra de cerca, a pensar en su tierra.

Un negro generoso lo ayudó cuando ya no lo quería ayudar nadie. Volvió un día a pelear con trescientos héroes, con los trescientos libertadores. Libertó a Venezuela. Libertó a la Nueva Granada. Libertó al Ecuador. Libertó al Perú. Fundó una nación nueva, la nación de Bolivia. Ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos. Todo se estremecía y se llenaba de luz a su alrededor. Los generales peleaban a su lado con valor sobrenatural. Era un ejército de jóvenes. Jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor en el mundo por la libertad. Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres de gobernarse por sí mismos, como el derecho de América a ser libre. Los envidiosos exageraron sus defectos. Bolívar murió de pesar del corazón, más que de mal del cuerpo, en la casa de un español, en Santa Marta. Murió pobre, y dejó una familia de pueblos.

Tomado de: José Martí, Obras Escogidas en Tres Tomos, Tomo II, Editora Política, La Habana, 1980.


Para leer el fragmento que le dedica a Miguel Hidalgo y Costilla, 
publicado el 15 de septiembre del 2009 en Letranías, click aquí.