MAS RECIENTE

lunes, 21 de octubre de 2013

Migrante de mí misma

Aztecas migrando al valle de México.
Fotografía de © Gianni Dagli Orti
Por Rosa Beltrán
Publicado en La Jornada Semanal
Ir al sitio dando click aquí

Uno. Recuerdo una mujer joven, de unos treinta y cinco años, montada en la parte de atrás de una motocicleta, abrazada a un hombre. Está peinada con una cola de caballo y me dice adiós con la mano. El hombre es su amante. Ella se va con él de México a Guatemala. Yo los observo, pensando en la palabra amante; la conozco en teoría pero no en la práctica. Tengo catorce años; la última imagen de esa mujer es la cola de caballo agitándose al viento. Una vez que los veo partir entro en mi casa y me ocupo de revisar las tareas de mis hermanos. A veces, pienso en la mujer que se fue. Esa mujer es mi madre.

Dos. Cuando el otro se va ¿uno inmigra o emigra? Mi padre se había ido ya de la casa y con su partida se acabó la migra. Siendo muy niños mis hermanos y yo, cada vez que hacíamos un estropicio, mi mamá nos decía: “ya verán cuando llegue su papá”. Él entraba a la casa chiflando tan campante y de pronto, al ver la expresión de mi madre, abandonaba su gesto despreocupado y fruncía el ceño. Se convertía en la migra. Hacía reclamos sobre lo que introducíamos en el hogar. Por qué traes (el mal ejemplo, una mala nota, pleitos, majaderías, un gato recogido en la calle), qué sé yo, las posibilidades eran infinitas. Nosotros, en cambio, nunca le reclamamos lo que se llevó. Por ejemplo, a nosotros mismos. Los que éramos, antes de su partida.

Tres. A veces, me da migraña. Al cruzar los aeropuertos, por ejemplo. Tanto revisar maletas, bolsas, portafolios, zapatos, cuerpos a través del arco magnético. Siempre se dan cuenta de lo que traigo. En cambio, nunca son capaces de ver lo que me llevo. Porque es un hecho, cuando regreso nunca soy la misma. Lo veo claramente en las fotografías.

Lo que estoy haciendo aquí es comprobar hasta qué punto están muertas esas otras que me habitan. Me doy cuenta de que lo están y no. Y es que todos somos migrantes de nosotros mismos.

Rosa Beltrán, escritora mexicana.

« ANTERIOR
SIGUIENTE »

3 comentarios

  1. Me ha gustado este texto, profundo, que juega con las palabras del abandono y del regreso. Ambas se amparan en una: Migrar. Quien se va, emigra, pero el corazón del que se queda ¿hacia donde se dirige? ¿Hacia su interior? Entonces inmigra.
    ¿Hacia la vida de quien se va? entonces emigra.

    Mi enhorabuena y mis saludos desde España.

    Entre mis "favoritos" figurará , a partir de hoy, Rosa Beltrán.

    ResponderEliminar
  2. Me he olvidado de identificarme en mi anterior comentario:

    Isabel Fernández Bernaldo de Quirós.
    Sitio web; http://apalabrandolosdias.wordprees.com

    Gracias y un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Como siempre, hermosas selecciones literarias.
    Saludos y más letranías!!

    ResponderEliminar