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viernes, 9 de noviembre de 2012

Eclipse de sol



Virgina Woolf.
Fragmento que encontré al abrir al azar mi ejemplar de la novela "Las Olas", publicada en 1931.

¿Cómo regresa al mundo la luz después del eclipse de sol? Milagrosamente. Frágilmente. Con finas rayas. Cuelga como una jaula de cristal. Es un círculo al que fracturará una menuda jarra. Ahí hay una chispa. Y a continuación un brote ceniciento. Después un vapor como si la tierra estuviera inspirando y espirando, una, dos veces, por ver primera. Y entonces, bajo el aburrimiento, alguien camina con una luz verde. Entonces se desgaja un blanco fantasma.

Laten de azul y verde los bosques, y gradualmente los campos se embeben de rojo, amarillo y marrón. De repente, un río arrebata un azul claro.

La tierra absorbe color como una esponja que bebe agua lentamente. Adquiere peso, se redondea, cuelga pendiente, se estabiliza y se mueve bajo nuestros pies.

Así es como regresó a mi el paisaje; así es como vi los campos rodar con olas de color bajo de mí...

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Soñar y soñar


Haruki Murakami
Fragmento de "Sputnik, mi amor".

Cuando no entiendo algo, recojo, una tras otra, las palabras esparcidas a mis pies y las conformo en frases. Si no funciona, vuelvo a mezclar las palabras y las ordeno otra vez dándoles una forma distinta. Tras repetir varias veces el mismo proceso, al fin soy capaz de pensar como el resto de los mortales. Escribir jamás me ha parecido duro o pesado. Igual que otros niños recogían hermosas piedras o bellotas, yo escribía con entusiasmo. Tomaba papel y lápiz y, con la misma naturalidad con la que respiraba, escribía una frase tras otra. Y pensaba.

(...)

Habitualmente, tomo conciencia de mi identidad en forma de palabras.

(...)

Ya he afirmado antes que dentro de nosotros coexisten inevitablemente "lo que (creo que) sé" y "lo que no sé". A la mayoría de la gente le conviene vivir levantando un biombo que las separe. Porque es más cómodo, más práctico. Pero yo, simplemente, he quitado el biombo. Porque no he podido evitarlo. Porque odio los biombos. Porque yo soy así.

(...)

Lo que se debe hacer es soñar. Soñar y soñar. Entrar en el mundo de los sueños y no salir de él. Vivir allí eternamente.

En los sueños no es preciso hacer distinciones. No lo es en absoluto. En primer lugar, en los sueños no existen fronteras. Y, por lo tanto, apenas hay colisiones. Y, aunque las hubiera, no dolería. La realidad es distinta. La realidad muerde. La realidad. La realidad.

martes, 6 de noviembre de 2012

Entrar a los audífonos

Julio Cortázar, escritor argentino.
Fragmento del relato "Para escuchar con audífonos". 
Del libro Salvo el crepúsculo (Punto de Lectura, 2004). 

Cuando entro en mi audífono,
cuando las manos lo calzan en la cabeza con cuidado
porque tengo una cabeza delicada
y además y sobre todo los audífonos son delicados,
es curioso que la impresión sea la contraria,
soy yo el que entra en mi audífono, el que asoma la cabeza
a una noche diferente, a una oscuridad otra.

El músico alemán Dominik Scherer en la sesión fotográfica para la portada de su disco "Story of a clown". Gracias a Mario Ontiveros por enviarnos la fotografía para esta entrada.

Nomenclaturas acaso significativas: los altavoces también se llaman altoparlantes en español, y los idiomas que conozco se sirven de la misma imagen: loud-speaker, haut-parleur. En cambio los audífonos, que entre nosotros empezaron por llamarse "teléfonos" y después "auriculares", llegan al inglés bajo la forma de earphones y al francés como casques d´écoute. Hay algo más sutil y refinado en estas vacilaciones y variantes; basta advertir que en el caso de los altavoces, se tiende a centrar su función en la palabra más que en la música (parlante/speaker/parleur), mientras que los audífonos tienen un espectro semántico más amplio, con el término más sofisticado de la reproducción sonora.


Gracias a la compositora Angélica Balado por esta imagen
que nos donó a través de la página de Letranías en Facebook.

Cómo no pensar, después, que de alguna manera la poesía es una palabra que se escucha con audífonos invisibles apenas el poema comienza a ejercer su encantamiento. Podemos abstraernos con un cuento o una novela, vivirlos en un plano que es más suyo que nuestro en el tiempo de lectura, pero el sistema de comunicación se mantiene ligado al de la vida circundante, la información sigue siendo información por más estética, elíptica, simbólica que se vuelva. En cambio, el poema comunica el poema, y no quiere ni puede comunicar otra cosa. Su razón de nacer y de ser lo vuelve interiorización de una interioridad, exactamente como los audífonos que eliminan el puente de fuera hacia adentro y viceversa para crear un estado exclusivamente interno, presencia y vivencia de la música que parece venir desde lo hondo de la caverna negra.