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sábado, 13 de octubre de 2012

Analté: El árbol que habla

Labios llenos de palabras

Antonio Mediz Bolio, escritor yucateco.
Fragmento del texto “El árbol que habla”.
Es impresionante saber que en maya puro el libro se llama “Analté”. Esta palabra armoniosa quiere decir “árbol que habla”, concepto para nosotros lleno de poesía y entrañado de simbolismo. Lingüísticamente analizado el vocablo, se descompone así: “Anal”, rumor de voces (ruido grande de palabras de gente, dice la autoridad del Diccionario maya de Motul), y “té”, que significa vegetal, madera o árbol. Así, los mayas, describiendo con su espiritual sentido de las cosas la material consistencia del libro, hecho de corteza vegetal para que en él hablara la sabiduría, le dieron ese sugestivo nombre: “el árbol que habla”.

Sin querer, uno recuerda la leyenda oriental del príncipe hindú que va a la conquista de las tres cosas preciosas: la fuente de oro, el pájaro que habla y el árbol que canta. Los libros cantan en silencio. Los que sabían escucharles ya no existen. Nosotros sólo podemos percibir vagos y lejanos ecos de su voz. Pero acaso llegue el día en que podamos oír y comprender. 

Tomado del libro: “A la sombra de mi ceiba”.

martes, 9 de octubre de 2012

Tantos años de abrazarte

"Los amantes de Valdaro".
Un grupo de arqueólogos desenterró en 2007 dos esqueletos del periodo neolítico que llevaban abrazados más de 5000 años. El hallazgo fue realizado a las afueras de Mantua, Italia. Esta es probablemente la muestra de amor más prolongada en la historia de la humanidad.



La próxima vez que vayan a una librería pregunten por el libro de Víctor Hugo, "Nuestra Señora de París" y lean el final. Ahora, al ver esta imagen de "Los amantes de Valdaro", un abrazo de 5 mil años, recordé ese último párrafo... si alguien lo tiene a mano y lo puede compartir aquí, se lo agradeceré.

... eso escribí hace un momento en la página que Letranías tiene en Facebook y, pocos minutos después, dos lectores (Alicia Carrasco y Carlos Castillo) teclearon el siguiente párrafo: 

... se encontraron entre aquel montón horrible de restos humanos dos esqueletos, uno de los cuales estaba extrañamente abrazado al otro. Uno de los dos esqueletos, que era el de una mujer, conservaba aún algunos jirones de vestido, con todas las apariencias de haber sido un tejido blanco. Se veía también en torno a su cuello, un collar con cuentas de azabache, y un bolsito de seda, adornado con abalorios verdes que aparecía abierto y vacío. Era tan escaso el valor de aquellos objetos que no habían llegado a interesar al verdugo. El otro esqueleto que tan estrechamente estaba abrazado al primero, era de un hombre. Se observó que tenía desviada la columna vertebral, que la cabeza se unía directamente con los omóplatos y una de sus piernas era más corta que la otra. No presentaba, por otra parte, ninguna ruptura vertebral en la nuca y era evidente que no había muerto ahorcado. El hombre a quien hubiera pertenecido debía, pues, haber llegado hasta allí y allí haber muerto.
Cuando se pretendió separarlo del otro esqueleto al que estaba abrazado, se deshizo en polvo.

Esmeralda y el Jorobado... un final que siempre releo en las librerías cada vez que me encuentro esta obra de Víctor Hugo. Y ahora, al leer el comentario en Letranías del Facebook, no pude evitar compartirlo tras evocarlo en la fotografía de "Los amantes de Valdaro".


lunes, 8 de octubre de 2012

Mosaico y Sirenas

"Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola".

Idea Vilariño (18 de agosto de 1920 - 28 de abril de 2009).Poeta uruguaya.


Ulises y las Sirenas
Mosaico inspirado en La Odisea. Museo Nacional del Bardo, Túnez.
El mosaico se encontró en Dougga, uno de los más interesantes yacimientos del mundo romano de África. Cuando quieran ver mosaicos romanos, vayan al Bardo.

domingo, 7 de octubre de 2012

Marchante

"Marchante".
Obra de René Romay, 2012.

Recordando a Gerardo Rod

Gerardo Rod


Así termina: 

Todos conocemos a alguien de inmensidad que ya no existe como gente y peatón. Todos tenemos vidas muy complejas y muy interesantes, y familias donde hay (como diría Ruy Sánchez) “prosa de intensidades”: una tía loca, secretos, sobre todo socorros, una ola singular que no puede ser sustituida, alguien que no cabe en los números.

Todos tienen un nombre que quisieran.

Y yo quiero decir Gerardo Rod.

Y así empieza: 

El siete de octubre del dos mil nueve se murió Gerardo Rod.

Fue mi alumno en 1997 en la Escuela de Escritores de la Sogem, y me dio miedo cuando lo vi en el salón porque tenía una cara de lobo y se fue convirtiendo y acabó siendo en cierta forma mi maestro, porque cuando pensaba en hacer algo siempre se me ocurría pensar qué pensaría él de lo que estaba yo haciendo: esos son los maestros que nos van dando el norte, aunque no ocurra muy conscientemente, ya luego se podrá añadir la conciencia.

... el texto que escribió Eduardo Casar para Letras Libres y que puedes leer completo dando clik aquí