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viernes, 1 de junio de 2012

Julio para empezar Junio



Después de las fiestas

Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.


*


Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago
y cintas que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas
precisamente lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones
cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco
con ese pelo lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino
es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.
Además te quiero, y hace tiempo y frío.


Julio Cortázar
Escritor argentino.
De los primeros amores de Letranías.
Para leer más de él en el blog, click aquí


¡Feliz Junio!
¡Y muchas cosas buenas para la mitad del año restante:
buena música, buenos amigos, buenos libros, buenos rumbos!

Ü




jueves, 31 de mayo de 2012

Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en un fantasma.
Yo soy el lugar de sus apariciones.

Juan José Arreola (1918-2001).
Escritor mexicano. 





martes, 29 de mayo de 2012

Me basta con mirarme en un espejo

Fotografía de Merri Cyr


Vicente Huidobro (1893 - 1948)

Poeta Chileno.

Días y noches te he buscado
sin encontrar el sitio en donde cantas.
Te he buscado por el tiempo arriba y por el río abajo,
te has perdido entre las lágrimas.


Noches y noches te he buscado
sin encontrar el sitio en donde lloras,
porque yo sé que estás llorando,
me basta con mirarme en un espejo
para saber que estás llorando y me has llorado.


Sólo tú salvas el llanto
y de mendigo oscuro
lo haces rey coronado por tu mano.


lunes, 28 de mayo de 2012

La Sherezada de Buñuel


BURTON Richard Francis,
The Book of the Thousand Nights and a Night
El libro de las Mil y Una Noches en 16 tomos.



Tomado de Correo Fantasma de José de la Colina.
Sitio virtual de la revista mexicana Letras Libres.

The Book of the Thousand Nights and a Night, es decir Las mil y una noches en la versión del capitán Richard Burton, es un libro que don Luis Buñuel hallaba curioso y divertido por la increíble abundancia de anotaciones que lo convierten en una enciclopedia de historias, usos, costumbres y mitos eróticos de la civilización oriental.

Una tarde en que, en la sala de la casa de Buñuel en la cerrada Félix Cuevas, Tomás Pérez Turrent y yo revisábamos con él la transcripción de las grabaciones que habrían de integrarse en nuestro libro Prohibido asomarse al interior/ Entrevistas con Luis Buñuel, el cineasta quiso documentar no recuerdo qué asunto de una conversación marginal sobre las diferencias entre las culturas eróticas de Oriente y Occidente. Para mostrar que la proclividad de Burton hacia el ardiente tema del sexo era e-vi-den-tí-sima, don Luis subió a buscar en su misteriosa biblioteca en el piso superior (zona vedada a las visitantes y aun a los amigos más cercanos) el primero de los catorce ¿o dieciseis? tomos de la magnífica edición de The Book of the Thousand Nights and a Night, edición del Borton Club. De nuevo en la sala, y tras servirnos copas de bunueloni (el dry martini al modo buñueliano), nos señaló en el libro una de las primeras notas a pie de página del relato inicial.

Decía la nota: “Debauched women prefer negroes on acount of the size of their parts. I measured one man in Somaliland who, when quiescent, numbered nearly six inches” (“Mujeres depravadas prefieren a los negros por el tamaño de sus miembros. Medí en Somalía el de un hombre que tenía, en estado flácido, cerca de seis pulgadas”). Don Luis, se reía y, ¿refiriéndose al somalí, o al capitán Burton?, exclamaba: “¡Pero vaya animal de hombre!”

Aquel fue mi primer contacto con una versión inglesa del libro de Sherezada, esa hazaña de escritura comparable (aunque tuvo mejor éxito) a la de la busca de las fuentes del Nilo por el erudito, polilingüe y aventurero capitán.

Unos años después, en los primeros meses de 1983, don Luis, dispuesto a “un bel morire”, telefoneaba a los amigos, nos citaba uno por uno en su casa de la Cerrada Felix Cuevas, y, sin solemnidad, y agradeciendo los momentos de amistad compartidos, se despedía aclarando que ya no recibiría visitas de nadie ni respondería al telefono, y luego nos ofrecía un obsequio, algo que lo había acompañado en la vida y en la azarosa carrera en el cine. Si recuerdo bien, a Luis Alcoriza le dejó un manuscrito inédito de Federico García Lorca, a Alberto Isaac la navaja-crucifijo filmada en un famoso primer plano de Viridiana, a Emilio García Riera una colección de fotos de la filmación de La Edad de Oro, a otros algunas otras cosas, y a mí el paquete, envuelto en papel estraza y amarrado con un gruesa cuerda, que contenía los catorce tomos de The Book of the Thousand Nights and a Night.

Unos pocos meses después, el 29 de julio de ese año, al volver yo a casa en una media tarde de lluvia tormentosa, María me dijo haber oído, ¿por Radio Universidad?, la noticia que me entenebreció el día: Buñuel había fallecido unas horas antes.

Los tomos del libro prodigioso, vertido por el capitán Burton a un inglés heteróclito y muy personal, estuvieron por nueve años en un alto estante de mis libreros y, si alguna vez tomé alguno, fue sólo para quitarle el polvo, pues mi pobre conocimiento de la lengua inglesa no es bastante para leer cabalmente la (según Borges) “heteróclita prosa” burtoniana.

De modo que Sherezada estaba dormida como muerta, por falta de un adecuado lector.
Pero ocurrió un pequeño milagro que la despertaría.

Cuando en 2001 mencioné el libro en un ensayo sobre Sherezada, publicado no recuerdo si en Milenio Diario o en Letras Libres, el gran erudito y ensayista José Luis Martínez me ofreció comprármelo; y yo, corto de dinero y pensando que el libro merecía un lector de veras, se lo vendí por algo menos de la cantidad ofrecida.

Y ahora The Book of the Thousand Nights and a Night está, desde hace más de un año, en una de las salas de la Biblioteca México (Plaza de la Ciudadela, 4) que contiene toda la biblioteca joseluisiana.

Allí Sherezada aguarda las miradas lectoras que la despierten para que diga su laberíntico y fastuoso cuento de cuentos.

(Publicado previamente en Milenio Diario)

A Frida...