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martes, 31 de enero de 2012

Acuérdense: fuimos superhéroes.

Casi nunca veo tele y cuando la veo "paso sin ver", como en las cartas.
Sin embargo, hace un rato las imágenes de un comercial me tuvieron unos segundos frente a ella. Mientras tomaba agua, vi una publicidad de Coca-Cola; una publicidad que juega con nuestra nostalgia como nosotros jugábamos a la vida y a un mundo mejor. Si algo tiene en común conmigo quien éstas líneas lee -sea cual sea la edad, nacionalidad, profesión y deseos- es la infancia. Todos fuimos niños y todos tuvimos ese mundo de fantasía, de realidades bañadas por lo que las animaciones y caricaturas religiosamente nos vendían. Por eso estas imágenes nos atañen y conmueven, porque nos evocan y vengo, gracias a Youtube, a echarlo al aire como quien aventara un puñado de escarcha.

Acuérdense: fuimos superhéroes.

Eso es precisamente lo que nos recuerda el comercial. Después de verlo no corrí a destapar un refresco -a pesar de que combinaba perfectamente con el menú de hoy- sino que corro a buscar mi capita roja, porque uno nunca sabe a quién puede salvar hoy.

lunes, 30 de enero de 2012

Bajo una pequeña estrella

Gavilán Fotografía de Sue Flood


Bajo una pequeña estrella


Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce 
después para que parezcan ligeras.


Wislawa Szymborska
Escritora Polaca nacida en 1923 
y Premio Nobel de Premio Nobel de Literatura 1996.