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martes, 31 de enero de 2012

Acuérdense: fuimos superhéroes.

Casi nunca veo tele y cuando la veo "paso sin ver", como en las cartas.
Sin embargo, hace un rato las imágenes de un comercial me tuvieron unos segundos frente a ella. Mientras tomaba agua, vi una publicidad de Coca-Cola; una publicidad que juega con nuestra nostalgia como nosotros jugábamos a la vida y a un mundo mejor. Si algo tiene en común conmigo quien éstas líneas lee -sea cual sea la edad, nacionalidad, profesión y deseos- es la infancia. Todos fuimos niños y todos tuvimos ese mundo de fantasía, de realidades bañadas por lo que las animaciones y caricaturas religiosamente nos vendían. Por eso estas imágenes nos atañen y conmueven, porque nos evocan y vengo, gracias a Youtube, a echarlo al aire como quien aventara un puñado de escarcha.

Acuérdense: fuimos superhéroes.

Eso es precisamente lo que nos recuerda el comercial. Después de verlo no corrí a destapar un refresco -a pesar de que combinaba perfectamente con el menú de hoy- sino que corro a buscar mi capita roja, porque uno nunca sabe a quién puede salvar hoy.

lunes, 30 de enero de 2012

Bajo una pequeña estrella

Gavilán Fotografía de Sue Flood


Bajo una pequeña estrella


Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce 
después para que parezcan ligeras.


Wislawa Szymborska
Escritora Polaca nacida en 1923 
y Premio Nobel de Premio Nobel de Literatura 1996.

jueves, 26 de enero de 2012

¿Para quién haces lo que haces?


Ventana iluminada en París


Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;

para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;

para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;

para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.

Rubén Bonifaz Nuño. Poeta mexicano. 

miércoles, 25 de enero de 2012

¿Y nuestro niño?


martes, 24 de enero de 2012

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj


Fotografía de Lena Johannson


Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Julio Cortázar

lunes, 23 de enero de 2012

Que siempre exista tu cabeza



Fotografía de Ben Bloom



Que siempre exista tu cabeza
a poca altura de la mía

Una ciudad soltando pájaros
bodas
en fin
gaviotas en la espuma

Que haya un tonel de vino negro
como tus ojos
y naves altas y limpias
como la noche

Y tú en medio de todo
juntando lo inconexo.

Heberto Padilla (1932-2000). Poeta cubano.
De "El hombre junto al mar", 1981.

jueves, 19 de enero de 2012

Cien de cine

michael jackson dance moves - Google Search:

No sé quien dijo esto pero es cierto: los grandes bailarines no son geniales por su técnica, son geniales por su pasión.

Dejo este video que recopila cien momentos del cine, cien inolvidables, cien que dan ganas de ver, cien que no me puedo quedar para mi solita en el monitor, cien que me hacen sonreír y mover los pies, así que... ¡aquí van! Pero antes, una curiosidad sobre una celebridad y la frase de una bailarina eterna:
Cuando no estoy sobre un escenario, no soy el mismo, soy diferente. Creo que, en cierto modo, soy adicto al escenario. Cuando no puedo subirme a un escenario durante mucho tiempo, me empiezan a dar ataques y me vuelvo loco. Empiezo a llorar, actúo de forma extraña y descontrolada. No es una broma, me ocurre eso. Empiezo a bailar por toda la casa.
Michael Jackson

Si pudiera decirte lo que se siente, no valdría la pena bailarlo.
Isadora Duncan.


miércoles, 11 de enero de 2012

La Divina

La historia de un niño que quiere aprender a besar... 

Fotografía de Tetra Images



Áurea O. León*

Sus miradas lo han petrificado. Todas ellas son parte de la misma medusa. Ojos negros, marrones, verdes; pestañas muy largas, casi como las piernas, como esos tacones que andan.

Risas: carcajadas de burla, se están mofando de la inocencia. El pequeño trae las mejillas coloradas (de pellizcos, está de más la vergüenza). Sus hombros delgados se contraen al cuello, intentan protegerlo, guardarle la cara.
‘‘¡Ya dejen al niño!’’

Una voz ha imperado. Tan ingrávida que se vuelve parte del ambiente. El aire recompone su circuito, el niño siente los pulmones. Se infla de aire lo suficiente como para abandonar el encogimiento del que fue presa, pero no demasiado como para ser nube y levitar lejos de aquel hervidero. El silencio se quiebra, las mil cabezas de medusa se petrifican, rompe el silencio un paso en agujas.
‘‘¡Dios!’’

La gravedad del asunto desvanece el silencio. Se hacen las risotadas. ¿Lo dije o lo pensé? Consternado levanta la cabeza, la vergüenza lo empuja a esconderla de nuevo. Mira las grietas del suelo, barre con la mirada lo bajo hasta dar con los tacones que quebraron todo, hasta las burlas.

Los chismes no son cojos, ojalá lo fueran; la mujer de tacones que quiebran todo sabe el atrevimiento del mocoso, el niño también lo sabe y si levantara la mirada se daría cuenta que la mujer no lo mira con desagrado ni disgusto.

Poco a poco el niño incorpora la mirada. La va deslizando por la cintura, luego el busto colocado en el escote, el cuello largo, los labios delgados, la nariz pequeña, los pómulos… ¡la mirada estancada en su rostro! y que regresa la mirada al suelo. Le apena verse observado, no por las cabezas de medusa, ellas sólo lo molestan con sus mofas, no comprenden su necesidad.

‘‘Tranquilo’’

Un susurro perfecto le reventó los oídos. No perciben nada más. Ni el sonido de los tacones rompiendo distancias entre él y la Divina. Con un parpadeo comprueba que los tacones están más cerca. No logra comprender si él caminó a ella o viceversa. Elude que el valor lo tuvo él, después de todo, aún niño es hombre.

Un escalofrío le ha erizado la piel al pequeño. Consecuencia de una mano sosteniéndole la barbilla. Un contacto inesperado y frío. Porque la mano de la Divina es nieve, e inesperado parece todo. Como cuando se está aprendiendo a ser ciego, o a vivir; jugar gallinita ciega (juego en el que, a un niño, se le vendan los ojos y se le dan vueltas para marearlo, luego tiene que ir sin saber por dónde anda en busca de sus compañeros. Algo muy similar a la vida diaria). Pero eso un niño apenas se lo imagina, para los chiquillos no hay ceguera que lo borre todo.

Un pensamiento aborda al chiquillo: ‘‘Le gusto’’. La Divina lo mira y sonríe. El niño no alcanza a controlar los latidos de su corazón que van en aumento, el bombeo de sangre cada vez ejerce más presión. El niño abre gigante los ojos, el pánico se le ha subido a la espalda para jorobarlo. Las risas de las serpientes no son un buen augurio. Tiene las mejillas coloradas y el pene erecto.

‘‘¡El mocoso siente, mira como lo has levantado, Divina!’’

El pequeño al verse descubierto intenta ocultar lo obvio con las manos.

‘‘¡Silencio!’’

Una voz gruesa ha imperado nuevamente sobre las mil cabezas de medusa. El niño ha dado un respingo y levantado la mirada que había tirado al suelo. La voz le sonó muy cerca de los oídos y en su capacidad no cabía pensar que aquella voz hubiese salido de los labios de la Divina. Pero si en lugar de haber agachado la vista por vergüenza, hubiese estado mirando a la mujer que le sostuvo la barbilla, ahora estaría consiente que los labios de la Divina se abrieron para dar paso a la orden que acalló burlas. Pero como no fue así, el niño había comenzado a girar el rostro intentando dar con aquel que lo había defendido ya dos veces.

‘‘¿Cuál es tu nombre?’’

Un susurro sale como respiro de su dulce pesadilla. Tras un esfuerzo sobre humano por no tartamudear, el niño entrega su nombre de manera completa, sin pausas trémulas ni accesos de aire no deseado. La Divina saborea el nombre repitiéndolo por lo bajo: ‘‘Octavio’’.

‘‘Sólo cierras los ojos’’

Con suavidad la Divina pasa su mano sobre los ojos del niño para que sus párpados caigan, junto con sus palabras.

‘‘Te relajas’’

Octavio frunce ligeramente el ceño. Siente como la mano de la Divina le da unos golpecitos para en suavizarlo. Luego los golpecitos se repiten en cada hombro. El silencio es sorprendente. Octavio jamás había estado en un silencio tan cómodo.

‘‘Levanta el pico’’

La Divina posa un dedo sobre los labios del niño después de dar la última orden. Octavio tiene los labios en posición de beso cuando el dedo los abandona. La espera jamás será corta, ni aunque sean sólo un par de segundos.

La Divina mira a toda la bola de arpías que se burló del pequeño al llegar con una bolsa de moneditas, pidiendo desesperado a una vendedora de amor que lo enseñara a besar.

‘‘Ya vendrá alguna a pedirme centavitos para sus chicles, y ya verán lo que les daré’’

Los labios de la Divina apenas acarician los labios de Octavio y lo siente sonreír. Entonces ella sonríe y se aleja. Toma la bolsa de moneditas del suelo y da unas palmadas a la cabeza de Octavio

‘‘No necesitabas que te enseñara a besar, pero negocio es negocio, y el dinero ahora es mío’’.


*Aurea O. León vive en Mérida, Yucatán., y escribe cada día mejor.
Ornella Vanoni figura en su repertorio. Lee a Murakami, a Cristina Peri Rossi y a quien le dé la oportunidad. Síguela en twitter @ajaa_ajaa
 

martes, 10 de enero de 2012

Pero qué poco nos enseñan de amor...


Ayer empezaron las clases en la universidad.


Entre ayer y hoy conocí a los nuevos alumnos que tendré en la materia de Historia del Arte y me reencontré con los que ahora estarán en segundo semestre. La primera clase la hemos dedicado a conversar, a conocernos, a reconocernos. Admiro a mis alumnos por su valentía y por su constancia, por su voluntad de aprender, por su talento; muchos de ellos han tenido que enfrentar a quienes les cuestionan con desaliento por qué estudiar Artes Visuales, tanto como muchas veces yo me enfrento a quienes me dicen que dar clase paga poco y apenas alcanza para vivir.


Es cierto, en México ser maestro no es un trabajo bien pagado, no alcanza para vivir, pero si no doy esta clase, me muero. Las horas que tengo en la universidad son un pretexto para hablar de la vida, de lo que siento (¿quién habla, verdaderamente, de sentir hoy en los salones?), de pasión, de la belleza que otros nos han legado, son un pretexto para hablar de lo que me apasiona, son una manera de conocer a personas que, como yo, los mueve el arte para vivir. O como diría "Mal Bicho", la canción de Los Fabulosos Cadillac: "En la escuela nos enseñan a memorizar fechas de batallas, pero qué poco nos enseñan de amor". De ese sentir del que hablaba hace un momento.


En estos dos días he hablado con mis alumnos de cosas importantes que tenemos en común y cosas importantes que cada uno vive. Ellos hacen por mí lo que no hace nadie, porque las cosas que pasan en un salón de clase son muy diferentes a las que suceden fuera de él. Así que estoy llena de gratitud -¡y apenas hemos tenido una clase!- por las conversaciones que hemos tenido. Es triste darse cuenta de que las personas cada vez van olvidando lo que es conversar, el arte de hablar, de hablar bien, sin quedarse en lo superficial. Hoy hubo varios momentos en los que logramos conversar y escucharnos unos a otros con profundidad.


Por eso quiero compartir este video que habla de la gratitud, de cuando hacemos algo por alguien o de cuando alguien hace algo por nosotros. Hay un mundo mejor y ese mundo mejor lo tiene cada uno dentro de sí mismo. Este video es muestra de ello; nos asombra lo que otros pueden hacer por nosotros porque poco a poco nos olvidamos de cómo saber recibir gratuitamente algo que alguien hace por nosotros por la mera voluntad de hacerlo.


Todas las personas tenemos la vida de otras personas a la mano, por lo tanto creo que todos podemos ejercer un cambio, sembrar una voluntad, hacer crecer algo. Hacer que alguien quiera hacer algo por los demás. En mi caso, hablar de Historia del Arte por las mañanas es sembrar algo, es una alegría que comparto con quienes me acompañan cumpliendo con una matrícula de universidad... porque a la larga, lo que se ve en una materia, termina siendo algo que te acompaña de por vida.


Lo que no nace, no crece, así que deseo un nuevos brotes en este semestre.


Addy

lunes, 9 de enero de 2012

Centímetro a centímetro


Fotografía de Silvestre Machado


Rubén Bonifaz Nuño. 
Poeta veracruzano. 

—Piel cabello, ternura, olor, palabras—
mi amor te va tocando.
Voy descubriendo a diario, convenciéndome
de que estás junto a mí, de que es posible
y cierto; que no eres,
ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente,
hallada, concretísima; el abierto
aire total en que me pierdo y gano.

Y después, qué delicia
la de ponerme lejos nuevamente.
Mirarte como antes
y llamarte de "usted", para que sientas
que no es verdad que te haya conseguido;
que sigues siendo tú, la inalcanzada;
que hay muchas cosas tuyas
que no puedo tener.

Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarse a ti por vez primera;
siempre por primera, a cada instante.
Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.

Es como si dijeras:
"Cuenta hasta diez, y búscame", y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara: ¿estás allí?", y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.

jueves, 5 de enero de 2012

El Taj Mahal: capricho y monumento de un amor.

El Taj Mahal. Atardecer sobre el río Yamuna en la India.
Fotografía de Eric Meola.


Por Addy Góngora Basterra. 

A las once de la mañana vi a un amigo poeta. Le dije: Hoy es cinco de enero. Umberto Eco cumple 80 años, ¿sabías? Y él me respondió: Pues Rosario Sansores cumple 40 años de haber muerto… Dije yo, ¿ah sí? y me puse a cantar uno de sus poemas musicalizados… ¿cómo lo sabes?, me interrumpí... Me lo dijeron por ahí, respondió. Ah pues además —seguí con las efemérides— hoy se cumplen… y en mi teléfono hice rápidamente hice la resta de 2012 a 1592 , siempre he sido muy mala con los números por más obvios que sean… ¡420 años del nacimiento de Shah Jahan, el emperador de la India que construyó… y los dos dijimos al mismo tiempo… ¡el Taj Mahal!

Mi amigo poeta se llama Rubén y ve el mundo y las cosas que pasan en él con una virtud que muy pocas personas tienen. Me gusta platicar con él. Se apellida Reyes. Así en plural, para él que es uno solo pero que construye imperios cuando escribe. Para mi el Taj Mahal, le dije, es un gran capricho de amor, una gran promesa de amor para las próximas vidas de dos que se quisieron en ésta con locura.

Y como intercambio al comentario, Rubén me contó esta historia:

Existe una leyenda sobre el Taj Mahal, una leyenda popular que hablaba de la existencia de un segundo Taj Mahal, uno negro. La gente decía que lo veía por las noches, sobretodo en noches de luna. Por más que se han hecho investigaciones y estudios, no se ha podido encontrar ninguna evidencia de vestigios o de cimientos que dijeran que sí existió. Los investigadores han llegado a la conclusión de que lo que se manifiesta y todos ven es el reflejo del Taj Mahal, un reflejo que se ve por las noches desde la otra orilla del lago como la visión de un Taj Mahal negro. Eso es una metáfora del Taj Mahal verdadero, así como la poesía lírica es una  metáfora de la realidad. En este caso, sería una metáfora del monumento al amor.

¿Y por qué un monumento al amor? le pregunto.

Es un monumento al amor porque es el deseo de inmortalizar una relación amorosa que como todas las relaciones, son finitas. En este caso se pretende intemporalizar. Por eso para mí es un monumento. La eternidad del amor. Un intento de eternizar lo que es de por sí finito…

Por unos segundos me quedo pensando en lo que Rubén me dice. Le respondo: 

Pienso en el reflejo y en el amor, qué frágiles son los dos, hay que cuidarlos mucho; un reflejo en el agua es lo más efímero del mundo, basta un manotazo, una brisita para desvanecerlo… y sin embargo, el Taj Majal lleva siglos reflejándose, recreándose noche tras noche, luna con luna en esas aguas... y a todos, aunque nunca hayamos estado ahí, nos sigue fascinando… un Taj Mahal blanco, eterno… que se duplica por las noches y se convierte en negro…

Rubén y yo nos quedamos callados un momento y sonreímos. ¿A qué vine?, le pregunto, ¿por qué querías que viniera? Volvemos a sonreír. Estamos en la Universidad Modelo, en su cubículo. Hablemos de la revista, me dice. Así que nos ponemos a planear el próximo número de “Al Pie de la Letra”, revista de Arte, Cultura y Humanidades de la Escuela de Humanidades. Si a alguno de ustedes le interesa publicar, ¡bienvenidos sean textos, ilustraciones, fotografías, divagaciones! Ya que estamos en confianza, escríbanme directamente a mi correo addycta@hotmail.com

Y bueno (¡muy bueno!), así empezamos nuestra primera reunión del año, hablando del Taj Mahal y de amores que se antojan eternos o con ganas de prolongar para siguientes vidas.

Un año creativo y enamorado tendremos.

¡Feliz 5 de enero!

PS.  Les siembro el antojo de leer sobre el Taj Mahal para quienes no sepan la historia de por qué se construyó y todas las leyendas que giran en torno a él. Transcribo el final de un texto que pueden encontrar dando click en el link que pongo en la última línea, para que así quieran leer todo lo demás y entiendan el por qué del siguiente párrafo y por qué para Rubén y para mí es un capricho y un monumento.



Fotografía de Frans Lemmens


El Taj Mahal es una historia de amor donde todo empezó con una dulce mirada que desató la danza de la realidad, es decir, la existencia de un amor no sólo en la tierra, sino que también en otros mundos. Y como tal, el amante ha inmortalizado a su amada por medio de una construcción que hasta el día de hoy, es una prueba a la existencia del amor, y por otro lado, es una oda al amor. Un amor que hasta hoy, ha marcado el principio y el fin de algo que existe entre los enamorados. Actualmente, las personas que logran visitar el Taj Mahal, sienten una fuerza extraña que invade su mundo. Es una energía que gobierna a todas las historias de amor que han existido en nuestro mundo. Sin lugar a dudas, una inspiración e invitación para enamorarse con locura...






lunes, 2 de enero de 2012

Soles siempre a mano



Pareciera que me voy de viaje. Si alguien en este instante entrara a mi habitación, creería que estoy haciendo maletas o que vuelvo de algún lugar añorado. La cama está llena de ropa desordenada. Como si fuera a empacar o como si estuviera desempacando.


Las entradas nos marcan. Así que por eso, para empezar enero y acabar el primer domingo del año, me puse a ordenar cajones y el clóset, los ganchos sin blusas, los zapatos. Mi cuarto con dos ventanas de las cuales sólo una tiene cortinas y son de papel. Todo mi pequeño hogar se llena de música y de cantos. Decidí meterle disciplina a mi espacio intentando la alegre estrategia que Mary Poppins le enseña a los niños con el mágico tronar de dedos. Lo intenté. No lo logré. Así que blusa por blusa, doblez por doblez, gancho por gancho. Ya está decente el cuarto. Vamos a ver cuánto dura el encanto.


A propósito del viaje simbólico que se me antojó al ver mi cama desordenada (¿a París? ¿a Rio de Janeiro? ¿a Buenos Aires?), pensé en el umbral que traspasamos del 31 de diciembre al 1 de enero entre uvas, abrazos, copas y campanas. ¿Ustedes llevan un cuadernito a mano cuando viajan? Yo sí. ¿Y cuando empiezan el año? Yo también. Esperaba con ansias terminar de deshojar el calendario para empezar a surcar las páginas del cuaderno más bello que he tenido. En la portada un botón chiquito es el centro de un sol. Simplísimo. Chulísimo. Tengo un collar hecho con botones que una amiga argentina me compró en Brasil. Ahora he resignificado ese collar, porque así como en la portada de mi libreta, ahora esos botones son centritos de soles. ¡Tengo un collar de soles!


Pero hablaba de mi cama y la ropa en ella desperdigada. Al verla pensaba: ¿voy a algún lugar o vuelvo? ¿De dónde? ¿A dónde? Veo mi cama y distingo, sobre mis sábanas turquesas, la promesa de un buen viaje de enigmático destino. ¿A dónde me llevarán los días, las semanas, los meses? Ay, esa marea misteriosa que es el tiempo. “El viaje son los viajeros”, decía Fernando Pessoa. Vamos de un año a otro. Viajamos a un año par, sin par, un año que empieza con dos y que termina con dos. Por favor, 2012, que tengas razón. Así que ordeno mi ropa en los ganchos y en las repisas, ordeno mi música, ordeno mis papeles y sirve como pretexto todo lo anterior para empezar a escribir en mi cuaderno e inaugurar en Letranías un año más de compartir lo que voy encontrándome en la vida, no sin antes pedir tres deseos para ustedes:


- Que la vida sea generosa con los ojos que acaban de leer esta línea.
- Que el arte, la música y la literatura cambien sus vidas y se las hagan mejor.
- Que si algún día les hace falta un sol, no olviden buscarse alguno en la ropa: lo más seguro es que en algún lugar del cuerpo tengan un botón.



Addy