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jueves, 5 de enero de 2012

El Taj Mahal: capricho y monumento de un amor.

El Taj Mahal. Atardecer sobre el río Yamuna en la India.
Fotografía de Eric Meola.


Por Addy Góngora Basterra. 

A las once de la mañana vi a un amigo poeta. Le dije: Hoy es cinco de enero. Umberto Eco cumple 80 años, ¿sabías? Y él me respondió: Pues Rosario Sansores cumple 40 años de haber muerto… Dije yo, ¿ah sí? y me puse a cantar uno de sus poemas musicalizados… ¿cómo lo sabes?, me interrumpí... Me lo dijeron por ahí, respondió. Ah pues además —seguí con las efemérides— hoy se cumplen… y en mi teléfono hice rápidamente hice la resta de 2012 a 1592 , siempre he sido muy mala con los números por más obvios que sean… ¡420 años del nacimiento de Shah Jahan, el emperador de la India que construyó… y los dos dijimos al mismo tiempo… ¡el Taj Mahal!

Mi amigo poeta se llama Rubén y ve el mundo y las cosas que pasan en él con una virtud que muy pocas personas tienen. Me gusta platicar con él. Se apellida Reyes. Así en plural, para él que es uno solo pero que construye imperios cuando escribe. Para mi el Taj Mahal, le dije, es un gran capricho de amor, una gran promesa de amor para las próximas vidas de dos que se quisieron en ésta con locura.

Y como intercambio al comentario, Rubén me contó esta historia:

Existe una leyenda sobre el Taj Mahal, una leyenda popular que hablaba de la existencia de un segundo Taj Mahal, uno negro. La gente decía que lo veía por las noches, sobretodo en noches de luna. Por más que se han hecho investigaciones y estudios, no se ha podido encontrar ninguna evidencia de vestigios o de cimientos que dijeran que sí existió. Los investigadores han llegado a la conclusión de que lo que se manifiesta y todos ven es el reflejo del Taj Mahal, un reflejo que se ve por las noches desde la otra orilla del lago como la visión de un Taj Mahal negro. Eso es una metáfora del Taj Mahal verdadero, así como la poesía lírica es una  metáfora de la realidad. En este caso, sería una metáfora del monumento al amor.

¿Y por qué un monumento al amor? le pregunto.

Es un monumento al amor porque es el deseo de inmortalizar una relación amorosa que como todas las relaciones, son finitas. En este caso se pretende intemporalizar. Por eso para mí es un monumento. La eternidad del amor. Un intento de eternizar lo que es de por sí finito…

Por unos segundos me quedo pensando en lo que Rubén me dice. Le respondo: 

Pienso en el reflejo y en el amor, qué frágiles son los dos, hay que cuidarlos mucho; un reflejo en el agua es lo más efímero del mundo, basta un manotazo, una brisita para desvanecerlo… y sin embargo, el Taj Majal lleva siglos reflejándose, recreándose noche tras noche, luna con luna en esas aguas... y a todos, aunque nunca hayamos estado ahí, nos sigue fascinando… un Taj Mahal blanco, eterno… que se duplica por las noches y se convierte en negro…

Rubén y yo nos quedamos callados un momento y sonreímos. ¿A qué vine?, le pregunto, ¿por qué querías que viniera? Volvemos a sonreír. Estamos en la Universidad Modelo, en su cubículo. Hablemos de la revista, me dice. Así que nos ponemos a planear el próximo número de “Al Pie de la Letra”, revista de Arte, Cultura y Humanidades de la Escuela de Humanidades. Si a alguno de ustedes le interesa publicar, ¡bienvenidos sean textos, ilustraciones, fotografías, divagaciones! Ya que estamos en confianza, escríbanme directamente a mi correo addycta@hotmail.com

Y bueno (¡muy bueno!), así empezamos nuestra primera reunión del año, hablando del Taj Mahal y de amores que se antojan eternos o con ganas de prolongar para siguientes vidas.

Un año creativo y enamorado tendremos.

¡Feliz 5 de enero!

PS.  Les siembro el antojo de leer sobre el Taj Mahal para quienes no sepan la historia de por qué se construyó y todas las leyendas que giran en torno a él. Transcribo el final de un texto que pueden encontrar dando click en el link que pongo en la última línea, para que así quieran leer todo lo demás y entiendan el por qué del siguiente párrafo y por qué para Rubén y para mí es un capricho y un monumento.



Fotografía de Frans Lemmens


El Taj Mahal es una historia de amor donde todo empezó con una dulce mirada que desató la danza de la realidad, es decir, la existencia de un amor no sólo en la tierra, sino que también en otros mundos. Y como tal, el amante ha inmortalizado a su amada por medio de una construcción que hasta el día de hoy, es una prueba a la existencia del amor, y por otro lado, es una oda al amor. Un amor que hasta hoy, ha marcado el principio y el fin de algo que existe entre los enamorados. Actualmente, las personas que logran visitar el Taj Mahal, sienten una fuerza extraña que invade su mundo. Es una energía que gobierna a todas las historias de amor que han existido en nuestro mundo. Sin lugar a dudas, una inspiración e invitación para enamorarse con locura...






lunes, 2 de enero de 2012

Soles siempre a mano



Pareciera que me voy de viaje. Si alguien en este instante entrara a mi habitación, creería que estoy haciendo maletas o que vuelvo de algún lugar añorado. La cama está llena de ropa desordenada. Como si fuera a empacar o como si estuviera desempacando.


Las entradas nos marcan. Así que por eso, para empezar enero y acabar el primer domingo del año, me puse a ordenar cajones y el clóset, los ganchos sin blusas, los zapatos. Mi cuarto con dos ventanas de las cuales sólo una tiene cortinas y son de papel. Todo mi pequeño hogar se llena de música y de cantos. Decidí meterle disciplina a mi espacio intentando la alegre estrategia que Mary Poppins le enseña a los niños con el mágico tronar de dedos. Lo intenté. No lo logré. Así que blusa por blusa, doblez por doblez, gancho por gancho. Ya está decente el cuarto. Vamos a ver cuánto dura el encanto.


A propósito del viaje simbólico que se me antojó al ver mi cama desordenada (¿a París? ¿a Rio de Janeiro? ¿a Buenos Aires?), pensé en el umbral que traspasamos del 31 de diciembre al 1 de enero entre uvas, abrazos, copas y campanas. ¿Ustedes llevan un cuadernito a mano cuando viajan? Yo sí. ¿Y cuando empiezan el año? Yo también. Esperaba con ansias terminar de deshojar el calendario para empezar a surcar las páginas del cuaderno más bello que he tenido. En la portada un botón chiquito es el centro de un sol. Simplísimo. Chulísimo. Tengo un collar hecho con botones que una amiga argentina me compró en Brasil. Ahora he resignificado ese collar, porque así como en la portada de mi libreta, ahora esos botones son centritos de soles. ¡Tengo un collar de soles!


Pero hablaba de mi cama y la ropa en ella desperdigada. Al verla pensaba: ¿voy a algún lugar o vuelvo? ¿De dónde? ¿A dónde? Veo mi cama y distingo, sobre mis sábanas turquesas, la promesa de un buen viaje de enigmático destino. ¿A dónde me llevarán los días, las semanas, los meses? Ay, esa marea misteriosa que es el tiempo. “El viaje son los viajeros”, decía Fernando Pessoa. Vamos de un año a otro. Viajamos a un año par, sin par, un año que empieza con dos y que termina con dos. Por favor, 2012, que tengas razón. Así que ordeno mi ropa en los ganchos y en las repisas, ordeno mi música, ordeno mis papeles y sirve como pretexto todo lo anterior para empezar a escribir en mi cuaderno e inaugurar en Letranías un año más de compartir lo que voy encontrándome en la vida, no sin antes pedir tres deseos para ustedes:


- Que la vida sea generosa con los ojos que acaban de leer esta línea.
- Que el arte, la música y la literatura cambien sus vidas y se las hagan mejor.
- Que si algún día les hace falta un sol, no olviden buscarse alguno en la ropa: lo más seguro es que en algún lugar del cuerpo tengan un botón.



Addy