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lunes, 27 de junio de 2011

Amina Arraf: Hay una chica en mi cuerpo

Amina Arraf, veinteañera siria, gay y disidente, era casi una heroína para quienes
seguían su blog, que impactó incluso en la prensa mundial. Un estadounidense
confesó haberla inventado y estalló el escándalo.




Por Ana Prieto
Publicado en Revista Ñ
el viernes 24 de junio de 2011.

La de Amina Abdallah Arraf al Omari era una buena historia. Había nacido en 1975 en Virginia, Estados Unidos, de un padre sirio y una madre norteamericana. Su primera lengua fue el árabe, pues cuando tenía seis meses se mudó a Damasco y allí vivió hasta 1982. La brutal matanza dirigida por el entonces presidente Hafez Al-Assad contra los levantamientos de la ciudad de Hama, obligó a la familia a volver a Estados Unidos ese año, pues el padre de Amina era un conocido activista de buena posición económica, conectado políticamente y abierto opositor al régimen.

A los 15 años Amina supo que era homosexual, y lo revelaría a los 26, con la buena suerte de que tanto su madre como su padre musulmán la aceptaran de inmediato y sin armar ningún escándalo. Al poco tiempo todos regresaron a Siria, donde Amina trabajó dando clases de inglés, hasta que las protestas que empezaron en enero en el sur del país contra el gobierno de Bashar Al-Assad, y que un mes después se extenderían por todo el territorio, cambiaron el ritmo de vida de la sociedad entera.

Fue cuando la madre de Amina y otros parientes huyeron a El Líbano, y ella y su padre decidieron, en cambio, quedarse en Siria. Querían ser parte de la revolución que se gestaba; ser testigos de la nueva época que se inauguraba. Y mientras las tropas de Al-Assad disparaban impunemente contra manifestantes desarmados, mientras tanques militares se desplegaban por las ciudades y las manifestaciones eran reprimidas con helicópteros de combate, Amina inauguraba su blog A Gay Girl in Damascus , que miles de personas y medios de la envergadura de The Guardian y The Washington Post empezaron a seguir. En momentos en que periodistas y observadores tenían –y tienen aún– dificultades para entrar al país, Amina escribía con toda la libertad del mundo desde su condición de “suprema marginal”: había crecido como musulmana en Estados Unidos y vivía como mujer homosexual y opositora en Siria. Lo que tenía para decir era, por donde se mirara, irresistible.

Su post “Mi padre, el héroe”, narraba cómo dos agentes habían irrumpido en su casa a fines de abril, para llevársela por “salafista” y “agente extranjera”, y también por ser lesbiana, en un país en el que la homosexualidad se pena con años de prisión.

Su padre los enfrentó: “Su Bashar y su Maher (hermano menor del presidente) no vivirán para siempre ni gobernarán para siempre y ustedes dos lo saben. Si lo que quieren es un buen futuro para Siria, no se llevarán a mi hija”. Contra todo pronóstico los convenció, y Amina vivió para contarlo.

Sí, era raro. Mientras la Organización de las Naciones Unidas denunciaba ejecuciones y torturas y otros blogueros subían videos de las matanzas de civiles a YouTube, a una lesbiana y a su famoso padre disidente se les perdonaba la vida. Era raro, pero no imposible. Después de todo, ya se sabía entonces que al menos 300 militares sirios habían sido asesinados por negarse a disparar contra los manifestantes. Convencer a dos no sonaba, en ese contexto, tan improbable.

Y el 7 de junio ocurrió finalmente: Amina fue secuestrada en plena calle. Un primo suyo lo anunció en el blog, del que tenía la clave por si a su autora le pasaba algo. Se abrieron grupos en Facebook, se multiplicó la campaña de búsqueda en Twitter, la noticia se difundió por los grandes medios de Occidente, acompañada con fotos de la hermosísima Amina.

Al armarse semejante despliegue, el sitio Electronic Intifada decidió que era hora de anunciar que tenía suficiente evidencia para exponer públicamente la duda acerca de la existencia de Amina Arraf: la comprobación de montajes en fotos tomadas supuestamente en Damasco y posts de Amina en viejos foros, donde ponía como domicilio el mismo de un tal Tom MacMaster del estado de Georgia, con quien compartía a veces la dirección de IP.

Entretanto, Andy Carvin, de la National Public Radio de Estados Unidos intentaba contactar a alguien que la conociera, pero ningún bloguero sirio la había visto nunca y las entrevistas que había dado a algunos medios (entre ellos CNN) se habían llevado a cabo vía correo electrónico.

Todo se definió el 8 de junio: Jelena Lecic, una croata que vive en Londres apareció en el programa Newsnight de la BBC, reclamando la verdadera identidad de la chica de esa foto que circulaba por todas partes bajo el nombre de Amina Arraf. ¿Cómo había llegado su retrato ahí? Alguien, evidentemente, la había tomado de su cuenta de Facebook.

Con el círculo cerrándose a su alrededor, Tom MacMaster, ciudadano estadounidense de 40 años y residente en Escocia, decidió “entregarse” el 12 de junio con un post en el blog que hasta entonces todos adjudicaban a Amina. Decía que no creía haberle hecho daño a nadie, y que había logrado, en cambio, atraer la atención sobre lo que ocurría en Siria. “Era ficción, pero los hechos que presenté sobre Siria, el islam y Oriente Medio son reales”. Después se justificaría de una manera más sorprendente: siempre había querido ser escritor y el personaje de Amina lo ayudó a “soltarse”.

En una entrevista con The Guardian le preguntaron por qué la había hecho homosexual y él contestó “porque era más difícil. Me gustan los desafíos”.

Fue un golpe terrible no sólo para los seguidores de la inexistente bloguera y para los medios masivos que habían difundido su voz sin investigar nunca su autenticidad, sino y sobre todo, para blogueros activistas y para la comunicad LGTB de Siria y otros países de Oriente Medio. El editor del sitio Gay Middle East fue quizá quien hizo el descargo más fuerte de todos: “¡Avergüéncese! Cada día tenemos que lidiar con más dificultades de las que usted puede imaginar. Lo que ha hecho ha perjudicado a muchos, nos pone en peligro a todos, y daña nuestro activismo LGBT. A esto se suma que ahora se dudará de la autenticidad de nuestros blogs. No aceptamos su disculpa.” Lo que escribía Amina y que sonaba “raro”, ahora resulta francamente inverosímil: ¿Cómo pudimos haber creído que una bloguera gay siria pondría su nombre, apellido y foto a menos que fuese una suicida? Con esas negligencias, incluso ponía en peligro la vida de su padre.

Todo parece sugerir que si nos tragamos semejante historia, es porque esperamos que las revoluciones tengan, como en Hollywood, héroes románticos y descabellados que se ajusten a nuestra interpretación occidental de la valentía y la pasión.

Porque si algo puso de relieve la mentira de Tom MacMaster es la predisposición de Occidente a continuar aferrándose a prejuicios e imágenes distorsionadas sobre los pueblos árabes islámicos y su cultura, algo que el palestino Edward Said trabajó profundamente en su libro Orientalismo hace ya más de 30 años. Así, mientras periodistas, manifestantes y blogueros auténticos intentan informar por todos los medios posibles, con cuidado de preservarse a sí mismos y sus familias, miles de personas y periódicos de renombrada trayectoria prefirieron en cambio escuchar y difundir la versión de una hermosa joven sin velo, que escribía en perfecto inglés.

martes, 21 de junio de 2011

El tipo al que Picasso dejó entrar

Picasso, en la primera fotografía que de él tomó David Douglas Duncan.
El museo del pintor en Málaga acoge las históricas
imágenes del artista tomadas por el nonagenario fotorreportero.


Por Ángeles García - Málaga
Tomado de elpais.com

A David Douglas Duncan (Kansas City, 1916) le abrió la puerta Jacqueline, última esposa de Pablo Picasso. Entonces, 8 de febrero de 1956, el universo de uno de los artistas más influyentes del siglo XX, echaba sus placenteras raíces en la Costa Azul, en el exclusivo y célebre refugio de La Californie, en las proximidades de Cannes. La amistad y el respeto que le profesaba Robert Capa eran las únicas referencias que Picasso tenía de Duncan, quien, a sus 95 años compartía ayer anécdotas con contagiosa alegría en el museo del artista malagueño. Se hallaba en la ciudad con motivo de la exposición Picasso crea. A través de la cámara de David Douglas Duncan.

Aquel día de 1956, el fotógrafo llevaba un anillo de oro con una extraña piedra azul. "Que pase", pidió Picasso a Jacqueline desde la bañera. Duncan entró y tomó una de las más célebres instantáneas de la historia de la fotografía: Picasso en el agua mira divertido a la cámara.

La amistad entre ambos se prolongó hasta la muerte del artista, en 1973. Duncan tomó más de 25.000 fotografías. Picasso, en todas las versiones posibles: jugando con sus hijos, en los toros, comiendo, recibiendo a sus amigos y, sobre todo, trabajando.

Último testigo de aquellos días, Duncan conserva en la mirada la energía y la determinación que han hecho de él un ídolo para los fotorreporteros de guerra de todo el mundo, por los servicios prestados en Vietnam, Corea o India para publicaciones como National Geographic o Life.

David Douglas Duncan. Fotografía de Julián Rojas.

El fotógrafo paseaba ayer por Málaga con una Nikon comprada el día anterior. Parecía ese tipo inclinado a la diversión que sugieren algunas de sus fotografías, pese a que en su largo historial figuran dolorosos recuerdos de batallas como la que acabó con la vida de su amigo Capa. Tomaba fotos divertido y se deshacía en elogios a las comisarias Stephanie Ansari y Tatyana Franck. "Es mi mejor exposición. Aprovechen, porque no se verá nunca más".

-¿Con qué armas sedujo al gran hombre para dejarle entrar en su intimidad?

-Nos caímos bien y nos fiamos el uno del otro. No le molestaba ni preguntaba qué hacía. Miraba y disparaba. Sin flas, sin hacer ruido. Con el máximo respeto.

-¿Tuvo algo que ver el anillo?

-Robert [Capa] me había recomendado llevarle algo especial. Y acerté. El oro procedía de unas monedas de Alejandro Magno que me habían llegado a través de mi padre y creo que tenía una energía muy positiva. Hice que tallaran un gallo picassiano. Le agradó.

-¿Cómo se veía su legendaria mirada a través de la lente?

-Era un hombre bajito, pero su mirada le hacía enorme. No estoy seguro de haber podido capturar todo el significado de esa mirada. No era intimidatoria. Era algo misterioso e indescriptible.

Cuando Picasso se colocó en el centro de su objetivo, Duncan no abandonó sus reportajes. Aunque siempre que podía, se dejaba caer por los refugios de Picasso en el sur de Francia. "Verle trabajar era formidable", recuerda. "Con un juguete, cualquier utensilio o el resto de una comida daba pie a una obra de arte. En familia era muy actor. Jugaba mucho con los pequeños. Hacía teatro, se disfrazaba...".

En general, Picasso no permitía a Duncan entrar en su estudio. La excepción que confirmó la regla llegó en un cumpleaños del fotógrafo. El regalo del artista consistió en dejarle entrar en aquel paraíso atiborrado de obras de arte. "Realizaba entonces su versión de las Meninas y me emocionó ver que había pintado a su perro Lumpi".

Como en el célebre arranque de Melville, el artista llamaba a Duncan Ismael. "En hebreo viene a significar algo así como 'Dios me entiende". El apelativo tiene algo de metafórico, cuando se escucha al fotógrafo desmontar los mitos falsos sobre Picasso. Como ese que afirma su condición de mujeriego. "Le conocí ya con Jacqueline y nunca le vi mirar a otra mujer, pese a que había muchas que sí le miraban a él. No era de esos hombres que las persiguen o acosan como Dominique Strauss-Kahn".

jueves, 9 de junio de 2011

La Guitarra de Google


Hacía tiempo que Google no sorprendía con un «doodle» en movimiento, pero esta vez lo ha vuelto a hacer transformando su habitual logotipo en las cuerdas de una guitarra.

Con motivo del aniversario del nacimiento del guitarrista de jazz Les Paul, el gigante de internet ha diseñado su logo con unas cuerdas de guitarra, de tal manera que al pasar el ratón por encima de ellas se puede componer una melodía.

Les Paul nació en Nueva York el 9 de junio de 1915. Se convirtió en un reputado guitarrista de jazz estadounidense y una de las más importantes figuras en el desarrollo de instrumentos musicales eléctricos y técnicas de grabación.

Otros «doodle» de Google

Los «Google Doodles» son originales y creativos logotipos personalizados que Google incorpora ocasionalmente en su página principal con el objetivo de conmemorar acontecimientos.

Pueden ser el nacimiento de una personalidad, como el nacimiento del Gran Houdini, el aniversario de un descubrimiento, como el de los rayos x, o su empatía ante el dolor que provoca un gran atentado, como expresó poniendo un lazo negro en comnemoración a las víctimas del 11-M.
Tomado de:
http://www.abc.es/20110609/medios-redes/abci-doodle-sonoro-201106090325.html


¡Vayan a www.google.com!
!Una canción inédita que saldrá del puntero del mouse los espera!

martes, 7 de junio de 2011

Henry Miller


Henry Miller atrapado en una imagen
por el célebre fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson


La mayor parte de la escritura
se hace lejos de la máquina de escribir.

Henry Miller


Novelista estadounidense.
Murió un 7 de junio como hoy hace 31 años.

domingo, 5 de junio de 2011

ABC, dos años después: por un país mejor para nuestros niños mexicanos

Dos años después del incendio en la Guardería ABC.
Fotografía de José Luis García

Por Addy Góngora Basterra

Nayeli, el viernes 5 de junio de 2009, iba a vestirse, una vez más, con su disfraz de princesa al llegar a casa. El mismo vestido que sus padres abrazan desconsolados cada vez que lo ven, colgado e inmóvil, de un gancho en la pared.

Julio quería ser superhéroe y tener para siempre su piñata de Hombre Araña junto a su cama. La piñata que defendió llorando en su cumpleaños para que nadie rompiera a golpes y de la que sus hermanos no quieren deshacerse.

María era muy pequeña para hablar, pero tenía una mirada que todo lo decía y una sonrisa que no se marchita a los ojos de quienes la amaron. Sonrisa de esas que tienen los niños de brazos cuando alguien, aunque sea un extraño, le hace muecas y a cambio obtiene el gesto auténtico y bendito de un alma sin malicia.

Misael vio el fuego y respiró el humo negro que como un monstruo de mil cabezas se fue enroscando en el aire dando señal de la tragedia. Cerca de las cuatro de la tarde, entre el sonido catastrófico de las sirenas, su madre corrió a buscarlo. Llevaba con gritos el nombre de su hijo. Entre el caos vio a las maestras, carcomidas de culpa y ansiedad ante la marea ardiente y el humo implacable que hubieran querido impedir de alguna manera. Les preguntó por su hijo; nadie pudo decirle nada. Hasta que lo vio. Misael estaba vivo, en shock, aparentemente a salvo, sin saber que después sus pequeños pulmones padecerían los estragos.

El 5 de junio del 2009 nunca será fecha cicatrizada, no es un día que pertenezca al pasado. Es un viernes que muchas familias viven crudamente cada día, herida que dolerá toda la vida, porque no hay consuelo ante el dolor de ver sufrir a un hijo, o peor aún, ante el dolor sin nombre de haberlo perdido.

Si la muerte en este mundo es un nacimiento en otro, en algún lugar todos los niños de la Guardería ABC habitan un mundo de fantasía, el lugar donde sus caricaturas favoritas son la realidad y ellos son superhéroes y princesas. En algún lugar están todos juntos, a salvo, sin dolor ni injusticias. Ahí, entre juegos y canciones, esperan que todos aquellos a quienes amaban y todos aquellos que los amaron, lleguen a continuar lo que en esta vida les fue interrumpido, porque no hay justicia que alcance para regresarlos con la piel intacta y con vida a sus familias.

Pero ya sabemos que lo que se mira con el corazón es para siempre, nunca muere. Por eso estos niños son recordados con infinito amor todos los días y de manera especial el día que nacieron: los vemos sonrientes en su última fiesta de cumpleaños en una fotografía colgada en internet, con mensajes de amor incondicional de sus familias. Las velitas del pastel cada año aumentan en festejos virtuales… uno, dos, tres añitos… mientras ellos están en el lugar que nosotros llamamos cielo, con la esperanza de que aquí en la tierra, con el legado que esos angelitos nos dejaron, juntos construyamos un país mejor y más seguro para nuestros niños mexicanos.

AGB




Notas relacionadas:

Wikipedia: Incendio en la Guardería ABC
http://es.wikipedia.org/wiki/Incendio_en_la_Guarder%C3%ADa_ABC


Cobertura.- Caso ABC: La vida después de la tragedia. http://www.eluniversal.com.mx/coberturas/cobertura104.html

viernes, 3 de junio de 2011

Sal con una chica que lee


Fotografía de Francesca Cambi


Por Rosemary Urquico

Tomado de la edición electrónica
de la revista www.elmalpensante.com
Mayo de 2011 - Nº 119 | Bogotá, Colombia.

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.


Tomado de aquí

Sal con una chica que no lee


Tomado de la edición electrónica
de la revista www.elmalpensante.com
Mayo de 2011 - Nº 119 | Bogotá, Colombia.

Por Charles Warnke.

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Tomado de aquí

jueves, 2 de junio de 2011

Historia de la bugambilia bicolor y un limonero hecho taco


Esta es la historia de una bugambilia bicolor que floreció sin riego, rosa fusionada con hojas color lengüita de encendedor, hija del calor y brote terco. Esta es también la historia de un árbol de limón, desterrado de mangueras, con hojitas tímidas y plegadas como si tuvieran pena.


El patio de mi casa (♫ es particular ♫) ha tenido algunas bajas en lo que a macetas se refiere debido al calor que en los últimos veinte días ha sido superior a los 40 grados. En vez de jardín tengo grava y eso, para las plantitas, es fatal. Así que no ha sido extraño encontrar una que otra en sepia. Y sin embargo, una bugambilia que no sabía que existía, ha florecido. Ayer vi un atisbo naranja, pero como no llevaba los lentes puestos, pensé que eran hojas marchitas. Mi madre se ríe porque un día le confesé que lo que ella cree que tengo de creatividad, en realidad es miopía: como no veo de lejos me imagino cosas. Así que no creo mucho en lo que veo sin lentes y por lo tanto, desde hace dos días, sentencié como algo moribundo lo que en realidad es el prólogo de una bugambilia que presume a dos voces sus colores.


Además de la nueva integrante, tengo otras plantas. Algunas de ellas están sobre el pozo, disputándose la sombra que el árbol de caimito pone a temblar, como tratando de repartir un poco de tregua ante el sol implacable de Yucatán. Estoicamente una maceta con Chiles Parados se ha defendido y sigue ahí, con los chiles pidiendo agua como esos peces que están a ras de la superficie dando bocanadas, confesando algún misterio de ondas concéntricas. No me sorprende que el redondel del pozo esté florido porque a las macetas con Mañanitas, las riego todos los días, flores silvestres que en las horas más soleadas son un carnaval y que pienso que son como los gremlins pero de las flores: se reproducen cuando se mojan. Tengo en el refri agua especial para ellas y para Petri (que es cuna de Moisés y vive adentro de la casa) porque con el calor protagónico del que todo mundo habla, por las tuberías corre agua caliente —aún por la noche— y regar las macetas o darse un baño con agua indeseable es poco grato.


El árbol de Caimito y la reciente bugambilia comparten terreno con dos árboles más. Un naranjo y un limonero. Pero de quien quiero hablar es del limonero y de sus ramas de las que cuelgan taquitos verdes, porque así están hechas las hojas, taco. Por lo tanto he decidido meter otro garrafón al refrigerador para que cuando llegue su momento, haya jugo adentro de cada limón y así mis querencias vengan y cosechen los frutitos de la perdición para acompañar con gotas de felicidad clamatos, vodkas, tequilas, cheladas, micheladas, mangos, historias y canciones. Con esa agua fría se regará también la bugambilia, cuyo color reflejo del calor es bienvenido en mi ventana. Veremos cuánto me dura el gusto, porque no tarda en llegar Godzilla (gran tolok villano de mi patio) a devorar de un bocado —como es su incontenible costumbre— cada intento de color en las macetas, en las plantas, en las ramas.


O tal vez habría que cantar letras que hablen de aguaceros, poner a coro a los cenzontles que en estas ramas tienen su casa y pentagrama, para invocar a Chaac —dios maya de la lluvia— para que en alianza con Tláloc nos den el gustoso olor a tierra mojada; para que la ciudad respire perfumada y todo se llene de agua, hasta ahí, donde no llegan cubetas, garrafones, regadores ni mangueras… tal vez así dejemos de tener los talones cuarteados, plantas de los pies mimetizadas, solidarias con la tierra, por esa lluvia que tanto necesitamos y no llega.