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viernes, 31 de diciembre de 2010

Hace diez años


Se acaba un año pero también se acaban diez.

Hace diez años. Cuántas historias de uno mismo pueden acomodarse. Cuánta música. Cuántas conversaciones. Cuántos momentos que no regresan y que quisiéramos que no se desvanecieran del recuerdo, memoria que quisiéramos retener para siempre, como quien capturara entre las manos un pajarillo que siempre está aleteando recordándonos su belleza, su libertad…

Hace diez años empecé la segunda década en mi vida. ¿♫ Que veinte años no es nada ♫?, sí es algo, sobretodo, si también como en el tango, le agregamos un ocho —ese paso de baile tan seductor y tentador— años más que suficientes como para perderse voluntariamente en la vida y viajar y conocer y enamorarse y gozar y padecer y aprender ♫ y el amor, el amor, el amor… ♫

Hace diez años estaba mi hermana en la casa; la madre de mi padre cocinaba, el padre de mi madre nos compraba castañas.

Hace diez años… la vida pasa. Pasa lenta cuando quisiéramos que fuera rápida, pasa rápida cuando quisiéramos pausarla. Pasan cosas. Pasan personas. Pasamos nosotros. Pasa lo que no quisiéramos que pasara. Pasa, todo pasa, ♫ hasta la ciruela pasa ♫, como cantara Liliana.

Hace diez años conocí a una mujer que desde el primer día de vernos fue mi amiga y hace cuatro que un cáncer la acabó. Era rubia, linda. Me enseñó que por cada pérdida, por cada despedida, hay un encuentro que, si bien no suple ni justifica esa carencia, nos alegra el corazón. La vida siempre está llena de bienvenidas.

Hace diez años muchas personas que hoy tengo cerca eran parte de la sección amarilla, de una estadística en otro país, de la nómina laboral. Hace diez años personas que hoy adoro no estaban en mi vida. Sus nombres no existían y ahora son un amuleto, mis ganas de volver a la ciudad donde crecí, mis ganas de volver a ciudades lejos de mi país; su compañía son mis ganas de vivir para reencontrarnos y compartir una guitarra y vino tinto, brindando por querernos y por habernos conocido.

Hace diez años sabía del amor por libros y películas. Me faltaban algunos meses para entrar a la universidad. Tenía el cabello corto y, como todavía, kilos de más. Hace diez años tenía un perro que murió en mis brazos, cerca del mar. Conservo un número de teléfono de aquel entonces en cuyos dígitos vive una voz donde caben años de amistad; conservo una dirección postal donde ya no vive nadie… mas cuánta vida hubo… conservo un hogar que es un oasis, unos ojos que aunque en diez años no he visto, basta cerrar los míos para volverlos a mirar.

Hace diez años que cambié mi manera de ver la vida: la literatura interfirió. Desde entonces he hablado con mucha gente, he escuchado las historias de otros y he aprendido de eso, porque la experiencia de los demás suele ponerle nombre a experiencias nuestras que por ceguera emocional no distinguimos y que se quedan sin bautizo.

Hace diez años que vengo creciendo en conversaciones. Muchas veces un egoísmo congénito nos vuelve sordos a lo que nos cuentan otros. Habría que pulverizar ese egoísmo, dilatar ese umbral y verdaderamente escuchar. Aprovechar las cosas buenas de la vida y no sentarnos frente a ellas como quien se sienta en un balcón para ver la tarde pasar. Hace diez años que intento aprender a darme la oportunidad de encontrarme a mí misma en donde menos me lo espero. Todos deberíamos darnos ese regalo, privilegiar los sentidos (oler, tocar, mirar, escuchar, saborear) porque los hemos olvidado, ellos que todo y tanto nos dan. En este instante, algo cerca de ti está sonando: escucha; en este instante algo cerca de ti puedes saborear: prueba; en este instante algo puedes tocar: siente; en este instante algo puedes oler: respira; algo puedes mirar más allá del monitor que tienes ante ti y de este punto: . : ¡Admira!

Hace diez años me propuse sentir los sentidos, dejándome sorprender por lo pequeño, por lo que pasamos por desapercibido: ¿cómo puede caber tanto cítrico, tanto sabor, tanto olor en un limón pequeño? Lo escribo y tan sólo el recuerdo me impregna la nariz. ¿Qué milagro embaraza al pequeño fruto que acompaña nuestra vida cotidiana?

Hace diez años que la música tuvo un nuevo significado para mí. ¿Qué especie de levadura tendría en el alma Tom Jobim, Astor Piazzolla, Maria Bethânia, Álvaro Carrillo para hacer con la música eso que nos provocan cuando los escuchamos? La música siempre ha estado conmigo, pero desde hace diez años, he aprendido a estar en ella y a hacerla parte de mí, que no es lo mismo aunque parezca igual.

Hace diez años y esto que escribo podría ser el cuento de nunca acabar. Me sobran los motivos, no se me acabarían las palabras, las gracias, los buenos deseos, las ganas.

Hace diez años… y los que faltan por llegar…

¡Feliz año nuevo! ¡Que el 2011 los derroche!

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Premio Sunshine Award 2010


Recibo desde Miami un mail inesperado donde he leído que Letranías ha recibido, entre varios blogs, el Premio Sunshine Award 2010.

Cuqui Cayro, quien lleva el timón del blog "Y pasa la noche", es quien me concede esta alegría con la distinción que es a su vez una cadena de reconocimiento. Esto quiere decir que como bloguera, debo a su vez premiar al blog que considere lo merece, por lo que he elegido "Crónicas del Silencio" de Manuel J. Tejada Loría. Felicito a Manuel por sus crónicas, me gustan y comparto la inquietud por los temas que lo eligen como escritor, tanto como felicito a Cuqui Cayro por su devoción por la palabra y su amor a la vida. Gracias Cuqui por haber elegido Letranías.

En este año, Letranías tuvo aproximadamente 81,000 visitas en la página, 475 seguidores en Facebook hasta el día de hoy... y sigue la mata dando.

Gracias a quienes forman parte de esta esquina virtual.

Addy

viernes, 17 de diciembre de 2010

El cántaro roto



Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos,
soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos,
hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros,
cantar hasta que el sueño engendre y brote del costado del dormido la espiga roja de la resurrección,
el agua de la mujer, el manantial para beber y mirarse y reconocerse y recobrarse,
el manantial para saberse hombre, el agua que habla a solas en la noche y nos llama con nuestro nombre,
el manantial de las palabras para decir yo, tú, él, nosotros, bajo el gran árbol viviente estatua de la lluvia,
para decir los pronombres hermosos y reconocernos y ser fieles a nuestros nombres
hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba,
más allá de la infancia, más allá del comienzo, más allá de las aguas del bautismo,
echar abajo las paredes entre el hombre y el hombre, juntar de nuevo lo que fue separado,
vida y muerte no son mundos contrarios, somos un solo tallo con dos flores gemelas,
hay que desenterrar la palabra perdida, soñar hacia dentro y también hacia afuera,
descifrar el tatuaje de la noche y mirar cara a cara al mediodía y arrancarle su máscara,
bañarse en luz solar y comer los frutos nocturnos, deletrear la escritura del astro y la del río,
recordar lo que dicen la sangre y la marea, la tierra y el cuerpo, volver al punto de partida,
ni adentro ni afuera, ni arriba ni abajo, al cruce de caminos, adonde empiezan los caminos,
porque la luz canta con un rumor de agua, con un rumor de follaje canta el agua
y el alba está cargada de frutos, el día y la noche reconciliados fluyen como un río manso,
el día y la noche se acarician largamente como un hombre y una mujer enamorados,
como un solo río interminable bajo arcos de siglos fluyen las estaciones y los hombres,
hacia allá, al centro vivo del origen, más allá de fin y comienzo.


Octavio Paz
Fragmento de "El cántaro roto". México, 1955.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Pedro Salinas

Pedro Salinas (1891-1951).
De mis poetas favoritos. Si conoces a alguien que disfrute la poesía, un buen regalo sería un libro de este poeta español. Leerlo es como si pudiéramos acariciarnos los ojos con seda, así que dejo aquí una antología online para quien apenas lo conozca y quiera leerlo, o para quien lo conozca y quiera releerlo. Click aquí para ir al link y una pequeña dosis de poesía para el día de hoy:

¡Qué gozo, que no sean
nunca iguales las cosas,
que son las mismas! ¡Toda,
toda la vida es única!
Y aunque no las acusen
cristales o balanzas,
diferencias minúsculas
aseguran a un ala
de mariposa, a un grano
de arena, la alegría
inmensa de ser otras.
Si el vasto tiempo entero,
río oscuro, se escapa,
en las manos nos deja
prendas inmarcesibles
llamadas días, horas,
en que fuimos felices.

Por eso los amantes
se prometen los siempres
con almas y con bocas.
Viven de beso en beso
rodando, como el mar
se vive de ola en ola,
sin miedo a repetirse.

Cada abrazo es él, solo,
único, todo beso.
Y el amor al sentirlo
besa, abraza sin término,
buscando
un más detrás de un más,
otro cielo en su cielo.
Suma, se suma, suma,
y así de uno más uno,
a uno más uno, va
seguro de no acabarse:
toca
techo de eternidad.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Una insensata búsqueda

Una mujer estaba buscando afanosamente algo alrededor de un farol. Entonces un transeúnte pasó junto a ella y se detuvo a contemplarla. No pudo por menos que preguntar:

—Buena mujer, ¿qué se te ha perdido? ¿qué buscas?

Sin poder dejar de llorar, la mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:

—Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarla junto a este farol.

El Maestro dice:
No quieras encontrar fuera de ti mismo
lo que sólo dentro de ti puede ser hallado.

Tomado del libro "101 cuentos clásicos de la India".

martes, 7 de diciembre de 2010

Esta Memoria

"El hombre de Vitruvio" de Leonardo Da Vinci.

"Arrancaré el azogue de todos sus espejos
buscándote.
Arrancaré las cenefas, los umbrales,
buscándote.
Arrancaré los muebles, los mosaicos,
el sol,
la selva que en el patio ha dado un solo paso,
mi insomnio de leona enternecida;
arrancaré el recuerdo
buscándote,
y he de encajar de nuevo en tus costillas".

Carilda Oliver Labra. Poeta cubana.
Fragmento del poema "Esta Memoria"

lunes, 6 de diciembre de 2010

El gran golpe del leñador mágico

Veredas transitadas por seres más pequeños que una hormiga, castillos construidos en un milímetro cúbico de ágata, ventisqueros del tamaño de un grano de sal, continentes a la deriva en una gota de agua (...) El microscopio de la fantasía descubre criaturas distintas a las de la ciencia pero no menos reales.

Octavio Paz.

The Fairy Feller's Master-Stroke. Richard Dadd.


El 8 de enero de 1886 murió el artista británico Richard Dadd, después de haber pasado 42 años encerrado en varios centros de reclusión para lunáticos. Tras un viaje por Italia, Grecia, Turquía y Egipto, una insolación le hizo perder el contacto con la realidad. Después de matar a su padre, Dadd se dedicó intensamente a la pintura. "El gran golpe del leñador mágico" es una de sus obras, que regaló a uno de sus enfermeros de un manicomio y que ahora se puede ver en la Tate Gallery de Londres. Es un óleo obsesivo que suscita la reflexión sobre el peso de lo irrevocable. 
(Fragmento de Fernando Savater* en "La Pasión según Richard Dadd")

La cita de Octavio Paz con la que inicié esta entrada, antecede el comentario que escribió sobre el cuadro The Fairy Feller's Master-Stroke, del que Freddy Mercury tomó como base para hacer la canción del mismo nombre. Vuelvo a citar a Paz:


Pienso en Richard Dadd pintando durante nueve años, de 1855 a 1864, "The fairy-feller´s masterstroke" en el manicomio de Broadmoor. Un cuadro de dimensiones más bien reducidas que es un estudio minucioso de unos cuantos centímetros de terreno --yerbas, margaritas, bayas, guijarros, zarcillos, avellanas, hojas, semillas-- en cuyas profundidades aparece una población de seres diminutos, unos salidos de los cuentos de hadas y otros que son probablemente retratos de sus compañeros de encierro y de sus carceleros y guardianes. El cuadro es un espectáculo: la representación del mundo sobrenatural en el teatro del mundo natural. Un espectáculo que contiene otro, paralizador y angustioso, cuyo tema es la expectación: los personajes que pueblan el cuadro esperan un acontecimiento inminente. El centro de la composición es un espacio vacío, punto de intersección de todas las fuerzas y miradas, claro en el bosque de alusiones y enigmas; en el centro de ese centro hay una avellana sobre la que ha de caer el hacha de piedra del leñador. Aunque no sabemos qué esconde la avellana, adivinamos que, si el hacha la parte en dos, todo cambiará: la vida volverá a fluir y se habrá roto el maleficio que petrifica a los habitantes del cuadro. El leñador es joven y robusto, está vestido de paño (o tal vez de cuero) y cubre su cabeza con una gorra que deja espacar un pelo ondulado y rojizo. Bien asentado en el suelo pedregoso, empuña en lo alto, con ambas manos, el hacha. ¿Es Dadd? ¿Cómo saberlo, si vemos la figura de espaldas? No obstante, aunque sea imposible afirmarlo con certeza, no resisto a la tentación de identificar la figura del leñador con la del pintor. Dadd estaba encerrado en el manicomio porque, durante una excursión en el campo, presa de un ataque de locura furiosa, había asesinado a hachazos a su padre. El leñador se dispone a repetir el acto pero las consecuencias de esa repetición simbólica serán exactamente contrarias a las que produjo el acto original; en el primer caso, encierro, petrificación; en el segundo, al romper la avellana, el hacha del leñador rompe el hechizo. Un detalle turbador: el hacha que ha de acabar con el hechizo de la petrificación es un hacha de piedra. Magia homeopática.


A todos los demás personajes les vemos las caras. Unos emergen entre los accidentes del terreno y otros forman un círculo hipnotizado en torno a la nefasta avellana. Cada uno está plantado en un sitio como clavado por un maleficio y todos tejen entre ellos un espacio nulo pero imantado y cuya fascinación siente inmediatamente todo aquel que contempla el cuadro. Dije "siente" y debería haber dicho: "Presiente", pues ese espacio es el lugar de una inminente aparición. Y por esto mismo es, simultáneamente, nulo e imantado: no pasa nada salvo la espera. Los personajes están enraizados en el suelo y son, literal y metafóricamente, plantas y piedras. La espera los ha inmovilizado --la espera que suprime al tiempo y no a la angustia. La espera es "eterna": anula el tiempo; la espera es "instantánea", está al acecho de lo inminente, de aquello que va a ocurrir de un momento a otro: acelera el tiempo. Condenados a esperar el golpe maestro del leñador, los duendes ven interminablemente un claro del bosque hecho del cruce de sus miradas y en donde no ocurre nada. Dadd ha pintado la visión de la visión, la mirada que mira un espacio done se ha anulado el objeto mirado. El hacha que, al caer, romperá el hechizo que los paraliza, no caerá jamás. Es un hecho que siempre está a punto de suceder y que nunca ocurrirá. Entre el nunca y el siempre anida la angustia con sus mil patas y su ojo único.


Octavio Paz.
Tomado de: "Obra poética (1935 - 1988).
Seix Barral: 1990. México. P. 565- 566.


* Para leer la nota de Fernando Savater en ElPaís.com click aquí