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viernes, 27 de agosto de 2010

Ave María Purísima

Mi cuerpo no está hecho de metal,
mi cuerpo no está hecho de madera,
mi cuerpo no está hecho de carbón,
ni de cera


AVE MARÍA PURÍSIMA*

—Sin pecado concebida —respondes, y tiemblo de miedo porque no es la primera vez que me corresponde confesarte. Yo no sé que tienen tus ojos, tus ojos los sinvergüenza que me sonrojan cada vez que me dices la letanía de lujurias que pueden realizarse a los veinte años. Ay, niña, si tus papás supieran. Escucharte implica una confesión con mi superior, aun cuando hay cosas que no digo por temor a que me cambien de parroquia al ver que puedo caer en tentación.

Así ya no podría tener la fantasía de vivir a través de tus pecados.

Cada vez que voy por la calle, te encuentro y me miras, sonrío levemente y tú respondes con un gesto picarón. Me imagino que quieres algo conmigo y tras persignarme con culpa, prisa y arrepentimiento, rezo seis padres nuestros y ocho aves marías conjurando olvido para no recrear las detalladas confesiones de cada sábado por la tarde, esos secretos entre tú y yo, dardos tentadores que me hacen daño.

Como sacerdote y amigo es mi deber advertirte de todo a lo que te expones, pero como hombre es un deleite escucharte, mi cuerpo no está hecho de metal, me estremece la media voz de tus historias, con tus pasiones vueltas crónica fraguas mi delirio... mi cuerpo no está hecho de madera, y porque mi cuerpo no está hecho de carbón ni de cera es que me salvo de doblegarme febril por tus anhelos, o peor aún, derretirme con tu fuego cada vez que acudes en búsqueda de alivio divino, faltas que jugamos a disolver con rezos.

Te he soñado en mis noches, sólo a ti... es terrible, no debería siquiera imaginarlo. Llevo en el pensamiento mi pecado, en mis votos la condena, bajo la sotana la inquietud que en la misa dominical me lleva a evitar la mirada de tus ojos los provocadores que me lastiman, que me arrebatan la concentración en la homilía.

Y es que no sé cómo exorcizarte de mi vida. Por más que trato de hallar sensatez en la oración no lo consigo, pronto me desquitaré de tu abuso sensual, sé que lo haces a propósito, que tus relatos llevan intención de provocarme... aun cuando sé bien que nunca —dada la vida que he elegido, dado el celibato al que me he comprometido— me convertiré en tu amante habitual, aun cuando desbocándome fantasías me incitas a colgar las vestiduras y a ser el hombre en el que me conviertes cada sábado por la tarde cuando te arrodillas ante mí.

El anterior es uno de los relatos del libro "Cantos para ser contados"
de Addy Góngora Basterra que el sábado 28 de agosto a las 8pm
se presentará en el auditorio Hernán Loría de la ciudad de Campeche:
¡todos invitados!

Presentará el libro la escritora e investigadora yucateca María Teresa Mézquita Méndez y el dramaturgo cubano Salvador Lemis. Algunas de las historias serán acompañadas por canciones interpretadas por: Teresita Morales (voz), Karina Morales (voz), Darío Cruz (percusiones), Enrique Caceres (bajo), Daniel Parra (guitarra) y Beatriz Guerrero (guitarra).


*El relato "Ave María Purísima" de Addy Góngora Basterra está hecho con frases de la canción "Mi cuerpo".

martes, 24 de agosto de 2010

En Campeche: "Cantos para ser contados"

La Secretaría de Cultura de Campeche
invita a la presentación del libro

Cantos para ser contados
de Addy Góngora Basterra

Lugar: Auditorio Hernán Loría. Campeche.
Hora: 8 de la noche
Día: Sábado 28 de Agosto de 2010


Así como hay gente que no puede empezar el día si no toma café; con la misma urgencia de quienes fuman después de comer; con esa necesidad que se tiene en los puertos tropicales de buscar algo que alivie el calor; así como hay gente que a diario y puntualmente necesita medicamentos que regulen el organismo, la alegría, el corazón. Con ese mismo arrebato, con esa misma adicción, con esa misma necesidad, hay personas que necesitan de la música.

Addy Góngora Basterra (Veracruz, 1982) entreteje con creatividad y letras de canciones los veintiún relatos que conforman "Cantos para ser contados", su primer libro. Canciones que se cuentan, historias que nada tienen que ver con la canción a la que se remiten, fusionando así música y escritura, espejos de la humanidad con los que se interpreta y acompaña la vida.



Presentarán el libro la escritora e investigadora yucateca María Teresa Mézquita Méndez y el dramaturgo cubano Salvador Lemis. Algunas de las historias serán acompañadas por canciones interpretadas por: Teresita Morales (voz), Karina Morales (voz), Darío Cruz (percusiones) y Beatriz Guerrero (guitarra).


Entrada libre.

lunes, 23 de agosto de 2010

Le duo des chats de Rossini

¡Para empezar con música y humor la semana, sí señor!

El dúo de los gatos de Rossini, interpretado por un par de niños en Seúl en noviembre de 1996... si yo fuera ellos, me echaría a reír, así que... ¡a disfrutar la seriedad con la que hacen algo cómico, metidos profesionalmente en su papel de niños cantores!

domingo, 22 de agosto de 2010

Plegaria de los niños huérfanos

México es el segundo país de Latinoamérica con mayor cantidad de niños huérfanos. Después de Brasil: 1.6 millones de nuestros niños son huérfanos y, como muchos otros niños que no lo son pero que en el alma sí lo son, no saben lo que es el amor de una pareja que los cuide, los proteja, los enternezca y lo crezca.

La adopción por parte de parejas homosexuales, ha desatado gran polémica en México (y en Facebook, y en los cafés, y en una mesa a la hora de la cena, y en donde sea). Esto ha dado pie a comentarios para los que no encuentro adjetivos. Así como hay personas que critican, juzgan y condenan, hay otros como Fernando del Paso, escritor mexicano, que en torno a esto crean, defienden y son plenamente conscientes del amor sano e incondicional que pueden dar dos personas del mismo sexo.

El 18 de agosto de 2010, el periódico La Jornada publicó el texto que Del Paso tituló "Plegaria de los huérfanos", líneas de gran ironía, guante blanco para todos aquellos que como el Cardenal Sandoval Íñiguez han criticado la adopción, satanizando el amor homosexual y el derecho de adopción que éstos tienen.

Lo transcribo a continuación.



Plegaria de los huérfanos

Por Fernando del Paso.

Nosotros, Señor, los niños huérfanos y las niñas huérfanas de México te rogamos:

Déjanos gozar la plenitud de nuestra orfandad.

Nuestros padres murieron porque fue tu Voluntad. Nuestros padres nos abandonaron porque fue tu Voluntad. Porque Tú así lo quisiste, nuestras madres fueron violadas por desconocidos a los que nunca volvieron a ver, y ellas nos arrojaron a un basurero o nos dejaron a las puertas de un Templo.

Déjanos, Señor, honrar tu Divina Voluntad.

Es nuestro privilegio.

No nos entregues a la adopción de parejas del mismo sexo. Por mucho amor que piensen darnos.

Por mucho amor que, de verdad, nos den.

Preferimos el desamor del abandono.

Preferimos el desamor de la indiferencia.

Es nuestro privilegio.

Preferimos, a tener dos padres amorosos o dos madres amorosas, vivir como vinimos a este mundo: sin un solo padre, sin una sola madre. Preferimos, a tener el amor toda la vida de dos hombres o dos mujeres de buenas intenciones y buena alma, no tener el amor de nadie desde siempre y para siempre.

Preferimos el desamor de la orfandad.

Déjanos, Señor, la libertad de vivir como huérfanos en un orfanatorio. De vestir como huérfanos, el uniforme del orfanatorio. De comer, como huérfanos, la miserable comida del orfanatorio. De dormir, como huérfanos, en los multitudinarios dormitorios de los orfanatorios. Déjanos, Señor, que cuando lleguemos a los albores de nuestra adolescencia nos echen a la calle, como a todos los huérfanos, del orfanatorio.

Es nuestro privilegio.

Así honramos tu Divina Voluntad.

Déjanos, Señor, quedarnos sin estudios, crecer sin moral y sin religión, sin nadie a quien aprendamos a amar, sin nadie que nos enseñe a amarte.

Déjanos ser niños de la calle, hombres de la calle, mujeres de la calle.

Déjanos disfrazarnos de payasos y malabaristas para malganarnos la vida en las esquinas.

Déjanos ser franeleros toda la vida. Déjanos ser mendigos.

Es nuestro privilegio.

Déjanos dedicarnos a limpiar los parabrisas de los automóviles.

Déjanos ser presa fácil del crimen y de la droga, del alcohol.

Déjanos ser criminales. Déjanos ser ladrones y narcos.

Déjanos caer muertos a los veinte años de una sobredosis.

Déjanos morir de hambre en un callejón, déjanos ser asesinados en la flor de nuestra juventud.

Déjanos vivir parte de nuestra orfandad en las cárceles.

Es nuestro privilegio.

Danos la oportunidad, como se la diste a nuestros padres biológicos, de fundar hogares que podamos destruir para poder tener hijos que, con su orfandad, sean el espejo de la orfandad de sus padres y de sus madres, de su crueldad, de su irresponsabilidad, de su desapego.

Déjanos, Señor, prostituirnos a los doce, a los trece, a los catorce años.

Déjanos, Señor, ser las putitas y los putitos de los proxenetas.

Déjanos, Señor, ser pasto de los pederastas en las escuelas, en tus templos.

Pero no nos des por guía a dos mujeres, o a dos hombres, aunque todos sean, como nosotros, tus hijos, y todos, como nosotros, seres humanos. Por mucho amor que nos prometan. Por mucho amor que nos tengan. Y así nos colmen con alegrías y comprensión. Así nos dignifiquen como pobres criaturas de Dios y por mucho amor que tengan a ti mismo. No merecen nuestro amor recíproco porque no merecen, siquiera, el tuyo.

Preferimos el desamor de la ausencia. Preferimos el desamor del olvido.

Pero si es tu Divina Voluntad, Señor, darnos un hogar y arrancarnos así el privilegio de no haberlo tenido, Señor, haz que las buenas familias cristianas de México que ya tienen hijos, nos adopten; haz que todas las parejas sin hijos de México, nos adopten. A todos, Señor. Cualquiera sea el color de nuestra piel. Así seamos blancos o indios, negros. Así estemos ciegos, o cojos, o mudos. Tú, si te lo propones, Señor, puedes hacerlo.

Diles a esas buenas familias cristianas que así aliviarán sus conciencias: evitándonos ser adoptados por parejas del mismo sexo.

No nos des dos padres o dos madres, Señor. Tú nos diste el frío de la ciudad y el silencio de la noche: los preferimos al calor de sus hogares y a la dulzura de sus palabras.

Y si nada de esto puedes hacer porque no lo quieres hacer, porque tu Divina y misteriosa e inescrutable Divina Voluntad se impone a tu Divina Omnipotencia, Señor, déjanos tranquilos.

Déjanos, así como nacimos parias, ser parias toda la vida para salvaguardar tu Voluntad. Déjanos crecer desprotegidos en el desamor de la intemperie, en la periferia de la sociedad, en el vacío del rechazo y el desdén.

Déjanos Tú, tú, el Señor sin cuya voluntad no se mueve la hoja de un árbol, déjanos, Señor, que como hojas nos arrastre el viento de la soledad y la derelicción.

Es nuestro privilegio: somos los privilegiados de la Tierra porque sabemos que, gracias a tu infinita Misericordia, le has prometido, a aquellos que en esta vida habitan un infierno, que en la otra vida serán ciudadanos del Reino de los Cielos.

Gracias, Señor.