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miércoles, 9 de junio de 2010

¿Qué de ti vas dejando a tu paso?


La avenida por donde vi pasar, en Buenos Aires, la vida por mi calle.




Cuántas vidas transcurren por las avenidas a diario. Si algo nuestro fuera quedando como marca indeleble por las calles que andamos, ¿qué de otros nos encontraríamos a nuestro paso? Seguramente cenizas de cigarro, un papel hecho pelota, la publicidad de un nuevo antro. Pero más allá de eso, ¿qué dejas de ti que nadie más ve por las calles donde transcurre tu vida, todos los días? Quizá el recuerdo del beso que robaste al estar en rojo el semáforo. Quizá el nombre inolvidable que, de mil veces pronunciado, se quedó atorado en las ramas un árbol. Tal vez, del ipod que acompaña tus horas o de las canciones que te sabes de memoria, si éstas fueran cayendo al acabarse —como las flores del flamboyán que mayo a mayo vuelve a encandilarse— ¿de qué color alfombrarías las avenidas con las notas musicales que caen de ti a las calles?


¿Qué de ti vas dejando a tu paso?


¿Qué de ti hay por donde transitas a diario?


Cuéntame... 


Addy




*

lunes, 7 de junio de 2010

Elegía lamentable

José Ángel Buesa (1910-1982).
Poeta cubano.

Desde este mismo instante seremos dos extraños
por estos pocos días, quien sabe cuántos años...
yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido
uno de esos que nadie confiesa haber leído.

Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso,
tú bajaras los ojos y apretarás el paso,
y yo, discretamente, me cambiaré de acera,
o encenderé un cigarro, como si no te viera...

Seremos dos extraños desde este mismo instante
y pasarán los meses, y tendrás otro amante:
y como eres bonita, sentimental y fiel,
quizás, andando el tiempo, te casarás con él.

Y ya, más que un esposo será como un amigo,
aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo,
y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha,
se te empañen los ojos, al llegar una fecha.

Acaso, cuando llueva, recordarás un día
en que estuvimos juntos y en que también llovía.
Y quizás nunca más te coloques aquel traje
de terciopelo verde, con adornos de encaje.

O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta,
cuando dobles tu almohada con mano soñolienta.
Y domingo a domingo, cuando vayas a misa,
de tu casa a la iglesia, perderás tu sonrisa.

¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta
que abanica al marido cuando ronca la siesta:
y tras fregar los platos y tras tender las camas,
te pasarás las noches sacando crucigramas.

Y así, años y años, hasta que, finalmente,
te morirás un día, como toda la gente.
Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre,
y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre.

domingo, 6 de junio de 2010

King Kong my love!


La primera vez que oí esta música, pensé que King Kong era posible.
Era la década de los ochenta y yo una niña. Me acompañó por mucho tiempo esta melodía, ¿cuántas veces habré visto la película?
Poco más de un año atrás reencontré la música, la escucho siempre y hoy se vuelve parte de mi soundtrack dominical. Mmm... me corrijo: sí es posible King Kong. Pasan los años y todavía me acompaña; y gracias a youtube, a la ciudad cosmopolita del facebook y a la vitrina que es éste blog, puedo compatirla, por si a alguien más le pasara lo que a mí y recordara con nostalgia lo que genera esta canción.

La Orquesta Sinfónica de Praga interpreta el tema inolvidable de John Barry para la producción de 1976.