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jueves, 25 de marzo de 2010

Lorca

"Delfines en hilera juegan a puentes rotos"

De: La sirena y el carabinero.

domingo, 21 de marzo de 2010

El cielo espeso de las aguas



Por Addy Góngora Basterra

Tal vez nuestro primer recuerdo —primitivo, ancestral, un recuerdo que más bien es nuestro primer olvido (¿quién se recuerda fetal?)— sea la deriva con la que nos formamos flotando en el vientre de nuestra madre. Además de esa experiencia ¿quién no ha vivido la alquimia del agua cuando nos sumergimos en una piscina, en el mar, en la bañera? El agua nos transforma, nos convierte por momentos en otros seres, damos un salto a otra dimensión cuando traspasamos la finísima capa de agua que separa la realidad del mundo acuático; ahí donde todos somos livianos, donde todo transcurre en cámara lenta, donde la ingravidez nos envuelve con toque misterioso en movimientos que sólo tenemos en sueños.



Quienes hayan buceado alguna vez sabrán lo que se siente habitar ese otro mundo que nos envuelve con silencio de colores y corales, ahí donde el tiempo pareciera pausarse. Esto lo sabe Zena Holloway (1973), buza inglesa cuyo trabajo como Scuba Diver, instructora de buceo, consistía en tomar fotografías submarinas a sus alumnos. El otro día escribí que el arte es detalle, saber mirar lo que para otros pasa desapercibido: Zena supo ver más allá de su “trabajo oficial” y empezó a crear. Sus fotografías son exquisitas, imágenes que rayan en el terreno de los sueños porque bajo el agua puede ser posible lo irreal. A diferencia de otros fotógrafos acuáticos cuyo trabajo es pro ecológico, Zena procura la belleza, las emociones y el asombro jugando con la luz, intercalando en ocasiones el arte digital; tanto ella como sus modelos trabajan a puro pulmón, sin tanques de oxígeno, sin snorquel, subiendo cada tanto a la superficie a tomar aire para luego descender a continuar la sesión. Su firma está tanto en Discovery Channel como en la revista Vogue, Greenpeace o Nike, Umbro y Vanity Fair.

Tal vez lo más parecido que tengamos a poder volar sea, precisamente, echarnos a nadar en ese cielo espeso de las aguas.

Disfruten la inmersión.
















martes, 16 de marzo de 2010

Barceló, sí. Barceló, no

Por: Fietta Jarque
Publicado hoy en Papeles Perdidos
Blog de Babelia. ElPais.com


Como un iceberg al revés, el elefante de Miquel Barceló a las puertas de su exposición en Caixaforum (Madrid) parece una metáfora de su "estado", por decirlo en lenguaje facebook. Un equilibrio casi inverosímil. Hace tiempo que salió del ránking de los artistas españoles más influyentes en el mundo del arte, aunque sus galeristas siguen teniendo lista de espera para las obras que salen de su taller. La crítica especializada recibe sus exposiciones entre la indiferencia y la abulia, mientras se forman colas de público para visitarla. Su invitación a participar en la última Bienal de Venecia o la polémica por la cúpula de la sede de la ONU en Ginebra, desgastaron más su figura y acentuaron el desdén con el que se le considera actualmente en ciertos círculos del arte. No en los oficiales, desde luego. ¿Barcelo sí o Barceló no?

La retrospectiva que se exhibe en Madrid debería dar la respuesta. 180 obras no pueden estar equivocadas. La visité con intención de obtener mis propias conclusiones y fueron contrarias a lo que pensaba. El Barceló de los años ochenta, el artista que deslumbró con su universo condensado y revuelto, parece haber envejecido mal. A pesar del cuidado en el montaje de las salas, las grandes pinturas parecían demasiado empastadas, hasta retóricamente pringosas. Quizá porque cada una requeriría una habitación propia para no empalagar. Las que ganaron con su luminosidad, por el contrario, son sus acuarelas y tintas africanas. En particular sus dibujos de animales. Es curioso que la densidad matérica, marca de fábrica de este artista, se convierta por momentos en su carga más pesada. No siempre, porque entre las obras de los últimos años, las de grandes superficies blancas, surge la luminosa seguridad del artista. La de Barceló ante el paisaje. Aunque también impresionan las arquitecturas del interior del Louvre.

Al final del recorrido una serie de retratos de trazo y colorido expresionista --geniales, de haber sido realizadas un siglo atrás--, de personajes como la crítica estadounidense Dore Ashton y otros amigos suyos, arropan la obra que da título a la exposición: La solitude organisative. Un gran gorila blanco, indefenso, sentado en una esquina. Un supuesto autorretrato del artista, abrumado por el espectáculo en el que se convierte él mismo. Un animal raro, como el Copito de Nieve del zoo de Barcelona que seguramente conoció. Quien se haya enfrentado a un gorila resignado a su suerte, a su jaula de oro, comprenderá sin problemas la identificación. ¿Barceló si o Barceló no? Mejor comerse un plátano, dirá.

lunes, 15 de marzo de 2010

Slinkachu: El cristal con que se mira

Desde hace meses vengo siguiendo el trabajo de Slinkachu. El refrán aquel de Todo depende del cristal con que se mira aplica para este fotógrafo londinense, porque dependiendo del zoom y el lente que elige para tomar sus fotografías nos presenta la vida desde distintos ángulos y perspectivas.

"Little people - A tiny street art project" es el concepto que guía sus creaciones: instalaciones callejeras y fotografías que empezó a realizar en el 2006 con miniaturas estratégicamente acomodadas, mini sets en lugares públicos, escenografías que a simple vista pasan desapercibidas y que una persona prácticamente tendría que observar con lupa, lo que de alguna manera hacemos al mirar con sorpresa las fotografías que se nos presentan en secuencia gracias al close-up que al irse alejando nos devela la realidad tal como nos hemos acostumbrado a verla... sin darnos cuenta de ese microcosmos que muchas veces existe cerca de nosotros. El arte es detalle, pero andamos distraídos y no nos percatamos. Y esa es la pasión de Slinkachu: develar ese pequeño mundo.

Aquí va una muestra de su trabajo.


The High Life
Lugar: Grottaglie, Italia.








Small Victory
Lugar: Billingsgate, Londres.






Wonderland
Lugar: Battersea Park, Londres.






Más de Slinkachu en su Blog o en su Página.



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domingo, 14 de marzo de 2010

Facebook es una droga socialmente aceptada

Por: Raquel Quelart / La Vanguardia y Clarín
Fuente: Revista de Cultura Ñ


El argentino Juan Faerman denuncia que la popular Red social censuró su libro Faceboom. En esta entrevista afirma que Facebook es un gran placebo para la autoestima y que no debemos victimizar el exhibicionismo.

La red social acumula ya 350 millones de usuarios, por lo que no es de exagerar decir que Facebook se está convirtiendo en un nuevo fenómeno de masas.

Pero, ¿qué tiene esta red que tanto engancha y gusta?¿Puede una persona tener más de 4.000 amigos? Son algunas de las cuestiones que Faerman analiza. Y es que Facebook ha cambiado nuestro lenguaje, nuestra manera de encontrar amigos, de relacionarnos con conocidos e, incluso, de describir nuestro estado de ánimo. "Si Facebook fuera un país – asegura Mark Zuckerberg, el creador de la plataforma- estaría entre los cinco más poblados del mundo". Juan Faerman es, además de escritor, guionista de radio y televisión y directivo creativo publicitario. Cuando tiene tiempo y ganas, escribe en Qué blogudo!!!, blog que mantiene desde el año 2005. Asegura que su libro, cuyo club de fans en Facebook fue dado de baja – además, del perfil del autor-, no es ninguna crítica frontal contra esta red social. "Millones de usuarios no pueden estar equivocados", concluye.

- ¿Por qué cada día siento la necesidad de entrar en Facebook?
- Facebook es un lugar que promueve sensaciones placenteras y evita a toda costa contrariarnos. Es un gran placebo para la autoestima, como una especie de droga socialmente aceptada y aparentemente inofensiva.

- ¿Y cómo actúa esta droga?
- Imagínese que un día va caminando por la acera y de repente se topas con un lugar del que le han hablado mucho. Decide entrar y se encuentra con gente que daba por "muerta", que forma parte de un pasado donde era más joven y libre que ahora. Todos ven exactamente lo que usted quiere que vean de usted. Su rostro es el de hace 15 años y no tienes defectos visibles a priori. ¿Sigue preguntándose por qué cada día siente la necesidad de dejar el afuera y entrar a ese lugar?

- Pero, cada usuario es diferente.
- Cada uno tiene su propia razón y eso es lo que lo hace popular - si no fuera popular, sería un aburrimiento feroz-. Hay quienes entran para matar el tiempo, otros para hacer contactos de trabajo, otros para reforzar su autoestima, otros para jugar, otros para espiar vidas ajenas, otros para jugar a ser otro por un momento, otros para ligar..., por lo tanto, es un lugar donde millones de personas que no tienen nada que ver entre sí tienen algo en común; y ese algo se llama Facebook.

- ¿Es un buen sitio para conseguir pareja?
- Yo estoy casado, pero me han dicho que sí... (ríe).

- ¿Tenemos que abrirnos una cuenta en Facebook porque todos nuestros amigos lo hacen?
- No, en absoluto. Si Facebook no te ofrece nada de lo que andas buscando o necesitando, no hay ninguna razón para que te abras una cuenta. De hecho, conozco a muchísimas personas a quienes no les interesa Facebook, y no dan muestras de estar viviendo una vida incompleta o infeliz. Y si lo están, no es porque no tienen cuenta en Facebook.

- ¿Se ve como un "bicho raro" a quien no tiene Facebook?
- A mí, en lo personal, me parece más un bicho raro aquél a quien no le gusta los Beatles (ríe). Facebook es una tendencia muy popular, y uno siempre quiere que los demás compartan sus elecciones. Pero eso sucede en muchos aspectos de la vida. Si pudiéramos, trataríamos de convencer a los demás de que sean de nuestro mismo equipo de fútbol o que les guste la misma comida que a nosotros.

- ¿Qué hacer cuando llegamos a la ventana de registro y leemos "Facebook te ayuda a comunicarte y compartir tu vida con las personas que conoces"?
- Podría decir "Facebook te da la bienvenida" y nada cambiaría. Y una vez que ya sabemos de qué va, bueno... tampoco creo que nos pongamos a pensar en la relativa verdad de esa frase, así como tampoco nos ponemos a pensar qué significa enviarle una caña virtual a un "amigo" a quien jamás hemos visto, o decir que iremos a un evento al que no tenemos intención de asistir.

- ¿Nuestros amigos en Facebook son realmente nuestros amigos?
- Pienso que la utilización de la palabra "amigo" en Facebook ha forzado la creación de una nueva categoría, que es la de "amigo de Facebook". En mi caso, he desarrollado relaciones virtuales muy valiosas con gente a la que no conozco personalmente, pero no son mis amigos. Sobre todo porque con mis amigos suelo compartir cosas que son imposibles de tener en Facebook. Sigo prefiriendo tomarme una cerveza fría con mi amigo Pablo antes que enviarle a mi mejor amigo de Facebook una cerveza.jpg.

- ¿Pero corremos el peligro de caer en un nido de impostores?
- Patrick Swayze me aceptó como amigo un mes después de muerto. Pero de ahí a decir que es un nido de impostores, hay un abismo. Aunque ahora que lo pienso mejor, un nido es donde las crías recién nacidas viven hasta que crecen lo suficiente como para volar. Entonces, si consideramos que todos ocultamos alguna que otra cosilla, somos pichones de impostores...

- Yo reencontré a mis excompañeros de clase a través de esta red, ¿y usted?
- No sé si soy un parámetro en ese aspecto. A mi no se me perdió nadie en el camino, sino que elegí "perder" o dejar ir a cierta gente. Y no lo digo desde un lugar de pedantería, sino desde el hecho de que conservo a algunos de mis amigos de la infancia, y eso se debe a que me preocupé por mantener el contacto cuando lo consideré valioso.

- El gran dilema: ¿Facebook invade mi intimidad?
- Eso habría que preguntárselo a Google Earth más que a Facebook. Es como decir: si me meto en una piscina llena de agua... ¿me mojaré? Somos nosotros mismos quienes abrimos una cuenta y accedemos a poner nuestros datos, fotos, etc. ahí dentro. Facebook no nos obliga a hacerlo: si ahí hay retazos de nuestra intimidad es porque alguien los puso. Hasta que no se compruebe que la página prende automáticamente nuestra webcam y graba lo que sucede en nuestro hogar o que escanea nuestro PC y vuelca automáticamente lo que encuentre, preferiría usar otra palabra antes que "invasión". La pregunta que yo me haría en todo caso es: ¿Por qué victimizamos nuestro exhibicionismo?

- ¿Mejor poner nuestra foto o no ponerla?
- Si saliste bonita, ¡adelante!

- Otro handicap es tener un nombre y un apellido común.
- Eso puede ser bueno para confundirse en la multitud y pasar desapercibido, pero se lleva de patadas con el estar en Facebook, si lo que queremos es que nos perciban para interactuar. En todo caso, puede ser beneficioso en algunos aspectos, aunque no todos piensan igual. Por ejemplo, yo tengo un amigo con un nombre y apellido muy comunes, y cada paso por migraciones es una pesadilla ya que hay por lo menos 10 narcotraficantes con el mismo nombre.

- ¿Cómo ha logrado Facebook convertirse en un factor de poder capaz de inclinar la balanza en una elección presidencial como la de Estados Unidos o Francia?
- En el caso de Obama, por ejemplo, Facebook fue de gran ayuda pero como parte de una estrategia integral. Fue más el mensaje de mostrar a un candidato diferente, "progre", moderno y cercano que captar un voto por cada fan. La campaña que hizo con Sarah Silverman también lo ayudó en el mismo sentido. Pero todas son partes de un gran cuadro.Es decir, Facebook fue importante, pero supongo que si Bush intentara ir por la reelección usando sólo Facebook, fracasaría estrepitosamente.

- Usted fue víctima de la censura: Facebook le borró su perfil.
- Después de presentar mi libro en Madrid, me di cuenta de que los perfiles personales de mi agente, su asistente, la mía propia y el grupo de fans del libro habían sido dados de baja en forma simultánea y sin previo aviso ni explicación.

- ¿Y qué hizo?
- Se enviaron decenas de correos electrónicos a Facebook y hasta cartas documento, que en Argentina tienen un valor legal, pero como no resultó, decidimos hacer un video denunciando los hechos. Esto forzó a Facebook a restituir nuestros perfiles - según ellos "se había tratado de un error"- , pero borraron definitivamente el grupo de fans del libro, ya que, según su versión, éste violaba cuestiones de copyright.

- Facebook se sintió ofendido.
- Lo que demuestra que nunca leyeron el libro, ya que, si bien hace críticas, no ataca a Facebook per se , sino que ridiculiza algunas conductas que tenemos los usuarios, contrastándolas con la vida real, tal como se puede ver en este video.

- Algunos podrían pensar que se trata de una campaña de marketing para vender más libros.
- La verdad, sería hipócrita de mi parte decir que no iba a aprovechar semejante sucesión de torpezas por parte de Facebook, pero si se detiene a pensar dos segundos, se puede dar cuenta de que es imposible fingir la deshabilitación de tres perfiles y un grupo de fans - basta con intentar hacer un login para comprobar si fuiste deshabilitado, o si te borraste a propósito-. Además, si fuera algo ficticio, Facebook podría demostrarlo fácilmente a la opinión pública, demandarme por la mentira y yo me arruinaría la carrera tan sólo por vender un par de libros más.

- ¿A Facebook le puede ocurrir lo mismo que a Second Life, red de la cual ahora nadie habla?
- Aunque Second Life no contemplaba un potencial versátil de aplicaciones productivas - que aún no existen, pero pueden surgir- y es bastante incomparable con Facebook porque lo lúdico tiene una presencia mucho mayor -sin olvidar las cuentas pagas-, por supuesto que puede suceder lo mismo. Aunque si Zuckerberg -el creador de FB- es lo bastante astuto, es improbable que suceda.

- Usted dedica la última parte de su libro a elaborar un posible escenario futuro de esta red social.
- Y me debato entre dos posibilidades: la de que desaparezca en unos meses si se queda sólo con las trivialidades, o que incorpore esos elementos más orientados a la productividad de los que hablaba antes que hagan que Facebook se convierta en una especie de sistema operativo. Es una teoría en la que hay que evaluar múltiples variables, pero no es imposible.

- ¿Qué está pensando?
- Que tengo que escribirle a Patrick Swayze, a quien hace mucho que no saludo.


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miércoles, 10 de marzo de 2010

Mi vida con la ola



Cuento de Octavio Paz.
Fotografías de Clark Little.

Cuando dejé aquel mar, una ola se adelanto entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron.

Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miró seria: "Su decisión estaba tomada. No podía volver." Intente dulzura, dureza, ironía. Ella lloró, gritó, acarició, amenazó. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. Cómo subir al tren sin que nos vieran el conductor, los pasajeros, la policía? Es cierto que los reglamentos no dicen nada respecto al transporte de olas en los ferrocarriles, pero esa misma reserva era un indicio de la severidad con que se juzgaría nuestro acto.

Tras de mucho cavilar me presente en la estación una hora antes de la salida, ocupé mi asiento y, cuando nadie me veía, vacié el depósito de agua para los pasajeros; luego, cuidadosamente, vertí en él a mi amiga.

El primer incidente surgió cuando los niños de un matrimonio vecino declararon su ruidosa sed. Les salí al paso y les prometí refrescos y limonadas. Estaban a punto de aceptar cuando se acercó otra sedienta. Quise invitarla también, pero la mirada de su acompañante me detuvo. La señora tomo un vasito de papel, se acerco al depósito y abrió la llave. Apenas estaba a medio llenar el vaso cuando me interpuse de un salto entre ella y mi amiga. La señora me miró con asombro. Mientras pedía disculpas, uno de los niños volvió abrir el depósito. Lo cerré con violencia.

La señora se llevó el vaso a los labios: —Ay el agua esta salada. El niño le hizo eco. Varios pasajeros se levantaron. El marido llamó al Conductor: —Este individuo echó sal al agua. El Conductor llamo al Inspector: —¿Conque usted echó substancias en el agua? El Inspector llamó al Policía en turno: —¿Conque usted echó veneno al agua? El Policía en turno llamó al Capitán: —¿Conque usted es el envenenador? El Capitán llamó a tres agentes. Los agentes me llevaron a un vagón solitario, entre las miradas y los cuchicheos de los pasajeros. En la primera estación me bajaron y a empujones me arrastraron a la cárcel. Durante días no se me habló, excepto durante los largos interrogatorios. Cuando contaba mi caso nadie me creía, ni siquiera el carcelero, que movía la cabeza, diciendo: "El asunto es grave, verdaderamente grave. ¿No había querido envenenar a unos niños?" Una tarde me llevaron ante el Procurador. —Su asunto es difícil —repitió—. Voy a consignarlo al Juez Penal. Así pasó un año. Al fin me juzgaron. Como no hubo víctimas, mi condena fue ligera. Al poco tiempo, llegó el día de la libertad. El Jefe de la Prisión me llamó: —Bueno, ya está libre. Tuvo suerte. Gracias a que no hubo desgracias. Pero que no se vuelva a repetir, por que la próxima le costará caro... Y me miró con la misma mirada seria con que todos me veían


Esa misma tarde tomé el tren y luego de unas horas de viaje incómodo llegué a México. Tomé un taxi y me dirigí a casa. Al llegar a la puerta de mi departamento oí risas y cantos. Sentí un dolor en el pecho, como el golpe de la ola de la sorpresa cuando la sorpresa nos golpea en pleno pecho: mi amiga estaba allí, cantando y riendo como siempre. —¿Cómo regresaste? —Muy fácil: en el tren. Alguien, después de cerciorarse de que sólo era agua salada, me arrojó en la locomotora. Fue un viaje agitado: de pronto era un penacho blanco de vapor, de pronto caía en lluvia fina sobre la máquina. Adelgacé mucho. Perdí muchas gotas. Su presencia cambió mi vida. La casa de pasillos obscuros y muebles empolvados se llenó de aire, de sol, de rumores y reflejos verdes y azules, pueblo numeroso y feliz de reverberaciones y ecos.

¡Cuántas olas es una ola o como puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espumas! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreír y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacía tiempo que había abandonado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa, a escondidas. El amor era un juego, una creación perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguía, increíblemente esbelta, como tallo líquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecía en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas de caían sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrían de blancuras. O se extendía frente a mi, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacia horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me envolvía como una música o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos. Entraba en sus aguas, me ahogaba a medias y en un cerrar de ojos me encontraba arriba, en lo alto del vértigo, misteriosamente suspendido, para caer después como una piedra , y sentirme suavemente depositado en lo seco, como una pluma. Nada es comparable a dormir mecido en las aguas, si no es despertar golpeado por mil alegres látigos ligeros, por arremetidas que se retiran riendo.



Pero jamás llegué al centro de su ser. Nunca toqué el nudo del ay y de la muerte. Quizá en las olas no existe ese sitio secreto que hace vulnerable y mortal a la mujer, ese pequeño botón eléctrico donde todo se enlaza, se crispa y se yergue, para luego desfallecer . Su sensibilidad, como las mujeres, se propagaba en ondas, sólo que no eran ondas concéntricas, sino excéntricas, que se extendían cada vez mas lejos, hasta tocar otros astros. Amarla era prolongarse en contactos remotos, vibrar con estrellas lejanas que no sospechamos. Pero su centro... no, no tenía centro, sino un vacio parecido al de los torbellinos, que me chupaba y me asfixiaba.

Tendido el uno al lado de otro, cambiábamos confidencias, cuchicheos, risas. Hecha un ovillo, caía sobre mi pecho y allí se desplegaba como una vegetación de rumores. Cantaba a mi oído, caracola. Se hacia humilde y transparente, echada a mis pies como un animalito, agua mansa. Era tan límpida que podía leer todos sus pensamientos. Ciertas noches su piel se cubría de fosforescencias y abrazarla era abrazar un pedazo de noche tatuada de fuego. Pero se hacia también negra y amarga. A horas inesperadas mugía, suspiraba, se retorcía. Sus gemidos despertaban a los vecinos. Al oírla el viento del mar se ponía a rascar la puerta de la casa o deliraba en voz alta por alas azoteas. Los días nublados la irritaban; rompía muebles, decía malas palabras, me cubría de insultos y de una espuma gris y verdosa. Escupía, lloraba, juraba, profetizaba. Sujeta a la luna, las estrellas, al influjo de la luz de otros mundos, cambiaba de humor y de semblante de una manera que a mi me parecía fantástica, pero que era tal como la marea.

Empezó a quejarse de soledad. Llene la casa de caracolas y conchas, pequeños barcos veleros, que en sus días de furia hacia naufragar (junto con los otros, cargados de imágenes, que todas las noches salían de mi frente y se hundía en sus feroces o graciosos torbellinos). ¡Cuantos pequeños tesoros se perdieron en ese tiempo! Pero no le bastaban mis barcos ni el canto silencioso de las caracolas. Confieso que no sin celos los veía nadar en mi amiga, acariciar sus pechos, dormir entre sus piernas, adornar su cabellera con leves relámpagos de colores. Entre todos aquellos peces había unos particularmente repulsivos y feroces, unos pequeños tigres de acuario, grandes ojos fijos y bocas hendidas y carniceras. No se por que aberración mi amiga se complacía en jugar con ellos, mostrándoles sin rubor una preferencia cuyo significado prefiero ignorar. Pasaba largas horas encerrada con aquellas horribles criaturas.

Un día no pude mas: eché abajo la puerta y me arrojé sobre ellos. Ágiles y fantasmales, se me escapaban entre las manos mientras ella reía y me golpeaba hasta derribarme. Sentí que me ahogaba. Y cuando estaba a punto de morir, morado ya, me depositó en la orilla y empezó a besarme, y humillado. Y al mismo tiempo la voluptuosidad me hizo cerrar los ojos. Porque su voz era dulce y me hablaba de la muerte deliciosa de los ahogados.



Cuando volví en mi, empecé a temerla y a odiarla. Tenía descuidados mis asuntos. Empecé a frecuentar los amigos y reanudé viejas y queridas relaciones. Encontré a una amiga de juventud. Haciéndole jurar que me guardaría el secreto, le conté mi vida con la ola. Nada conmueve tanto a las mujeres como la posibilidad de salvar a un hombre.

Mi redentora empleo todas sus artes, pero, ¿qué podía una mujer, dueña de un número limitado de almas y cuerpos, frente a mi amiga, siempre cambiante —y siempre idéntica a si misma en su metamorfosis incesantes? Vino el invierno. El cielo se volvió gris. La niebla cayó sobre la ciudad. Llovía una llovizna helada. Mi amiga gritaba todas las noches. Durante el día se aislaba, quieta y siniestra, mascullando una sola sílaba, como una vieja que rezonga en un rincón. Se puso fría; dormir con ella era tirar toda la noche y sentir como se helaba paulatinamente la sangre, los huesos, los pensamientos. Se volvió impenetrable, revuelta. Yo salía con frecuencia y mis ausencias eran cada vez más prolongadas. Ella, en su rincón, aullaba largamente. Con dientes acerados y lengua corrosiva roía los muros, desmoronaba las paredes. Pasaba las noches en vela, haciéndome reproches. Tenía pesadillas, deliraba con el sol, con un gran trozo de hielo, navegando bajo cielos negros en noches largas como meses. Me injuriaba. Maldecía y reía; llenaba la casa de carcajadas y fantasmas. Llamaba a los monstruos de las profundidades, ciegos, rápidos y obtusos. Cargada de electricidad, carbonizaba lo que rozaba. Sus dulces brazos se volvieron cuerdas ásperas que me estrangulaban. Y su cuerpo verdoso y elástico, era un látigo implacable, que golpeaba, golpeaba, golpeaba.

Huí. Los horribles peces reían con risa feroz. Allá en las montañas, entre los altos pinos y los despeñaderos, respiré el aire frío y fino como un pensamiento de libertad. Al cabo de un mes regresé. Estaba decidido. Había hecho tanto frío que encontré sobre el mármol de la chimenea, junto al fuego extinto, una estatua de hielo. No me conmovió su aborrecida belleza. Le eché en un gran saco de lona y salí a la calle, con la dormida a cuestas. En un restaurante de las afueras la vendí a un cantinero amigo, que inmediatamente empezó a picarla en pequeños trozos, que depositó cuidadosamente en las cubetas donde se enfrían las botellas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Juan Yanes

Hormigas robándose relojes.
©Fotografía de Richard Morrell.
PERCEPCIÓN


Le angustia mirar el reloj. El reloj es consciente de esa angustia y se para. El tiempo se detiene. Pero no hay más paraísos que los paraísos perdidos y el reloj, compasivo, vuelve a marcar la huída de las horas.


Juan Yanes



*




Además de ser español, ¿quién es Juan Yanes?


«Por mi parte, soy duro de nariz, mínimo de ojos, escaso de pelo en la cabeza, creciente de abdomen, ancho de suelas, generoso de amores, imposible de cálculos, tierno de manos, inoxidable de corazón, admirador de escarabajos, amigo de mis amigos, horrendo administrador, investigador en mercados, oscuro en las bibliotecas, lentísimo en las contestaciones, ocurrentes años después, resplandeciente con mi cuaderno, monumental de apetito, tigre para dormir, trabajador invisible, desordenado, persistente, profesor por predestinación y tonto de capirote». Esta es más o menos (he metido algunas morcillas) la definición de sí mismo que daba el gran Pablo Neruda ¡Me identifico con tantas autobiografías! Me gustaba la del poeta checo Jaroslav Seifert: «leía versos apasionadamente, me gustaba la música y siempre vagaba sorprendido de belleza en belleza. Mas apenas vi por vez primera la imagen de una mujer desnuda comencé a creer en los milagros». Pero no me debería definir, porque soy el autor de este aparejo que se llama “Máquina de coser palabras”. Lo sustancial de alguien que hace estas cosas es lo que escribe. Lo de menos es saber si tiene perro, o si va al trabajo en bicicleta.

domingo, 7 de marzo de 2010

Shirley Horn y Tom Jobim


El jueves por la noche vi en dvd a Shirley Horn (1934-2005) al piano interpretando esta bellísima canción de Tom Jobim y Vinicius de Moraes, que en portugués Elis Regina cantara como quien nombra una certeza o una plegaria...
Foi então
que da minha infinita tristeza
aconteceu você
encontrei
em você a razão de viver
e de amar em paz
A quienes les guste el jazz y la música brasileña, busquen el concierto completo de esta grabación que va a continuación, porque además de ver con buena calidad en imagen y buen sonido a esta magnífica pianista, les encantará ver a Tom Jobim dirigiéndose a medio show hacia el escenario para apoderarse del piano y hacer lo que mejor supo hacer en la vida.


Y Tom Jobim en...
Vem me dar um beijo
e um raio de sol
nos teus cabelos
como um brilhante que partindo a luz
explode em sete cores
revelando então os sete mil amores
que eu guardei somente pra te dar,
Luiza...

sábado, 6 de marzo de 2010

El delirio de Alicia


Fotografía que Lewis Carroll le tomó a Alice Liddell en 1858, 
la niña que inspirara el personaje de Alicia en el país de las maravillas.


Somos muchas las generaciones a las que nos ha acompañado ese delirio del gato de Chesire cuya sonrisa resplandece y desaparece en el tronco de un árbol… una niña; una niña que al gato maléfico interroga ¿cómo sé si estoy loca?; la niña que decrece tras dar un par de sorbos a un líquido misterioso; la niña que ante una reina desquiciada de grito inolvidable (¡que le corten la cabeza!), juega al criquet con garzas. Somos muchas las generaciones que crecimos con la historia narrada por Lewis Carroll (1832-1898) en el imaginario infantil que entre realidad y surrealismo, ejerce cierto encanto al mismo tiempo que se impone como pesadilla.

Lo bueno de las películas basadas en obras literarias es que suelen desatar el furor por su autor. Hay escritores a los que mucha gente lee gracias a las películas que hicieron de sus novelas.  


Si bien Lewis Carroll es un caso excepcional, muchos de nosotros, antes de aprender a leer, vimos la adaptación que Walt Disney hizo en 1951 de Alicia en el país de las Maravillas. Hallmark Entertainment hizo en 1999 una adaptación para la pantalla chica, donde el papel de Alicia es interpretado por Tina Majorino y Whoopi Goldberg en la voz del gato de Cheshire, actrices que ya habían compartido créditos en la película "Corrina corrina" en 1994. No tuvo gran impacto esta filmación... pero ahora gracias a la tecnología en pantallas tridimensionales y al talento y mercadotecnia de Tim Burton como Director, Alicia vuelve a habitar nuestra cotidianeidad y nuestras conversaciones, porque ya no solamente se habla de Carroll en las aulas donde se estudia literatura, ahora está en la conversación de los adolescentes que seducidos por Johnny Deep, Helena Bonhan Carter, Anne Hathaway y Mia Wasikowska, o por el trabajo previo de Burton, esperan con ansia reunirse en la sala oscura del cine como quien se reúne en torno al fuego a escuchar una historia, calarse unos lentes que les darán una óptica alternativa… (¿se parecerán esos lentes a los que los lectores traen integrados, para su bendita locura y creatividad, al toparse con el relato de Alicia en papel, cuando al leer hacen de las imágenes sugeridas por el texto una construcción multidimensional?). Habrá que ir a ver la película y hacer un mix de ese imaginario que muchos tenemos de Alicia.

Decía lo del furor del autor porque con la película no se escribirá solamente sobre el largometraje, sino también sobre la figura que concibió la obra y, por supuesto, la obra en sí. 


Ejemplo de ello lo podemos ver publicado hoy en la Revista Ñ en el texto de Guillermo Martínez, el escritor y matemático argentino, un texto sobre Lewis Carroll que recrea la atmósfera de esta mítica niña que existió y que sedujo con sus pocos años a Carroll, atrapándolo en aquellas redes de lo que Vladimir Nabokov (¿quién, si no él?... Lo-li-ta...) llamara Nínfula:
Entre los límites temporales de los nueve y catorce años surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.

Nínfula o, en palabras del escritor yucateco Juan García Ponce, Ninfeta, como llamó a un cuento suyo que forma parte del libro Cinco Mujeres: "Nabokov crea un nuevo símbolo sexual: la ninfeta, y a través de ese símbolo impone para siempre un tipo, una figura ideal".

El texto de Guillermo Martínez es perfecto para entender la concepción de Alicia en el país de las maravillas y conocer a su autor, su relación con lo que mencioné anteriormente de Nínfula, sin duda polémico y digno de compartir.

Para leer el texto "Aventuras de una niña bajo tierra", dar click aquí

miércoles, 3 de marzo de 2010

Georgina Herrera

Ilustración de Rebeca Lozano. 

Reencarnación


Georgina Herrera (1936).
Poeta cubana.

Como será si vuelves
y yo también,
sin que sepamos
que fuimos ya; sin un indicio.
Ser otra vez, sin más destino
que encontrarnos así,
como si nunca.

Quiero llegar a ti y que tú vengas
en despacioso viaje, como
tú sólo sabes.

No tener más destino
que el de siempre.
Asombrarnos los dos.

No importa que paguemos
deudas que no sabemos cuales fueron,
pero que vuelvas
y venga y, para estar juntos,
queriéndonos, mientras
se hace palabras sobre mi piel
aquel asombro tuyo al descubrirme;
yo, asombrada también.

Que me concedas lo que ya me diste,
que nuevamente
me prometas lo que sí cumpliste.