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domingo, 28 de febrero de 2010

Lucia Micarelli

Hace un año exactamente fue en Boston el concierto del trompetista Chris Botti y, como es costumbre y para nuestro agasajo, invitó a amigos músicos para compartir el escenario. Entre ellos estuvo Lucia Micarelli, la violinista jovensísima de quien comparto la sublime interpretación de Emanuelle ... la entonces polémica película que a más de uno hizo estremecer en aquella escena (¿la recuerdan?) donde los espectadores apenas entrevemos a los amantes por el pabellón que cubre la cama...

Esta es la melodía:




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sábado, 27 de febrero de 2010

¿Quién no sucumbió alguna vez al encanto de una lista?

Ese vértigo de hacer listas en la vida, el arte y la literatura


En una charla que Umberto Eco dio a propósito de la muestra El vértigo de las listas y la publicación del ensayo homónimo, el escritor italiano recordó la clásica pregunta que se les hace a los hombres de letras: "Si usted debiera llevar un solo libro a una isla desierta, ¿cuál eligiría?". Eco empezó por manifestar asombro por la habitual falta de imaginación de sus colegas. "Siempre se llevan algo de Shakespeare." Él, en cambio, declaró que preferiría abismarse en la lectura de la guía de teléfonos porque cada línea representa un ser humano, es decir, toda una historia: la novela de una vida. De ese modo transformó lo que él llama "una lista práctica" en una "lista poética".


Por Hugo Beccacece
Publicado hoy en ADNCultura


Imagen de John Ritter




¿Quién no sucumbió alguna vez al encanto de una lista? Sin embargo, con frecuencia se piensa en ellas como el emblema del aburrimiento. Es un error, fruto de un juicio apresurado. Basta pensar en los siete pecados capitales para darse cuenta de que, detrás de una enumeración, nos puede aguardar el cielo o el infierno. ¿Qué esperar entonces de una lista de listas? Una de las posibles respuestas está al alcance de todos. Hace un tiempo, el Museo del Louvre le pidió al erudito, sutil y goloso Umberto Eco que organizara durante el mes de noviembre de 2009 una muestra, acompañada por una serie de conferencias, proyecciones y conciertos sobre un tema de su elección. De inmediato, Eco pensó en las listas, un asunto que le ha interesado desde la juventud. El resultado fue la exposición El vértigo de las listas y el libro homónimo, editado por Lumen en español, que ahora se distribuye en la Argentina.

El semiólogo italiano quiso completar con esta obra una suerte de trilogía cuyas dos primeras partes son La historia de la belleza y La historia de la fealdad . Los tres libros tienen una estructura común. Cada capítulo está dividido en tres partes: una reflexión teórica de Eco, uno o varios textos literarios que la ejemplifican, y una serie de ilustraciones artísticas (pinturas, dibujos, fotografías). Hojear cada uno de esos tres volúmenes es un placer estético por el acertado criterio con que se seleccionaron las imágenes, a menudo tan raras como bellas o monstruosas.

Eco, entregado al hechizo de los etcéteras, de las comas que separan nombres de objetos, animales, gemas, iglesias y... etc., elabora una clasificación de las listas que revela cuánto ha pensado en ellas. Empieza por dos, célebres, que se hallan en la Ilíada de Homero. La primera: Aquiles ha perdido sus armas y su madre, la ninfa Tetis, le pide a Hefesto que forje un nuevo escudo para el guerrero. El dios del fuego crea entonces una pieza formidable en la que representa la tierra, el mar, el cielo, las estrellas y dos ciudades. En una de esas ciudades, se ve una fiesta nupcial con los novios y los invitados, y una plaza donde se desarrolla un juicio. En la otra, aparece un castillo, atacado por un ejército. A un costado, hay pastores, que son asaltados y asesinados por ladrones. Hefesto acumula siluetas de personajes, paisajes, construcciones en esa plancha de metal destinada a defender el pecho de Aquiles. Pero no se trata sólo de cosas o de hechos que ocurren al mismo tiempo, también hay una serie de acciones que se suceden. Aunque la enumeración es larga y resulta inverosímil que todas esas imágenes quepan en un bruñido círculo, la lista no sólo es finita, además tiene una forma y no sugiere más que lo que está a la vista.

El segundo ejemplo homérico es el catálogo de las naves griegas que combaten contra los troyanos. Ese elenco se despliega en el canto II de la Ilíada y en él no se menciona toda la flota y a sus capitanes, a pesar de que los 350 versos están atestados de nombres de regiones, ciudades y caudillos; lo que busca sugerir el poema es la enorme superioridad numérica de las fuerzas que sitian las murallas de Troya. Aunque ese número es finito, nadie podría contarlo porque es demasiado alto, es casi infinito. Ese infinito tiene que ver con la cantidad, no con el sentimiento. Eco hace una distinción. A veces, la perfección de una cosa que se admira puede producir el sentimiento subjetivo de algo que nos supera, que está más allá de este mundo finito: en eso consiste el infinito de la estética, que no se deja expresar con cifras, es más bien una intensidad, la de lo sublime.

Algo, no sólo su sobrepeso, hace pensar que el semiólogo italiano tiene buen diente en la mesa, pero también en el resto de la vida. En ese sentido, este libro es una confesión encubierta. Eco opone las listas prácticas a las poéticas. Como ejemplo de las primeras pone la de las compras, la de invitados a una fiesta, el inventario de objetos de cualquier lugar, el menú de un restaurante, pero también la enumeración de amantes de Don Giovanni que hace su criado, Leporello, en la ópera de Mozart. Las listas poéticas, en cambio, responden a la necesidad de establecer un registro parcial "de aquello que escapa a la capacidad de control y de denominación, como ocurre con el catálogo de las naves de Homero". A veces, intentan producir un efecto artístico o un estado de ensoñación. Con frecuencia, se trata de una sucesión de palabras con cierto ritmo y sonoridad, que actúan como un mantra, como un medio de liberarnos del ajetreo cotidiano y de adentrarnos en la vida interior, en el yo más profundo. El recitado de las letanías de la Virgen María, su larga serie de atributos, tiene esas características. Dejarse llevar por esas sonoridades genera una sensación de vértigo, como reza el título del libro de Eco. Ya no somos nosotros los que dominamos las palabras. Ellas nos llevan de la mano o más bien, de la lengua. Pero Eco nos advierte que una lista práctica puede convertirse en poética; basta, como siempre, con la intención. Podemos no entrar en un restaurante, más aún, podemos estar sometidos a la más estricta de las dietas, pero leer con placer la lista de los platos que nos ofrece un establecimiento mientras nos entregamos a la memoria de los sabores, que acosa el paladar. Proust recorría las guías turísticas sin ninguna finalidad utilitaria: se demoraba en los nombres de lugares a los que nunca iría porque sabía que la realidad sólo encierra decepción. En cambio, los sonidos de las palabras, las imágenes que uno asocia con ellas, le permitían viajar sin moverse de su cuarto.

Precisamente Eco dedica todo un capítulo a las listas de lugares y, entre los autores más proclives a ellas, menciona a Charles Dickens, James Joyce, Proust, Italo Calvino y a Walt Whitman, que jamás se privo de hacer todo tipo de enumeraciones. Cuando se refiere a estos catálogos geográficos, Eco señala que muchos de ellos están hechos con avidez, con voracidad. Y, en esa aclaración, uno puede adivinar otra confesión del autor. Su pasión por las listas es la de un hombre voraz que devora, por medio de las palabras, el mundo que se le enfrenta. Eco pone como ejemplo de ese impulso omnívoro un capítulo de Finnegans Wake en que Joyce inserta centenares de nombres de ríos de distintos países. En los cuadros que representan ciudades, uno encuentra a menudo la ansiedad de quien busca mostrarlo todo porque, al mismo tiempo, quisiera estar en todos lados. Eso hace que Eco se ocupe del lugar de todos los lugares, el sótano donde se halla el célebre Aleph de Jorge Luis Borges: el maravilloso punto, escondido en una casa porteña, que permite ver simultáneamente todas las cosas que existen o existieron en el universo. Esa vocación de totalidad se expresa de todos modos por un elenco incompleto de objetos colocados en determinados lugares, de paisajes, pueblos, ciudades bajo cierta luz y, al mismo tiempo, bajo otra luz. En verdad, la enumeración es, en este caso, una epifanía. Eco cita un fragmento del cuento de Borges en el que se revela el problema de algunas listas "completas", que no pueden serlo: la enumeración siquiera parcial de un conjunto infinito. Dice Borges:

En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces, ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es.

A veces la enumeración aparece en una serie de figuras retóricas destinadas a fines muy concretos. La insistencia por medio de una acumulación de frases de significado semejante, destinada a atacar a alguien, aparece en la Primera Catilinaria , de Cicerón:

¿Hasta cuándo, Catilina, has de abusar de nuestra paciencia? ¿Cuándo nos veremos libres de tus sediciosos intentos? ¿A qué extremos se arrojará tu desenfrenada audacia? ¿No te arredran ni la nocturna guardia del Palatino, ni la diurna vigilancia de la ciudad, ni las alarmas del pueblo, ni el acuerdo de los hombres honrados, ni este fortísimo lugar donde el Senado se reúne, ni las frases amables y semblantes de todos los senadores? ¿No comprendes que tus designios están al descubierto?

Se trata de una amplificación oratoria que alcanza su clímax en la sucesión de los "no" y de los "ni". En cada una de esas frases se está diciendo lo mismo, pero la enumeración, muchas veces neutra, cobra un carácter dramático y amenazante en este caso por el hecho de repetir una y otra vez la misma idea.

n los capítulos consagrados a las mirabilia , las cosas dignas de ser admiradas, y a los horrores, Eco se libra al gusto por las curiosidades. La Historia natural de Plinio es el modelo de las enciclopedias antiguas y medievales y, en ella, tienen cabida todo tipo de hechos y de datos, agrupados con un criterio poco definido. Pero, como dice Eco, lo que fascinaba a los lectores comunes en la Antigüedad y en la Edad Media era la lista de los portentos, de los seres monstruosos mencionados, por ejemplo, en el Liber monstrorum diversi generibus , de Isidoro de Sevilla, o los Otia Imperialia , de Gervasio de Tilbury. La lista de entradas que proporciona Eco impresiona por la diversidad: la sal agrigentina, el higo egipcio, la carne imputrescible de Nápoles, los baños de Pozzuoli, las puertas del infierno, el combate de los escarabajos. Ese caos tiene un interés poético para los autores contemporáneos, sobre todo de ficción, porque saben que esas listas no remiten a nada real sino a la mera fantasía de la época. Y, una vez más, Eco menciona a su caballito de batalla: Borges, en El libro de los seres imaginarios enumera dragones, pigmeos, el elefante que predijo el nacimiento de Buda, los elfos, la zorra china.

El humor y el exceso son los rasgos de las enumeraciones interminables de Rabelais y de sus personajes. Lo que las caracteriza es precisamente que se extienden páginas y páginas y que revelan una inventiva inagotable. El salto entre una mención y la siguiente es lo que provoca el asombro y la carcajada. Cada coma está destinada no sólo a la respiración, a separar lo que es distinto, sino a dar un nuevo giro a la inventiva.

La diversión irreverente es otro de los atractivos del libro de Eco. En especial, la lista de reliquias comprende partes del cuerpo de los santos diseminadas en toda Europa, en las iglesias más apartadas las unas de las otras. La mandíbula de un mártir puede encontrarse en un templo del sur de Italia, pero su nariz, en un convento del norte, mientras que un diente se conserva en un museo de Hungría. Harapos, anillos, pelos son objeto de preservación y respeto. Esos extraños conjuntos recuerdan las escenas finales de El Gatopardo , de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, cuando el autor se refiere a la última gloria que le queda a la otrora poderosa familia de los príncipes de Salina: las reliquias religiosas conservadas como signo de antigua nobleza, hasta que la misma iglesia ordena destruirlas porque son falsas y el esplendor de los Salina se disuelve en una nube de polvo amarillento viejo de siglos.

El libro de Eco no deja de estudiar las listas caóticas, las que no parecen responder a ningún criterio, en las que todo está mezclado, el tipo de listas incongruentes a las que era tan afecto Borges. Una vez más, el argentino es el ejemplo privilegiado para definir la "lista no normal", la que hace estallar la definición misma de lista. Borges cita en el ensayo "El idioma analítico de John Wilkins" la lista de los animales de la enciclopedia china Emporio celestial de conocimientos benévolos . Según esa obra, los animales se clasificarían en "1) pertenecientes al emperador, 2) embalsamados, 3) amaestrados, 4) lechones, 5) sirenas, 6) fabulosos, 7) perros sueltos, 8) incluidos en esta clasificación, 9) que se agitan como locos, 10) innumerables, 11) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, 12) etcétera, 13) que acaban de romper el jarrón, 14) que de lejos parecen moscas". La enumeración tiene como fin cuestionar los criterios racionales aceptados por el común de los mortales y mostrarnos la arbitrariedad de cualquier clasificación. Es inconcebible por ejemplo que "etc." aparezca en mitad de la sucesión y no al final. Del mismo modo, cuando se nombran los animales "incluidos en esta clasificación", es como si los cimientos de la lógica temblaran, porque en una enumeración de animales, se introduce un concepto. Dice Eco:

O bien el de los animales es un conjunto normal y por tanto no ha de contenerse a sí mismo, cosa que sí ocurre en la lista de Borges: O bien si fuese un conjunto-no-normal, la lista sería incongruente porque entre los animales aparecería algo que no es animal porque es un conjunto. Con la clasificación de Borges la poética de la lista alcanza su punto de máxima herejía y abomina de todo orden lógico preestablecido.

Al establecer una clasificación de las listas, el libro de Eco tiene el carácter de una lista de listas y revela que, a pesar del tono neutral de toda enumeración y de su austeridad expresiva, hay pocas cosas tan personales como esa sucesión de palabras agrupadas por la razón o más bien por el capricho.


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Enumerar y amar

Por Hugo Beccacece

lanacion.com | ADN Cultura | S�bado 27 de febrero de 2010



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jueves, 25 de febrero de 2010

La lluvia que no eliges

Vuelvo a Rayuela,
o lo mismo que es decir:
Vuelvo al sur
como se vuelve siempre al amor.

Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.

Julio Cortázar fue algo parecido a un primer amor. Su-Mi capítulo 93 resalta con los párrafos iluminados en naranja, con un doblez a modo de homenaje en la esquinita de la página. Un clásico para releer y en el que nunca soy la misma, ya lo dijo Marina Tsvetaeva a propósito de Heráclito:

Nadie ha estado dos veces en el mismo río,
pero ¿ha estado alguien dos veces en el mismo libro?

Estoy segura que a quienes Rayuela nos ha acompañado en la vida, lo anterior es ejemplo de lo que nos sucede cada vez que volvemos a sus páginas.



Capítulo 93

Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fijate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

martes, 23 de febrero de 2010

Malena Durán

Y para hoy una canción de David Aguilar en la voz de Malena Durán, la cantante mexicana que anda por tierras yucatecas. David Aguilar también es mexicano, talentoso compositor, malabarista de palabras; conocía su canción pero no esta versión cantada por Malena, así que aquí la comparto. Quienes por motivo de geografía no puedan acudir a escucharla el viernes por la noche y quieran conocerla, visiten su sitio web dando click aquí

Se levanta el telón.
Y con ustedes: "Eco".

Eco

Malena Durán | Videos musicales de MySpace



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Estaba a punto de subir el post... pero antes de cerrar la puerta el día de hoy vuelvo a meter el cuerpo y la voz a este espacio para compartir la canción gracias a la cual conocí a Malena el año pasado. El compositor es Mauricio Díaz "El Hueso", otro malabarista de versos: ya verán. La canción se llama Isela; es una obra de arte. Quienes conozcan al Hueso sentirán alguna reminiscencia de "Amor", precisamente por aquello de los malabares.

En fin, mejor los dejo con Malena, no se diga más... que empiece la canción:




lunes, 22 de febrero de 2010

Declaración de principios

"Bañista sentada" (1930). Pablo Picasso. 
Alberto Hidalgo (1897-1967). 
Poeta peruano.

Desde el perfume en que te quiero tanto
hasta esa gran ternura que como túnica te viste
hay un camino a mi alma
que es un camino a mi dicha

Ese color tan lento ese color besado que te empieza
y tus senos acostumbrados a que mis ojos los estrujen
y tu boca de donde sale felicidad a torrentes
y la piel que te cubre con lujuria de raso
obstáculo exquisito entre mis dientes y tu carne
todo eso desemboca en este amor que me integra

Tu sonrisa es la época de ser feliz pues se conoce
la ciencia de tus labios que muerden desde lejos
manos para el milagro de hacer brotar la fuerza de una mecánica muy dulce
que habría sido inercia para siempre sin tu gloriosa asistencia

En tus piernas se inicia el paraíso
paraíso perdido y al fin reencontrado
donde vivir en nuestro tiempo la edad de la manzana
Nadie ha logrado tu retrato porque tú comienzas
en una zona de ti misma difícil al pincel el lente o la palabra
Comienzas en el tono la mirada el andar
nada del cuerpo te principia, pero tu cuerpo es donde acaba todo
hasta la vida en él concluye mas se inicia de nuevo
océano al que fluyen atropellados ríos
puerto de los deseos y los besos
ay adorado cuerpo de mi muerte

Y yo era solo, y yo era triste, y yo era un menos y no era yo sin ti
No es nada el ángulo que no tiene un lado
yo era como él pues me faltabas tú
Recién estoy completo como un redondo como un mundo entero

jueves, 18 de febrero de 2010

Jaime Jaramillo Escobar

Robert Doisneau. Fotógrafo francés.
"Sunday morning in Arcueil". 1945.
El deseo

Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle,
y que nos sentemos en un café a hablar largamente
de las cosas pequeñas de la vida,
a recordar de cuanto tú fuiste soldado,
o de cuando yo era joven y salíamos a recorrer juntos
la ciudad, y en las afueras, sobre la yerba, nos echábamos
a mirar cómo el atardecer nos iba rodeando.
Entonces escuchábamos nuestra sangre cautelosamente
y nos estábamos callados.
Luego emprendíamos el regreso y tú te despedías siempre en la misma esquina
hasta el día siguiente,
con esa despreocupación que uno quisiera tener toda la vida,
pero que sólo se da en la juventud,
cuando se duerme tranquilo en cualquier parte sin un pan entre el bolsillo,
y se tienen creencias y confianzas
así en el mundo como en uno mismo.
Y quiero además aún hablarte,
pues tú tienes dieciocho años y podríamos divertirnos esta noche con cerveza y música,
y después yo seguir viviendo como si nada...
o asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas,
mientras la Muerte me espera en el guardarropa para ponerme mi abrigo negro
a la salida,
yo buscando la puerta de emergencia,
la escalera de incendios que conduce al infierno,
todas las salidas custodiadas por desconocidos.
Pero hoy no podré encontrarte porque tú vives en otra ciudad.
Mientras la tarde transcurre
evocaré el muro en cuyo saliente nos sentábamos
a decir las últimas palabras cada noche
o cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre
y al salir comprendí que te amaba,
y en fin, tantas otras cosas que suceden...

Jaime Jaramillo Escobar (1932). Poeta colombiano.

martes, 16 de febrero de 2010

México: O Paraíso das Cores sob o Signo do Sol


Arriba, Viradouro!
uma tequila pra comemorar
um lenço vermelho, sombrero na mão
o México em cores vou cantar!


¡Cuándo nos habríamos imaginado a Frida Kahlo, sentada en su cama, desfilando en el Carnaval de Brasil! ¡Al Chavo del Ocho bailando ante miles de personas en su barril, al Chapulín Colorado, con las antenas alborotadas! ¡A los muertos del 1 y 2 de noviembre, con sombreros de Charro, sambeando alegremente! ¡Al mismísimo Cantinflas! ¡Todos ellos como invitados de la gran fiesta en Rio de Janeiro!


Fotografía de Rafael Andrade



Este año la escuela de samba Viraudoro en Rio de Janeiro, desplegó en ocho carros alegóricos y unas cuatro mil personas la algarabía mexicana en el sambódromo: bajo el título México: el Paraíso de los colores bajo el signo del Sol, desfilaron por la pasarela brasileña íconos de la cultura popular mexicana, ¡y hasta la Virgen de Guadalupe bailó! Lindo tributo el que hicieron los brasileños, empezando por la letra de la samba que acompañó el maratónico recorrido como la interpretación que hicieron del imaginario colectivo mexicano.


Fotografía de Lucíola Villela


Nascida nos esboços em carvão de um artista,
Nacida de los diseños en carbón de un artista
Na paleta das cores geniais de Rivera e Frida,
En la paleta de los colores geniales de Rivera y de Frida,
Criar, valorizar, misturar as raças...
Crear, valorar, mezclar las razas...
Reclamar a ideologia mestiça!
¡Reclamar la ideología mestiza!
Inspirar uma arte a serviço do povo!
¡Inspirar un arte a servicio del pueblo!
Arte que vibra. Transborda de alegria...
Arte que vibra, transborda de alegría...
Pintar nos murais, as cores intensas, vivas de liberdade
Pintar en los murales, los colores intensos, vivos de libertad
Para invadir as fachadas, ganhar as ruas
Para invadir las fachadas, tomar las calles
Em desenhos radiantes, explodir em criatividade espontânea;
En dibujos radiantes, estallar en creatividad espontánea;
E contar as narrativas do dia-a-dia...
Y contar las narraciones diarias...
Nas antigas lições do passado, agregar o valor das memórias,
En las antiguas lecciones del pasado, agregar el valor de las memorias
De fábulas de lutas e glórias.
De fábulas de luchas y de glorias.
Fazer florescer, em meio às sombras,
Hacer florecer, en medio a las sombras,
Cidades dos sonhos:
Ciudades de los sueños:
“Lugar onde se fazem os Deuses”...
“Lugar donde se hacen los Dioses”...
Relembrar o resplandecer dos templos sagrados de Deuses agrários,
Recordar el resplandecer de los templos sagrados de Dioses agrarios
Das pirâmides do sol e da lua,
De las pirámides del Sol y de la Luna
Dos palácios bordados com pedras de jade e turquesa,
De los palacios bordados con piedras de jade y turquesa
Perdidos no crepúsculo do findar de mitos e crenças...
Perdidos en el crepúsculo donde se terminan mitos y creencias...

(...)

Salve a mistura de ingredientes que temperam esta terra,
Viva la mezcla de ingredientes que sazonan esta tierra,
De sol e tequila, de “señoritas” de olhos negros e cabelos sedosos,
De sol y tequila, de señoritas de ojos negros y cabello sedoso,
De Mariachis e índios, de corações nobres e sentimentais
De Mariachis e indios, de corazones nobles y sentimentales
Com uma pitada de saudade, do sorriso de Cantinflas.
Echando de menos la sonrisa de Cantinflas.
Vivo na alegria dos aromas e sabores, dos tacos, tortillas e chiles.
Vivo en la alegría de los perfumes y sabores, de los tacos, tortillas y chiles.
No clima dos costumes, dos dias de festas,
En el clima de las costumbres, de los días de fiesta
Em que a música e a dança, enchem de vida belos vestidos de renda
En los que la música y el baile, llenan de vida lindos vestidos de encaje
Que rodopiam num bailado multicor de tradição nativa.
Que giran en un baile multicolor de tradición local.
Fantasiada de esqueleto, bem-humorado, que celebra o dia de finados.
Disfrazada de esqueleto, bienhumorado, que celebra el día de los muertos.
Um paraíso natural que não rima com tristeza.
Un paraíso natural que no rima con tristeza
Pátria maior, orgulhosa da capital, a Cidade Monstro,
Patria mayor, orgullosa de la capital, la Ciudad Monstruo
Da Babilônia da Fronteira, do “Pote de Ouro”,
De la Babilonia de la Frontera, del “Pote de Oro”,
Da “Capital da Prata”, da “Cidade dos Anjos”,
De la “Capital de la Plata”, de la “Ciudad de los Ángeles”,
De cenários mágicos de se perder o fôlego,
De escenarios mágicos donde se pierde el aliento
De lembranças doces, com o gosto da vitória,
De recuerdos dulces, con el gusto de la victoria,
Sob o aceno dos sombreros a conquista verde e amarela.
Bajo los saludos de los sombreros, la conquista verde y amarilla
Numa terra gloriosa, dona de uma história esculpida em pedra,
En una tierra gloriosa, dueña de una historia esculpida en piedra,
Contada na arte das paredes que falam,
Contada en el arte de las paredes que hablan
Real, pelo suor de filhos fortes que teimam em renascer.
Real, por el sudor de hijos fuertes, que insisten en renacer.
Para rogar à Virgem padroeira, sua benção.
Para rogar a la Virgen, su bendición.

A Viradouro então abre o coração,
La Viradouro entonces abre el corazón
Com seus sentidos aflorados, se une ao México pleno de amor e coragem,
Con sus sentidos aflorados se une a México, lleno de amor y coraje,
Para seguir o caminho da felicidade,
Para seguir el camino de la felicidad
Coberto por rosas, sem espinhos,
Cubierto por rosas, sin espinas
Iluminado pelo eterno Signo do Sol e pela fé em Guadalupe.
Iluminado por el eterno Signo del Sol y por la fe en Guadalupe
É Carnaval, é Alegria, é México!
¡Es Carnaval, es Alegría, es México!

Texto de Edson Pereira y Junior Schall.






Muito obrigada Brasil!



PD. Además de la estampa mexicana, anduvo en el sambódromo un hombre entrañable, Miguel Cervantes de Saavedra. La Escuela Ilha le rendió tributo a Don Quijote de la Mancha. De piloncito, esta imagen de Anderlei Almeida.


domingo, 14 de febrero de 2010

Momix: El mundo de los sueños

El tres de febrero, en Roma, la Momix Dance Theatre Company estrenó en el Olympic Theatre la más reciente coreografía del mago visual Moses Pendleton. El espectáculo se llama Bothanica porque lo que vemos en el escenario son metamorfosis que desafían a lo real, cuerpos que al moverse en la danza van entramando visiones que de un cuerpo humano sólo podríamos concebir en la imaginación, pero que tienen lugar, con el talento de Pendleton, en el escenario; esto es Bothanica en sus propias palabras:

Mi relación con Bothanica es poética, entre humanos y naturaleza, similar a la que tuvo Pablo Neruda, mi poeta preferido, en la escritura. Este espectáculo da la idea de metamorfosis. Como un cuerpo se convierte en piedras, árboles o abejas. En Bothanica más que nunca, utilizo elementos escénicos fantásticos, para crear imágenes que amplíen la gama de las emociones normalmente disponibles. Por ejemplo, una tela elástica que se adhiere al cuerpo, pero que también puede inflarse mucho en un momento y que puede transformarse de concha en un bellísimo iris. En la creación del espectáculo, primero tratamos de ver las imágenes, y esculpirlas como lo haría un pintor, no un escultor. Luego le aplicamos música y coreografía, así nacieron pájaros, rocas que se vuelven seres vivos, flores, insectos, árboles e incluso una tormenta.

Los intérpretes tienen una formación muy completa (danza, acrobacia) y un fuerte trabajo físico, sobre todo muy buenos pies. Sólo así pueden dar la impresión de ser pájaros corriendo en la playa y pueden interpretar imágenes que no son de este mundo. A esto se agregan las luces y escenografías con ilusiones ópticas, animadas a veces por sonidos de la naturaleza y en otras con músicas de Vivaldi o de Peter Gabriel, que crean el universo del espectáculo. La palabra clave es fluir. Rompiendo, para ello, los supuestos límites entre realidad e imaginación. El surrealismo dice que la fantasía y los sueños contienen realidad, estoy de acuerdo y cultivo el mundo de los sueños y eso creo que se refleja en el mundo de Momix.

En casi todas las formas budistas, el humor es un estado mental que te permite fluir, como el agua. Que algo sea gracioso no significa que no sea serio. Es una forma de liberación, para la audiencia y para nosotros, que nos deja actuar sin que nos paralice pensar en lo que debemos o no hacer. Los dioses no trabajan, juegan, y por eso los niños están más cerca de ellos. La espontaneidad es libertad. Saber que puedes jugar te da una enorme confianza. Al contrario, mucha seriedad te deprime.


Aquí van unas fotografías de Alessandro Bianchi que ilustran lo anterior y si quieres visitar la página de Momix, click aquí.
























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sábado, 13 de febrero de 2010

Con el corazón en las manos

Publicado hoy en ADNcultura
Por Graciela Speranza





Gabriel Orozco, el artista nacido en México que conquistó el mundo, recibió a adncultura en Nueva York, donde logró algo casi imposible para un latinoamericano: una retrospectiva en el MoMA en mitad de su carrera. Conservar la capacidad de asombro es la clave de su éxito.



PRIMERA ESCALA. Con esta potente imagen recibe al público la retrospectiva del MoMA, que viajará a Basilea, París y Londres


Una imagen explosiva por donde se mire recibe al visitante en el sexto piso del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Por un camino de tierra bordeado de palmeras, un camión azul escapa de una fenomenal pared de nubes negras, apenas interrumpida por la carita de un chico de tez oscura y sombrero de colores, que asoma entre la masa compacta de humo como un ángel que vela desprevenido por el destino del mundo. Hay mucho para ver si se atiende al juego de colores y escalas, pero una esfera rosa que está en el centro de la imagen capta enseguida la vista y lo trastoca todo: con los mofletes inflados el chico está a punto de hacer estallar un chicle globo. La explosión descomunal del volcán contrasta con la inminencia irrisoria del estallido del globo, la piel oscura del chico desentona con la típica golosina estadounidense, y la negrura ominosa de las nubes realza los colores vibrantes del camión, el follaje y el sombrerito autóctono. Con la elocuencia casi mágica del montaje, las cosas, dispuestas juntas pero añadidas según sus diferencias, toman distancia y dicen más que lo que muestran. Hablan.

El collage original de 1996, guardado en un cuaderno de notas y ampliado ahora hasta cubrir las paredes de la entrada, es por muchos motivos un buen comienzo para la muestra de Gabriel Orozco que exhibe el MoMA hasta el 1° de marzo, primera escala de un viaje que continuará en el Kunstmuseum de Basilea, el Centro Pompidou de París y la Tate Modern de Londres, en un recorrido excepcional para un artista nacido en Xalapa, Veracruz, en 1962, que empezó a mostrar su obra a principios de los años 80. Es la primera muestra individual que el museo dedica a un artista mexicano después de las de Diego Rivera y Manuel Álvarez Bravo, y una de las pocas a un latinoamericano tan joven. Pero Orozco parece moverse a gusto en el MoMA, donde dispone la variedad inclasificable de su arte con la misma mirada intensa y a la vez sosegada, si cabe la paradoja, con que ha recompuesto el mundo, como en el collage , para que diga otras cosas. Han pasado dieciséis años desde que instaló sus esculturas lábiles de objetos cotidianos en espacios impensados del museo (arreglos geométricos de naranjas frescas en las ventanas de un edificio lindante; una hamaca paraguaya que no consiguió colgar de dos rascacielos, pero colgó en el jardín entre esculturas de Giacometti y Picasso), y sin embargo sigue desvelando a los críticos, obligándolos a redefinir los medios, ampliar las genealogías, cruzar culturas y tradiciones, para reflejar el lugar único que ocupa en el paisaje del arte contemporáneo. No sorprende entonces que por efecto del impulso con que él mismo expandió los espacios convencionales del arte, su Matriz móvil (un monumental esqueleto de ballena encontrado en las costas de Baja California, pacientemente recompuesto e intervenido con círculos concéntricos dibujados con grafito) se haya trasladado desde la Biblioteca Vasconcelos de Ciudad de México y flote ahora en el atrio del MoMA...




NUEVA YORK. La Matriz móvil en el MoMA




MÉXICO. La Matriz móvil, un esqueleto de ballena gris intervenido por Orozco, en su espacio de exhibición habitual: la Biblioteca Vasconcelos.



... que 400 de los 672 grabados digitales de su serie geométrica Árboles del Samurai cubran las paredes de una sala completa (mezcla de "fusión nuclear" y "gloria bizantina", en la fórmula ingeniosa de Peter Schjeldahl, el crítico de The New Yorker que recorre la muestra entusiasmado), y que una selección nutrida de obras de los últimos veinte años ocupe por derecho propio las clásicas salas de paredes blancas.

Casi en el centro del recorrido está La DS , su obra más celebrada, un Citroën francés original de los años 60, que Orozco seccionó quirúrgicamente en un taller parisiense en 1993, reduciéndolo a dos tercios de su tamaño real, hasta convertirlo en ícono absurdo del culto burgués europeo, exacerbado en su promesa aerodinámica de velocidad pero vuelto inerte sin el motor, impropio en su interior comprimido para cualquier fantasía publicitaria de viaje familiar o romántico. Con toda su carga irónica, La DS se impone en el espacio con la misma belleza escultural de un ready-made duchampiano o un pájaro acerado de Brancusi ("¿Quién podrá hacer algo más bello que esto?", le preguntó Duchamp a Brancusi frente a una hélice en una feria de aeronáutica en 1912). Pero antes de que adquiera la consistencia densa de los objetos estéticos consagrados, Orozco se encarga de volver a profanarlo. No sabe qué hacer con el abrigo que carga de un lado a otro mientras ultima detalles de la instalación con Ann Temkin, la curadora, y lo guarda en el baúl del auto con mal disimulada picardía, en una nueva banalización de la deése (diosa, según la pronunciación francesa de la sigla), que liquida cualquier pretensión escultórica sublime.



LA DS. Creada en 1993 con un Citröen recortado, "La Diosa" lanzó a Orozco al estrellato



El gesto resume bien el desenfado con que Orozco eludió las trampas de las instituciones del arte después de sus primeras muestras consagratorias. En 1993 ocupó el espacio asignado en el Aperto de la Bienal de Venecia con una caja de zapatos vacía y, al año siguiente, para su debut en la galería neoyorquina Marian Goodman, colgó cuatro tapas de yogur Danone en las paredes del cubo blanco, dos obras que no se contentaron con reducir al absurdo el ready-made duchampiano, sino que en la línea de los 4´ 33´´ de silencio de John Cage reduplicaron el vacío de las salas con simples contenedores descartables, sin descuidar la disposición precisa de los objetos en el espacio y la elegancia sutil de las formas industrializadas. Pero el arte de Orozco nunca se limitó a esas audacias, claros dobles institucionales de lo que hizo a cielo abierto en todas partes. Mucho antes de reconfigurar los espacios de la galería, el museo o las bienales con objetos cotidianos, derribó las paredes del estudio y llevó el arte literalmente a la calle. Viajero vocacional, recolector voraz, coleccionista, fotógrafo, escultor, instalador, artesano, pero sobre todo paseante urbano incansable, trastocó las fronteras geográficas y las definiciones de los medios, alterando el paisaje conocido con intervenciones muy variadas, pequeños gestos o lazos en los intersticios, capaces de activar espacios, conexiones y nuevos sentidos, y de sacudir la percepción anestesiada por la costumbre. Basta ver las huellas circulares que dibujó con una bicicleta entre dos charcos ( Extensión del reflejo ), la figura evanescente que compuso con naranjas en las mesas vacías de una feria brasileña ( Turista maluco ), los desechos urbanos con los que replicó en miniatura el skyline de Manhattan ( Isla dentro de una isla ), la serie de encuentros con otras motos Schwalbes, iguales pero no idénticas a la suya, que registró en sus recorridos por Berlín ( Hasta encontrar otra Schwalbe amarilla ); imágenes sin ningún subrayado exótico o geográfico preciso que distinga las grandes capitales del mundo de Mali, Timbuktu, Ecuador o Costa Rica. Extremando la movilidad del ready-made , Orozco reemplazó la localización fija del taller del artista por el vaivén entre las casas estudio de Nueva York, París, Ciudad de México y la costa de Oaxaca, para emprender desde allí una serie de prácticas in situ , con resonancias claras de su cultura o del postapocalipsis urbano, que empezó a registrar en la capital mexicana tras el terremoto de 1985, pero sin ningún apego folklórico o demagógico al legado de la tradición propia. Su obra se acerca a la cultura de México tan pronto como se aparta con genuina vocación cosmopolita (el damero de ajedrez dibujado sobre una calavera comprada en el SoHo, Barriletes negros , es un buen ejemplo de ese doble movimiento), en busca de objetos que condensen la tensión entre lo local y lo universal, la intervención y el registro, el modelo tecnoindustrial de la escultura y la artesanía, y dinamicen las diferencias. No son las únicas tensiones que animan su obra: orden y caos, campo y ciudad, mundo orgánico y geometría se debaten en las imágenes que Orozco encuentra o crea a su paso e invitan al espectador a sumarse a la experiencia. "El hecho de no trabajar con una técnica específica en un estudio fijo -dice- me permite enfocar el momento y el lugar en que estoy viviendo, y luego tratar de incorporarlo a la obra." Y también: "Más que representar mi cultura, mi raza o mi género, trato de generar un espacio vacío que pueda ocupar el que mira y le permita encontrar su propia identidad en la experiencia". Las obras, de hecho, han intentado a menudo integrar el entorno literalmente, como esa pelota de plastilina construida con su propio peso, Piedra que cede , que Orozco hizo rodar por las calles de las ciudades hasta moldearla con marcas y detritos, curioso autorretrato móvil con ecos de la cultura maya "definitivamente inacabado", que es también correlato estético de un recorrido abierto por el mundo, que no impone, sino que recibe y cede, que no quiere ocultar los restos y las diferencias, sino que los alberga.

Una cita de Julio Cortázar copiada junto a una imagen del sistema solar en su primer cuaderno de notas ("buscar era mi signo", "soy de los que salen de noche sin propósito fijo") condensa la centralidad del movimiento en la obra de Orozco que, en sintonía con el cosmos, abunda en esferas, elipses y círculos. Los trayectos fueron gestando un arte desarraigado, que encuentra materiales y formas en moradas transitorias antes que en raíces exclusivas y excluyentes, una invitación a atender a la vibración del presente y una respuesta categórica a los nacionalismos obtusos, los nomadismos banales o la estandarización forzada del mundo globalizado. También una negativa a la autoindulgencia en el estilo propio. "El estilo de un artista o el mundo de un artista -dice Orozco- se puede convertir en un territorio único y fijo, un tipo de fortaleza en la que no creo. No quiero marcar un territorio. La constelación del mundo que el artista genera, que yo quiero generar, está en constante movimiento."

No hay un estilo Orozco, es cierto, sino una constelación de objetos e imágenes que fuerzan los límites de los medios para que puedan contener el espacio y el tiempo, y albergar la tensión de las contradicciones. Con la misma versatilidad de sus trayectos, el artista vaga de un medio a otro o, más precisamente, deambula entre los medios. Fotografías que evitan la fijeza de la composición artística y son "un puente con la realidad y documentación de acciones concretas", esculturas que "se originan en un accidente furtivo o se encuentran en huellas indiciales o aleatorias" (la caracterización precisa es de su crítico más brillante, Benjamin Buchloh), pinturas que avanzan en expansión centrífuga siguiendo el movimiento del caballo de ajedrez y realizan el deseo duchampiano de concebir un arte que pueda "emular los placeres sensuales de la ejecución ideográfica de la imagen en el tablero".

No es casual que Orozco sea un lector atento de Borges. Una de las claves de su arte está en las paradojas (el auto, el ascensor y las bicicletas inmóviles, el corazón de terracota forjado con las manos, la apariencia orgánica de los materiales industriales), análogos visuales de las oposiciones que disparan los relatos de Borges (el traidor que es héroe, la india de ojos azules), abiertos en la tensión irresuelta de las polaridades a múltiples sentidos e interpretaciones. En esa dirección, las Mesas de trabajo , colecciones casi domésticas de esculturas en proceso que, si se quiere, cierran (y vuelven a abrir) el recorrido por las salas del MoMA, resumen bien la paradoja más prodigiosa de su arte, capaz de apresar el tiempo y el espacio en la materia discreta y estática. Irreductible a las presiones del mercado, sujeta a la fatalidad del accidente, la colección reúne hallazgos y experimentos estéticos que se acumulan con el tiempo, como cuadernos de notas en tres dimensiones. Cada vez que la mirada vuelve a las series heterogéneas dispuestas sobre las mesas descubre algo que no ha visto, encuentros azarosos y elocuentes ("azar enlatado", Duchamp otra vez) que los ojos, la mente y las manos han sabido capturar en un objeto.

Pocos artistas contemporáneos han alcanzado un equilibrio tan sutil entre atención al mundo sensible, iluminación poética, inteligencia y belleza. De ahí que sus logros hayan inspirado algunos de los textos más penetrantes de la crítica de arte reciente, así como abrieron caminos a muchos artistas más jóvenes y despertaron también ineludibles recelos. Los latinoamericanistas o los multiculturalistas que ofician a veces de policía migratoria bien podrían recordar que su tradición, como la de Borges, es todo el universo. En la estela del elenco variado de sus precursores, de dadá y los surrealistas a Joseph Beuys, Cage, Robert Smithson, los conceptuales brasileños o los constructivistas rusos, el arte de Orozco enseña a mirar y reencanta el mundo entero.

© LA NACION


FICHA. Gabriel Orozco , retrospectiva curada por Ann Temkin en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) , hasta el 1° de marzo; en el Kunstmuseum de Basilea, del 18 de abril al 10 de agosto; en el Centro Georges Pompidou de París, del 15 de septiembre al 3 de enero de 2011, y en la Tate Modern de Londres, del 19 de enero al 2 de mayo de 2011.

LINKS

Textos que recomiendo, publicados hoy también en ADNcultura:

Entrevista
En búsqueda del círculo perfecto
La esfera es un símbolo recurrente en la producción de Gabriel Orozco. Según el artista mexicano, el arte debe provocar una experiencia intelectual y sensual "que nos abra y nos permita seguir circulando emocionalmente por el mundo".


El poder del vacío.
Motivado por su capacidad de asombro y de reinvención constante, Orozco logró esquivar todos los rótulos.
Por Deborah Sontag
De The New York Times - Nueva York, 2010




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lunes, 8 de febrero de 2010

Luciana Souza

Dándome como referencia su apellido y tu gusto por su música, me hablaste de ella. Me preguntaste si la conocía, respondí negativa, me pediste que la buscara, que muy poco conocías de su trabajo y su discografía.

Antes de esta tarde me era desconocida y había olvidado cómo son tus ojos cuando miras como si no miraras cuando no puedes dejar de ver.

Mientras te llega el cd que he conseguido para ti y que escucharas en tu automóvil cuando andes por ahí, va como adelanto la petición (cuatro canciones y un video) que empezó hablando de trova africana en un sofá anaranjado, dejando atrás los compromisos y creando por un instante algo parecido al oasis como el que nos gustaba compartir.

Gracias por el café.



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Luciana Souza (1966) es cantante de jazz y bossanova. Nació en São Paulo y creció en una familia prodigiosa.





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domingo, 7 de febrero de 2010

Domingo

Algo de bendito o redentor debe perfumar el silencio de los domingos.

La ciudad parece casi inmóvil, como si nada sucediera, hasta que el ruido de una motocicleta irrumpe la quietud como quien da un manotazo en el agua llenando la superficie de círculos y mareos que siempre saben cómo volver a equilibrarse...

Tienen silencio diferente estos domingos, un silencio que no sé a qué se parece pero conmueve y despliega su nostalgia.

Este domingo se parecerá...


¿

... al silencio de respirar bajo el mar con los ojos cerrados y rodeada de eternidad, de peces y profundidad...

... al silencio que queda después de una fiesta cuando todos se han ido y sólo queda el rumor de todas las cosas fuera de lugar, botellas vacías, colillas que fueron humo y de las que sólo cenizas hallarás...

... al silencio de mis hermanas durmiendo hasta tarde y plácidamente cerca de mí en las camas que tenemos desde niñas...

... al silencio que trae de lejos un repiqueteo de campanas anunciando convocatoria de iglesias, comuniones, confesiones y bendición dominical...

... al silencio del abrazo después de la contienda, interrumpiendo la película de la que nunca supimos el final...

?


¿A qué sabe este silencio de domingo que me desboca y me distrae, haciéndome dejar de hacer lo que estaba haciendo para sentarme a escribir sobre él como quien al piano se sentara a leer una partitura para hacerla sonar?

¿A qué sabe este silencio? No sé… no sé… pero algo de bendito o redentor debe perfumar éste silencio de séptimo día, de febrero y bien merecido.


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Domingo, la siguiente canción de Roque Ferreira interpretada por Maria Bethânia, pertenece al último disco de la diva bahiana llamado Tua.

Se o amor quer me deixar
me deixe num domingo
eu não vou reclamar
e posso até achar
que ficar só é lindo

Domingo a minha vida é o circo
eu sou a trapezista
alguém avise a dor,
que não insista.






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viernes, 5 de febrero de 2010

Carta a mí misma


"Barcos en la ria de Erandio". Acuarela. 76 x 57cm.
Obra de Vicky Zafra Domínguez.
Imagen tomada de aquí.


Ana María Iza (1942).

Poeta Ecuatoriana. 

¿Recuerdas
cuando era el teléfono un pájaro
cantando en el alambre?

Nunca creíste
que sólo se trataba de un vil artefacto.

Eras insoportable.
Por eso hasta quisiste un lunes
regalarte.

Tenías la mirada llena de barcos.
Dabas de comer
a los perros del parque
y te sabías de memoria el número
de árboles,
a fuerza de ser viento,
de ser hoja,
de husmear
no sé qué estrella entre las ramas.

Eras
un raro espécimen,
una degeneración futura,
un grifo siempre yéndose,
ya ni sé qué decirte,
eras
algo bastante feo que me gustaba.

Te pregunto,
por preguntarte,
porque sí,
porque llueve
y algún entrometido te ha empujado:
¿Qué harías si te dejara libre,
si de un manotón quitara la montaña?

De ley
irías a refugiarte en la ternura,
a estrellarte en el borde de un retrato.
A escabar en el suelo un sucio anillo
del que nacieron rosas,
lombrices,
telarañas.

Tú,
siempre serás tú.

No habrá abracadabra que te cambie.
No habrá

reencarnación que te libre del lodo de los sueños.
No habrá forma
de librarse de ti
ni estrangulándote.

Oye:
no vayas
a suicidarte.
Me es indispensable tu presencia:
triste,
desafiante.

Terminada en punta
-como una hoja-
detrás de la ventana.

martes, 2 de febrero de 2010

Ángela Botero



© Fotografía de David Arky


Azules
son
las cosas
grandes.


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Y me quiere
no me quiere
mucho
poquito nada.
Me quiere
no me quiere
mucho
poquito
nada.
¿Nada?
¡No señor!
¿Dónde hay
otra estúpida flor?


*


Me dirás:
quiero uno
de tus abrazos.
Te diré:
de los nuevos
o de los viejos.
Me dirás:
¡De los nuevos!
Te diré:
ya no son tuyos.



Ángela Botero es colombiana.
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lunes, 1 de febrero de 2010

Adolfo Fernández Gárate

Instrucciones para el manejo de recuerdos


1. Junte todos sus recuerdos sobre una mesa limpia. Sáquelos de los cajones, las repisas altas, las carpetas guardadas, los libros a medio leer.

2. Deposítelos dentro de un sobre amarillo. El tamaño del sobre depende en exclusiva de la cantidad o la medida de los escritos, fotografías, boletos de autobús, recados, etc.; no tiene nada que ver con la intensidad de los recuerdos. (Si ya tiene sus recuerdos dentro de un sobre amarillo cerrado, puede pasar directamente al punto 4)

3. Cierre el sobre para evitar que algún recuerdo se fugue y aparezca de manera inoportuna bajo la cama, entre las toallas, o atorado en los cristales de la ventana.

4. Coloque el sobre en un lugar seguro, al alcance de sus manos en caso de necesidad, pero a salvo de manos extrañas, para evitar malos manejos.

5. Si el sobre se rasga en el momento de guardarlo, o al hacer la limpieza del lugar, o simplemente durante su traslado a un sitio más seguro, deberá sellarse de inmediato con cinta adhesiva y ponerlo en resguardo al momento.

6. Si por algún motivo irracional (descuido, voluntad propia, deseos irrefrenables) queda expuesto el contenido del sobre a su mirada, deberá regresar al punto 2.

7. El contenido del sobre podrá ser destruído por los siguientes motivos:
a) porque sí
b) por furia incontenible
c) porque esté saturado
d) porque se necesita espacio para recuerdos frescos
e) porque ha perdido vigencia
f) para eliminar una fuente de tristeza
g) con motivo de una celebración
h) por razones impublicables
i) por puritita pasión
j) por algo que sólo tú sabes

8. En caso de que necesite reconstruir el contenido de un sobre destruído podrá:
a) sacar del bote de la basura los pedazos y pegarlos con etiquetas mientras se mira el noticiero de la noche
b) solicitar copia fotostática de los escritos a él o a la antirromántico(a) que los conserve en el disco duro de su computadora
c) tomarle fotos a escondidas
d) confersarlo todo para crear una nueva generación de recuerdos (si este es el caso deberá volver al punto 1)

9. La aplicación de este instructivo al pie de la letra garantiza un uso racional de elementos irracionales de nuestra personalidad, así como un manejo responsable y eficiente de objetos que remiten normalmente a hechos irresponsables, profundamente placenteros e inconscientes.


Coma frutas y verduras.



Adolfo Fernández Gárate es yucateco.



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