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martes, 27 de abril de 2010

La fiesta de la lengua que heredamos

Voces, vocales y vocaciones:
La fiesta de la lengua que heredamos
por Addy Góngora Basterra


Discurso leído en la sesión solemne de la Liga de Acción Social  en Mérida, Yucatán., para conmemorar el Día del Lenguaje en el marco del aniversario luctuoso de Miguel de Cervantes Saavedra, el 23 de abril .


El español del siglo XX, el que se habla y se escribe en Hispanoamérica y en España es muchos españoles, cada uno distinto y único (…) No es muchos árboles, es un solo árbol pero inmenso, con un follaje rico y variado, bajo el que verdean y florecen muchas ramas y ramajes. Cada uno de nosotros, los que hablamos español, es una hoja de ese árbol. ¿Pero realmente hablamos nuestra lengua? Más exacto sería decir que ella habla a través de nosotros. Los que hoy hablamos castellano somos una palpitación en el fluir milenario de nuestra lengua.


Octavio Paz. Fragmento de “Nuestra lengua”.


Qué misterioso imán de vidas tiene el 23 de abril… qué enigma habrá tenido ese día en 1616 para que en fatal casualidad Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega dejarán el tintero para siempre. Qué imán de vida el 23 de abril, repito, porque también ese día en diferentes años murieron personalidades que tenían como vocación la palabra: el escritor ruso Vladimir Nabokov; Joseph Pla, el autor más importante de la literatura catalana; la periodista y novelista venezolana Teresa de la Parra; Pamela Lyndon Travers, famosa australiana creadora de la niñera entrañable Mary Poppins… qué misterioso imán de vidas el 23 de abril en el que conmemoramos —y nos sobran los motivos—, “El día del libro” y “El día del Idioma Español”.

La vocación por la palabra es uno de los oficios más nobles. Al decir esto, como de las manos del torero al toro van las banderillas, me llegan desde la eternidad cientos de miradas que me cuestionan lo anterior. ¿Noble? Me dice en son de reproche una voz; ¿noble?, repite interrogándome. La lengua y la literatura son generosas aún cuando sé lo cierta que es la sentencia de Truman Capote en el prólogo de su libro Música para Camaleones: “Cuando Dios le entrega a uno un don, le da también un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse”. Es verdad. Noble autoflagelo es la vocación por la palabra, el loco afán por perdurar la lengua que a todos nos precede y a todos nos sobrepasa; noble autoflagelo es enhebrar consonantes con vocales desafiando nuestros abismos y nuestros cielos para recrear la historia, para reinventarla, para justificarla, para darle sentido a lo que nos pasa; sin embargo, así como es cierto ese autoflagelo, también es cierta la generosidad de la lengua, entendiendo lengua no solamente como palabra oral sino también como palabra escrita: La gran literatura es generosa, cicatriza todas las heridas, cura todas las llagas y aun en los momentos de humor más negro dice: sí a la vida, escribió Octavio Paz.

Así como en tiempos mitológicos y prehispánicos las civilizaciones tenían deidades rigiendo lluvias y maizales, mares y vientos, así también las literaturas nacionales tienen a sus “Dioses Creadores” con filas de fieles seguidores, hombres y mujeres que tal vez no rijan lluvias ni maizales, que quizá no dominen mares ni vientos, pero que sí han creado el imperio de la palabra revolucionado el lenguaje y nuestra forma de ver el mundo, trastocándonos la realidad y volviéndola fantástica, imaginaria, una vida real maravillosa ¿qué otra cosa, si no eso, fue el boom de la literatura latinoamericana en los sesenta, con autores que desvencijaron la estructura clásica de cuentos y novelas para introducir una nueva forma de relatar la vida?

Es a través de la lengua que se crea el mundo, con el lenguaje se ha formado la historia. Cada vez que nombramos concretamos la realidad, las palabras son poderosas porque a través de ellas le damos rumbo a nuestra vida. Si decimos: “Cásate conmigo” estamos invocando un destino al lado de alguien que se supone será inseparable… o, por lo contrario, si decimos: “No quiero saber de ti nunca más en la vida” estamos marcando un destierro que en algunos casos suele ser irreparable. Las palabras no tienen vuelta atrás, por eso valen tanto, por eso pesan, por eso debemos ser conscientes que todos tenemos un arma de doble filo.

Tiene, igualmente, función redentora el lenguaje, nos auxilia, nos salva. García Márquez lo supo a los doce años cuando estuvo a punto de ser atropellado por una bicicleta. Cuenta el Gabo que un sacerdote que pasaba por ahí lo salvó de un grito: "¡Cuidado!", impidiendo que el ciclista lo arrollara. "¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?", le preguntó el cura. “Ese día lo supe”, relata el Nobel colombiano. Y así también, además del plural repertorio de palabras armas y palabras que salvan, existen también las malas palabras. El dibujante humorista Roberto Fontanarrosa, en el Tercer Congreso de la Lengua Española, realizado el 2004 en la ciudad de Rosario, Argentina, dijo a propósito de ellas, lo siguiente:


No sé quién las define como malas palabras, tal vez sean como esos villanos de viejas películas que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos (…) hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza a decir que es un pelotudo.

La diversidad de voces, vocablos, vocaciones, lenguas y palabras, hacen de la vida una diversidad prodigiosa de la que muy pocos son conscientes. He aprendido a amar la herencia cultural de nuestra lengua a través de lo que descubro en los libros, en las canciones, en mi trabajo, en las conversaciones cotidianas y en las que he tenido con amigos extranjeros, he aprendido a amar el español que, con torpeza y pocos años, aprendí a escribir al tiempo que me enseñaban a empuñar el lápiz; he aprendido a amar el español con el que mi madre me cantaba antes de dormir, el español que ha estado siempre en mi vida, en cartas de amor, en un título académico, en un libro dedicado, en las canciones de Agustín Lara y Consuelo Velázquez, en la voz de mi abuela llamándome desde la cocina, en el apellido de mi padre, Góngora, marcándome un destino en la literatura, Góngora como don Luis, que así se llamaba también mi abuelo.

El español, nuestra lengua, no es solamente algo dicho o algo escrito, es algo más, nuestra lengua es unidad, nuestro español es identidad nacional, lo digo tras la experiencia de haber sido durante cuatro años extranjera en un país donde también se hablaba español, en un país donde me bastaba escuchar el acento de una persona con algún dejito mexicano para sentir que me retemblaba en sus centros la tierra al sentir mi patria; qué entrañable manera tenemos los mexicanos para decir, qué bonito habla nuestro pueblo, cuánta riqueza y musicalidad tienen nuestros acentos, de Veracrú a Monterrey, de Yucatán a Puebla, de Chihuahua a México Distrito Federal, a sabiendas que el español como lengua no es producto nuestro: nosotros lo somos de ella, somos sus hijos, somos parte de los millones de personas que hablan español, somos hojas de ese gigantesco árbol, como acertadamente lo dijera Octavio Paz.

En 1994, durante el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española realizado en Zacatecas, el entonces Presidente de México Ernesto Zedillo, dijo en el discurso inaugural:


A los mexicanos nos orgullece hablar, leer y cultivar una lengua de historia milenaria y de inmensa y variada geografía: la lengua del Cantar del Mio Cid y del Quijote, la lengua universal y fecunda de Quevedo, de Garcilaso y de Sor Juana: le lengua vigorosa y palpitante de Borges y Darío, de Cortázar y de Neruda, de Machado y de Rulfo.

Los mexicanos sabemos que el español fue la lengua de nuestro mestizaje y de una historia muy larga en común, y que también es la lengua de nuestras libertades.

El español es la lengua hondamente propia en que están escritas las actas de independencia y las constituciones (...) En español hemos construido nuestras instituciones nacionales, nuestra historia y nuestra literatura. En español se ha expresado la grandeza de Iberoamérica.

Así se ha fraguado la historia: con palabras, con lenguas. Del candor prehistórico de la oralidad hecha de cantos y sonidos primitivos —germen de lo que hoy formalmente conocemos como música y conversación— evolucionó la historia de la Historia: qué tan importante ha sido la grafía en la “Línea del tiempo” que lo que marca el cambio de Prehistoria a Historia es, precisamente, el surgimiento de la palabra escrita. Entonces transcurren los siglos y el hombre va nombrando lo que lo rodea; no solamente inventa nomenclaturas, también empieza a definir, y con esas definiciones se crean libros fascinantes y misteriosos que encierran en formato de rectángulo erguido y obeso, la ambición del mundo en palabras, emociones y vocablos: los diccionarios.

Es en los diccionarios y en mi desconocimiento de otras lenguas donde me doy cuenta que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, como escribiera Ludwig Wittgenstein. Digo esto pensando estrictamente en las palabras que no conozco y en los idiomas que no hablo… ¡cuántas palabras andan sueltas por el mundo dándole sentido a la existencia de otros y nosotros sin ni siquiera saber que existen! Cuando encuentro una palabra que me gusta soy un poco más feliz pues ya puedo nombrar lo que antes ignoraba; me seduce la idea de poder ver el mundo a través de las palabras, entender la cultura de otros países y, sobre todo, extender las fronteras de lo que voy conociendo en la vida. Louis Hjelmslev, el lingüista danés, bien decía que las lenguas son como grandes rejillas que se colocan sobre el mundo y que nos permiten verlo.

Hay una lengua, semejante al español, que he aprendido a amar a través de la música y de la poesía: el portugués. Aprender la lengua portuguesa ha sido una de las experiencias de vida más bellas que he tenido porque me ha permitido ver la realidad desde una mirada ajena a la de mi lengua materna. La semana pasada tuve el hallazgo de una palabra en portugués que quiero compartirles. La palabra es Garimpeiro. Su significado, en todo el sentido de la palabra, es una reliquia, un metal precioso, un diamante, es oro: Garimpeiro quiere decir “cazador de tesoros”, una persona garimpeira es quien busca piedras preciosas. La lengua que heredamos me ha hecho ser una garimpeira de palabras: mi vocación por el vocabulario, por descubrir palabras y quererlas es una privada manía que ahora vuelvo pública, ¿cuántos de nosotros buscamos palabras nuevas para incorporar a nuestro vocabulario? ¿Qué pasaría sí, así como nos hacemos de un nuevo par de zapatos, un collar, una camisa, si así como incluimos una nueva canción a nuestro repertorio, incluyéramos palabras nuevas como resultado de esa misión garimpeira? ¿qué pasaría si en un cumpleaños envolviéramos una palabra como regalo, la palabra que mejor defina a quien se la damos? ¿a cuántos de ustedes les han regalado una palabra, una nada más, una palabra para atesorar, para repetir, para decirla como un conjuro antes de dormir? ¿por qué no echar a rodar las palabras, rodar y rodar, rodar y rodar, contagiando a los demás y fomentando el vocabulario en la cotidianeidad? ¿Por qué no formar entre familia, amigos y los grupos a los que pertenecemos un imperio de garimpeiros de palabras?

Guiada por mi vocación literaria, por esta forma de vida en la que se ha convertido el amor por mi profesión, el primer domingo de abril tomé en la estación de Atocha el tren de cercanías que me llevó a Alcalá de Henares, el pueblo donde nació Miguel de Cervantes. Caminé calles por las que volaban en lo alto cigüeñas de cuento, calles de fábula ostentando en sus aceras árboles de cerezos, caminé hasta quedar de pie frente a la casa de Cervantes que hoy es un museo. Ahí me encontré a dos hombres forjados en bronce sentados en una banca, uno de ellos pequeño y regordete, sonriente; el otro, serio, alto, delgado, con gesto solemne, con el brazo derecho extendido como si estuviera declamando o como si fuera a pararse para abrazar en bienvenida a quien se acerca. Me senté junto a él y casi que le dije… si tú supieras, caballero andante, cuánto te quiere la gente.

Ahí mismo, en Alcalá de Henares, José Emilio Pacheco recibió el viernes pasado el premio más prestigioso de las Letras Españolas: el Premio Cervantes. En su breve discurso, recordó cuando a los ocho años de edad en el Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México, asistió a una representación de libro del Quijote convertido en espectáculo:


En aquella mañana tan remota descubro que hay otra realidad llamada ficción. Me es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza, puede ser para quien sepa emplearla algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario. Sin saberlo, he entrado en lo que Carlos Fuentes define como el territorio de La Mancha. Ya nunca voy a abandonarlo.

Un acierto las palabras de José Emilio Pacheco: el lenguaje, para quien sepa emplearlo, puede ser música, luz, colores, escenario, un fascinante espectáculo. La pasión creativa de la escritura, ese “territorio de la Mancha”, ha vuelto prodigiosa a la humanidad: quienes saben usar el lenguaje entretejiendo su vocación con voces y vocabulario, han hecho de la palabra una fiesta de la que formamos parte por la lengua de Cervantes que todos nosotros hemos heredado.

AGB / Lunes 26 de abril de 2010

sábado, 24 de abril de 2010

Para despedirte de aquí y de mí



Por Addy Góngora Basterra.

Para despedirte de aquí y de mí
de un soplo mágico
haré sonar campanas a tu paso
impulsaré columpios en parques solitarios
mañana por la mañana
volarán palomas
ondearán banderas y ropa tendida
como pañuelos blancos improvisados
en la ciudad que mirarás por última vez
en la ciudad donde ya no te esperaré.

Para que me recuerdes
haré temblar las luces de tu próxima ciudad
en clave morse te hablará de mí la noche
y recordarás en lluvia y tráfico
un letrero iluminado
taxi libre
para llegar rápido a mi puerta
taxi libre
para irte rápido de mi puerta
la noche que miré que te fueras por la avenida
desde mi piso alto y poco iluminado
donde te gustaba ver pasar la vida
y dormir bajo el arrullo del rumor motorizado.



Porque olvidarás los días en este país
donde fuiste sola y poco feliz,
quisiera fijar a tu nostalgia y tu memoria
los días que iniciamos aquel viernes de abril
cuando me viste en la esquina donde pactamos encontrarnos,
la esquina donde sin haberte visto antes te reconocí,
la esquina donde dijiste mi nombre por primera vez
y yo te dije sí.

El Cervantes para Pacheco


José Emilio Pacheco: “La lengua constituye mi riqueza”
En una ceremonia breve y emotiva, el gran poeta mexicano recibió el Premio Cervantes de manos de los reyes de España.


Publicado hoy en El Universal
Ana Anabitarte. Corresponsal.


MADRID.- El escritor José Emilio Pacheco vivió ayer uno de los días más emocionantes de su vida. Acompañado por Cristina, su mujer, y sus dos hijas, Laura Emilia y Cecilia, recibió de manos del rey Juan Carlos el Premio Cervantes, el más prestigioso de las letras españolas, en el pequeño paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, localidad situada a pocos kilómetros de Madrid y donde nació el creador de El Quijote.

Su discurso fue muy breve, de los más breves que se han escuchado nunca en la historia del Cervantes, quizá porque el poeta siempre ha dicho que le aburren espantosamente. El acto fue muy emotivo, cercano y no faltaron las anécdotas. Antes de comenzar, cuando iba a pasar por el detector de seguridad, a Pacheco se le bajaron los pantalones. Lejos de ponerse nervioso, se rió argumentando que no le habían puesto tirantes, y que ése era el mejor remedio contra la vanidad. “De repente eres un ser humano como cualquier otro”, dijo y se rió.

Pacheco comenzó su lectura recordando dos fechas: 1547, año en que nació Cervantes; y 1947, cuando con apenas ocho años él acudió por primera vez al Palacio de Bellas Artes para asistir a una representación teatral de El Quijote.

“En aquella mañana tan remota descubro que hay otra realidad llamada ficción. Me es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza, puede ser, para quien sepa emplearla, algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario”, añadió. “He entrado sin saberlo en lo que Carlos Fuentes define como ‘el territorio de La Mancha’. Ya nunca voy a abandonarlo”.

Las humillaciones de Cervantes

Para Pacheco, El Quijote “no es cosa de risa”. Al escritor le parece muy triste cuanto le sucede al personaje, y comentó que Cervantes lo escribió “como venganza por todo lo que sufrió hasta el último día de su existencia”.

“No hay en la literatura española una vida más llena de humillaciones y fracasos. Se dirá que gracias a esto hizo su obra maestra”. El poeta dijo que recibir el galardón, dotado con 170 mil dólares (2 millones 125 mil pesos, aproximadamente) le pareció “una irrealidad quijotesca”, y que en realidad le hubiera gustado que hubiera sido para Cervantes. “Cómo hubiera aliviado sus últimos años el recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria”, lamentó.

Hizo gala de su sentido del humor al asegurar cuánto nos duele ver a Cervantes o ver a su rival, Lope de Vega, humillándose ante los duques, condes y marqueses. “La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial, sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiende a agudizarse en la era electrónica”. Una era la que vivimos en la que Internet es al mismo tiempo “la cámara de los horrores y el Retablo de Maravillas”, dijo provocando la risa del presidente español.

El galardonado concluyó su discurso refiriéndose a otro año: 2010. “Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 -de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México- era previsible al comenzar el año”, aseguró. “Todo cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo, en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote”, aseguró.

En defensa contra el vacío

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, definió al poeta como “un maestro en el misterio del manejo del tiempo y un gran fabulista”. Dijo que con su lenguaje “nos ha dicho que no estaremos en la Tierra para siempre, sólo un instante breve; nos ha enseñado que hay defensa contra el vacío y que se puede tener conciencia del tiempo”.

González Sinde elogió la humildad de un hombre que “entre ser admirado y conectar, elige la humildad, decide conectar, una decisión que le ha llevado a firmar algunos de los poemas más compasivos y solidarios del último medio siglo”. Versos que, opinó, nos ayudan a ser mejores ante nosotros mismos, frente a la violencia y la crueldad”.

Por su parte, el rey Juan Carlos destacó la diversidad creativa en géneros y estilos de José Emilio Pacheco. “Su pluma rezuma bondad y modestia, humanidad y compromiso fraterno”; Pacheco “nos adentra en un mundo poético marcado por la conciencia de lo efímero y su poesía es entendida casi como un producto social de todos y para todos”.

El monarca le agradeció a Pacheco su generosa labor de investigación y divulgación de otros creadores mexicanos y el fomento al estudio y recuperación de autores menos conocidos.

Al acto asistieron el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y su esposa, Sonsoles; la presidenta de Conaculta, Consuelo Sáizar; la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, y el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, entre otros.

Tras concluir, del brazo de la reina Sofía, José Emilio Pacheco recorrió las dependencias de la universidad, inauguró una exposición de fotografía sobre su vida y obra, “El mar no tiene dioses”; a la salida escuchó de boca de la tuna, canciones mexicanas como “¡Ay, Jalisco, no te rajes!” y “La Adelita”.

Mundo Pop

Arte / MuestrasMundo pop
La Fundación Osde reunió obras icónicas de los años 60, un capítulo imprescindible del arte nacional
lanacion.com | ADN Cultura | S�bado 24 de abril de 2010



"Los objetos nos enloquecen. Son demasiados: demasiado provocativos, demasiado evocativos y demasiado distantes. Viven sin nosotros, viven de nosotros, como si nos chuparan la sangre. Para poder pensar (y pensarlos) les ponemos nombres, y a partir de entonces vemos los nombres, no los objetos."


*

jueves, 22 de abril de 2010

Mediterranean Sundance

La guitarra es el instrumento más fácil de tocar mal y más difícil de tocar bien. Aquí van tres hombres que corresponden al segundo clan. Maestros de la guitarra: Paco de Lucía, John McLauglin y Al Di Meola en uno de los conciertos de Pavarotti&Friends interpretando "Mediterranean Sundance".

martes, 20 de abril de 2010

Eu que não sei quase nada do mar

Garimpeira da beleza te achei na beira de você me achar!...
Navegando nos meus seios, mar partindo ao meio, não vou esquecer...
Clara noite rara nos levando além da arrebentação,
já não tenho medo de saber quem somos na escuridão.

Quiénes mejor que la Bethania y Ana Carolina para esta canción...

lunes, 19 de abril de 2010

Mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti

Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada
como la pena de ser ciego en Granada.


Francisco Alarcón de Icaza.

... qué razón tenía este mexicano cuando caminando con su esposa pasó junto a un hombre que pedía unas monedas so pretexto de su ceguera... como también tuvo razón Agustín Lara "Granada, tierra soñada por mi, mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti", aún cuando el compositor veracruzano -dicen- nunca había estado en la mítica ciudad ni había caminado por el Albaicín ("Ay, Albaicín añorado -escribió Antonio Pardal-. ¡Cuantos hermosos tesoros! ¡Jamás tendréis el olvido de aquel que os ha contemplado!). ¿Quien, después de conocerla, no ha quedado fascinado con Granada y sus calles? ¿Con la Alhambra y sus jardines? ¿con los versos que Federico entre sus páginas desgrana? O con los de Benítez Carrasco, que a continuación nos canta:


Granada

Mexicana para cantar tu canción
sueño a Granada.
Para cantar tu canción
Granada se pondrá un día
sus ríos como zarcillos
de menuda platería,
Taxcos filigranas de la morería.
Antes de cantar ha de probarse
la voz en la Alhambra
con el arroyo y el ruiseñor.
Como un mariachi lorquiano
la acompañarán los yunques
del Sacromonte gitano.
Puritito corazón el Albaicín
en sus brazos será el guitarrón
y tendrá ritmos tristes y sones verdes
en los verdes violines de los cipreses.
Y a los hombros el rebozo blanco
de Sierra Nevada, así mi Granada
ha de cantarte algún día tu Granada.

Del libro Cachitos de España de Manuel Benítez Carrasco.


*

sábado, 17 de abril de 2010

Seré como un beso: eterna.


Con eso de que en México andamos en los festejos del Bicentenario, el otro día pasó por mis manos un billete de $200... ¡sin Sor Juana Inés de la Cruz! En cambio venía Miguel Hidalgo y Costilla con un estandarte y al reverso el Ángel de la Independencia: billetes conmemorativos, ¡menos mal! Que no destierren a la Sor Juana verde que va conmigo por la vida, pido hoy sábado 17 de abril en los que se cumplen 315 años de su muerte.


¿Quién lo iba a decir? De vez en cuando todos llevamos versos en letra pequeña en nuestras billeteras ("Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón..."), un libro abierto donde se lee "Poesías líricas" y la mirada de Juana al centro de un billete que ostenta el Banco de México.


Para Juana, la recordada, la mil veces dicha voz en alta, la estudiosa estudiada, para cerrar esta breve nota, los versos que Carilda Oliver Labra escribiera a esta señora novohispana, cursi si quiere verse, pero acertado:


Y de lo blanco le sale
un resplandor hecho letras:
Me llamo Juana de Asbaje,
seré como un beso: eterna.



*

viernes, 16 de abril de 2010

Aforismo



Ser ancla arrojada al mar. Buscar, igual que un sabueso, un fondo al que hincarle el diente, que fije, arriba, mi barco. 

Lorenzo Oliván (1968) es español.

jueves, 15 de abril de 2010

¡Y olé!

Letranías tendrá una racha con temática española, próximamente... pero va un adelanto: la bailaora Sara Baras, andaluza ma-ra-vi-llo-sa, un fragmento del espectáculo "Sabores" en el que bailan con ella Luis Ortega y José Serrano... ¡pero que ponte los zapatos de tacón y taconea!