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viernes, 31 de diciembre de 2010

Hace diez años


Se acaba un año pero también se acaban diez.

Hace diez años. Cuántas historias de uno mismo pueden acomodarse. Cuánta música. Cuántas conversaciones. Cuántos momentos que no regresan y que quisiéramos que no se desvanecieran del recuerdo, memoria que quisiéramos retener para siempre, como quien capturara entre las manos un pajarillo que siempre está aleteando recordándonos su belleza, su libertad…

Hace diez años empecé la segunda década en mi vida. ¿♫ Que veinte años no es nada ♫?, sí es algo, sobretodo, si también como en el tango, le agregamos un ocho —ese paso de baile tan seductor y tentador— años más que suficientes como para perderse voluntariamente en la vida y viajar y conocer y enamorarse y gozar y padecer y aprender ♫ y el amor, el amor, el amor… ♫

Hace diez años estaba mi hermana en la casa; la madre de mi padre cocinaba, el padre de mi madre nos compraba castañas.

Hace diez años… la vida pasa. Pasa lenta cuando quisiéramos que fuera rápida, pasa rápida cuando quisiéramos pausarla. Pasan cosas. Pasan personas. Pasamos nosotros. Pasa lo que no quisiéramos que pasara. Pasa, todo pasa, ♫ hasta la ciruela pasa ♫, como cantara Liliana.

Hace diez años conocí a una mujer que desde el primer día de vernos fue mi amiga y hace cuatro que un cáncer la acabó. Era rubia, linda. Me enseñó que por cada pérdida, por cada despedida, hay un encuentro que, si bien no suple ni justifica esa carencia, nos alegra el corazón. La vida siempre está llena de bienvenidas.

Hace diez años muchas personas que hoy tengo cerca eran parte de la sección amarilla, de una estadística en otro país, de la nómina laboral. Hace diez años personas que hoy adoro no estaban en mi vida. Sus nombres no existían y ahora son un amuleto, mis ganas de volver a la ciudad donde crecí, mis ganas de volver a ciudades lejos de mi país; su compañía son mis ganas de vivir para reencontrarnos y compartir una guitarra y vino tinto, brindando por querernos y por habernos conocido.

Hace diez años sabía del amor por libros y películas. Me faltaban algunos meses para entrar a la universidad. Tenía el cabello corto y, como todavía, kilos de más. Hace diez años tenía un perro que murió en mis brazos, cerca del mar. Conservo un número de teléfono de aquel entonces en cuyos dígitos vive una voz donde caben años de amistad; conservo una dirección postal donde ya no vive nadie… mas cuánta vida hubo… conservo un hogar que es un oasis, unos ojos que aunque en diez años no he visto, basta cerrar los míos para volverlos a mirar.

Hace diez años que cambié mi manera de ver la vida: la literatura interfirió. Desde entonces he hablado con mucha gente, he escuchado las historias de otros y he aprendido de eso, porque la experiencia de los demás suele ponerle nombre a experiencias nuestras que por ceguera emocional no distinguimos y que se quedan sin bautizo.

Hace diez años que vengo creciendo en conversaciones. Muchas veces un egoísmo congénito nos vuelve sordos a lo que nos cuentan otros. Habría que pulverizar ese egoísmo, dilatar ese umbral y verdaderamente escuchar. Aprovechar las cosas buenas de la vida y no sentarnos frente a ellas como quien se sienta en un balcón para ver la tarde pasar. Hace diez años que intento aprender a darme la oportunidad de encontrarme a mí misma en donde menos me lo espero. Todos deberíamos darnos ese regalo, privilegiar los sentidos (oler, tocar, mirar, escuchar, saborear) porque los hemos olvidado, ellos que todo y tanto nos dan. En este instante, algo cerca de ti está sonando: escucha; en este instante algo cerca de ti puedes saborear: prueba; en este instante algo puedes tocar: siente; en este instante algo puedes oler: respira; algo puedes mirar más allá del monitor que tienes ante ti y de este punto: . : ¡Admira!

Hace diez años me propuse sentir los sentidos, dejándome sorprender por lo pequeño, por lo que pasamos por desapercibido: ¿cómo puede caber tanto cítrico, tanto sabor, tanto olor en un limón pequeño? Lo escribo y tan sólo el recuerdo me impregna la nariz. ¿Qué milagro embaraza al pequeño fruto que acompaña nuestra vida cotidiana?

Hace diez años que la música tuvo un nuevo significado para mí. ¿Qué especie de levadura tendría en el alma Tom Jobim, Astor Piazzolla, Maria Bethânia, Álvaro Carrillo para hacer con la música eso que nos provocan cuando los escuchamos? La música siempre ha estado conmigo, pero desde hace diez años, he aprendido a estar en ella y a hacerla parte de mí, que no es lo mismo aunque parezca igual.

Hace diez años y esto que escribo podría ser el cuento de nunca acabar. Me sobran los motivos, no se me acabarían las palabras, las gracias, los buenos deseos, las ganas.

Hace diez años… y los que faltan por llegar…

¡Feliz año nuevo! ¡Que el 2011 los derroche!

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Premio Sunshine Award 2010


Recibo desde Miami un mail inesperado donde he leído que Letranías ha recibido, entre varios blogs, el Premio Sunshine Award 2010.

Cuqui Cayro, quien lleva el timón del blog "Y pasa la noche", es quien me concede esta alegría con la distinción que es a su vez una cadena de reconocimiento. Esto quiere decir que como bloguera, debo a su vez premiar al blog que considere lo merece, por lo que he elegido "Crónicas del Silencio" de Manuel J. Tejada Loría. Felicito a Manuel por sus crónicas, me gustan y comparto la inquietud por los temas que lo eligen como escritor, tanto como felicito a Cuqui Cayro por su devoción por la palabra y su amor a la vida. Gracias Cuqui por haber elegido Letranías.

En este año, Letranías tuvo aproximadamente 81,000 visitas en la página, 475 seguidores en Facebook hasta el día de hoy... y sigue la mata dando.

Gracias a quienes forman parte de esta esquina virtual.

Addy

viernes, 17 de diciembre de 2010

El cántaro roto



Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos,
soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos,
hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros,
cantar hasta que el sueño engendre y brote del costado del dormido la espiga roja de la resurrección,
el agua de la mujer, el manantial para beber y mirarse y reconocerse y recobrarse,
el manantial para saberse hombre, el agua que habla a solas en la noche y nos llama con nuestro nombre,
el manantial de las palabras para decir yo, tú, él, nosotros, bajo el gran árbol viviente estatua de la lluvia,
para decir los pronombres hermosos y reconocernos y ser fieles a nuestros nombres
hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba,
más allá de la infancia, más allá del comienzo, más allá de las aguas del bautismo,
echar abajo las paredes entre el hombre y el hombre, juntar de nuevo lo que fue separado,
vida y muerte no son mundos contrarios, somos un solo tallo con dos flores gemelas,
hay que desenterrar la palabra perdida, soñar hacia dentro y también hacia afuera,
descifrar el tatuaje de la noche y mirar cara a cara al mediodía y arrancarle su máscara,
bañarse en luz solar y comer los frutos nocturnos, deletrear la escritura del astro y la del río,
recordar lo que dicen la sangre y la marea, la tierra y el cuerpo, volver al punto de partida,
ni adentro ni afuera, ni arriba ni abajo, al cruce de caminos, adonde empiezan los caminos,
porque la luz canta con un rumor de agua, con un rumor de follaje canta el agua
y el alba está cargada de frutos, el día y la noche reconciliados fluyen como un río manso,
el día y la noche se acarician largamente como un hombre y una mujer enamorados,
como un solo río interminable bajo arcos de siglos fluyen las estaciones y los hombres,
hacia allá, al centro vivo del origen, más allá de fin y comienzo.


Octavio Paz
Fragmento de "El cántaro roto". México, 1955.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Pedro Salinas

Pedro Salinas (1891-1951).
De mis poetas favoritos. Si conoces a alguien que disfrute la poesía, un buen regalo sería un libro de este poeta español. Leerlo es como si pudiéramos acariciarnos los ojos con seda, así que dejo aquí una antología online para quien apenas lo conozca y quiera leerlo, o para quien lo conozca y quiera releerlo. Click aquí para ir al link y una pequeña dosis de poesía para el día de hoy:

¡Qué gozo, que no sean
nunca iguales las cosas,
que son las mismas! ¡Toda,
toda la vida es única!
Y aunque no las acusen
cristales o balanzas,
diferencias minúsculas
aseguran a un ala
de mariposa, a un grano
de arena, la alegría
inmensa de ser otras.
Si el vasto tiempo entero,
río oscuro, se escapa,
en las manos nos deja
prendas inmarcesibles
llamadas días, horas,
en que fuimos felices.

Por eso los amantes
se prometen los siempres
con almas y con bocas.
Viven de beso en beso
rodando, como el mar
se vive de ola en ola,
sin miedo a repetirse.

Cada abrazo es él, solo,
único, todo beso.
Y el amor al sentirlo
besa, abraza sin término,
buscando
un más detrás de un más,
otro cielo en su cielo.
Suma, se suma, suma,
y así de uno más uno,
a uno más uno, va
seguro de no acabarse:
toca
techo de eternidad.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Una insensata búsqueda

Una mujer estaba buscando afanosamente algo alrededor de un farol. Entonces un transeúnte pasó junto a ella y se detuvo a contemplarla. No pudo por menos que preguntar:

—Buena mujer, ¿qué se te ha perdido? ¿qué buscas?

Sin poder dejar de llorar, la mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:

—Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarla junto a este farol.

El Maestro dice:
No quieras encontrar fuera de ti mismo
lo que sólo dentro de ti puede ser hallado.

Tomado del libro "101 cuentos clásicos de la India".

martes, 7 de diciembre de 2010

Esta Memoria

"El hombre de Vitruvio" de Leonardo Da Vinci.

"Arrancaré el azogue de todos sus espejos
buscándote.
Arrancaré las cenefas, los umbrales,
buscándote.
Arrancaré los muebles, los mosaicos,
el sol,
la selva que en el patio ha dado un solo paso,
mi insomnio de leona enternecida;
arrancaré el recuerdo
buscándote,
y he de encajar de nuevo en tus costillas".

Carilda Oliver Labra. Poeta cubana.
Fragmento del poema "Esta Memoria"

lunes, 6 de diciembre de 2010

El gran golpe del leñador mágico

Veredas transitadas por seres más pequeños que una hormiga, castillos construidos en un milímetro cúbico de ágata, ventisqueros del tamaño de un grano de sal, continentes a la deriva en una gota de agua (...) El microscopio de la fantasía descubre criaturas distintas a las de la ciencia pero no menos reales.

Octavio Paz.

The Fairy Feller's Master-Stroke. Richard Dadd.


El 8 de enero de 1886 murió el artista británico Richard Dadd, después de haber pasado 42 años encerrado en varios centros de reclusión para lunáticos. Tras un viaje por Italia, Grecia, Turquía y Egipto, una insolación le hizo perder el contacto con la realidad. Después de matar a su padre, Dadd se dedicó intensamente a la pintura. "El gran golpe del leñador mágico" es una de sus obras, que regaló a uno de sus enfermeros de un manicomio y que ahora se puede ver en la Tate Gallery de Londres. Es un óleo obsesivo que suscita la reflexión sobre el peso de lo irrevocable. 
(Fragmento de Fernando Savater* en "La Pasión según Richard Dadd")

La cita de Octavio Paz con la que inicié esta entrada, antecede el comentario que escribió sobre el cuadro The Fairy Feller's Master-Stroke, del que Freddy Mercury tomó como base para hacer la canción del mismo nombre. Vuelvo a citar a Paz:


Pienso en Richard Dadd pintando durante nueve años, de 1855 a 1864, "The fairy-feller´s masterstroke" en el manicomio de Broadmoor. Un cuadro de dimensiones más bien reducidas que es un estudio minucioso de unos cuantos centímetros de terreno --yerbas, margaritas, bayas, guijarros, zarcillos, avellanas, hojas, semillas-- en cuyas profundidades aparece una población de seres diminutos, unos salidos de los cuentos de hadas y otros que son probablemente retratos de sus compañeros de encierro y de sus carceleros y guardianes. El cuadro es un espectáculo: la representación del mundo sobrenatural en el teatro del mundo natural. Un espectáculo que contiene otro, paralizador y angustioso, cuyo tema es la expectación: los personajes que pueblan el cuadro esperan un acontecimiento inminente. El centro de la composición es un espacio vacío, punto de intersección de todas las fuerzas y miradas, claro en el bosque de alusiones y enigmas; en el centro de ese centro hay una avellana sobre la que ha de caer el hacha de piedra del leñador. Aunque no sabemos qué esconde la avellana, adivinamos que, si el hacha la parte en dos, todo cambiará: la vida volverá a fluir y se habrá roto el maleficio que petrifica a los habitantes del cuadro. El leñador es joven y robusto, está vestido de paño (o tal vez de cuero) y cubre su cabeza con una gorra que deja espacar un pelo ondulado y rojizo. Bien asentado en el suelo pedregoso, empuña en lo alto, con ambas manos, el hacha. ¿Es Dadd? ¿Cómo saberlo, si vemos la figura de espaldas? No obstante, aunque sea imposible afirmarlo con certeza, no resisto a la tentación de identificar la figura del leñador con la del pintor. Dadd estaba encerrado en el manicomio porque, durante una excursión en el campo, presa de un ataque de locura furiosa, había asesinado a hachazos a su padre. El leñador se dispone a repetir el acto pero las consecuencias de esa repetición simbólica serán exactamente contrarias a las que produjo el acto original; en el primer caso, encierro, petrificación; en el segundo, al romper la avellana, el hacha del leñador rompe el hechizo. Un detalle turbador: el hacha que ha de acabar con el hechizo de la petrificación es un hacha de piedra. Magia homeopática.


A todos los demás personajes les vemos las caras. Unos emergen entre los accidentes del terreno y otros forman un círculo hipnotizado en torno a la nefasta avellana. Cada uno está plantado en un sitio como clavado por un maleficio y todos tejen entre ellos un espacio nulo pero imantado y cuya fascinación siente inmediatamente todo aquel que contempla el cuadro. Dije "siente" y debería haber dicho: "Presiente", pues ese espacio es el lugar de una inminente aparición. Y por esto mismo es, simultáneamente, nulo e imantado: no pasa nada salvo la espera. Los personajes están enraizados en el suelo y son, literal y metafóricamente, plantas y piedras. La espera los ha inmovilizado --la espera que suprime al tiempo y no a la angustia. La espera es "eterna": anula el tiempo; la espera es "instantánea", está al acecho de lo inminente, de aquello que va a ocurrir de un momento a otro: acelera el tiempo. Condenados a esperar el golpe maestro del leñador, los duendes ven interminablemente un claro del bosque hecho del cruce de sus miradas y en donde no ocurre nada. Dadd ha pintado la visión de la visión, la mirada que mira un espacio done se ha anulado el objeto mirado. El hacha que, al caer, romperá el hechizo que los paraliza, no caerá jamás. Es un hecho que siempre está a punto de suceder y que nunca ocurrirá. Entre el nunca y el siempre anida la angustia con sus mil patas y su ojo único.


Octavio Paz.
Tomado de: "Obra poética (1935 - 1988).
Seix Barral: 1990. México. P. 565- 566.


* Para leer la nota de Fernando Savater en ElPaís.com click aquí

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ivan Lins

Declaro mi total y absoluta sana envidia a quienes oirán, verán y se deleitarán con Ivan Lins (autor de esta canción que interpreta con Simone "Começar de novo" [Comenzar de nuevo]) mañana en el Festival de Jazz de Playa del Carmen...

martes, 23 de noviembre de 2010

Los dominios perdidos

Vincent Van Gogh. "La noche estrellada sobre el Ródano", 1888. Museo de Orsay. 72 x 92 cm. 

Jorge Teillier (1935-1996). Poeta chileno.
De: Poemas del país de nunca jamás (1963).

A Alain Fourier

Estrellas rojas y blancas nacían de tus manos.
Era en 189... en la Chapelle d'Anguillon,
eran las estrellas eternas
del cielo de la adolescencia.

En la noche apagaste las lámparas
para que halláramos los caminos perdidos
que nos llevan hacia un laúd roto y trajes de otra época,
hacia una caballeriza ruinosa y un granero de fiesta
en donde se reúnen muchachas y ancianas que lo perdonan todo.

Pues lo que importa no es la luz que encendemos día a día,
sino la que alguna vez apagamos
para guardar la memoria secreta de la luz.
Lo que importa no es la casa de todos los días
sino aquella oculta en un recodo de los sueños.
Lo que importa no es el carruaje
sino sus huellas descubiertas por azar en el barro.
Lo que importa no es la lluvia
sino sus recuerdos tras los ventanales del pleno verano.

Te encontramos en la última calle de una aldea sureña.
Eras un vagabundo de barba crecida con una niña en brazos,
era tu sombra —la sombra del desaparecido en 1914—
que se detenía a mirar a los niños jugar a los bandidos,
o perseguir gansos bajo una desganada llovizna,
o ayudar a sus madres a desvainar arvejas
mientras las nubes pasaban como una desconocida,
la única que de verdad nos hubiese amado.

Anochece.
Y al tañido de una campana llamando a la fiesta
se rompe la dura corteza de las apariencias.
Aparecen la casa vigilada por glicinas, una muchacha
leyendo en la glorieta bajo el piar de gorriones,
el ruido de las ruedas de un barco lejano.

La realidad secreta brillaba como un fruto maduro.
Empezaron a encender las luces de Lautaro.
Los niños entraron a sus casas.
Oímos el silbido del titiritero que te llamaba.
Tú desapareciste diciéndonos: «No hay casa, ni padres,
ni amor; sólo hay compañeros de juego».
Y apagaste todas las luces
para que viéramos brillar
para siempre las estrellas de la adolescencia
que nacieron de tus manos en un atardecer
de mil ochocientos noventa y tantos.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Josefa Parra

Fotografía de Larry Williams

Al fin y al cabo, Narciso
Del libro: "Tratado de cicatrices"

Comprendo en ti la soledad sin tacha,
sin fisuras, del cuerpo que está amando a otro cuerpo
cuyas señas ignora, sin más conocimiento
que el de la carne abierta, su resplandor de venas
como pequeños ríos, su belleza impaciente,
su adelanto mortal de algún atlas secreto.

Qué solitariamente te entregas. No te inquietan
preguntas, no te duele la memoria
del ser que frente a ti se desenreda
torpemente de otros pasados cuerpos.
Ni te hieren los nombres que no oíste,
sus sílabas de hielo rompiéndose en tus besos.

Como una isla, tu contorno esquivo,
sin señas ni recuerdo, sin contactos, sin puentes,
se perfecciona a solas. Y contemplo tus playas
como un náufrago; toco la tierra de tu pecho
exiliada de ti antes de habitarte.

La pura soledad y el olvido que eliges te hacen cerco.

Josefa Parra (1965) es española.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Tua


¡Estoy contenta! Maria Bethânia y Adriana Calcanhotto anoche fueron premiadas con el grammy a la Mejor Canción Brasileña por "Tua", letra de la Calcanhotto que interpreta Bethânia en su último disco llamado así también, Tua (Tuya). Alegría especial porque esa canción está desde hace meses en mi despertador y es ella quien me abre los ojos a diario ♫ Arde o gás que faz esta canção, será que você vai me ouvir? Tua, tua, e só tua ♫

jueves, 11 de noviembre de 2010

Lo que somos



El trabajo no consiste en realizar 
lo que uno imaginaba,
sino en descubrir lo que uno lleva dentro.

Boris Pasternak
Escritor Ruso
Premio Nobel en 1958










jueves, 28 de octubre de 2010

Postales de Morelia

DE DÍA

A un costado de la Catedral de Morelia, palomas vuelan en círculos. A cada vuelta, mayor es el número de palomas que se unen al vuelo, como esos chinos de circo donde empieza uno solo en la bicicleta y acaba una pirámide de chinos sobre él. En el suelo, cerca de esos giros de palomas, una señora con chongo, traje típico y edad indefinible, arroja un puñado de maíz. Parece que las palomas saben, porque en diagonal y dando un espectáculo, bajan a donde está la mujer, que sonríe con el sol en la cara.

/

Racimos de globos de colores, de diferentes tamaños y formas, van de la mano de un señor sin bigote ni prisa. Está de pie como quien no espera nada, aparentemente, porque en realidad está haciendo feliz por un instante a un niño al que su madre no podrá comprarle el globo en forma de gatito que el hombre sin bigote llena de vida, por unos segundos, sólo para ese pequeñito.

/

En Los Portales de Morelia, uno pasa caminando y atraviesa el olor del café como quien atravesara una cortina hecha por pendientes. Uno de esos pendientes de la cortina de café se me quedó atorado en el cabello, que iba suelto. Me hizo retroceder y no intenté zafarme ese olor que se me quedó prendido: respiré profundo. De manera irresistible me senté en una mesa frente a la catedral, donde vi a palomas en bandada y a un señor que no vendió ni un globo el ratito que me duró la delicia del café recién hecho.

/

Se acerca el Día de Muertos. El papel picado y las flores de cempasúchitl están por todas partes. Pétalos hacen caminos para guiar a las almas: sigue el camino anaranjadillo. Un señor pasa junto a mí llevando bajo el brazo —como mi abuelo Luis acostumbraba llevar el periódico doblado o como mi abuela Mosín el monedero— una Catrina-Piñata de cuerpo entero. Maravilloso. Una obra de arte popular de ojos negros negros, vestido morado, sombrero morado, blanco todo lo demás. Qué gran festejo el que se vive en Michoacán. Aquí y ahora nunca la muerte estuvo tan viva. 


DE NOCHE

Semáforo en luz roja. Un hombre gordo le sopla a un circulito del que salen burbujas que vuelan en desorden entre los coches, igual a como va él procurando vender su juego del aire. Una burbuja se mete por mi ventanilla. La atrapo. Mientras, al frente de la manada de automóviles, un muchacho flaco y sin camisa, hace malabares con un palo que arde en llamas en sus extremos. Luz verde.

/

La Catedral de Morelia luce callada por lejana. Hasta aquí uno solamente puede imaginarse las campanadas. En la distancia, por sus torres altas iluminadas, la Catedral es una H mayúscula a la mitad, con la parte alta color ámbar. A las catedrales hay que admirarlas en lontananza. Así la admiré camino al restaurante San Miguelito, imperdible para quien venga a esta ciudad. Al fondo del restaurante hay un área dedicada a San Antonio, donde una estatuilla suya —también de cuerpo entero— está puesta de cabeza. Al pie de la columna en la que está, hay un atril como de Biblia y en ella una libreta donde quien quiera le pide a San Antonio lo que ya sabemos que concede. Tanto del techo como de las repisas cuelgan San Antonios de cabeza, de todos los tamaños, todos ellos en perfecto orden como benditos murcielaguitos listos para conceder su buena voluntad.

Antes de salir leí lo siguiente:

No permitas que alguien llegue a ti y se vaya sin ser mejor y más feliz.

En ese momento, y tras llevarse la propina, el mesero me dio una bolsa con mentitas. Pero ya yo estaba saboreando esa frase escrita en el marco de una puerta que estaba atrás de mí: ¡algo bonito aprendí!

Mañana sigo. Hora de dormir.

lunes, 25 de octubre de 2010

Oro Santo

Concha Buika y Javier Limón en una de las canciones que conforman el disco "Mujeres de Agua". La canción es de la autoría de Buika. Mientras llega el álbum a México, me quedo con éste track.

♫ Vuelven los discos que me enseñaron a adorar la música ♫

Que se calle todo para que tú puedas oír mi canto...


miércoles, 20 de octubre de 2010

Comida, Casino y Ruleta


"No hay amor más sincero que el amor a la comida" 
G. Bernard Shaw. 

A eso le agrego yo que no hay sonrisa más sincera que la que nos da ganar en la ruleta: pleno al rojo 18... como el CERO en "El Jugador" de Dostoievski, de vez en cuando gana. Sólo hay que saber ganar e irse antes de perder y quedar sin nada en el corazón ni en los bolsillos. Eso mismo dicen que hay que hacer en el amor...

lunes, 18 de octubre de 2010

Lucía de Serrat con Pasión

Sobran las palabras ante una canción como ésta en una interpretación así.

Con ustedes: Pasión Vega interpreta "Lucía" de Joan Manuel Serrat.

jueves, 14 de octubre de 2010

El cenzontle que canta y admira


Escribo tras una ventana. La ventana da a un patio que tiene cuatro árboles frutales, un limonero y dos naranjos. Hay otro más de unos frutos pequeñitos que desconozco. En ellos viven cenzontles, ¿y saben qué? Cuando pongo música cantan más... y hay uno que se para en una ramita que está enfrente de la ventana, se pone a mirar hacia donde estoy, mueve la cabeza como si estuviera extrañado o como si estuviera degustando la música, tal vez preguntándose que serán esas melodías intrusas de su patio que durante seis años estuvo abandonado...

Quienes tengan un billete de $100.00 mexicanos a la mano, ¿alguna vez han leído los versos de Nezahualcóyotl que están escritos a un costado? "Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces"... córranle por una lupa los que no tengan buena vista y también los que sí la tengan porque las letras son verdaderamente pequeñas.


Y ahí, arriba de donde dice Pesos en letras blancas, en la línea que sube en diagonal:


♫ Si no creyera en la locura de la garganta del sinsontle♫... o cenzontle o cenzonte o sinsonte o como quiera escribirlo quien quiera atrapar una palabra el vuelito de este plumaje, no importa como se deletree, porque así con esa variedad cantan estos pájaros que ojalá nunca se vayan de mi jardín. Y ojalá pronto ustedes puedan escuchar esa alegría silvestre e incomparable de un ave cantando, casi sólo para ustedes, en libertad.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Treinta y tres versos chilenos



Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.

La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontrarte con él.

Con él, con él, con él, con él.
Son cinco minutos,
la vida es eterna en cinco minutos.
Suena la sirena...


Víctor Jara
("Te recuerdo, Amanda")


*


Hay besos que se dan con la mirada,
hay besos que se dan con la memoria.


Gabriela Mistral
("Besos")


*


El mar empujando las olas
sus olas que barajan los destinos.


Vicente Huidobro
("Monumento al mar")


*


Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.


Pablo Neruda
("La Reina")


*


Amor que quiere libertarse
para volver a amar.


Pablo Neruda
("Farewell")


*

Flaco de nacimiento
aunque devoto de la buena mesa
.

Nicanor Parra
("Epitafio")


*


Pero tú no vuelves de la ciudad que odias
Y estás con quien sabe qué malas compañías,
mientras aquí hay tan pocas personas
a quien hacerles estas simples preguntas:


“¿Qué canción te gustaría oír,
qué película te gustaría ver?
¿Y con quién te gustaría que soñáramos
después de las nueve y media de la noche?”.

Jorge Teillier
("Carta a Mariana")

miércoles, 6 de octubre de 2010

♫ Un beso de esos ♫


♫ Fue un beso de esos que premian las ganas,
un beso de esos que luego te marcan,
un beso de esos de bésame mucho,
tan locos quisieron perderse del mundo,
tan locos rodaron uno sobre el otro,
Un beso de esos que valen por todo… ♫

lunes, 27 de septiembre de 2010

Tres años de Letranías

El viaje son los viajeros. Lo que vemos 
no es lo que vemos, sino lo que somos.
Fernando Pessoa


Habiendo tanto talento y tanta belleza andando por la vida, tantos mundos en los libros, tanta creatividad volcada en fotografías, fragmentos de películas y obras de teatro, versos que se vuelven amuletos, música y voces que acompañan nuestros días, hace tres años tuve el arrebato de crear Letranías para compartir un poco de lo que voy encontrando por la vida.

Venir al blog se me ha vuelto un hábito, forma parte de mi vida, es una felicidad gratuita que vivo a diario. Además, compartir Letranías y saber que el contenido de alguna entrada puede gustarle a otra persona, me llena de una alegría especial.

Agradezco a las personas que alguna vez desde el 27 de septiembre del 2007 han compartido el enlace tanto como agradezco los comentarios que han hecho: por gente como ustedes es que dan ganas de ir siempre con la oreja alerta y la mirada afilada tratando de capturar instantes, momentos y delicias para venir a compartirlo.

Por partida triple: 
¡Gracias – Obrigada – Merçi!

Addy Góngora Basterra
27 de septiembre del 2010.




















domingo, 26 de septiembre de 2010

Un raro amor de Walter Benjamin


Por Alicia Borinsky. Publicado en ADNCultura.
Para LA NACION - Boston, 2010 
Walter Benjamin nació en Berlín en 1892 y se suicidó el 26 de septiembre de 1940, en Portbou, lugar entonces anónimo entre Francia y España, imantado ahora por su desaparición. La ardua travesía por la montaña, emprendida para escapar del nazismo, resultó demasiado exigente dada la dolencia cardíaca que lo aquejaba, agravada por el peso del maletín con sus manuscritos que se empeñó en llevar consigo. "El contenido de este maletín es más importante que yo", se le atribuye haber dicho, parte ya de la leyenda que lo convirtió en la imagen misma de un escritor más allá de los géneros literarios, totalmente volcado hacia la escritura. Su plan era ir a Portugal a través de España para partir a Estados Unidos con una visa que le había conseguido su gran amigo Horkheimer. Apenas una semana antes otros refugiados, entre quienes se contaban Alma Mahler Werfel, Franz Werfel y Lion y Marta Feutchwanger, habían logrado pasar a Portugal por Cerbère y tomar un barco hacia Estados Unidos, pero en el momento en que Benjamin decidió intentar la huida, los obstáculos se concatenaron. Pasar por Cerbère resultaba demasiado difícil y llegó a Portbou el día en que los franceses suspendieron el visado. Algunos allegados, como Arthur Koestler, testimoniaron que Benjamin se enorgullecía de llevar consigo suficientes pastillas para quitarse la vida.
No fue guiado por pesimismo como arribó a Portbou. Al contrario, creía que, a diferencia de lo que le había pasado en Europa, iba a prosperar en Estados Unidos. En Alemania, a pesar de la admiración que había suscitado en muchos de sus contemporáneos, no había convencido al comité que evaluó su candidatura para la habilitación, con la consiguiente imposibilidad de ganarse la vida allí como académico. Se dedicó al periodismo y a la traducción y se abocó denodadamente a construir redes de relaciones que le facilitaran una existencia intelectual. Una lectura de su abundante correspondencia evidencia la confianza con que defendía su obra y el desprecio que sentía hacia sus detractores, así como la tenacidad con que pedía cartas de recomendación. Sobrevive en el recuerdo el hombre que murió por no poder cruzar una frontera, un individuo con mala suerte que se suicidó por falta de paciencia, ya que la suspensión de los visados fue levantada al día siguiente y podría haberse salvado. En Portbou Benjamin no sólo alcanzó la frontera sino que se enfrentó a un límite.
En 1933, cuando los nazis llegaron al poder, Benjamin había abandonado Alemania ante la imposibilidad de ganarse la vida y después de una breve estadía en Ibiza, se había instalado en París, ciudad plena de significados para él, que operó de registro para la parte más importante de su obra. Subsistió gracias a un estipendio del Frankfurt Institut für Sozialforshung, propiciado por sus amigos Max Horkheimer y Theodor Adorno, nombres asociados posteriormente con la recuperación y difusión de su obra.
En 1939, con la declaración de la guerra, Benjamin fue internado por un tiempo en el campo de concentración de Nevers junto con austríacos, alemanes, checos, eslovacos y húngaros, considerados extranjeros enemigos. Las condiciones del campo de concentración eran muy duras pero, a pesar de todo, Benjamin intentó fundar una revista y dictó un seminario cuyos asistentes pagaban con tres cigarrillos. El crítico Hans Sahl, que compartió la suerte de Benjamin, recuerda la dedicación y seriedad con que, abstrayéndose de las condiciones reinantes, Benjamin condujo las reuniones del comité editorial para una publicación que nunca vería la luz.
Para Benjamin, identificado imaginariamente con Francia, esa experiencia debe de haber tenido un gran peso, aunque no fue lo suficientemente decisiva como para aceptar la visa de emergencia para Estados Unidos que le había tramitado Horkheimer cuando salió de Nevers. Regresó, en lugar de eso, a París para seguir con un proyecto sobre Baudelaire en la Biblioteca Nacional.
Un triángulo amoroso
Entre 1926 y 1927, Walter Benjamin había viajado a Moscú con el propósito de ver la ciudad, interiorizarse de la realidad social que allí existía y renovar su relación con Asja Lacis (1891-1978). El vínculo con esta actriz y directora de teatro letona ilumina la dinámica de los afectos de Benjamin y brinda una clave para entender su capacidad de compromiso. Asja fue su colaboradora en un texto sobre Nápoles y él le había adjudicado un papel importante en la evaluación de su escritura.
Gershom Scholem prologa la edición del Diario de Moscú , publicado por primera vez en 1979, después de la muerte de Asja. Scholem, con quien Benjamin mantuvo una voluminosa correspondencia, critica su decisión de ir a Moscú: estudioso de la Cábala y del misticismo judío, hubiera querido que Benjamin aprendiera hebreo y fuera, como él, a Israel. En una carta a Scholem, Benjamin menciona que opta por ir a Moscú y posponer Israel. Le resulta más importante ver a una amiga y quiere escribir sobre la ciudad. Sólo después podrá considerar ir a Israel y aprender hebreo.
Scholem tenía poco respeto por Asja. La consideraba intelectualmente débil y no compartía su entusiasmo por la revolución rusa. Así como Scholem (que no era ni cabalista ni místico) no tenía duda alguna sobre su pertenencia cultural judía, Asja era una bolchevique de opiniones firmes, cuya militancia impresionó a Benjamin, que se había adentrado en el estudio del marxismo-leninismo y que menciona en su correspondencia la ansiedad con que aguardaba la oportunidad de leer los Cuadernos filosóficos de Lenin.
Asja tenía una hija, Daga, de un primer matrimonio, y en el momento en que Benjamin la visitó en Moscú, ya era pareja de quien sería su compañero, con algunas intermitencias, casi a lo largo de toda su vida: el dramaturgo y crítico teatral Bernhard Reich (1880-1972). Su vida estaba estructurada. En el Diario de Moscú , Benjamin presta poco interés a las opiniones de Asja y -como había hecho en Nevers- abstrae obstáculos y cree que el futuro con Asja sólo depende de su propia decisión.
Asja estaba enferma e internada cuando Benjamin llegó a Moscú. Entre los amigos de él había algunos detractores de la relación que, como Gershom Scholem, sugirieron que el motivo de la internación era de índole psicológica, dando lugar a la idea de que Benjamin estaba sometido a los caprichos de una desequilibrada. Pero una lectura de las memorias de Asja en ruso, como señala Susan Ingram, revela un padecimiento de orden neurológico. Benjamin era consciente de eso e incluso facilitó la relación con un neurólogo para el tratamiento.
Benjamin estaba incómodo en Moscú. El frío, su exiguo cuarto y la dolencia de Reich, que lo acompañaba en muchos de sus recorridos pero que no podía salir con asiduidad, instituyeron una trabajosa dinámica. Asja se quejaba de que Benjamin descuidaba a Reich y lo exponía demasiado a los rigores del clima, pero Benjamin lo necesitaba a su lado para orientarse en una ciudad desconocida. A pesar del triángulo sentimental que formaron, no hay una manifestación de celos en el Diario... por parte de Benjamin, quien estaba frustrado, sin embargo, por los vaivenes de salud de Asja, a quien hubiera querido ver más a menudo. La preocupación de Asja por la salud de Reich debe de haber sido exagerada ya que él tuvo una larga vida y falleció en 1972.
El Moscú del Diario... se refracta en el cristal de severas condiciones físicas. Un ritmo de espera gobernaba los recorridos de Benjamin que quería, sobre todo, ver a Asja. Ella salía y entraba del sanatorio, a veces dormía allí, otras disponía de más tiempo. La incertidumbre gobernó sus encuentros durante toda la estadía de Benjamin, que buscaba estar a solas con ella, casi como un adolescente, pero apenas lo logró.
Cuando salían juntos, desarrollaban actividades superfluas, en momentos claramente atesorados por Benjamin, que trataba de prolongar cada instante para favorecer la intimidad. Acompaña a Asja, por ejemplo, a ver a una modista para que se probara un vestido que se estaba haciendo hacer a medida y describe el atuendo en todo detalle, porque la ropa es también parte de los atributos de Asja y la ciudad. El vestido y el cuerpo de Asja son detalles de Moscú, que se entremezclan con la visión de las calles, parte de su fulgor y carácter fragmentario. Asja, mujer de teatro, poseedora de una gran capacidad dramática de autopresentación, como se evidencia en las fotos que nos han quedado de su juventud, anhelaba un abrigo muy caro que le mostró a Benjamin y que él planeaba regalarle algún día. Solicitados por la sensibilidad comunista y una preocupación burguesa por su bienestar personal, Benjamin y Asja tejieron una relación que no llegaría a prosperar y que acaso tuvo más peso para él que para ella.
No es fácil ver qué es lo que atraía a Benjamin de Asja, porque la describe con la actitud de un observador desinteresado. Cuenta cómo se le hinchaba la cara, probablemente por los sedantes que le daban en el sanatorio, y cuando, ya menos medicada, tenía un semblante más atractivo, lo atribuye también a un cambio químico.
Asja quisiera ocuparse de Daga, su hija pero, con visos que recuerdan a la Maga de Rayuela , no parece tener la capacidad para hacerlo. Era caprichosa pero coherente en lo que respecta a la relación con su hija, ya que siempre manifiestaba un gran deseo de protegerla, aunque no veamos en el Diario... ningún indicio de abnegación, excepto el remiendo de los gastados zapatos de la niña para protegerla del frío. Asja hacía esto durante el mismo período en que iba de compras y a visitar la modista con Benjamin. A ninguno de los dos se les ocurría que podrían comprarle un par nuevo. Fascinado por el detalle de los pies en el frío y la textura de los zapatos, Benjamin retrata y documenta sin intervenir en la situación.
Al comienzo del Diario... , Benjamin dice que no quiere hacer la teoría de Moscú y que para eso es mejor no saber ruso. Su narración adquiere la elocuencia visual de una película muda. Cuando analiza los movimientos de Asja y el efecto que tienen sobre él los roces, el amago de un beso, la calidad de una mirada, abre un vacío entre ambos. Allí también, pero en otro nivel, falta una lengua común. La relación no fluye en el nivel físico, los contactos entre los cuerpos son casi robóticos o imperceptibles. Benjamin no piensa en darle un par de zapatos nuevos a Daga porque, en lugar de internarse en las vidas que describe, las ronda dejándolas abiertas y desconocidas.
La falta de manejo del ruso para Benjamin -flâneur en Moscú- es lo opuesto de lo que buscaba en París. En Moscú quiere permanecer extranjero, entenderlo sin involucrarse.
Así tiene la libertad de combinar elementos dispares, como las fiestas navideñas y una percepción de las nuevas prácticas habitacionales bajo el comunismo, cuando nota que en los edificios habitados a pleno, las luces que inusitadamente iluminan cada una de las numerosas habitaciones por la noche los asemejan a gigantescas decoraciones para las fiestas. Moscú -como Asja- le parece:
[una] fortaleza; el duro clima, que, por muy sano que me resulte, me afecta también mucho, el desconocimiento de la lengua, la presencia de Reich y la forma tan limitada de vida de Asja son otros tantos bastiones, y...
© LA NACION

En segundos


Obra de Franz Von Stuck



¿Y sabes a lo que sabes?
Alfonso Reyes

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Biblioburro


Alfa y Beto: 
Los burros del colombiano Luis Soriano 
en el proyecto "Biblioburro".




No hace falta decir más, porque todo está dicho en el siguiente video:

Nawal El Saadawi


Acabo de leer esta nota en La Jornada sobre la egipcia Nawal El Saadawi, que está en México. La comparto porque es un motor a la escritura y a la defensa de uno mismo como ser creativo.

‎"Los creativos están al tanto de todo y ven tantas cosas que muchos otros no ven, que no entienden. La creatividad significa ver las paradojas. La mayoría de nosotros estamos ciegos frente a las paradojas, porque nos desconectamos".

Click aquí para ir a la nota:

La Jornada: Pese a pagar un precio, de la creatividad surge la libertad

sábado, 18 de septiembre de 2010

Agua iluminada

Puerto de Veracruz. Foto de Ismael González González.

Una ciudad iluminada, vista de lejos, tiene un no sé qué parecido a la elegancia. Agua de mar ¿o será río? refleja temblando los faroles. Puente de Brooklyn: no duermen las ventanas de Manhattan. Sevilla: faldas flamencas ondean cerca del Guadalquivir. Puerto Madero: qué buenos aires tan lejanos hoy de aquí. Veracruz: tierra huracanada, mar café, algún día hasta tus playas lejanas tendré que volver. Cerca del agua y de algún puerto, de ahí llegan estos recuerdos que vienen solos, sin necesidad de abrir un álbum de fotos. Llevo en la mirada algo que eterniza, tatuando irremediablemente esos momentos, lugares que vi, que sentí y que hoy son tangibles, visibles como si los estuviera viendo en una fotografía. Agua de río. Agua de mar. Agua iluminada por luces de ciudad.

martes, 14 de septiembre de 2010

Lola Flores

Lola Flores "La Faraona"

Que mire usted si era gitana
que hizo una cruz al cante innombrable,
y mire si era buena Máma
que pa to el mundo fue una Mare.

Por Addy Góngora Basterra.

Todas las canciones tienen un trasfondo. Una explicación. Un origen. A veces es mejor no saber ese detonador; otras, vale la pena porque le dan sentido a una letra que pareciera ser un desconcierto. Esta es una de esas que ameritan su trasfondo.

Lolita Flores, la hija mayor de la Faraona, le encargó a Antonio Martínez Ares una canción para Lola a los diez años de su muerte. Era el año 2005. Para entonces, ya Martínez Ares había compuesto canciones que Pasión Vega y Pastora Soler incluyeron en sus discos (incluso M. Ares canta con Pasión Vega "La canción del Pirata" en el álbum Banderas de nadie). En ese mismo año, cantantes españoles le rindieron tributo a Brasil con un disco que titularon "Samba pa ti" y ahí fue como conocí musicalmente a Martínez Ares, donde interpreta "Magalenha" de Sergio Méndez ♫ Vem Magalenha rojão, traz a lenha pro fogão, vem fazer armação. Hoje é um dia de sol, alegria de coió, é curtir o verão ♫, acompañado solamente por su guitarra. Gran músico este joven español.

La canción Un camino de flores que Martínez Ares confecciona para Lolita en homenaje a su madre, es conmovedora porque está hecha con retazos de la vida de la Faraona (1923 - 1995). Lola nació en Jérez, en San Miguel, se casó con Antonio González "El Pescaílla", con quien tuviera a Lolita, Rosario y Antonio, los tres dedicados a la música como sus padres. Cuentan los que recuerdan que cuando la Faraona se presentó en el Madison Square Garden en La Gran Manzana, el New York Times sacó una nota con el siguiente encabezado No sabe cantar, no sabe bailar, no se la pierdan. En mayo de 1995, Lola murió de cáncer en Madrid en "El Lerele", su residencia. Cubierta con una mantilla blanca y en un ataúd abierto, fue llevada al Cementerio de la Almudena. Antonio, su hijo, murió de tristeza (sobredosis) a los pocos días. Lo enterraron junto a ella. Digo todo esto porque algunos de estos hechos se recuentan en la canción que transcribo a continuación, poema con aire andaluz que en sus esquinas lleva el rasgueo flamenco de guitarra, repiqueteo de taconazos y castañuelas. ¡Olé!


El Pescaílla, Lola, Lolita, Rosario y Antonio.


Un camino de flores

Plazuela de San Miguel,
no importa el año, un día de enero,
nació para Jerez y para el mundo
una niña de fuego.

España olía a pueblo
y sonaba a guitarra y pandereta
de payos y gitanitos
que se buscaban dos pesetas...
y ella sólo sabía reír
y reía en lugar de llorar,
ella sólo quería vivir
y se tragaba el azúcar
con un tirititrán.

"No sabe cantar ni bailar
pero por dios no se la pierdan",
dicen que eran sus ojos, sus manos,
que echaban chispas sus piernas;
los del bando carmela
la lloraban por los rincones
y la bandera soñaba
con un torbellino de colores.
Ella siempre decia que sí
porque nunca decía que no,
y gritaba para ser feliz
"¡Dios mío, como me la maravillaria yo!"
y el lerele, y el lerele, y el lere y el lere y el lerere
y el lerele, y el lerele, y el lere y el lere y el lerele
me hace un camino de flores pa no perderme.

Del sur hasta el paralelo,
no importa el año y el mes no cuenta,
y de Madrid pa tocar el cielo
se fue la niña de La Venta.

España era un Guernica
con nubes grises y suelos rojos
y cada día salvaora
abría sus puertas y cerrojos,
y es que ella dejaba salir
por la boca la gracia de dios
se irrumpía y volvia a seguir
pero remendando con lunarito el corazón.

Los gachos iban al colmao
y la vigilaban a deshora
pero el amor
es la pescaílla
que se muerde la bata de cola.

Que mire usted si era gitana
que hizo una cruz al cante innombrable,
y mire si era buena Máma
que pa to el mundo fue una Mare.

Ella era luna y jazmín,
esos brazos donde llorar,
el principio que no tiene fin,
y la negra penita pena un día mas...

Y el lerele, y el lerele,
y el lere y el lere y el lerele
me hace un camino de flores pa no perderme
y el lerele, y el lerele,
y el lere y el lere y el lerele,
que sus recuerdos son flores que me hacen fuerte.

Y un día, sin ton ni son,
no importa el año, el mes de las flores,
se puso mantilla blanca
y salió a la calle sin tacones.

Todas las noches regresa y me dice:
"Mi vida, ya estoy aquí"
y yo me miro al espejo
y ahí estas dentro de mi.

Y el lerele, y el lerele
y el lere y el lere y el lerele
me hace un camino de flores pa no perderme,
y el lerele, y el lerele,
y el lere y el lere y el lerele
que sus recuerdos son flores que me hacen fuerte.


sábado, 11 de septiembre de 2010

Buika dice...


Buika en Turquía, hace un par de meses.

Morir de amor nunca sirvió. Porque siempre llega otro morir que te deja en manos de un tercer morir que luego le cede el paso a un cuarto que amablemente te deja en manos de un quinto que, hoy por hoy, te está matando. A nosotros nos limita la carne, pero tenemos un mundo que existe detrás de los párpados. En ese mundo, ni el cuerpo nos difama ni la distancia nos separa. El amor reina allí. En el mundo de afuera reina el tacto, reinan cosas que te hacen sentir mucho amor y que lo único que hacen es alimentar lo que está dentro.

Entrevista de Diego Manso a Concha Buika el 7 de diciembre de 2009.
Periódico Clarín. Buenos Aires, Argentina.

martes, 31 de agosto de 2010

Punto Final


De Cristina Peri Rossi. Escritora uruguaya.

Cuando nos conocimos, ella me dijo: “Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo, para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque me mereces confianza. Espero que no me defraudes.” Durante mucho tiempo, tuve el punto final en el bolsillo. Mezclado con las monedas, las briznas de tabaco y los fósforos, se ensuciaba un poco; además, éramos tan felices que pensé que nunca habría de usarlo. Entonces compré un estuche seguro y allí lo guardé. Los días transcurrían venturosos, al abrigo de la desilusión y del tedio. Por la mañana nos despertábamos alegres, dichosos de estar juntos; cada jornada se abría como un vasto mundo desconocido, lleno de sorpresas a descubrir. Las cosas familiares dejaron de serlo, recobraron la perdida frescura, y otras, como los parques y los lagos, se volvieron acogedoras, maternales. Recorríamos las calles observando cosas que los demás no veían y los aromas, los colores, las luces, el tiempo y el espacio eran más intensos. Nuestra percepción se había agudizado, como bajo los efectos de una poderosa droga. Pero no estábamos ebrios, sino sutiles y serenos, dotados de una rara capacidad para armonizar con el mundo. Teníamos con nuestros sentidos una singular melodía que respetaba el orden del exterior, sin sujetarse a él.

Con la felicidad, olvidé el estuche, o lo perdí, inadvertidamente. No puedo saberlo. Ahora que la dicha terminó, no encuentro el punto final por ningún lado. Esto crea conflictos y rencores suplementarios. “¿Dónde lo guardaste? –me pregunta ella, indignada–. ¿Qué esperas para usarlo? No demores más, de lo contrario, todo lo anterior perderá belleza y sentido.” Busco en los armarios, en los abrigos, en los cajones, en el forro de los sillones, debajo de la mesa y de la cama. Pero el punto no está; tampoco el estuche. Mi búsqueda se ha vuelto tensa, obsesiva. Es posible que lo haya extraviado en alguno de nuestros momentos felices. No está en la sala, ni en el dormitorio, ni en la chimenea. ¿El gato se lo habrá comido?.

Su ausencia aumenta nuestra desdicha de manera dolorosa. En tanto el punto no aparezca, estamos encadenados el uno al otro, y esos eslabones están hechos de rencor, apatía vergüenza y odio. Debemos conformarnos con seguir así, desechando la posibilidad de una nueva vida. Nuestras noches son penosas, compartiendo la misma habitación, donde el resquemor tiene la estatura de una pared y asfixia, como un vapor malsano. Tiñe los muebles, los armarios, los libros dispersos por el suelo. Discutimos por cualquier cosa, aunque los dos sabemos que, en el fondo, se trata de la desaparición del punto, del cual ella me responsabiliza. Creo que a veces sospecha que en realidad lo tengo, escondido, para vengarme de ella. “No debí confiar en ti –se reprocha–. Debí imaginar que me traicionarías.”

Era un estuche de plata, largo, de los que antiguamente se usaban para guardar rapé. Lo compré en un mercado de artículos viejos. Me pareció el lugar más adecuado para guardarlo. El punto estaba allí, redondo, minúsculo, bien acomodado. Pero pasaron tantos años. Es posible que se extraviara durante una mudanza, o quizás alguien lo robó, pensando que era valioso.

Luego de buscarlo en vano casi todo el día, me voy de casa, para no encontrar su mirada de reproche, su voz de odio. Toda nuestra felicidad anterior ha desaparecido, y sería inútil pensar que volverá. Pero tampoco podemos separarnos. Ese punto huidizo nos liga, nos ata, nos llena de rencor y de fastidio, va devorando uno a uno los días anteriores, los que fueron hermosos.

Sólo espero que en algún momento aparezca, por azar, extraviado en un bolsillo, confundido con los otros objetos. Entonces será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el que colocan los escritores noveles.

viernes, 27 de agosto de 2010

Ave María Purísima

Mi cuerpo no está hecho de metal,
mi cuerpo no está hecho de madera,
mi cuerpo no está hecho de carbón,
ni de cera


AVE MARÍA PURÍSIMA*

—Sin pecado concebida —respondes, y tiemblo de miedo porque no es la primera vez que me corresponde confesarte. Yo no sé que tienen tus ojos, tus ojos los sinvergüenza que me sonrojan cada vez que me dices la letanía de lujurias que pueden realizarse a los veinte años. Ay, niña, si tus papás supieran. Escucharte implica una confesión con mi superior, aun cuando hay cosas que no digo por temor a que me cambien de parroquia al ver que puedo caer en tentación.

Así ya no podría tener la fantasía de vivir a través de tus pecados.

Cada vez que voy por la calle, te encuentro y me miras, sonrío levemente y tú respondes con un gesto picarón. Me imagino que quieres algo conmigo y tras persignarme con culpa, prisa y arrepentimiento, rezo seis padres nuestros y ocho aves marías conjurando olvido para no recrear las detalladas confesiones de cada sábado por la tarde, esos secretos entre tú y yo, dardos tentadores que me hacen daño.

Como sacerdote y amigo es mi deber advertirte de todo a lo que te expones, pero como hombre es un deleite escucharte, mi cuerpo no está hecho de metal, me estremece la media voz de tus historias, con tus pasiones vueltas crónica fraguas mi delirio... mi cuerpo no está hecho de madera, y porque mi cuerpo no está hecho de carbón ni de cera es que me salvo de doblegarme febril por tus anhelos, o peor aún, derretirme con tu fuego cada vez que acudes en búsqueda de alivio divino, faltas que jugamos a disolver con rezos.

Te he soñado en mis noches, sólo a ti... es terrible, no debería siquiera imaginarlo. Llevo en el pensamiento mi pecado, en mis votos la condena, bajo la sotana la inquietud que en la misa dominical me lleva a evitar la mirada de tus ojos los provocadores que me lastiman, que me arrebatan la concentración en la homilía.

Y es que no sé cómo exorcizarte de mi vida. Por más que trato de hallar sensatez en la oración no lo consigo, pronto me desquitaré de tu abuso sensual, sé que lo haces a propósito, que tus relatos llevan intención de provocarme... aun cuando sé bien que nunca —dada la vida que he elegido, dado el celibato al que me he comprometido— me convertiré en tu amante habitual, aun cuando desbocándome fantasías me incitas a colgar las vestiduras y a ser el hombre en el que me conviertes cada sábado por la tarde cuando te arrodillas ante mí.

El anterior es uno de los relatos del libro "Cantos para ser contados"
de Addy Góngora Basterra que el sábado 28 de agosto a las 8pm
se presentará en el auditorio Hernán Loría de la ciudad de Campeche:
¡todos invitados!

Presentará el libro la escritora e investigadora yucateca María Teresa Mézquita Méndez y el dramaturgo cubano Salvador Lemis. Algunas de las historias serán acompañadas por canciones interpretadas por: Teresita Morales (voz), Karina Morales (voz), Darío Cruz (percusiones), Enrique Caceres (bajo), Daniel Parra (guitarra) y Beatriz Guerrero (guitarra).


*El relato "Ave María Purísima" de Addy Góngora Basterra está hecho con frases de la canción "Mi cuerpo".

martes, 24 de agosto de 2010

En Campeche: "Cantos para ser contados"

La Secretaría de Cultura de Campeche
invita a la presentación del libro

Cantos para ser contados
de Addy Góngora Basterra

Lugar: Auditorio Hernán Loría. Campeche.
Hora: 8 de la noche
Día: Sábado 28 de Agosto de 2010


Así como hay gente que no puede empezar el día si no toma café; con la misma urgencia de quienes fuman después de comer; con esa necesidad que se tiene en los puertos tropicales de buscar algo que alivie el calor; así como hay gente que a diario y puntualmente necesita medicamentos que regulen el organismo, la alegría, el corazón. Con ese mismo arrebato, con esa misma adicción, con esa misma necesidad, hay personas que necesitan de la música.

Addy Góngora Basterra (Veracruz, 1982) entreteje con creatividad y letras de canciones los veintiún relatos que conforman "Cantos para ser contados", su primer libro. Canciones que se cuentan, historias que nada tienen que ver con la canción a la que se remiten, fusionando así música y escritura, espejos de la humanidad con los que se interpreta y acompaña la vida.



Presentarán el libro la escritora e investigadora yucateca María Teresa Mézquita Méndez y el dramaturgo cubano Salvador Lemis. Algunas de las historias serán acompañadas por canciones interpretadas por: Teresita Morales (voz), Karina Morales (voz), Darío Cruz (percusiones) y Beatriz Guerrero (guitarra).


Entrada libre.

lunes, 23 de agosto de 2010

Le duo des chats de Rossini

¡Para empezar con música y humor la semana, sí señor!

El dúo de los gatos de Rossini, interpretado por un par de niños en Seúl en noviembre de 1996... si yo fuera ellos, me echaría a reír, así que... ¡a disfrutar la seriedad con la que hacen algo cómico, metidos profesionalmente en su papel de niños cantores!