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jueves, 30 de abril de 2009

Gloria Stolk


© Jim Frazier


Fragmento del cuento Grillos y Mariposas.
Porque tenía alma de navegante, Enriquillo resultaba un médico genial.
Más allá de la materia dolorida descubría el espíritu acorralado y enfermo que se vengaba en la carne o se escapaba torturándola, por distraer su angustia insoportable. Enriquillo desenmascaraba el mal oculto, a fuerza de inteligencia acuciosa y de sonriente bondad y el paciente sentía sus síntomas disminuir, su cuerpo alegrarse y sanar a medida que se iban desbridando los sufrimientos del espíritu, en lucha con la vida inexorable.

No era psiquiatra, propiamente. Le bastaba con ser un hombre con una insaciable curiosidad humana, un descubridor alegre y callado de esas islas que son los hombres. De sus montañas y sus hontanares. Sus sombríos parajes y sus manantiales cristalinos. Jugaba a hacer el bien como otros juegan al golf, por puro deporte, y con el mismo encarnizamiento incomprensible para los otros.

Así, dejando la bella ciudad farisea, llegó un día a aquella aldea en la montaña. Vino por mar. Lo trajo el mar sobre su lomo de un azul profundo y encrespado. Vino a una de esas cosas científicas ––congreso o conferencia–– y sorprendiendo a todos, aun a sí mismo, decidió quedarse. Arriba, en la montaña, donde confluyen el Yaque y el Jimonea, en un paraje frío de la isla caliente, entre bosques de pinos inesperados, plantó el médico su tienda solitaria.

Quería escribir, quería reflexionar. Mirar desde lo alto la ruta recorrida por avizorar mejor lo que le faltaba. Pronto fue interrumpido en la absorta contemplación de su paisaje interior.

Su fama había llegado con él y le abordaban, tímidamente, los enfermos. La niña que cantaba ya se había ido para siempre y la madre triste no pudo llevársela para que la sanara. La extranjera que amaba el amor desaforadamente tampoco pudo verlo, por desgracia o por dicha para ambos; pero día tras día le llegaban, humildes, criaturas de Dios que pedían ser aliviadas. Enfermos de hambre a quienes les faltaba más el cariño que el pan, niños sin padre o peor aún, con falsos padres, mujeres de la tierra que parecían hechas de tierra, amasadas con sudor de desesperación ancestral, hombres que volcaban en ciegas cóleras su profunda impotencia ante la vida, borrachos de miseria y drogados del terror de estar vivos... Era una larga romería, una fila inacabable, que desaparecía con la noche para volver a formarse cuando salía el sol. Él a todos atendía y con cortas medicinas y largas pláticas los iba ayudando a vivir, que era tanto como ayudarlos a sanar.


(...)


Gloria Stolk (1918) es venezolana. Durante años escribió una columna para El Nacional de Caracas. Murió en 1979.

* Con respecto al poder curativo de los relatos, se me vino ahora al recuerdo un libro excepcional: la tesis de doctorado de Clarisa Pinkola Estés que editó Grijalbo. Con la pintura de Picasso Dos mujeres corriendo en la playa en la portada, el libro Las mujeres que corren con los lobos es un libro que enmarcado en la psicología tiene mucho que ver con las historias de la tradición oral, mitos y leyendas de todo el mundo con el que Pinkola Estés entreteje su tesis. Dice en la introducción:
... para curar utilizo el ingrediente más sencillo y accesible: los relatos. Examinamos el material de los sueños de la paciente, que contiene muchos argumentos y narraciones. Las sensaciones físicas y los recuerdos corporales de la paciente también son relatos que se pueden leer y llevar a la conciencia.

Enseño además una modalidad de poderoso trance interactivo muy parecido a la imaginación activa de Jung… lo cual da lugar también a unos relatos que contribuyen a aclarar el viaje psíquico de la paciente. Hacemos aflorar a la superficie el Yo salvaje por medio de preguntas concretas y del examen de cuentos, leyendas y mitos. La mayoría de las veces, tras un tiempo, acabamos por encontrar el mito o el cuento de hadas que contiene toda la instrucción que necesita una mujer para su desarrollo psicológico.


Otro día le daré entrada a Las mujeres que corren con los lobos.


martes, 28 de abril de 2009

Lejos de Lisboa


Un fado en voz de Pasión Vega del disco Banderas de nadie.

La melancolía de calles perdidas
que huelen a mares,
gente que camina
y luces de luna
de barcos que parten.
Si cierro los ojos
puedo ver las calles
por donde anduvimos
y escuchar canciones
que hablan del destino
que nunca tuvimos.

Poemas del aire vendran hasta aquí...
lejos de Lisboa y lejos de ti.
Amor recordado, tristeza sin fin...
lejos de Lisboa y lejos de ti.

La ropa tendida
al sol de la tarde,
banderas de nadie.
Las calles en cuesta
que suben a un cielo
de azules que arden.
Plazas con palomas,
puestos de claveles
y de rosas blancas...
la ciudad antigua
guarda la memoria
de un tiempo que escapa.

Poemas del aire vendran hasta aquí,
lejos de Lisboa y lejos de ti.
Amor recordado, tristeza sin fin,
lejos de Lisboa y lejos de ti.

Amor recordado, tristeza sin fin:
Lejos de Lisboa,
y lejos de ti.

De película



Uno de mis momentos favoritos del cine mexicano es aquel de María Félix en La Cucaracha, cuando se sienta frente al Indio Fernández, en el papel de Antonio Zeta, a comerse un raspado. Apasionada, la Cucaracha le habla de amor al Coronel. Habían sobrevivido, victoriosamente, a la batalla de San Blas, donde ambos habían estado al frente. Y también habían pasado juntos la noche anterior.

La Cucaracha, mirando a Antonio Zeta, a quien le ha pedido que le compre un raspado como los que él comía cuando era un chiquillo, dice:

(La Cucaracha lo mira comer el raspado...)

Me gustan tus ojos, Coronel.
Cuando miraste a Zúñiga eran negros,
y cuando le hablaste a Ventura parecían dos perros,
y anoche brillaban y brillaban,
y ahora están echaditos,
se están riendo.

(María Félix deshoja un clavel)

Es la primera vez que me verás los ojos.
Coronel... te voy a querer mucho.
¿Te acuerdas cuando me reí de tí?
¿Y luego me volví a reír?
Pero era pa´ que me vieras...
y tú no me mirabas.

Por eso fui a comprarte la botella,
porque no sabía otra manera de decirte
que ya me dolía no estar contigo.

¿Sabes qué?
Yo hubiera querido que me mataran en la batalla,
pa que sufrieras mirándome muerta por tu culpa.


Qué bueno que no me mataron.

Antonio Zeta.
¡Nadie se llama Zeta!
¡Qué bonito te llamas!.

¿Sabes?

Aunque he estado llena de hombres, ahora voy naciendo.
Te voy a querer mucho, mi Coronel.

[¿Y cual fue la respuesta del Coronel?]

(Sin expresión alguna...)


-Sí, pues. Ahora tómese su nieve de flores.

... la cual había quedado llena de pétalos por la deshojada del clavel...

Filmada en 1958, este drama de la Revolución Mexicana dirigido por Ismael Rodríguez tiene también la actuación de Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Antonio Aguilar y un jovencísimo Ignacio López Tarso.

La película puede verse en youtube, está completa. Tiene buen sonido y buena calidad. Dejo aquí la sexta parte, que es cuando ocurre el mónologo de amor de la Cucaracha frente a su Coronel...

¡Sí, pues!


lunes, 27 de abril de 2009

That loving feeling...



Hay alguien a quien recuerdo siempre no como es, sino como me lo he ido construyendo con los años. Sé que he vuelto sus ojos más celestes de lo que son en realidad. Quizá me los invento en una suerte de conjuro haciéndome creer que no los he olvidado.

Nos conocimos en un pueblo con mar una noche que ya se había convertido en madrugada. Vimos desde el muelle, con las piernas colgando, como al amanecer se encendía el turquesa del caribe. Hablamos de lo que él quería hacer en la vida y de lo que yo quería. Él tenía 23 años. Yo 17. Me dijo que quería ser piloto. Yo le dije que quería escribir siempre. Hablamos de cine: Top Gun. Esa le gustaba. Aviones, finalmente. Fuimos por el muelle hasta la arena. Would you dance with me?, le dije cuando caminábamos por la orilla. I don´t like to dance... me dijo serio... without music... y sonrió, acercándose más a mí de lo que ya estaba. Y entonces se puso a cantar, en voz muy baja, cerca de mi oído, una canción que si bien es triste en ese momento parecía un prodigio:

You never close your eyes
any more when I kiss your lips...

Uh baby baby
I get down on my knees for you
If you would only love me
like you used to do.

Teníamos el oleaje en los tobillos.

Fuimos felices en ese amor breve, la única noche que tuvimos.
Lo único que tengo de él es su nombre completo y una sonrisa cuando lo recuerdo.

Las veces que he vuelto a ese puerto con mar miro el árbol bajo el cual estuvimos sentados, miro el muelle, voy a la orilla donde bailamos y me acuerdo de sus manos y de esos ojos, de su voz cantando, de sus sueños de aviación y de lo que me dijo al despedirse de mí cuando se subió al taxi que lo llevaría a su hotel. Lo vi irse, enmarcado en el cristal de atrás del coche, diciéndome adiós con la mano... haciéndose pequeño... hasta doblar la esquina en la cual lo perdí para siempre.

Esta mañana tropecé sin querer con un poema de José Emilio Pacheco del libro La arena errante.

FOTOS
No hay una sola foto de entonces.
Mejor así: para verte
necesito inventar tu rostro
.


...

Y me acordé de esa cara que yo también me invento...
y por un instante volví a ese mar...
oh... oh... that loving feeling...

sábado, 25 de abril de 2009

Hoy eres menos


Roberto Fernández Retamar. 
Poeta cubano.

Alguien que ha estado tratando de olvidarte,
y a cuya memoria, por eso mismo,
regresabas como la melodía de una canción de moda
que todos tararean sin querer,
o como la frase de un anuncio o una consigna;
Alguien así, ahora,
probablemente
(seguramente) sin saberlo,
ha empezado, al fin, a olvidarte.

Hoy eres menos.

viernes, 24 de abril de 2009

¿Quién me regala un sombrero de estos?

Cuando en 1927 Alfonso Reyes llegó a Buenos Aires como embajador de México, el movimiento cultural que se desplegó a su paso fue todo un acontecimiento. Entre las muchas bienvenidas que tuvo —almuerzos, cenas, discursos, todos ellos encabezados por grandes personalidades de su tiempo— hay un poema en especial que me gusta pues está lleno de estampas mexicanas, de movimiento, de color, escrito por el poeta argentino Baldomero Fernández Moreno.


© ML Sinibaldi


Salutación a Alfonso Reyes



Si yo fuera mexicano
y hubiera usado un sombrero
de esos que se abren en punta
y se abren en amplio ruedo;
de esos que echados atrás,
con la cinta por el cuello,
fingen aureolas de santo,
o un sol que fuera saliendo;
o que arrojados al campo,
desde el caballito tieso,
podrían servir de tienda
a un ceñido guerrillero;
de esos en cuyas alas,
en verbenas y jaleos,
más de un baile de colores
pespuntearon pies pequeños,
cuando fuera por el mundo
me llevaría uno de ellos,
y en mis trances melancólicos
me lo pondría un momento,
seguro que a su contacto,
caricia, perfume, alero,
yo sentiría en mi frente,
marchita por el recuerdo,
la patria toda lejana,
con su tierra y con su cielo.

Y un oleaje de puntillas,
y un sonoro taconeo,
y unas piernas incansables,
mitad carne y mitad nervio,
y una cintura flexible,
y un rostro, tal vez, moreno,
la boca, palabra y miel,
los ojos, palabra y fuego:
hecha, la patria, mujer,
la mujer hecha deseo.

Puede ser que a Alfonso Reyes,
algo le ocurra de esto
y en sus cofres diplomáticos
se arrugue un sombrero de esos
que, cuando se sienta triste,
le acorra con el remedio.

¡Que mientras se encuentre aquí,
no eche de menos a México,
porque no se ponga nunca
su sombrero!

miércoles, 22 de abril de 2009

Marilyn Bobes

Historia de amor contada por una de las partes

Nos conocíamos bien
pero nos perdonábamos.
Tú decías amar mi pelo largo
y esta costumbre de leerte versos
que por entonces creía memorables.
Luego fui demasiado complicada.
Teorizaba mucho
y no aprendía a cocinar.
En una palabra:
te faltaba el cariño necesario.
Todavía pregunto de qué cariño hablabas.
Qué revisión de causa te hizo creer
que el amor tiene fórmulas
y leyes postuladas por refranes.
Todavía pregunto de qué cariño hablabas
y me duele cambiarte por palabras
en esta noche en que me siento
a teorizar conmigo
mientras afuera llueve
y tú
sentado ante la mesa de otra casa
esperas el café
que una mujer
de pelo corto
te prepara.

Marilyn Bobes (1955) es cubana.

lunes, 20 de abril de 2009

"Literatura es sacar todo eso que está enterrado"

Tomado de: Página 12
Cultura&Espectáculos
Edición de hoy


El gran titiritero

Noé Jitrik
Crítico literario, ensayista y escritor, en su proyecto narrativo la brevedad es fundamental. Y en Destrucción del edificio de la lógica, su última novela, resulta notable el manejo de los detalles mínimos: “No son experiencias sino residuos literarios que van y vienen, que ocupan mi cabeza y me ponen al margen de la vida”, dice.
Fotografía de Rafael Yohai


_______


El escritor eligió como protagonista a un profesor de filosofía desempleado, asediado por los fantasmas de sus alumnos. “Si la organización vence al tiempo, la narración también vence al tiempo. Eso es lo que anda por debajo, sosteniendo esta novela”, dice.


Por Silvina Friera

El sol ilumina el living del departamento de Noé Jitrik, un noveno piso con una pequeña terraza donde la mirada es asaltada por la intensidad que irradian los ficus y por la calidez matizada por los helechos y otras plantas, árboles y flores que conforman una especie de paraíso que suspende el tiempo. El sol clarea la risa del escritor que acaba de publicar una nueva novela, Destrucción del edificio de la lógica (Emecé), una narración breve protagonizada por Escalante, un profesor de filosofía desempleado que frecuenta el café El Rápido Argentino y hojea un diario en el que hay pocas ofertas laborales en época de recesión. El motor de la historia comienza a funcionar por la evocación de una frase: “La organización vence al tiempo”, dicha por alguien de cuyo prestigio no se puede dudar. En el fluir azaroso de sus pensamientos, el profesor tiene una revelación: “Me pasé la vida detestándolo, en la vereda de enfrente, ajeno al ruido que producían sus fanáticos, y resulta que ahora vengo a pensar que tal vez tenía razón”. Como sucede con Evita en el cuento de Rodolfo Walsh, “Esa mujer”, Perón está en la novela de Jitrik como un “fantasma” que no es mencionado, pero que no deja de orbitar en la memoria del profesor. Este personaje, que pesca al lector de las narices, es un amasijo de excentricidades. No lleva libros al café, ni papel para escribir, como suelen hacer muchas personas dedicadas a menesteres literarios o filosóficos. Toma ginebra y nunca se saca el sombrero. De pronto será interpelado por los fantasmas de sus ex alumnos, como Escalera, que le recuerda que una vez les propuso pensar sobre una frase célebre: “La única verdad es la realidad”. El profesor está acorralado por esas “presencias” cuando en verdad se siente un “solicitante descolocado”, guiño y homenaje a esa “figuración tan exquisita” del poeta Leónidas Lamborghini.

Como escenas que se suceden dentro de un mismo cuadro, el profesor comenzará a seguir a una pareja y se desplazará del café a la calle, asediado por los fantasmas de sus alumnos, “los aparecidos”, que lo increpan a cada paso. Y continuará su periplo por el frente de una casa ruinosa y de un hotel, siempre arrastrado por la pericia con que maneja los hilos el narrador de la novela. Plagiando a ese “ojo de Dios” que conduce la narración, se puede afirmar que, al modo de Flaubert, Jitrik es capaz de escribir maravillosamente sobre nada. “Yo escribo muchas cosas al mismo tiempo. No soy el novelista que se encierra a terminar su novela y que celebra cuando llega al final con una copa de champán”, dice Jitrik a Páginað12, alzando la mano en cámara lenta, como si tuviera la copa.

–¿Por qué la novela empieza con una frase que remite a Perón?

–No empecé con esa frase porque remitiera al imaginario del peronismo sino porque se me cruzó, y me pareció que desencadenaba un razonamiento que tendía más bien a situar mis problemas actuales con el tiempo. La tomo como una frase desencadenante, no me importa mucho ni quién la dijo ni cómo, pero hago algunos chistes sobre qué pasó con la organización y con el tiempo, que todo lo vence, incluso a aquel que dijo la frase.

–Este profesor desocupado también tiene problemas con el tiempo. ¿Coinciden los problemas que usted tiene con los del personaje?

–No. Mi problema personal con el tiempo es la edad. He cumplido 81 años, lo cual no es ningún chiste; es una cantidad de tiempo bastante considerable y eso se hace presente cada día. Cada vez que aparece la noticia de alguien que se muere más o menos de la misma edad, o incluso de gente más joven, siento que el tiempo me está acorralando. De tal manera que mis pensamientos sobre el tiempo no son heideggerianos, pero son proyectados hacia el exterior, como categoría, y se revisten narrativamente. La novela no es una confesión, ni la expresión de una debilidad o de un temor. Si uno va al fondo de la cuestión personal, sé que no me falta tanto para morirme. La idea no me gusta mucho y la estoy piloteando como puedo (risas). Si la organización vence al tiempo, la narración también vence al tiempo. Y eso es lo que anda por debajo, sosteniendo la idea de esta novela.

–Daría la impresión de que el profesor Escalante fue formado por la generación Contorno...

–Puede ser, pero la gente de Contorno no tenía el tipo de pensamientos que tiene Escalante, ni se cuestionaba demasiado. La presencia fantasmal de los estudiantes tiende a mostrar un tipo de problemas que la gente de Contorno no tenía. Los contornistas, que están casi todos, uno es político, el otro pontifica, el otro está desgarrado... pero no se proponen el tipo de cuestiones que los fantasmas le suscitan como carencias a este profesor.

–¿Por dónde empezó la novela?

–Por la frase; yo empiezo las novelas así. Si tengo una frase, aparece como un coagulado. Entonces me pregunto qué ocurre con eso, la desarrollo y afluyen ciertos temas que son de las tradiciones literarias. No creo que invente nada con la situación en el café, la prostituta y el que la mantiene, la muerte presumida, la venganza de la prostituta con la reivindicación de la libertad... Todo eso está en la literatura; no pretendo crear situaciones insólitas y desconocidas. Sólo que la cuestión está en el trabajo verbal que se hace sobre eso, y que manejo con un juego entre aproximación y alejamiento. La aproximación es dar cuenta de algo que está pasando y que tiene un carácter socialmente reconocible. Y el distanciamiento es la ironía, el chiste, la reducción a lo previsible.

–¿El profesor Escalante se llama así a modo de homenaje al personaje homónimo de la novela de Saer, Cicatrices, que también aparece en La grande?

–No, Escalante es el apellido del plomero que viene a casa (risas). No recordaba al personaje de Saer. Escalante es un sujeto idealizado porque es indispensable en mi casa. Viene y arregla todo; y tiene un lenguaje y una pinta muy particular. Pero el haberme fijado en el apellido Escalante me suscitó después la repetición de las sílabas, como Escalona, Escalera, que crea una atmósfera de inverosimilitud. Hay una red muy compleja que a lo mejor no se advierte en la mera lectura, pero que hablando aparece. Y la mera lectura también intenta ser un objeto de placer. Una amiga mía la leyó y me llamó por teléfono para contarme que se divirtió muchísimo, que no la pudo largar.

–Quizá lo que resulta más divertido es cómo Escalante, para hacer un chiste peronista, parece querer estar siempre en una “tercera posición”, como un “marginado” que interviene con sus pensamientos.

–Interviene porque hay un narrador que lo hace intervenir. El narrador es el titiritero de todo. Y cuando los otros vienen y lo interpelan también son títeres, porque aparecen y desaparecen. Hay una cosa ahí que se le puede achacar al Deus ex machina, que es un recurso. En la literatura todos los recursos son como ortopedias que vienen ayudar para que la narración siga caminando.

–De hecho, el narrador insinúa en la novela que Flaubert con poco hizo mucho, que escribió “maravillosamente sobre nada”. ¿Esa es su idea de lo que se puede hacer con la escritura?

–Sí. Cada cosa que se te presenta es la punta de algo que está muy enterrado. La cuestión de la literatura es sacar todo eso que está enterrado. No es tener predeterminada una situación prestigiosa, importante, social. Ahora voy a hablar del incesto en las familias de la oligarquía porque es un gran tema. A mí eso no me interesa. Prefiero hacer un poema sobre el ombligo o las manos, o escribir sobre una frase que está en el aire y que mucha gente la conoce. Me pregunto qué puedo sacar de la punta de ese ovillo. No tengo ninguna acumulación de elementos de comunicación prestigiosa: vamos hablar de amor, de engaños, de traición, nada de eso me incita a hacer nada. Sí me incita una cuestión mínima, para mí ése es el punto.

–En la novela hay muchos de estos detalles mínimos; por ejemplo, el profesor nunca se saca el sombrero en el café. ¿Lo pensó como un personaje un tanto excéntrico?

–Lo pensé como un amasijo de figuras que podrían ser de Roberto Arlt; la mujer que está sentada a la mesa del cuadro del expresionista alemán Klimt, o el tipo sentado en el café como si hubiera salido de una fotografía de Coppola. No son experiencias sino residuos literarios que van y vienen, que ocupan mi cabeza y me ponen al margen de la vida.

–¿Hay un homenaje al café como un espacio de pensamiento y formación de muchas generaciones en contraposición a la Academia?

–Sí, pero tiene una pequeña historia. Cuando volví de México estaba buscando casas. Y salvo ésta, que apareció al final, que fue la última que se me ofreció, eran todas ominosas. Puede haber una historia de las habitaciones en Buenos Aires que revele la dificultad del vivir, empezando por los conventillos hasta los departamentos en los monoblocks. Históricamente la gente salía de esas casas donde no podía vivir y eso dio lugar a dos cosas muy importantes en la mitología argentina: el café y la amistad. La amistad porteña de la que nos jactamos sale de la imposibilidad de vivir adentro. Yo los tengo acá a los cafés (se lleva el dedo índice a la frente), pero los tengo mitologizados porque ahora no voy más a escribir. Son figuras que permanecen en la cabeza y de pronto afloran en imágenes. Y en cada cosa que escribo no puedo prescindir de esa situación del café.

–¿Habrá una cierta forma de nostalgia por esa figura?

–Y sí. En un momento mencionaste la Academia como lo opuesto al café. En el mejor de los casos en la Academia se escucha, pero justamente el problema de la Academia es que no se escucha del todo ni se escucha bien. Entonces ahí hay un problema que hace que sea indefinido el discurso que se está emitiendo. La actitud con la que se escucha es problemática porque corta una conversación que puede ser un objeto deseable, ideal. En el café, en cambio, la conversación es posible y fluida, se va construyendo con silencios, con aquiescencias, con gestos, con reservas. Tiene una riqueza enorme y a mí eso me fascina porque me fascina la conversación.

–La escritura no es la primera prioridad del personaje sino pensar, reflexionar.

–Sí, es cierto, porque además en determinada situación de espera ponerse a escribir sin tener proyecto parece una cosa muy artificiosa, lo cual indica que para escribir o bien hay que tener un deseo o un proyecto. Sin embargo, en la novela hay un rescate de la escritura como narración, no como tematización. La novela está escrita de una manera muy particular, muy retorcida, sinuosa, en la que el valor máximo está puesto en el ritmo que se establece.

–¿Ese ritmo tiene algo saeriano?

–Sí, es cierto. Soy de los primeros que leyó la obra de Juani, y el aspecto del ritmo siempre me pareció esencial en él. El acento está puesto en una actitud y esa actitud deviene ritmo. Hay un parentesco con Saer al que no renuncio. Aunque él haya tenido otro proyecto. Porque en el fondo, tal vez lo que Saer quiso hacer fue una especie de examen de su propia memoria, y no es ése el camino que yo tomo. Saer sería una combinación de simbolista y realista. Pero yo descarto el realismo. La mía es una narrativa casi exclusivamente simbolista, por eso persigo el ritmo, aunque no sé si lo consigo.

De su nueva novela, a Jitrik lo obsesiona algo que define como “la pared de una calle”. “En un lugar, una casa, un café, un hotel... en una especie de continuo muy solitario que remitiría fantásticamente a la idea del muro sartreano, ese continuo triste, pobre, de una calle de Buenos Aires que la tengo en la cabeza por San Cristóbal, que me fascina y me aterra al mismo tiempo”, confiesa el escritor.

–¿Por qué la ciudad aparece como algo aterrador?

–No sé, serán fantasmas que uno tiene. Hoy mismo cruzaba la calle y me preguntaba qué pasaría si alguien me interpelara. Eso está al final de la novela, cuando el profesor se va caminando a la casa y pasa una muchacha que lo interpela con la agresividad propia de una ciudad aterradora. Sobre el final, la sensación es que el mundo ha desaparecido, pero hay una calle a lo lejos donde todavía la vida continúa. Quizá sea herencia de mis lecturas de ciencia ficción. Por eso no creo que haya ninguna invención sino un amasijo de cosas. La cuestión es la articulación: si están fluidas, si son cuentas de un collar o es una acumulación de sabiduría literaria. No quiero que sea eso, no quiero que aparezca que leí a fulano o tengo la influencia de mengano. Todo eso está, pero lo que importa es cómo las cuentas están articuladas.

–¿A usted le pasó como al profesor de la novela, que se pasó toda la vida detestándolo a Perón y ahora piensa que tal vez tenía razón?

–Sí, a mí me pasó. Perón tenía unas cualidades políticas excepcionales, pero él debió de saber, por sus cualidades interpretativas de lo político, en qué podía terminar decirles “juventud maravillosa” a los Montoneros. Terminó en 30 mil desaparecidos. Lo que me interesa de Perón es su compleja figura, que está en la tradición de otras figuras de la política argentina como Hipólito Yrigoyen o Mariano Moreno. Tengo un sentimiento dual que no va a llevarme a ser peronista, pero que me permite mirar lo que puede estar pasando con mucha gente que adhirió al peronismo, como Cristina Fernández. Que lo que Cristina hace esté en el paradigma del peronismo, me parece una ridiculez. Está en otra dimensión, aunque ella hace concesiones verbales y de pronto invoca al peronismo. No veo las cosas en blanco y negro sino que trato de ver lo que está pasando en el orden del discurso, la conciencia y el pensamiento.

jueves, 16 de abril de 2009

Nature boy

l o v e

The greatest joy you'll ever learn canta Jamie Cullum en vez de the greatest thing you'll ever learn... y creo que me gusta más así... the greatest joy you'll ever learn is just to love and be loved in return...

Rica versión que Nat King Cole mitificara. Nature boy, de Eden Ahbez --ya la escuchamos en Moulin Rouge al inicio de la película... there was a boy... cuando Ewan McGregor teclea en su máquina de escribir
this is a story about love...-- tiene tantas versiones como My funny Valentine, aunque creo que hasta ahora ninguna supera las de Bésame Mucho.


eden ahbez, qué personaje. A propósito he escrito su nombre con minúsculas porque así lo escribía él, pensaba que sólo Dios podía escribirse con mayúsculas. Cuando Bob Keane, el dueño de Del-Fi Records lo conoció y vio su talento, pensó que musicalizando sus poemas con percusiones exóticas y un acompañamiento de piano sería un éxito rotundo. Y aquí está la versión de Jamie Cullum acompañada únicamente por un bajo, no por un piano... donde al principio del video dice I have another new toy y muestra una percusión cuyo origen desconozco pero que me parece haber visto en un tianguis en el DF, en un puesto fascinante de instrumentos musicales rústicos, autóctonos, en el cual estuve entretenida un buen rato.

Qué oficio más bello el de inventar sonidos.

Y el de compartirlos:


De "Playstation"

I LOVE CRISTINA PERI ROSSI

En el portal de Amazon
aparece mi nombre

al lado de Michael Jackson
Madonna y George Clooney

venden camisetas en tres tallas
(pequeña mediana mayor)
para hombres mujeres niños
o niñas

las camisetas blancas
tienen una inscripción
en letras rojas: I love Michael Jackson
Y love Madonna
Y love Goerge Clooney
Y love Cristina Peri Rossi
mi nombre es más largo
ocupa más espacio

Me pregunto quién habrá tenido
la alocada idea de quererme en camisetas
de Amazon

Sólo me gusta el No llores por mí Argentina
de Madonna
y detesto a George Clooney
(Michael Jackson me da un poco de lástima
tuvo una infancia difícil, como yo)

Al otro día las camisetas siguen allí
en el portal
a quién se le habrá ocurrido
que me ama tanta gente

como no me lo termino de creer

compro un par de camisetas Y love
Cristina Peri Rossi

-a ver si haces un poco de dinero-
dice mi amiga –que la literatura
no da para comer
parece que puede dar para vestirse un poco
pienso

A los quince días llegan por correo
las camisetas I love Cristina Peri Rossi

dos por cincuenta dólares más diez de envío
Pienso que amarme no es tan caro
podría ser mucho peor

Mi abogado dice que es inútil poner una demanda
Amazon no contesta
tiene una respuesta robot para todos igual

no sé a quién regalarle las camisetas

A mí, mi amor me queda grande.


Del Playstation (Editorial Visor), el último libro de poemas de Cristina Peri Rossi, ganador del Premio de Poesía de la Fundación Loewe.


*

martes, 14 de abril de 2009

Bikini




"¡Señor Réard, su traje de baño va a ser más explosivo que la bomba de Bikini!",
fueron las palabras de la desnudista francesa Micheline Bernardini
con las que sin querer bautizaba el polémico atuendo que modeló por primera vez en julio de 1946.
Lo que sostiene en la imagen con la mano derecha es una caja con la que indica
que el bikini es tan pequeño que cabe ahí.


Escrito por Ada Pantoja.

bikini. m. De Bikini, atolón* de las islas Marshall.

Según el DRAE: “Conjunto de dos prendas femeninas de baño, constituido por un sujetador y una braguita ceñida”. Uno podría pensar que proviene del prefijo bi porque se compone de dos piezas, pero no es así. Esta polémica prenda de vestir de reducidas dimensiones nació en 1946 de manos del ingeniero automotriz francés Louis Rénard, quien buscaba ganarle una apuesta al diseñador Jacques Heim sobre quién crearía el traje de baño más pequeño. Por esos días, EE.UU. realizaba pruebas con bombas atómicas en las islas Marshall ––que se encuentran en Oceanía––, específicamente en el atolón Bikini, por lo que el nombre estaba en boca de todo el mundo.

La competencia terminó con la creación del atrevido atuendo. Para darlo a conocer al público, el señor Réard no logró convencer a ninguna modelo “respetable” de que lo usara, así que tuvo que recurrir a la desnudista parisina Micheline Bernardini para que lo modelara. La presentación se realizó en la piscina Molitor, la más famosa de París en aquella época. El bikini fue un éxito, sobre todo entre el público masculino, pues Bernardini recibió cerca de cincuenta mil cartas de admiradores. Fue ella quien lo bautizó, ya que al ponérselo exclamó: ¡Señor Réard, su traje de baño va a ser más explosivo que la bomba de Bikini!

La historia del bikini incluye veto por parte del Vaticano; prohibiciones en Italia, Portugal y España; decretos contra su uso en lugares de Francia, e, incluso, ligas “antibikini” ¡en Brasil! Resulta curioso, pues quizá esta prenda no es tan joven, ya que en mosaicos que datan del año 300 a.C., en la villa romana de Casale, en Sicilia, hay imágenes de mujeres ejercitándose en coquetos bikinis.

La primera celebridad que usó esta prenda públicamente fue Brigitte Bardot, en la película Y Dios creó a la mujer (1956). Después, Jayne Mansfield lo lució en la portada de la revista Life; le siguieron Marilyn Monroe, Rita Hayworth y la “chica Bond” Ursula Andress.

Con el paso del tiempo, el bikini se hizo popular y tan cotidiano que perdió parte de su provocativo encanto ante prendas más escandalosas como la tanga y el monokini ––que deja descubiertos los senos.


________


*Isla madrepórica de forma anular, con una laguna interior que se comunica con el mar por pasos estrechos.


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Ada Pantoja estudia letras hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana 
y está muy agradecida de que se use más el bikini que las bombas nucleares, 
pero lo que más agradece es que el mundo haya conocido a Brigitte Bardot 
antes que a ella, pues no hubiera querido arrebatarle el puesto de símbolo sexual. 

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Fuente: Algarabía. Revista que genera adicción.
Número 54. Año VII. Marzo 2009.

lunes, 13 de abril de 2009

Joao Ventura


Mercado flotante en Tailandia© Gavriel Jecan

Reflexión sobre la carestía de la escritura

Necesitaba de unas palabras para acabar el cuento. Fui al mercado. ¡El gobierno debería meter mano en esto! ¡Todo carísimo! Sustantivos, adjetivos… ¡un robo! ¿Y los verbos? Pasados, presentes, en fin, pero ¡los futuros!.

––Sabe , los futuros están muy inciertos ––se justificó, profesional, el vendedor. ¿Se lo envuelvo?
––No, gracias, es para escribir ya.


Joao Ventura es portugués.

domingo, 12 de abril de 2009

Sylvia Rexach

San Juan de Puerto Rico.
Ahí nació 
Sylvia Rexach (1922-1961), poeta, cantante y compositora de boleros. 

¿Qué don especial tendrán los boleristas para decir en pocas palabras lo que otros no sabemos nombrar? ¿qué capacidad de síntesis o asimilación? ¿tendrán alguna claridad especial en el corazón o será, precisamente, todo lo contrario? Bruma y transparencia de prodigios. O es que quizá, una vez más, tiene razón Marguerite Yourcenar: "Loca de felicidad. Cuerda de dolor". ¿Qué gen especial tendría Sylvia Rexach? ¿habrá sido la influencia del mar en Puerto Rico o simplemente una ecuación apasionada y sin futuro en el amor? ¿o las dos cosas? ¿Qué le daría la vida a cambio? ¿O qué le quitaría? ¿O a quién?

Esto no es una elegía, es una suerte de exorcismo.

Ese cáncer de estómago que acabó con Sylvia Rexach, además del alcohol, del humo, de todo lo que hubo, ha de haber sido también por digerir letras como esta:

Y ENTONCES

Recuerda que tan sólo
de verme tú temblabas,
si me quisiste así, pobre de ti
si es que ahora tratas de olvidar.

Se ve que no conoces,
que poco tú has vivido.
Te advierto que es difícil y muy lento
ese proceso de olvidar.

Y aunque un aparente olvido a ti te asombre
dime qué harás cuando alguien
sin querer me nombre
y esa lluvia de recuerdos
caiga en tu alma otra vez.

Y entonces...
si al comenzar el día
rehusas recordarme
ay, pobre de tus noches
si las usas
para olvidarte de mí.

...

¿Quien no olvida a quien? ¿Para quien será realmente la sentencia?
¿Cómo no fumar, beber y morirse del estómago, de un ataque al corazón, a pleno sol o de madrugada, en Santurce, en México, en Buenos Aires o cualquiera que sea la geografía cuando se (re)siente -se esté del lado del que olvida o del lado del que no olvida- todo eso que ahora cantará Carmen Delia Dipini?


Sabio como la Yourcenar es también Sabines:
"El amor es una memoria educada (o un olvido insistente)".

Oh... qué será, qué será...

martes, 7 de abril de 2009

Ana María Shua



© Hans Neleman

Manzana

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

Ana María Shua es argentina.



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domingo, 5 de abril de 2009

Mientras tanto...


Sue Lyon en Lolita
1962 © John Springer Collection

Por Juana Libedinsky
lanacion.com Cultura Domingo 5 de abril de 2009



GINEBRA.- "¿Dónde está todo el sexo, entonces?", escribió en una de las primeras reseñas de Lolita Kingsley Amis. Para el patriarca de la dinastía literaria continuada por su hijo Martin, la historia de pasión de un profesor por una niña de doce años era extraordinaria por su tensión moral y sexual más que por escenas explícitas. "Todo el sexo", anunció haciéndole eco la BBC, parece estar en Los orígenes de Laura, la novela en la cual Vladimir Nabokov estaba trabajando al morir en 1977.

Nabokov, en su lecho de muerte, hizo que su mujer, Vera, le prometiera quemar el manuscrito. Ella nunca se animó a hacerlo y lo dejó juntando polvo en un banco suizo. Al fallecer Vera, la decisión pasó a manos de su hijo Dimitri, quien decía no saber qué hacer. Como el resto del mundo, sí, tenía una opinión al respecto, se convirtió en el debate literario más publicitado de los últimos tiempos. Para algunos, ningún interés comercial o intelectual podía ser superior a la voluntad del autor. Otros señalaban que un escritor en sus últimas horas no es el mejor juez de su calidad literaria, y cuánto hubiera perdido el mundo si las directivas de Frank Kafka de destruir toda su obra no hubieran sido completamente ignoradas.

También hubo ingeniosos que propusieron una "tercera vía" como publicar la novela y quemar el manuscrito luego. Dimitri encontró la propia: a los 75 años, declaró haber tenido una conversación imaginaria con el fantasma de su padre, que autorizó la publicación, ya anunciada como "el evento literario de 2009".

Pero hay algo que le hace sombra. El escritor de culto David Foster Wallace dejó, al suicidarse en 2008, un manuscrito sobre el que estaba trabajando, que también verá la luz este año. En ambos casos, los especialistas estimaron que los textos no estaban listos para su publicación en la manera en la que sus autores, obsesivos estilistas, hubieran aprobado. Igual, Nabokov tiene las de ganar. Su novela, por lo menos, se supone que tiene "todo el sexo". La de Foster Wallace, titulada El rey pálido, trata sobre el aburrimiento de un agente de impuestos, tema que suele despertar un interés inicial considerablemente menor.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1115480


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