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sábado, 14 de febrero de 2009

La vida y sus incongruencias

Por la fotografía siguiente, publicada en el semanario TIME en marzo del año pasado, Anthony Shua recibirá en mayo 10,000 euros en la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa.




Ganadora del premio World Press Photo 2008, Anthony Shua refleja el caos provocado por la crisis hipotecaria en Estados Unidos. Digo que es una incongruencia porque la fotografía, que parecería haber sido captada en escenario bélico, es en realidad la expulsión de los residentes de una casa -donde un policía se cerciora que no haya nadie dentro- que tuvieron que abandonarla por una deuda de hipoteca... mientras que Shua, por haber estado ahí, recibirá un beneficio económico...

"Ahora la guerra está en casa de la gente porque no pueden pagar las hipotecas", dijo Mary Anne Golon, presidenta del jurado.


... ¿qué decir?...

*

My Funny Valentine... en la trompeta de Chris Botti

miércoles, 11 de febrero de 2009

"Areúsa en los conciertos" de Angelina Muñiz-Huberman


Jan Lenica: Wozzeck, 1964

Una de las cosas que más me gusta de estar en casa de mis padres es que aquí tengo la mayoría de mis libros. Disfruto estar en el estudio: tiene una ventana que da a la calle, generosa por el viento que el miriñaque cuela por las tardes. Hay cuatro libreros y en ellos se acomodan lecturas de otro tiempo, párrafos subrayados, hojas con un doblez sugerente en el extremo superior, tiritas de papel que sobresalen de las páginas en lengüitas de colores. Hace rato me dio por releer Areúsa en los conciertos, de Angelina Muñiz-Huberman, el cual recomiendo a quien le guste la música clásica y, en especial, Alban Berg.

Por cierto, a propósito del experimento que el Washington Post realizó en el 2007 con el violinista Joshua Bell (http://letranias.blogspot.com/2009/01/sera-capaz-la-belleza-de-llamar-la.html), Angelina me recordó algo que ya había olvidado. En el 2002 ella estuvo en Mérida invitada a presentar el libro y durante el evento se habló de Bronislaw Huberman ––violinista perteneciente a la familia de Alberto, esposo de Angelina–– quien fuera el dueño del Stradivarius que actualmente toca Joshua Bell. Ese violín se hizo especialmente famoso porque se lo robaron a Bronislaw cuando tocaba en el Carnegie Hall y durante muchos años nada se supo de él. Se han escrito varias novelas, me contó Angelina, entorno a este episodio (me faltó preguntarle cuáles son... queda pendiente.)

Ah… historias de violín… prueba de ello la película El violín rojo… con música, precisamente, de Joshua Bell.

––Veinte actos de amor y una sala de conciertos ––dice la contraportada del libro. Cito:

Areúsa no se entrega, explota; no hace el amor, lo violenta. Lleva el nombre de la prostituta cómplice de la Celestina. Tiene alma de artista, y su pasión se desata con la música de Alban Berg en la Sala Nezahualcóyotl, en un México inmenso de diversos espacios para el bien y el mal. Quiere volar, trascender la alineación mecánica del universo que le tocó vivir (…) Su amiga Salomé tiene una historia truculenta, que se remonta a los tiempos de Yojanán el Bautista; el amor para ella es cabeza colgante, fantasma decapitado que la afiebra y persigue. Areúsa y Salomé forman con Jan Hanna un trío de fortuitos encuentros y desencuentros sobre la línea del Metro de la Ciudad de México, en Nueva York o en París; un trío que explora los recovecos del amor y de la condición de existir.

Abro al azar el libro y me encuentro el siguiente subrayado en azul, página 63:

Lo que no puede envejecer (en oposición a la circunstancia de Dorian Gray) es lo oído. La imagen, la pintura, la fotografía, la epidermis y los órganos, todo resiente el paso del tiempo. No así el sonido. Un sonido es eterno: no puede desgastarse. Un sonido se relaciona de inmediato con el silencio y esa es la razón de su eternidad

Y luego, casi al final, página 193:

¿Recuerdas el concierto para violín de Alban Berg? Ah, sí. Y también la interpretación poético-filosófica de María Zambrano. Todo lo recuerdo, yo Areúsa, la máquina de recordar: la nemógrafa. Bueno, pues juguemos con este concierto. Toquémosle. El concierto es triste, pues trata de la muerte de una adolescente y de sus famosos padres: Alma Mahler y Walter Gropius. Entonces, Alban Berg se dijo: “Este tiene que ser un concierto tristísimo:” (Y se acordó de Orfeo.) “Tan triste, tan triste que sólo el violín lo exprese.” (Y se acordó que un su amigo violinista le pedía un concierto.) “Triste sí, pero nostálgico y en recuerdo de amores míos pasados.” (Y se acordó de un su amor de juventud por una sirvienta de los padres, durante un verano que nunca olvidaría.) “Y será también un canto a la muerte.” (Y no pudo acordarse, porque eso es imposible de recordar, que ese concierto sería el de su réquiem.) (Es decir, no pudo recordar el futuro.) “Escribiré sin respiro el concierto para que lo estrene Luis Krasner. En este verano ––otro verano–– de 1935.” (Lo que no sabía es que nunca oiría su propio concierto.) “Hasta seré capaz de interrumpir mi querida Lulú.” (Lo que tampoco sabía es que ya no la terminaría. Como Orfeo, abandonaría a su amada. Igual que ignoraba la fecha de su muerte en diciembre de 1935 y la fecha del estreno del concierto de violín. Pero que yo, Areúsa, sé cuándo fue: el 19 de abril de 1935 en Barcelona: oh, Barcelona, un año antes de la guerra civil española: Barcelona: tampoco lo sabías.) (Así que las fechas se fueron apretando: pero nadie sabía nada de nada.) “La verdad es que quería unir, no separar, nacimiento de muerte y amor. Que fuera una unidad indestructible por medio de la música y la acción. Sería un concierto de dos movimientos de idéntica duración, lento-rápido-rápido-lento. Un claro ejemplo de simetría en espejo. Porque me encantan los espejos. Y las simetrías. Por eso escribo música.”

Y para concluir:

Sin la memoria no habría música. O al revés: sin la música no habría memoria.




Areúsa en los conciertos,
Alfaguara: 2002.
A quien le interese conocer un poco más vaya a:

martes, 10 de febrero de 2009

Diez razones para leer a Cortázar

Por Saúl Yurkievich



1. Razón literaria: la primera y primordial, aunque Cortázar subordine a veces lo literario a la transmisión de un conocimiento vivencial. La suya es literatura en su plenitud, o sea, producto de una imaginación en libre vuelo que moldea el lenguaje para lograr completa adecuación entre forma artística y mundo representado. Bella es su lengua y rico es su mundo.

2. Razón estética: Cortázar es consumado artífice de la palabra, maestro del arte verbal. Su arte está en relación permanente e interactiva con las otras artes. En Rayuela el texto literario está mechado de referencias a pintores y músicos. Cortázar persigue el swing (swing ergo existo) en tanto cadencia de su prosa, su escritura es jazzística porque el jazz comunica con el fuego central.

3. Razón fabulosa: Cortázar pone en juego los poderes de la imaginación fabuladora para concebir ochenta mundos. Propone otro orden o desorden de lo real admitido para sobrepasarlo, para sacarnos de las casillas, para abrirnos a lo inesperado, para abrir brechas que permitan vislumbrar lo intersticial, otros modos de ser, otras posibilidades de existencia.

4. Razón existencial: Cortázar propone una fusión en caliente de la novelapoema con la novela existencial. Su persona, el sujeto atribulado con toda su carga psíquica (su conciencia febril, su fantasía, sus pasiones y pulsiones) ocupa todas las instancias del texto donde el existente se expresa viéndose vivir.

5. Razón erótica: el amor, con su carga voluptuosa y fantasmática, con todas las proyecciones del deseo, impulsa y libera de tabúes la palabra de Cortázar, la vuelve carnal y erógena. Mancomuna imaginación sexuada con imaginación verbal para llevar a su plenitud pánica la lengua afrodisíaca que todo osa, para acariciar y poseer por la palabra el cuerpo apetecido.

6. Razón lúdica: también el amor se liga a los juegos iniciáticos o preliminares, como el juego del cíclope o el de las peceras. Para Cortázar la literatura es juego que exime de todas las restricciones y gravámenes sociales, vitales y mentales. Es intermedio festivo, transporta a una zona de excepción donde se puede recuperar el albedrío.

7. Razón humorística: el juego se confabula en Cortázar con el humor para amplificar lo nimio y minimizar lo magno, para revertir, subvertir y remodelar lo prefijado, preconcebido, convencional. El humor permite salirse divertidamente de sí mismo, reflota lo patético, torna pedestre lo sublime, restablece la admisibilidad, la ductibilidad, comparta desapego inteligente. El humor vacuna contra toda opresión.

8. Razón cultural: Cortázar ofrece un abanico cultural de amplitud equivalente a la de Borges, pero implica un catálogo, una biblioteca y una problemática más contemporáneos, y por ende puede que menos perennes. Cortázar está inmerso en la cultura de su tiempo, es su más activo partícipe. Instalado en el centro de la creatividad moderna, todo lo asimila y lo transforma en su propia sustancia.

9. Razón cognoscitiva: Cortázar dice que su literatura es un excipiente para hacer pasar una gnosis. Cuando no transmite, como en sus novelas, directamente, a través de un discurso disquisitivo, una carga gnómica, lo hace alegóricamente a través de los personajes en acción, o mediante sus imágenes y metáforas cargadas de conocimiento alegórico-simbólico.

10. Razón humana: Cortázar escribe su literatura para desplegar todo lo que el hombre es, puede ser y debe ser. Concibe lo literario como potenciación de lo humano, puesta en juego de facultades y disponibilidades adormecidas, de todos los posibles e imposibles humanos.


Tomado de la Revista de la Universidad de México: Cortázar Revisitado.
Nueva Época / Núm. 1 / Marzo 2004. Págs. 30-31.