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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Viaje de las palabras



Por Eduardo Galeano.

Para expresar mi gratitud a esta alegría inmensa que me han regalado no encuentro mejor manera que contar tres historias. No son inventadas por mí, sino que son por mí vividas.

La primera es sobre mi aprendizaje. Yo no tuve la suerte de conocer a Sherezade. No aprendí el arte de narrar en los palacios de Bagdad. Mis universidades fueron los viejos cafés de Montevideo. Los cuentacuentos anónimos me enseñaron. En la poca enseñanza formal que tuve —porque no pasé de primero de Liceo— fui un pésimo estudiante de historia. Y en los cafés descubrí que el pasado era presente. Y que la memoria podía ser contada de tal manera que dejara de ser eterna para convertirse en ahora.

No recuerdo la cara ni el nombre de mi primer profesor. Pero él contó una historia de 1904 —por la edad se veía que él no había nacido en aquel entonces—, pero la contaba como si hubiera estado ahí. Fue mi primera lección: el arte es una mentira que dice la verdad. Y escuchando aprendí que se puede contar lo que pasó de tal manera que vuelva a ocurrir cuando uno lo cuenta. Que pueda uno escuchar ese remoto trueno de los cascos de los caballos. Y que pueda uno ver las huellas de arena aunque el suelo sea de baldosa o de madera.

Y aquel hombre para decir la verdad mintió que él había recorrido las praderas ensangrentadas después de la batalla y había visto los muertos. Y uno de los muertos dijo —era un ángel, un muchacho bellísimo con la hincha blanca, roja de sangre—: Por la patria y por ella más.

Un segundo relato sobre mi primer desafío en el arte de narrar. En un pueblo boliviano, un día de laguna —Laguna devoraba a sus hijos metidos en los socavones de las tripas del estaño—, los mineros perseguían las betas de estaño y en esa cacería perdían en pocos años los pulmones y la vida. Yo había pasado un tiempo ahí, me había hecho algunos amigos y había llegado la hora de departir. Estuvimos toda la noche leyendo, los mineros y yo, cantando y contando chistes, a cual más malo. Cuando ya estábamos cerca del amanecer, cuando poco faltaba para que el chillido de la sirena los llamara al trabajo, mis amigos callaron todos a la vez y alguno preguntó, pidió, mandó: Y ahora hermanito, dinos cómo es la mar. Yo me quedé mudo, pero insistían, cuéntanos, cuéntanos cómo es la mar. Ninguno de ellos iba a verla nunca. Todos iban a morir temprano. Y yo no tenía más remedio que traerles la mar. La mar estaba lejísimos y yo tenía que encontrar palabras que fueran capaces de mojarlos.
Y la tercera historia sobre los extraños viajes de las palabras. Hace pocos meses, ante los estudiantes mexicanos leí algunos relatos. Uno de ellos, de mi libro «Bocas del tiempo», contaba que el poeta español Federico García Lorca (ver el relato dando click aquí) había sido fusilado y prohibido durante la larga dictadura de Franco. Y que un grupo de teatreros del Uruguay había estrenado una obra suya en un teatro de Madrid, al cabo de tantos años de obligado silencio. Y al fin de la obra esos teatreros no habían recibido los aplausos esperados; el público español había aplaudido con los pies pateando el piso. Y ellos se habían quedado estupefactos. No entendían nada. Tan mal habían actuado —pensaban—. Cuando me lo contaron pensé que quizás el trueno sobre la tierra había sido para el autor fusilado por rojo, por marica, por raro… Una manera de decirle: Para que sepas Federico lo vivo que estás. Y cuando lo conté en la Universidad de México me ocurrió lo que nunca me había ocurrido en las otras ocasiones en que había contado esa historia. Los estudiantes aplaudieron con los pies. Miles de pies pateando el piso con alma y vida. Y así continuaron mi relato y continuaron lo que mi relato contaba como si eso estuviera ocurriendo en un teatro de Madrid unos cuantos años antes. Ese segundo trueno sobre la tierra estaba también dirigido al poeta fusilado y era también una manera de decirle: Para que sepas, Federico, lo vivo que estás.

Fuente: La Jornada

lunes, 28 de septiembre de 2009

Oración



«Líbranos, Señor,
de encontrarnos
años después,
con nuestros grandes amores».

—Cristina Peri Rossi. 
Poeta uruguaya.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Luciérnagas



¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

Jorge Luis Borges


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De noche, qué gratuita y sencilla alegría es la de ver luciérnagas repartiendo, sin ton ni son, su fulgor sobre un jardín. ¿Pero por qué brillan las luciérnagas, por qué de pronto se iluminan? Las luciérnagas se encienden en medio de la noche para atraerse, usan la luz para comunicarse, se buscan unas a otras por el brillo para aparearse. Las hembras pueden ocultarse, apagándose, si sienten peligro. Generan luz mediante un órgano especial situado en la parte inferior del abdómen, por un proceso conocido bajo el nombre de bioluminiscencia que se produce ¡¡¡en un milisegundo!!! y... ¡¡dura el tiempo que la luciérnaga se mantenga excitada!!

Bioluminiscencia... love is in the air! Farolitos del deseo que hacen piruetas para su propia dicha... ¡y para la nuestra!

¡Feliz fin de semana y noches plenas de/con luciérnagas!

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Casa Piano




"Este es uno de los complejos arquitectónicos más creativos del mundo, se encuentra en la provincia de Huainan en China. La intención principal de crear este edificio se debió a la afluencia de turistas que ha crecido considerablemente en la última década, convirtiendo a esta estructura en una de las preferidas por los visitantes nacionales e internacionales. Esta casa cuenta también con un violín gigante de cristal, el cual es la escalera del edificio", nos cuenta Mario Enrique Sánchez en la nota que ayer publicó en De10.com.mx

Para ver leer el texto completo y conocer más de arquitectura creativa en distintas partes del mundo, date una vuelta por la nota ¡Edificios de Diez! dando click aquí



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martes, 22 de septiembre de 2009

¡Un aplauso para Denise Reis!

¡No dejen de ver ni de escuchar a esta trompetista vocal brasileña, con un popurrí imperdible de música popular estadounidense!





Y aquí en el programa de Jô interpretando Negro Gato, ¡incluyendo trompeta con sordina!


lunes, 21 de septiembre de 2009

Pancho Villa: Primer actor del Cine de la Revolución

Por Margarita de Orellana



Pancho Villa a caballo


Pancho Villa se reía mucho de los camarógrafos: cuando intentaban filmarlo cabalgando a toda velocidad, él pasaba frente a ellos levantando una gran polvareda que impedía retratar su figura con nitidez. Los cineastas norteamericanos enviados por una gran compañía cinematográfica gritaban: “Despacio, general, por favor”. A Villa le hacía gracia ver las calamidades por las que tenían que pasar estos hombres para captar su imagen, pero poco a poco se iba acostumbrando a tenerlos cerca y a posar para sus cámaras.

A raíz de esto, Villa comenzó a aparecer en las pantallas de muchos países, pero sobre todo en Estados Unidos, como una figura de enorme popularidad y de gran fuerza dramática. Esto sucedía en 1914, año en que “El Centauro del Norte” gozaba en general de una buena reputación con los norteamericanos. Una leyenda romántica, que a veces lo comparaba con Robin Hood y otras con Napoleón, se fue desplegando por todo el territorio vecino en esos primeros años de la Revolución.

El 3 de enero de 1914 Pancho Villa firmó en Ciudad Juárez, Chihuahua, un contrato de exclusividad, por 25,000 dólares, con la Mutual Film Corporation. Se acordó que Villa llevaría a cabo sus batallas a la luz del día y que no permitiría la presencia de otras firmas cinematográficas en el campo de guerra. Villa escenificaría batallas siempre y cuando no se hubieran podido filmar las verdaderas. Incluso aceptó ponerse un uniforme militar que había sido diseñado por la empresa sólo para que saliera a escena (no podía usarlo en otras ocasiones). Villa nunca imaginó que el cine aumentaría su proyección internacional. Movido más por las posibilidades financieras que por su vanidad, se hizo protagonista de sí mismo. Villa era un hombre de gran sentido práctico. Necesitaba recursos para mantener a su ejército, y hacer cine era uno más, así que cuando se le ofreció dinero para convertir las escenas documentales en una gran película de ficción no dudó en colaborar con estos “benefactores”. La película llevaría el nombre de “La vida del general Villa” y él sería el intérprete principal. El largometraje iba a ser dirigido por D. W. Griffith y para protagonizar al joven Villa se había seleccionado a Raoul Walsh, quien tenía también la responsabilidad de filmar escenas de ambientación para la película. Algunos actores norteamericanos complementarían el elenco: Mac Marsh, Robert Harron, Irene Hunt, Walter Long, etcétera.

Raoul Walsh recordaba en su smemorias cómo logró que Villa retrasara las ejecuciones de las cinco a las siete de la mañana para que hubiese buena luz. “Colocábamos la cámara frente al muro donde iban a ser fusilados los prisioneros y ahí mismo filmábamos sus muertes. Había hombres que con piedras en las manos se lanzaban sobre los cadáveres, les abrían la boca y les sacaban los dientes de oro. Otros iban por los zapatos. Ninguno de los fusilados que vi, se dejó vendar los ojos. Les daba igual. Las batallas que filmamos con Villa no resultaron muy espectaculares. Tuvimos que recrearlas a nuestro regreso en los Estados Unidos.” De hecho, algunas de ellas aparecen en un documental producido por la televisión inglesa “The Ragged Revolution”. Kevin Brownlow, uno de los más importantes historiadores del cine, me mostró escenas donde es muy curioso ver cómo los supuestos soldados villistas iban vestidos con uniformes del ejército filipino.

La primera exhibición de “La vida del general Villa” tuvo lugar en el Lyric Theater de Nueva York el 9 de mayo de 1914, y la prensa la reseñó ampliamente. El filme, finalmente dirigido por Christy Cabanne (Griffith estaba muy ocupado filmando “El nacimiento de una nación”), estaba compuesto de dos partes. La primera contenía muchas escenas con el verdadero Pancho Villa. Se mostraban la quema de cadáveres y algunos ataques. Eran reconstrucciones que servirían para dramatizar la vida del militar del general. En la segunda parte aparecía el título: “La tragedia de la carrera del general Villa”. El relato presentaba al Villa de los primeros años, quien vive tranquilamente con su pequeña familia cuando un joven teniente del ejército federal rapta a su hermana, causándole la muerte. Villa se venga matando al oficial y escapa a las montañas. Ahí empieza su odio al gobierno federal y su leyenda de bandido. Cuando se inicia la Revolución se une a los rebeldes y va ganando batalla tras batalla. Al final Villa es proclamado presidente del país. Es interesante notar cómo el final de la película coincidía con el deseo latente del gobierno norteamericano que, en 1914, apoyaba a las fuerzas de Villa. En ese año, los norteamericanos lo favorecían vendiéndole todo lo necesario para su ejército, y Villa a su vez respetaba las propiedades norteamericanas en México. El presidente Woodrow Wilson lo consideraba el tipo de dirigente que convenía a su país: un revolucionario que luchara por estabilizar la cuestión social sin tocar las propiedades estadounidenses.

Sin embargo, no pasarían muchos meses para que la imagen de Villa se transformara en Estados Unidos. El bandido social en quien los norteamericanos habían depositado sus esperanzas se convirtió muy pronto en “el salvaje sediento de sangre americana”. Wilson entendió que Villa, tarde o temprano, confiscaría los bienes extranjeros. El cine también transformó su imagen dando un giro de 180 grados. En lugar de presentar la trágica vida de un general honesto y justiciero se difundió la imagen de un desalmado que buscaba la destrucción de todo lo que fuera norteamericano y representara la libertad o la justicia en ese país. Es una película de ficción llamada Liberty: A Daughter of the U.S.A., Pancho Villa, que aquí es llamado Pancho López, aparece como el cruel asesino que quiere dar muerte a Libertad, el personaje principal, en territorio mexicano; en otro filme, Lieutenant Danny, USA, aparece con el nombre de Pedro López y es llamado “El Carnicero”. También se hicieron dibujos animados donde Villa siempre era capturado por héroes norteamericanos. Todas estas películas se realizaron en su contra durante la “expedición punitiva” que, por cierto, no fue exitosa: un ejército de miles de norteamericanos no logró capturarlo.

Estas primeras películas sobre Villa, hechas con diferentes signos, ya fuesen positivos o negativos, influirían más tarde tanto en el cine mexicano como en el norteamericano, sobre todo en la representación de este héroe popular que aún es visto como el prototipo de México. En 1914 se inicia la filmografía de la figura de Villa, filmografía que todavía no se ha terminado. Así, algunos de los estereotipos que se crearon en el cine norteamericano sobre Villa y sobre el cine de Revolución Mexicana pasaron a nuestro cine y aún perduran. Pancho Villa, el verdadero personaje histórico, es un primer actor no sólo por ser literalmente el primero sino también por ser uno de los más destacados de la época, a la altura de estrellas que hoy son idolatradas por las masas.

Tomado del libro Cine Mexicano.


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domingo, 20 de septiembre de 2009

Cecilia Meireles


© Fotografía de Richard Schultz

Da Solidão


Há muitas pessoas que sofrem do mal da solidão. Basta que em redor delas se arme o silêncio, que não se manifeste aos seus olhos nenhuma presença humana, para que delas se apodere imensa angústia: como se o peso do céu desabasse sobre sua cabeça, como se dos horizontes se levantasse o anúncio do fim do mundo.

No entanto, haverá na terra verdadeira solidão? Não estamos todos cercados por inúmeros objetos, por infinitas formas da Natureza e o nosso mundo particular não está cheio de lembranças, de sonhos, de raciocínios, de idéias, que impedem uma total solidão?

Tudo é vivo e tudo fala, em redor de nós, embora com vida e voz que não são humanas, mas que podemos aprender a escutar, porque muitas vezes essa linguagem secreta ajuda a esclarecer o nosso próprio mistério. Como aquele Sultão Mamude, que entendia a fala dos pássaros, podemos aplicar toda a nossa sensibilidade a esse aparente vazio de solidão: e pouco a pouco nos sentiremos enriquecidos.

Pintores e fotógrafos andam em volta dos objetos à procura de ângulos, jogos de luz, eloquência de formas, para revelarem aquilo que lhes parece não só o mais estático dos seus aspectos, mas também o mais comunicável, o mais rico de sugestões, o mais capaz de transmitir aquilo que excede os limites físicos desses objetos, constituindo, de certo modo, seu espírito e sua alma.

Façamo-nos também desse modo videntes: olhemos devagar para a cor das paredes, o desenho das cadeiras, a transparência das vidraças, os dóceis panos tecidos sem maiores pretensões. Não procuremos neles a beleza que arrebata logo o olhar, o equilíbrio de linhas, a graça das proporções: muitas vezes seu aspecto - como o das criaturas humanas - é inábil e desajeitado. Mas não é isso que procuramos, apenas: é o seu sentido íntimo que tentamos discernir. Amemos nessas humildes coisas a carga de experiências que representam, e a repercussão, nelas sensível, de tanto trabalho humano, por infindáveis séculos.

Amemos o que sentimos de nós mesmos, nessas variadas coisas, já que, por egoístas que somos, não sabemos amar senão aquilo em que nos encontramos. Amemos o antigo encantamento dos nossos olhos infantis, quando começavam a descobrir o mundo: as nervuras das madeiras, com seus caminhos de bosques e ondas e horizontes; o desenho dos azulejos; o esmalte das louças; os tranquilos, metódicos telhados...Amemos o rumor da água que corre, os sons das máquinas, a inquieta voz dos animais, que desejaríamos traduzir.

Tudo palpita em redor de nós, e é como um dever de amor aplicarmos o ouvido, a vista, o coração a essa infinidade de formas naturais ou artificiais que encerram seu segredo, suas memórias, suas silenciosas experiências. A rosa que se despede de si mesma, o espelho onde pousa o nosso rosto, a fronha por onde se desenham os sonhos de quem dorme, tudo, tudo é um mundo com passado, presente, futuro, pelo qual transitamos atentos ou distraídos. Mundo delicado, que não se impõe com violência: que aceita a nossa frivolidade ou o nosso respeito; que espera que o descubramos, sem anunciar nem pretender prevalecer; que pode ficar para sempre ignorado, sem que por isso deixe de existir; que não faz da sua presença um anúncio exigente " Estou aqui! estou aqui! ". Mas, concentrado em sua essência, só se revela quando os nossos sentidos estão aptos para descobrirem. E que em silêncio nos oferece sua múltipla companhia, generosa e invisível.

Oh! se vos queixais de solidão humana, prestai atenção, em redor de vós, a essa prestigiosa presença, a essa copiosa linguagem que de tudo transborda, e que conversará convosco interminavelmente.


Perteneciente al libro "Escolha o seu sonho".

Cecilia Meireles nació en Rio de Janeiro en 1901 y ahí murió en 1964. Para saber más de ella da click
aquí

jueves, 17 de septiembre de 2009

Literatura Siempre Alerta


¡Alto! Detente y lee
© Fotografía de Ewing Galloway

Por Paco Ignacio Taibo II

Al inicio de 2005 Paloma, mi eterna compañera, y yo, nos reunimos con el presidente municipal de Nezahualcóyotl, Luis Sánchez, para conversar sobre la posibilidad de iniciar un programa de promoción de la lectura entre los policías. Dándole vueltas al asunto, surgieron las ideas básicas de Literatura Siempre Alerta, que habría de precisar y poner en marcha muy pronto el escritor Juan Hernández Luna.

Las ideas que se convirtieron en las piezas claves del programa eran muy simples: utilizar la literatura para sensibilizar a los policías, abrirles espacio para visiones del mundo más ricas, enfrentarlos al sentido social de su tarea, enriquecerlos con el hábito de la lectura.

A lo largo de cuatro años los resultados fueron más que sorprendentes: mil 300 policías y bomberos del municipio participaron en talleres, sesiones de lectura, reuniones con monitores en las que se discutían los textos, uso de bibliotecas en sus instalaciones. Estos policías recibieron 22 mil libros de antologías, preparadas por el equipo que dirigía el programa, que incluían cuentos de autores mexicanos, novelas de Phillip K. Dick, Rafael Bernal y García Márquez. Leyeron El periquillo sarniento, una biografía de Benito Juárez y una antología de cuentos sobre el futbol.

Algunas iniciativas de Juan tuvieron un éxito internacional, como cuando los policías pasaron de leer y comentar a escribir e hicieron una versión del capítulo uno del Quijote en lenguaje de clave policiaca, o comenzaron a escribir cuentos sobre sus experiencias que luego fueron editados en dos volúmenes con el título de Parte de novedades. No sólo se crearon bibliotecas, pronto el grupo tuvo un cineclub, con todo y sus debates.

Asistí varias veces a las sesiones de Literatura Siempre Alerta, participé en lecturas de sus cuentos, en discusiones sobre la novela policial y en conferencias de historia de México. En una de ellas me enfrenté sorprendido a un auditorio de 300 personas, la mitad policías, la mitad estudiantes universitarios.

Para un veterano del 68, la imagen no podía ser más inusitada. Los policías volvían a ser ciudadanos a mis prejuiciados ojos. Y a la hora del debate, las preguntas más inteligentes venían de policías, hombres y mujeres que habían leído el libro antes de la presentación.

No fui el único escritor que colaboró con este singular proyecto; por allí pasaron Felipe Garrido, Alí Chumacero, Juan Villoro, Humberto Musacchio, Rolo Díez, Jorge Belarmino, Víctor Ronquillo, Bernardo Fernández, Miryam Laurini, Eduardo Monteverde, Carlos Montemayor, Agustín Sánchez y Benito Taibo, entre otros.

No fue la única acción que se tomó con la policía de Neza: se subieron los salarios, se facilitó que los policías pudieran terminar estudios de primaria, secundaria y preparatoria inconclusos y se les premió por ello, y se dieron abundantes cursos profesionales.

¿Hubo resultados más allá de la promoción cultural?

Sin duda. Pero nadie esperaba que fueran tan importantes. Quizá lo más interesante es que se redujo sensiblemente el número de quejas por mal comportamiento o abusos de los policías; aumentó sensiblemente la colaboración ciudadana, y esto se reflejó en las encuestas de opinión.

¿Era Neza una Jauja culta de policías lectores que no aceptaban mordidas? No, y sin duda lograr una necesidad como esa tomará mucho tiempo, pero sin duda los avances eran notables, y sin duda también el programa Literatura Siempre Alerta había sido importante en estos logros.

Y los efectos se notaron también en el ámbito de la eficacia. Neza pasó de ser el segundo municipio de la República en número de autos robados al duodécimo, con 50 por ciento menos, y descendieron notablemente los robos en casas habitación, y los asaltos a comercios y a transeúntes.

El programa fue tan importante que una redición de él se está produciendo en la ciudad de México, con el nombre Letras en Guardia.

Pues bien, todo el mundo debería pensar, todo el mundo en su sano juicio, que esta experiencia debería tener continuidad, pero estamos en México, amigos y amigas, y me acaba de llegar la noticia de que los nuevos gobernantes priístas de Neza decidieron suspender el programa Literatura Siempre Alerta.

Supongo que entra en la cuota de normalidad asquerosa que nos toca a los mexicanos. El priísmo de Neza supongo que tiene fuertes intereses de volver a tener la policía que tenía. Que esa es la policía que les gusta y les sirve.

Afortunadamente la reacción entre los nuevos policías se está produciendo. y esperamos que también entre los ciudadanos.

Al grito de “Regresa, Cortázar, los polis te necesitamos”, estaremos alerta.


Fuente: La Jornada, Jueves 17 de septiembre de 2009.

martes, 15 de septiembre de 2009

Independencia de México


Zócalo de la ciudad de México el 15 de septiembre de 2007
Fotografía de David de la Paz


Fragmento de Tres héroes de José Martí

México tenía mujeres y hombres valerosos que no eran muchos: pero valían por muchos: media docena de hombres y una mujer preparaban el modo de hacer libre a su país. Eran unos cuantos jóvenes valientes, el esposo de una mujer liberal, y un cura de pueblo que quería mucho a los indios, un cura de sesenta años. Desde niño fue el cura Hidalgo de la raza buena, de los que quieren saber.

Los que no quieren saber son de la raza mala. Hidalgo sabía francés, que entonces era cosa de mérito, porque lo sabían pocos. Leyó los libros de los filósofos del siglo dieciocho, que explicaron el derecho del hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. Vio a los negros esclavos, y se llenó de horror. Vio maltratar a los indios, que son tan mansos y generosos, y se sentó entre ellos como un hermano viejo, a enseñarles las artes finas que el indio aprende bien: la música, que consuela; la cría del gusano, que da la seda; la cría de la abeja, que da miel. Tenía fuego en sí, y le gustaba fabricar: creó hornos para cocer los ladrillos. Le veían lucir mucho de cuando en cuando los ojos verdes. Todos decían que hablaba muy bien, que sabía mucho nuevo, que daba muchas limosnas el señor cura del pueblo de Dolores. Decían que iba a la ciudad de Querétaro una que otra vez, a hablar con unos cuantos valientes y con el marido de una buena señora. Un traidor le dijo a un comandante español que los amigos de Querétaro trataban de hacer a México libre. El cura montó a caballo, con todo su pueblo, que lo quería como a su corazón; se le fueron juntando los caporales y los sirvientes de las haciendas, que eran la caballería; los indios iban a pie, con palos y flechas, o con hondas y lanzas. Se le unió un regimiento y tomó un convoy de pólvora que iba para los españoles. Entró triunfante en Celaya, con música y vivas. Al otro día juntó el Ayuntamiento, lo hicieron general, y empezó un pueblo a nacer. Él fabricó lanzas y granadas de mano. Él dijo discursos que dan calor y echan chispas, como decía un caporal de las haciendas. Él declaró libres a los negros. Él les devolvió sus tierras a los indios. Él publicó un periódico que llamó El Despertador Americano . Ganó y perdió batallas. Un día se le juntaban siete mil indios con flechas, y al otro día lo dejaban solo. La mala gente quería ir con él para robar en los pueblos y para vengarse de los españoles. Él les avisaba a los jefes españoles que si los vencía en la batalla que iba a darles los recibiría en su casa como amigos. ¡Eso es ser grande! Se atrevió a ser magnánimo, sin miedo a que lo abandonase la soldadesca, que quería que fuese cruel. Su compañero Allende tuvo celos de él, y él le cedió el mando a Allende. Iban juntos buscando amparo en su derrota cuando los españoles les cayeron encima. A Hidalgo le quitaron uno a uno, como para ofenderlo, los vestidos de sacerdote. Lo sacaron detrás de una tapia, y le dispararon los tiros de muerte en la cabeza. Cayó vivo, revuelto en la sangre, y en el suelo lo acabaron de matar. Le cortaron la cabeza y la colgaron en una jaula, en la Alhóndiga misma de Granaditas, donde tuvo su gobierno. Enterraron los cadáveres descabezados. Pero México es libre.


Tomado de: José Martí, Obras Escogidas en Tres Tomos, Tomo II, Editora Política, La Habana, 1980.





Mural pintado por Orozco
Fotografía de Margery H. Freeman


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sábado, 12 de septiembre de 2009

Tamara de Lempicka

Una mujer fatal entre los muralistas

Dueña de una biografía tan fascinante como su obra, la artista polaca fue protagonista de una muestra multitudinaria en México, donde vivió sus últimos años. Rescate de un ícono Art Decó con todo el sex appeal.





Tamara de Lempicka, con su desenfado y sus libertades sexuales, fue un símbolo de la mujer moderna.


Por Horacio Bilbao

Las 85 piezas de Tamara de Lempicka que pasaron por el Museo del Palacio de Bellas Artes mexicano hasta el fin de semana pasado, son tal vez la muestra más grande que jamás se montó en su honor desde que fue redescubierta en 1972 por Alain Blondel, un estudioso de su obra. Y se dio justo allí, en medio de los murales socialistas de Diego Rivera que Tamara, asociada con la aristocracia y el bon vivant, ofreció sus mejores atuendos de bohemia ajena al compromiso social. Dos caras del arte en un mismo escenario y en un país, México, que supo cobijar a trotskistas y a fieles de Coco Chanel.

No se compara a las largas filas que se arman en Bellas Artes para ver cualquier retrospectiva de Frida Kahlo, pero las 200 mil personas que subieron las escalinatas de este palacete mexicano para ver a Tamara, dan muestra de su creciente impacto en el país que ella misma eligió para morir, instalada en Cuernavaca hasta el fin de sus días, en 1980. "Su biografía es fascinante pero su obra está a la par", dijo Roxana Velásquez , la directora de Bellas Artes, cuando presentó la obra. "Será difícil volver a reunir una cantidad semejante de obras sobre Tamara", sumó Blondel. Es que las 85 piezas (49 óleos, 15 obras en papel, y 21 fotografías) viajaron desde los museos más granados del mundo al Distrito Federal. "Era importante organizar esta muestra, para acercar las obras que están en Europa", le dijo a Ñ Raymundo Silva Madrid, investigador del Museo.

Tamara de Lempicka nació en 1898 en Varsovia, Polonia, en un ambiente zarista, aristocrático. En 1917, con la revolución bolchevique y la consecuente transición del zarismo imperial al comunismo fue exiliada junto a su marido, el conde Tadeusz de Lempicky y su única hija, Kizette. Llegó a París, donde tomó clases de pintura con André Lothe y Maurice Denis para perfeccionar lo que ya había aprendido en San Petersburgo. Su primera exposición llegó en 1922, firmando sus obras con el nombre de su esposo, Lempicky.


"Fue una artista por la forma de trabajar los temas y forjar un estilo propio; y una actriz porque toda su vida la vivió como una estrella", resumió Silva Madrid. Es que entre sus círculos de amistades estaban Jean Cocteau, Coco Chanel, Greta Garbo, André Gide y Helena Rubinstein, entre otros. Su desenfado sexual y su talento para posar frente a las cámaras la convirtieron en símbolo de la mujer moderna mientras su perfil artístico se iba emparentando con el cubismo, el futurismo el expresionismo. Tamara asimiló y admiró profundamente la tradición del Renacimiento italiano y el manierismo. "Ella necesitaba representarse ella misma como un personaje, y ese personaje era una femme fatal", explicó Silva Madrid. Llego a exhibir en la Exposición Universal de París, en 1937, donde también se mostró el Guernica , de Picasso.

Estaba en su mejor momento, pero con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, convenció a su segundo marido de mudarse a los Estados Unidos. Allí, acosada por las miserias de los refugiados cayó en un pozo depresivo que la llevó a revisar su obra y a pintar con un carácter más social. El éxito empezaba a abandonarla. En 1972 Alain Blondel rescató su obra con una gran exposición en París. Ella ya vivía en Cuernavaca, México, pero desde entonces su obra recuperó el brillo perdido.

Y México acaba de honrarla con una muestra majestuosa y bien glamorosa. Ya se había hecho un pequeño homenaje en el Distrito Federal en 1980, el año de su muerte, pero nunca un esfuerzo tan grande. Y justo allí, entre los murales de Rivera, creando un contraste entre lo frívolo y el arte compromentido. "Rivera y de Lempicka son muy diferentes y contrastantes en cuanto a temas pero los motivos pictóricos tienen similitudes", dice Silva Madrid. Ambos trabajan con la figura humana en gran escala y marcando las siluetas. Rivera se dirige a temas más políticos mientras que Tamara, en apariencia, es más banal. "Esto le permitió explorar las cualidades pictóricas que ofrecen las distintas técnicas", rescató el investigador.

Fuente: Revista Ñ



Tamara de Lempicka en imágenes



Fotografía de archivo. © Bettmann.




The two friends




Retrato de la Duquesa de la Salle



Sobre la exposición de Tamara de Lempicka en el Museo del Palacio de Bellas Artes, puedes leer al respecto yendo al sitio de Conaculta dando click aquí

Antes en Letranías había tenido presencia Tamara cuando utilicé su obra "Adán y Eva" para ilustrar el relato "El Amor" de Eduardo Galeano. Al final de esa entrada hay un video donde se hace un recorrido por la obra de Tamara. Puedes verlo dando click aquí

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jueves, 10 de septiembre de 2009

Lee sin pretextos


¡Estrenando programa de radio en apoyo a la lectura!
Fotografía de © Kristy-Anne Glubish


Uno lee en cualquier parte, en un autobús, en un metro, en un helicóptero, en la copa de un árbol, en una hamaca, debajo de la cama con una lamparita, de algún modo uno se crea una burbuja donde puede concentrarse y disfrutar… dijo hace un rato Salvador Lemis.

La radio en internet es un beneficios que las Nuevas Tecnologías nos brindan; así podemos tener al alcance palabras y música que en la radio local no se transmiten. Gracias a eso pude escuchar la primera emisión del programa “Lee sin pretextos”, proyecto que la comunicóloga Tere Góngora Basterra encabeza para fomentar la lectura. El programa fue transmitido en Mérida, Yucatán; en vivo y en directo pude escucharlo en Buenos Aires, ¡bendita tecnología!

En el programa de hoy estuvo como invitado el dramaturgo cubano Salvador Lemis, quien relató lo siguiente cuando Tere le preguntó, ¿Por qué leer?:


Leer es viajar, transportarse a otros mundos, visualizar otras personas, soñar,
trasladarse. Y yo recuerdo que pasé por las tres bibliotecas más grandes que
había en mi ciudad, Holguín, desde niño ahí leí mucho. Una viejita me prestaba
todos los días seis libros que yo tenía que devolver o al día siguiente o
dejando un día por el medio, y me los leía todos. Me prestaba libros de seis en
seis. Recuerdo una vez. Estaba yo tan pequeñito que las bibliotecarias no
supieron que yo me había quedado leyendo, cerraron la biblioteca y se fueron. Yo
me sabía el teléfono de mi casa y llamé a mi mamá, y le dije, “Mami llama a los
bomberos porque me quedé encerrado…” y mi mamá llorando al otro lado del vidrio
y el niñito ahí… que se había quedado detrás de un libro…


A continuación puedes escuchar la entrevista completa que Tere le hizo a Salvador:





Lee sin pretextos se transmitirá todos los jueves a las 7 de la noche (hora de México) en el sitio web:

http://www.upedagogica.edu.mx/radio.html

La estación online llamada “Radio Educación del Mayab” pertenece a la Secretaría de Educación. En el programa estarán también Jassiel y Cristina, colegas de Tere.

Apoyen a estos chicos escuchando el próximo jueves el programa, se han embarcado con pasión y alegría en la tarea por difundir la lectura, la buena música, el arte. El programa tiene un email que espera comentarios, sugerencias, opiniones, inquietudes, curiosidades: leesinpretextos@gmail.com

Transcribo el fragmento de Ray Bradbury que escucharon en la voz de Salvador Lemis al despedirse del programa, cuando Tere le pidió que compartiera algo con el auditorio, al finalizar la entrevista. Lemis eligió un fragmento del cuento “El Marciano”:

Qué ser es este tan necesitado de cariño como nosotros, quien es, y cómo
surgiendo de la soledad viene a vivir entre gentes extrañas, y asumiendo la voz
y la cara del recuerdo, se queda al fin entre nosotros aceptado y feliz, qué ser
es este, de qué oscura montaña proviene, de qué cueva, quitarnos esto sería como
quitarnos la comida de la boca, asumiendo la voz y la cara del recuerdo ha
quedado al fin entre nosotros aceptado y feliz. Ojalá no se vaya nunca…




*


La espiga y la vida


Brisa de espigas
Fotografía de Eric Martín Contreras


La misión de la espiga nos es ser el lugar definitivo para la semilla. Cada semilla debe asumir la vida de una manera tan suya y personal, que pueda vivirla independientemente de la espiga en la que maduró. Toda semilla que quiera cumplir con su vocación de vida, y con su misión por los demás, debe aceptar la deschalada y el desgrane. Sólo si ha asumido su vida en plenitud y de una manera personal, será capaz de seguir viviendo luego de la desgranada. Y así podrá incorporarse al gran ciclo de la siembra nueva.

Si su vida es auténtica y acepta hundirse en el surco de la tierra fértil, su lento germinar en el silencio aportará al sembrado nuevo una planta absolutamente única, pero que unida a las demás, formará el maizal nuevo.

No es el maizal el que valoriza la identidad de las plantas. Es el valor irremplazable de cada planta en su riqueza y fecundidad lo que valoriza al maizal.

No es la sociedad nueva la que creará los hombres nuevos. Son los hombres nuevos quienes formarán la nueva sociedad.



Mamerto Menapace, monje benedictino.




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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Unas monedas



© Fotografía de Gregor Schuster


Unas monedas, pidió el mendigo tras su historia, así que el rey mandó que lo arrojaran desde lo alto del palacio, como ejemplo para sus súbditos de que el dinero requiere esfuerzo. Aun se cantan canciones de aquel día, en que el pueblo se indignó, y se alzó como nunca antes. Se aprendieron lecciones diferentes, aquel día. El rey también aprendió algo, aunque nunca pudo contarlo a nadie, y quienes le conocieron dicen que, antes de ser colgado, mantenía su porte y su arrogancia. Pero todo esto son historias que se cuentan, ya sabeis, a cambio de unas monedas, majestad.

Jordi Cebrián es catalán.



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lunes, 7 de septiembre de 2009

Obediencia


Cristina Peri Rossi. 
Poeta uruguaya.

Hoy he sido una niña obediente
(una niña obediente de más de cuarenta años)
he seguido los consejos
del manual de desintoxicación
no he exigido mi dosis
no te he llamado por teléfono
ni siquiera he discado tu número para escuchar tu voz
y rebajar mi ansiedad
no te he escrito la vigésima carta sin respuesta
(ni siquiera la he enviado)
no he mirado tu fotografía
ni los mensajes de móvil archivados
no he hablado de vos con nadie
he dormido y no soñé contigo
he hecho los deberes
he ido al mercado
hablé con el vendedor
una sesuda conversación
acerca del precio de los tomates
que suben por la huelga de los camioneros
o por la huelga de la lluvia
le abrí la puerta del ascensor a una anciana,
un poco más anciana que yo
limpié la casa
quité el polvo de los muebles
y contesté un par de emails

Ahora, doctor, a las doce de la noche,
después de haber sido una niña obediente,
¿me puede decir qué hago?

Tómese una pastilla para dormir,
dirá el médico.

¿De modo que estoy haciendo una cura de desintoxicación
amorosa
para pasarme de los orgasmos a los somníferos?

Qué civilización estamos construyendo.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Con los hilos de la luna

Cruzando la calle miré la boina de un muchacho y pensé en mi abuelo Luis.

Recordé cuando, apenas iniciada la noche, llegaba mi abuelo a la casa con el periódico Excélsior bajo el brazo. Así lo recuerdo, con la boina calada y volviendo del trabajo.

Por razones de geografía no estuve cerca de él, pero cuando íbamos de vacaciones a Veracrú, me sentaba en el escaloncito de la puerta principal a esperar que llegara a la casa. Cuando el reloj y el ruidito de la reja anunciaban su llegada y nos veíamos, se quitaba la boina para ponérmela al tiempo que doblaba el cuerpo para darme un beso.

Una vez me oyó cantando


Los ojos, ciegos los ojos,
ciegos de tanto mirarte,
sin verte, Asturias
lejana,
hija de mi misma madre.

Se me quedó viendo con asombro, ¿cómo sabes esa canción? me preguntó, y le vi una chispa en la mirada que no voy a olvidar. Algo lo entusiasmó y, cómplice, me pidió que esperara en la sala pues quería mostrarme algo. Por el rumbo que tomó, escaleras arriba, dedujé que iría a su habitación. Y así fue, porque al poco tiempo regresó con algo en la mano. Era una tarjeta postal. Asturias. Amigos suyos le habían mandado ese pedazo de tierra que él siempre llevó en el corazón... Asturias verde de montes y negra de minerales.

En un auditorio pequeño, hace un par de años en Mérida, escuché a Liuba María Hevia con su guitarra en esta canción que, así como hoy cuando vi al muchacho con la boina gris, me trajo a la memoria a mi abuelo con sueños de asturiano:






Liuba María Hevia es cantante y compositora cubana.

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viernes, 4 de septiembre de 2009

Volúpia



Palabra encontrada al paso, palabra entre palabras, palabra para dejarse llevar.

Volúpia, leí al final de unos versos brasileños. ¿Qué será Volúpia?, me pregunté. Fui al diccionario. Me gustó. Sonreí. Volúpia, repetí, y en voz alta leí: "Grande prazer dos sentidos, sobretudo o prazer sexual".

¡Voluptuosidade!

¡Olha que coisa mais linda
mais cheia de graça
... e fica mais lindo
por causa do amor...!

¡Ai de nós!


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jueves, 3 de septiembre de 2009

Alessandro Baricco: Un camino de aquí al mar

El mar —vio el barón en los dibujos de los geógrafos— estaba lejos. Pero sobre todo —vio en sus sueños— era terrible, exageradamente hermoso, terriblemente fuerte —inhumano y enemigo— maravilloso. Y además tenía colores distintos, olores jamás sentidos, sonidos desconocidos —era el otro mundo. Miraba a Elisewin [su hija] y no conseguía imaginar cómo podría acercarse a todo aquello sin desaparecer, en la nada, disuelta en el aire por la turbación, y por la sorpresa. Pensaba en el instante en que habría de volverse, de repente, para recibir en los ojos el mar. Pensó en ello durante semanas. Y después lo comprendió. No había sido difícil, en el fondo. Era increíble no haber pensado en ello antes.
—¿Cómo llegaremos al mar? —le preguntó el padre Pluche.
—Será él quien venga a recogeros.

Así partieron, una mañana de abril, atravesaron campos y colinas y al atardecer del quinto día llegaron hasta las orillas de un río. No había ni un pueblo, no había casas, nada. Pero sobre el agua se balanceaba, silencioso, un pequeño navío. Se llamaba “Adel”. Navegaba, por lo general, en las aguas del océano, llevando riquezas y miserias, de ida y de vuelta, entre el continente y las islas. A proa llevaba un mascarón con cabellos que le resbalaban hasta los pies. Las velas tenían en su interior todos los vientos del mundo lejano. La quilla había escrutado, durante años, el vientre del mar. En cada rincón, olores desconocidos relataban historias que las caras de los marineros llevaban transcritas sobre la piel. Tenía dos mástiles. El barón de Carewall quiso que remontase, desde el mar, el curso del río hasta allí.
—Es una locura —le había dicho el capitán.
—Os cubriré de oro —le había contestado el barón.
Y ahora, como un fantasma escapado de cualquier ruta razonable, el navío de dos mástiles llamado “Adel” estaba allí. Sobre el pequeño muelle, en el que por lo general amarraban pequeñas embarcaciones, el barón se abrazó a su hija y le dijo
—Adiós.
Elisewin permaneció callada. Se cubrió el rostro con un velo de seda, deslizó en las manos del padre un papel, doblado y sellado, se dio la vuelta y fue al encuentro de los hombres que habían de llevarla al navío. Era ya casi de noche. De haberlo querido, habría podido parecer un sueño.

Así fue como Elisewin descendió hacia el mar del modo más dulce del mundo —sólo la mente de un padre podía imaginarlo—, llevada por la corriente, a lo largo de la danza hecha de curvas, pausas y titubeos que el río había aprendido en siglos de viajes, él, el gran sabio, el único que sabía el camino más hermoso y dulce y apacible para llegar al mar sin hacerse daño. Descendieron, con esa lentitud decidida al milímetro por la sabiduría materna de la naturaleza, introduciéndose poco a poco en un mundo de olores de cosas de colores que día tras día desvelaba, lentísimamente, la presencia lejana, y después cada vez más próxima, del enorme regazo que los esperaba. Cambiaba el aire, cambiaban las auroras, y los cielos, y las formas de las casas, y los pájaros, y los sonidos, y las caras de la gente en las orillas, y las palabras de la gente en sus bocas. Agua que se deslizaba hacia el agua, galanteo delicadísimo, los meandros del río como una cantilena del alma. Un viaje imperceptible. En la mente de Elisewin, sensaciones a millares, pero ligeras como plumas en vuelo.

Todavía hoy, en las tierras de Carewall, relatan todos aquel viaje. Cada uno a su manera. Todos sin haberlo visto nunca. Pero no importa. No dejarán nunca de relatarlo. Para que nadie pueda olvidar lo hermoso que sería si, para cada mar que nos espera, hubiera un río para nosotros. Y alguien —un padre, un amor, alguien— capaz de cogernos de la mano y de encontrar ese río —imaginarlo, inventarlo— y de depositarnos sobre su corriente, con la ligereza de una sola palabra, adiós. Eso, en verdad, sería maravilloso. Sería “dulce” la vida, cualquier vida. Y las cosas no nos harían daño, sino que se acercarían traídas por la corriente, primero podríamos rozarlas y después tocarlas y sólo al final dejar que nos tocaran. Dejar que nos “hirieran”, incluso. “Morir por ellas”. No importa. Pero todo sería, por fin, “humano”. Bastaría la fantasía de alguien —un padre, un amor, alguien. Él sabría inventar un camino, aquí, en medio de este silencio, en esta tierra que no quiere hablar. Camino clemente, y hermoso. Un camino de aquí al mar.


Fragmento del libro "Océano mar" de Alessandro Baricco.