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viernes, 24 de abril de 2009

¿Quién me regala un sombrero de estos?

Cuando en 1927 Alfonso Reyes llegó a Buenos Aires como embajador de México, el movimiento cultural que se desplegó a su paso fue todo un acontecimiento. Entre las muchas bienvenidas que tuvo -almuerzos, cenas, discursos, todos ellos encabezados por grandes personalidades de su tiempo- hay un poema en especial que me gusta pues está lleno de estampas mexicanas, de movimiento, de color, escrito por el poeta argentino Baldomero Fernández Moreno.



© ML Sinibaldi


Salutación a Alfonso Reyes

Si yo fuera mexicano
y hubiera usado un sombrero
de esos que se abren en punta
y se abren en amplio ruedo;
de esos que echados atrás,
con la cinta por el cuello,
fingen aureolas de santo,
o un sol que fuera saliendo;
o que arrojados al campo,
desde el caballito tieso,
podrían servir de tienda
a un ceñido guerrillero;
de esos en cuyas alas,
en verbenas y jaleos,
más de un baile de colores
pespuntearon pies pequeños,
cuando fuera por el mundo
me llevaría uno de ellos,
y en mis trances melancólicos
me lo pondría un momento,
seguro que a su contacto,
caricia, perfume, alero,
yo sentiría en mi frente,
marchita por el recuerdo,
la patria toda lejana,
con su tierra y con su cielo.
Y un oleaje de puntillas,
y un sonoro taconeo,
y unas piernas incansables,
mitad carne y mitad nervio,
y una cintura flexible,
y un rostro, tal vez, moreno,
la boca, palabra y miel,
los ojos, palabra y fuego:
hecha, la patria, mujer,
la mujer hecha deseo.

Puede ser que a Alfonso Reyes,
algo le ocurra de esto
y en sus cofres diplomáticos
se arrugue un sombrero de esos
que, cuando se sienta triste,
le acorra con el remedio.

¡Que mientras se encuentre aquí,
no eche de menos a México,
porque no se ponga nunca
su sombrero!


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