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jueves, 29 de enero de 2009

Años de nostalgia



Me descubro ahora
escrutando
en mi memoria
el sonido de tu voz,
y me pregunto
¿qué miedo
nos muerde las ganas
hasta convertir el deseo
en años de nostalgia?


María Soledad Ríos. 
Poeta venezolana. 

martes, 27 de enero de 2009

Héctor Rojas Herazo



Obra de Héctor Rojas Herazo

Súplica de amor

Por mi voz endurecida como una vieja herida;
por la luz que revela y destruye mi rostro;
por el oleaje de una soledad más antigua que Dios;
por mi atrás y mi adelante;
por un ramo de abuelos que reunidos me pesan;
por el difunto que duerme en mi costado izquierdo
y por el perro que lame los pómulos;
por el aullido de mi madre
cuando mojé sus muslos con un vómito oscuro;
por mis ojos y mis dedos culpables de todo lo que existe;
por la gozosa tortura de mi saliva
cuando palpo la tierra digerida en mi sangre;
por saber que me pudro:
ámame.

Héctor Rojas Herazo (1921-2002) es colombiano, poeta, novelista y pintor.

lunes, 26 de enero de 2009

¿Sería capáz la belleza de llamar la atención en un contexto banal y en un momento inapropiado?

Esto ocurrió en el 2007.




EXPERIMENTO DEL 'WASHINGTON POST'
Un virtuoso del violín, ignorado al tocar en el metro de Washington


EFE

MADRID.- El violinista estadounidense Joshua Bell ha demostrado que, pese a tocar magistralmente, si es en el metro de Washington, los pasajeros pasan de largo.

El experimento, planificado por el diario 'The Washington Post' y publicado en su dominical de esta semana, consistía en observar la reacción de la gente ante la música tocada por Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, que aceptó la propuesta de actuar de incógnito en el subterráneo estadounidense.

El 12 de enero pasado, a las 07.51 de la mañana, el artista y ex niño prodigio comenzó su recital de seis melodías de diversos compositores clásicos en la estación de L'Enfant Plaza, epicentro del Washington federal, entre decenas de personas cuyo único pensamiento era llegar a tiempo al trabajo.

Un experimento del 'Washington Post'
La pregunta que lanzó el rotativo era la siguiente: ¿Sería capaz la belleza de llamar la atención en un contexto banal y en un momento inapropiado?

En ese momento, Bell, ataviado con unos vaqueros, una camiseta de manga larga y una gorra, comenzó a emitir magia desde su Stradivarius de 1713 -valorado en 3,5 millones de dólares- ante las 1.097 personas que pasaron a escasos metros de él durante su actuación.

En los 43 minutos que tocó, el violinista (nacido en Indiana en 1967) recaudó en su estuche 32 dólares y 17 céntimos -donados a la beneficencia-. La cifra es está muy lejos de los 100 dólares que los amantes de su música pagaron tres días antes por asientos decentes (no los mejores) en el Boston Symphony Hall, que registró un lleno completo.

En cambio, en L'Enfant Plaza, alejado de las campañas de promoción de su arte, fuera de los grandes escenarios y con la única compañía de su violín, a Bell sólo lo reconoció una persona y muy pocas más se detuvieron siquiera unos momentos a escucharle.

Leonard Slatkin, director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, dijo al Post que calculaba que "entre 75 y 100 personas se pararían y pasarían un rato escuchando" al artista, aunque nadie cayera en la cuenta de su identidad a primera vista.

30 segundos hasta el primer dólar
De hecho, pasaron tres minutos y 63 personas hasta que alguien se cercioró de que, efectivamente, una melodía sonaba en el subterráneo.

Un hombre de mediana edad fue el primero en apartar la vista del suelo, aunque fuera por un segundo, para dirigirla hacia Bell.

Treinta segundos después llegó el primer dólar y a los seis minutos alguien decidió pararse por un momento para apoyarse en una de las paredes de la estación y disfrutar de la música.

El violinista comenzó con la interpretación de la chacona de la Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach y siguió con piezas como el Ave María, de Schubert, o la "Estrellita", de Manuel Ponce.

Siete conquistas, 27 'colaboraciones'
En total, fueron siete los individuos que detuvieron su marcha para escucharle, mientras 27 decidieron contribuir a la "causa".

Aunque sólo lo reconoció una mujer que había estado en uno de sus conciertos, en general quienes se pararon a escucharle percibieron que el artista no era un pedigüeño cualquiera.

"Era un violinista soberbio, nunca he oído nada así. Dominaba la técnica, su fraseo era buenísimo. Y su cacharro era bueno, también, el sonido era amplio, rico", describió John Piccarello, un supervisor postal que en su día estudió violín.

Otro pasajero que se detuvo a oír al virtuoso fue John David Motensen, funcionario del Departamento de Energía, que sin los conocimientos de Piccarello sí explicó al Post que la música de Bell le hacía "sentir en paz".

La belleza, en el ojo que mira
El redactor del Post, Gene Weingarten, que ideó el experimento, ha afirmado durante una charla con los lectores del diario que retrasó la publicación del artículo debido al premio 'Avery Fisher', el más importante de la música clásica, que recibirá el artista mañana.

En conclusión, según el Post, los ciudadanos de Washington hicieron bueno el refrán que defiende que "la belleza se encuentra en el ojo de quien mira". Y en el oído de quien escucha, al parecer.

El hábito no hará al monje -o el Boston Simphony Hall al violinista-, pero bien que le ayuda.


Tomado de: http://www.elmundo.es/elmundo/2007/04/10/comunicacion/1176170531.html

viernes, 23 de enero de 2009

Marguerite Yourcenar


Fotografía: © Solus-Veer/Corbis


Por mucho que yo cambie, mi destino no cambia.
Cualquier figura puede inscribirse en el interior de un círculo.


Marguerite Yourcenar.

Tomado del libro "Fuegos".

jueves, 22 de enero de 2009

Kodama vuelve a Ginebra de la mano de Borges

En la ciudad suiza se realiza una muestra en homenaje al escritor; un recorrido por los sitios más frecuentados por el autor de El Aleph



Fotografía de Susana Reinoso
Por Susana Reinoso.
Enviada especial


GINEBRA.- Jorge Luis Borges escribió en Atlas, un volumen creado con sus textos y las fotos que María Kodama tomó a lo largo de sus viajes compartidos, que "Ginebra no es enfática". Lo dijo comparándola con otras ciudades de personalidad rotunda: "París no ignora que es París, la decorosa Londres sabe que es Londres, pero Ginebra casi no sabe que es Ginebra".

Lo que Borges quería decir es que, habiendo conocido esta ciudad cosmopolita lo más descollante del pensamiento calvinista y el francés, Ginebra hace gala de una austeridad evidente. Y, como subrayó el autor de El Aleph, "las grandes sombras de Calvino, Rousseau, Amiel y Ferdinand Hodler están aquí, pero nadie las recuerda al viajero".

La relación de Borges con Ginebra -ciudad en la que estudió siendo joven- fue tan especial como la que mantuvo con su mítica Buenos Aires, cuya fundación se le hacía cuento. Por la capital suiza expresó un respeto despojado de exclamaciones: "Se ha renovado sin perder sus ayeres. Perduran sus campanas y sus fuentes, pero también hay otra gran ciudad de librerías y comercios".

Borges y Kodama frecuentaban la Vieille Ville (ciudad vieja), cuyas callecitas empedradas en altura envuelven al visitante en el aire de otros tiempos. Hay algo que confunde en esta ciudad que, en pleno invierno, parece hecha de hielo y de viento. La bise, cuando sopla, corta las palabras y el aliento. Su diseño laberíntico parece especialmente pensado para los que quieren perderse. Y para los que quieren reencontrarse también, pues cada pasadizo tiene siempre una salida.

María Kodama se arrebuja en su abrigo de piel y recuerda a Borges, de quien dice: "Le gustaba el frío y el hecho de que los grandes nombres del pensamiento hubieran pasado por esta ciudad. Admirada el orden y el respeto que hay aquí. Cuando era joven y estudiaba aquí, lo marcó la solidaridad de los ginebrinos con los refugiados de la Gran Guerra".

El viaje que prosigue

LA NACION recorrió la Vieille Ville con Kodama, de visita en Ginebra para la inauguración de la muestra "El Atlas de Borges", que permanecerá aquí hasta febrero próximo.

El itinerario incluyó algunos de los sitios que Borges frecuentaba, hasta su última morada en Plainpalais, el cementerio de reyes y notables donde el creador de Ficciones está sepultado, en la tumba 735, junto a un sendero de piedra, hoy escarchado y cerrado al público por precaución.

En Plainpalais yacen los restos de Jean Calvino, el gran reformador, y del compositor argentino Alberto Ginastera, otro hijo dilecto de Ginebra.

En la Vieille Ville, donde la Grand Rue se cruza con la rue Saint Pierre hay un sitio acogedor, el Café del Hotel de Ville, visitado muchas veces por Borges. Allí tuvo lugar la charla de la presidenta de la Fundación Jorge Luis Borges con LA NACION.

"Regresar a esta ciudad es como volver a viajar con Borges y revisitar los lugares que él conocía de memoria. Tanto así, que cuando algo cambiaba en la arquitectura de la ciudad, lo advertía de inmediato. Era sorprendente", dijo Kodama.

En la Grand Rue esquina rue du Sautier, justo a la altura en que la arteria principal se pronuncia en la subida, hay una placa que dice: "En el 28 de la Grand Rue vivió el escritor Jorge Luis Borges, 1899-1986". Y, de inmediato, las palabras del más universal de los argentinos sobre Ginebra: "De todas las ciudades del planeta, de las diversas e íntimas patrias que un hombre va buscando y mereciendo en el decurso de los viajes, Ginebra me parece la más propicia a la felicidad".

La placa es un homenaje de la ciudad a un escritor que reconoce como propio. Tanto así, que en el popular barrio de Charmilles, donde hasta hace poco tiempo abundaban los ateliers de jóvenes artistas plásticos, Borges tiene una calle con su nombre. El autor de Los conjurados decía que le debía a Ginebra la revelación del francés y el latín, del expresionismo, de Schopenhauer y de Conrad, de la doctrina de Buda y el taoísmo. Y a todo ello, le agregaba la nostalgia de Buenos Aires.

El año último, la Fundación Martin Bodmer compró dos manuscritos excepcionales del escritor argentino, autografiados por Borges. Se trata de ´Tlön, Uqbar, Orbis Tertius´, un texto de 26 páginas de su libro Ficciones (1940), y un cuaderno con tres ensayos literarios. Por los manuscritos, la Fundación suiza pagó 240.000 euros.

A escasos metros de la Catedral de Saint Pierre -otro punto del derrotero por la Vieille Ville -, cuando la Grand Rue se abre, está la Librería Jullien, visitada por Borges en cada viaje. La atmósfera es recoleta y aunque su obra no se consigue allí, sí hay ensayos sobre el escritor argentino. En la Catedral aún se conserva la silla de Calvino. Allí se celebró el oficio religioso por la muerte de Borges, que duró dos horas, recuerda hoy Kodama.

El itinerario concluyó en Plainpalais, testigo de la Edad Media, donde yacen los restos del escritor argentino. El 14 de junio de 1986, cuando murió en el segundo piso de la casa de la Grand Rue, Borges aún escribía. Una corona de flores amarillas sin firma, entre las que rodearon su tumba, tenía una leyenda: "Al más grande forjador de sueños".

Algo en Kodama se resiste a volver al cementerio de Plainpalais. Quizá sea el temor que la asaltó cuando Borges murió, según consta en las crónicas de hace 22 años: que su cuerpo se convirtiera en un objeto.



lunes, 19 de enero de 2009

Grocery Store Wars

Not long ago in a supermarket not so far away...


jueves, 15 de enero de 2009

Cantos para ser contados



En el marco de la segunda edición del Congreso Internacional de Comida y Literatura:
Bebida y Literatura: Aguas Santas De La Creación,
el Ayuntamiento de Mérida invita a la presentación del libro
Cantos para ser contados
de Addy Góngora Basterra

Centro Cultural José Martí / Parque de Las Américas
Sábado 17 de enero a las 20:00 horas.

Presentadores: Sara Poot Herrera y Daniel Torres.


Diseño de portada: Serenata de José Luis García Pérez


Con letras de boleros, salsa, bossa nova y compositores como Angélica Balado, Joaquín Sabina, Ely Guerra y Armando Manzanero, los relatos que conforman Cantos para ser contados van desde un perro triste por abandonado (¿Y qué hiciste del amor que me juraste?) a un sacerdote atormentado por las confesiones de una joven (mi cuerpo no está hecho de metal, mi cuerpo no está hecho de madera), además de temas como el secuestro express (Te vi, te vi, te vi, yo no buscaba a nadie y te vi...) y los asesinatos en Ciudad Juárez (... y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido).

Addy Góngora Basterra (Veracruz, 1982) entreteje con creatividad y letras de canciones los veintiún relatos que conforman
Cantos para ser contados, su primer libro. Canciones que se cuentan, historias que nada tienen que ver con la canción a la que remiten, fusionando así música y escritura, espejos de la humanidad con los que se interpreta y acompaña la vida.



Remo Anzovino

Cammino nella notte (Carta da musica)

sábado, 3 de enero de 2009

El zorrito que no sabía volar