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jueves, 20 de noviembre de 2008

Encontros e Despedidas

Maria Rita interpreta este prodigio de Milton Nascimento y Fernando Brant.




Mande notícias do mundo de lá
Diz quem fica
Me dê um abraço, venha me apertar
Tô chegando
Coisa que gosto é poder partir
Sem ter planos
Melhor ainda é poder voltar
Quando quero

Todos os dias é um vai-e-vem
A vida se repete na estação
Tem gente que chega pra ficar
Tem gente que vai pra nunca mais
Tem gente que vem e quer voltar
Tem gente que vai e quer ficar
Tem gente que veio só olhar
Tem gente a sorrir e a chorar
E assim, chegar e partir

São só dois lados
Da mesma viagem
O trem que chega
É o mesmo trem da partida
A hora do encontro
É também despedida
A plataforma dessa estação
É a vida desse meu lugar
É a vida desse meu lugar
É a vida

Paraguas (Amagasa)



© Horace Bristol

Yasunari Kawabata (Osaka, Japón, 1899). 

La lluvia primaveral no llegaba a mojar las cosas. Era ligera como neblina, apenas suficiente para humedecer ligeramente la piel. La jovencita salió corriendo y se dio cuenta de eso al ver al muchacho con un paraguas.

—¿Llueve?

El muchacho había abierto el paraguas más para ocultar su vergüenza al pasar por la tienda donde estaba la jovencita que para protegerse de la lluvia.

Sin decir palabra, se lo ofreció a la jovencita. Ella sólo se dejó cubrir un hombro. El muchacho se estaba mojando, pero no se atrevía a pedirle que se colocara bajo el paraguas con él. Y ella, aunque deseaba colocar su mano en el mango junto con la del muchacho, parecía a punto de escapar corriendo.

Llegaron a un estudio fotográfico. El padre del joven iba a ser transferido en su empleo a un lugar lejano. Ésa sería la fotografía de despedida.

—¿Podrían sentarse juntos?

El fotógrafo señaló el canapé, pero el muchacho no podía sentarse al lado de la jovencita. Se quedó de pie detrás de ella, rozando ligeramente su abrigo con la mano que descansaba en el respaldo del sofá, deseoso de que sus cuerpos estuvieran de alguna manera conectados. Era la primera vez que la tocaba. El calor del cuerpo que podía sentir a través de las yemas de sus dedos le hizo intuir la calidez que podría experimentar de tenerla desnuda entre sus brazos.

A lo largo de su vida recordaría el calor de su cuerpo cada vez que mirara esa fotografía.

—¿Me permitirían tomarles otra? Podría ser una más de cerca y con ustedes uno al lado del otro.

El joven asintió.

—¿Y tu cabello? —le susurró a la jovencita.

Ella levantó la vista, lo miró y enrojeció. Sus ojos brillaron con alegría. Dócilmente se escabulló al tocador. Al ver pasar al muchacho por el negocio, había salido disparada, sin tomarse el tiempo de arreglar su cabello. Ahora le preocupaba tenerlo así despeinado, como después de quitarse un gorro de baño. La muchacha estaba tan intimidada que no se había atrevido a acomodar su cabellera delante de él, y el muchacho, por su parte, temió que se turbase aun más si le pedía que se lo arreglara.

La alegría de la jovencita al correr al tocador también aligeró el ánimo del muchacho. Cuando ella volvió, se sentaron en el canapé como si eso fuera lo más natural del mundo.
Al abandonar el estudio, el muchacho miró por todas partes buscando su paraguas. Y vio que la jovencita se le había adelantado, y que estaba afuera y lo tenía en la mano. Cuando ella se dio cuenta de que el muchacho la miraba, de repente cayó en la cuenta de que había tomado su paraguas. Ese pensamiento la sobresaltó. ¿Su acción involuntaria le habría probado al muchacho que ella sentía que también le pertenecía?

El muchacho no podía ofrecerse para sostener el paraguas, y la jovencita no se atrevía a tendérselo. De algún modo ya no eran los mismos que al marchar por esa misma calle rumbo al fotógrafo. Se habían vuelto adultos. Regresan a sus casas con la sensación de que eran una pareja formal, y todo por este incidente con el paraguas.


Tomado del libro Historias en la palma de la mano. Emecé: 2007.
Traducción de Amalia Sato.





Yasunari Kawabata, Premio Nóbel de Literatura en 1968. De él dice la solapa del libro: “Huérfano a los tres años, insomne perpetuo, cineasta en su juventud, lector voraz… Escribió mas de doce mil páginas (¡¡ñó!!) de novelas, cuentos y artículos, y se convirtió en uno de los escritores japoneses más populares dentro y fuera de su país. Se suicidó a los 72 años.

Pablo Neruda


© Bill Ross


Ritual de mis piernas
(Fragmento)

Las gentes cruzan el mundo en la actualidad
sin apenas recordar que poseen un cuerpo y en él la vida,
y hay miedo, hay miedo en el mundo de las palabras que designan el cuerpo,
y se habla favorablemente de la ropa,
de pantalones es posible hablar, de trajes,
y de ropa interior de mujer (de medias y ligas de "señora"),
como si por las calles fueran las prendas y los trajes vacíos por completo
y un oscuro y obsceno guardarropas ocupara el mundo.

Pablo Neruda (1904-1973). Poeta chileno.
Fragmento del poema "Ritual de mis piernas" del libro Residencia en la tierra.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Irene Sánchez Carrón



Después del baño, mujer secándose
Edgar Degas, fechado entre 1883 y 1890.


Después del baño, mujer secándose

Se consumen de fiebre mis pinceles
dando forma a tu roja cabellera,
y tu nuca desnuda hecha de cera
no acierta a mirar mis ojos fieles.

Resbalo por tu espalda y por tus hombros
que no envuelve la túnica de sueño
y en tus curvas despéñase mi empeño
de levantar belleza con escombros.

Te miro desde cerca y tú te escapas
cual diosa retirándose a su templo
ajena a la mirada que en ti atrapas.

Me angustia no poder entrar más dentro,
y retirar la tela con que tapas
el misterio del cuerpo que contemplo.


Del poemario: Porque no somos dioses
Irene Sánchez Carrón (1967) es española.