MAS RECIENTE

viernes, 24 de octubre de 2008

Mónica Mansour


© Brooke Fasani


Fragmento.
Tomado de la novela En cuerpo y alma (Editorial Planeta, 1991).


Los objetos son parte de uno, si uno se los permite. Por eso, cuando a uno se le rompe algo, una cuerda importante, o se interrumpe algún paso que debía ser fluido, los objetos lo resienten. Tal vez haya escépticos que crean que estoy fantaseando, pero ¿a quién no le ha sucedido que justo cuando recibe una mala noticia, de esas que hunden el corazón en una sustancia espesa o aplastan las espaldas hasta que uno ya no puede ni moverse, o sobreviene una desilusión que puede aplicarse a infinitas circunstancias como explicación totalizadora, simultáneamente sucede que se funde el foco, se quiebra un espejo, se desarman las hojas de un libro mal pegado, o se esconden las cosas que uno más necesita y por más que se buscan no se dejan encontrar, y cuando uno va a escribir que todo sale mal, en ese momento, como en la d o la o, se acaba la tinta de la pluma y el lápiz no tiene punta? Éstas no son coincidencias ni casualidades ni azares de la vida, como solemos llamarlas en otros momentos cuando todo sale bien. No es cierto. Lo que pasa es que las cosas sienten, nos sienten, y se enojan o se aterran o se entristecen ante la vida de su dueño. Sí, sienten, pero también a veces presienten, y comienzan a manifestar sus emociones, confusiones, miedos y congojas antes que nosotros. Es una cortesía, en realidad. No digo que lo hagan de manera inconsciente y nos ganen en el tiempo, sino más bien que es una advertencia para que estemos preparados para lo que nos espera. Yo lo sé porque ya me ha sucedido más de una vez.

El foco se fundió, el socket se zafó y se desprendió de la lámpara que le daba su razón de ser, quise sacar un papel y toda la montaña de carpetas se derrumbó y cayó al suelo en un desorden enloquecido, las hojas en el florero se secaron, las flores se marchitaron, el libro cayó como techo de dos aguas y retorció a todos sus personajes, la aguja del tocadiscos portátil saltaba todos los surcos sin marcar paso a paso el recorrido, las tachuelas que sostenían el cartel en la pared se despegaron y se escondieron. Me puse a llorar. Ante tantos avisos urgentes, no era difícil prever la tormenta que se acercaba. Saqué una foto de los objetos para que recordaran sus propios gestos. Me puse a llorar durante tres días y tres noches hasta que se me acabó el agua y el aliento. Entraba algo de luz por la ventana, como de amanecer o de atardecer, levanté la cabeza y allí, sentada en la escueta silla de madera gris, estaba Susan. Mi cuello no tenía fuerza, mi garganta no tenía voz, me dormí. Cuando desperté horas, días después, Susan se puso de pie en silencio y salió de mi habitación. Las paredes, los muebles, la lámpara rota me dijeron dónde estaba, me dijeron que la tormenta ya había pasado, me pidieron que cambiara todo de lugar y formara un cuarto nuevo y un mundo nuevo, me aseguraron que no importaba si la memoria había cerrado sus puertas.

Me miré en el espejo y era yo. El espejo estaba intacto.

Mónica Mansour (1946) es argentina.

jueves, 23 de octubre de 2008

Eugenio Montejo


© Bob Mitchell

MANOA

No vi a Manoa, no hallé sus torres en el aire,
ningún indicio de sus piedras.

Seguí el cortejo de sombras ilusorias

que dibujan sus mapas.
Crucé el río de los tigres
y el hervor del silencio en los pantanos.
Nada vi parecido a Manoa
ni a su leyenda.

Anduve absorto detrás del arco iris

que se curva hacia el sur y no se alcanza.
Manoa no estaba allí, quedaba a leguas de esos mundos,
–siempre más lejos.

Ya fatigado de buscarla me detengo,

¿qué me importa el hallazgo de sus torres?
Manoa no fue cantada como Troya
ni cayó en sitio
ni grabó sus paredes con hexámetros.
Manoa no es un lugar
sino un sentimiento.

A veces en un rostro, un paisaje, una calle

su sol de pronto resplandece.
Toda mujer que amamos se vuelve Manoa
sin darnos cuenta.
Manoa es la otra luz del horizonte,
quien sueña puede divisarla, va en camino,
pero quien ama ya llegó, ya vive en ella.

Eugenio Montejo nació en Caracas en 1938 y murió el 5 de junio del 2007. 
Hace unos años fue maravilloso encontrar sus versos en una escena de la película de González Iñárritu 21 Gramos, donde Sean Penn le dice a Naomi Watts: "La tierra giró para acercarnos, giró sobre sí misma y en nosotros, hasta juntarnos por fin en este sueño".
El poema Manoa pertenece al libro Trópico Absoluto (Fundarte, 1982).

martes, 21 de octubre de 2008

Vicente Huidobro



ALTAZOR. CANTO II

Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma
Al irte dejas una estrella en tu sitio

Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?

Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños

Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez

El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas 30
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La yerba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento

Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio

Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad

He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche

Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño

En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta

Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte

Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla

Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de su sombra en el aire

Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?

Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío

Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta

Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas

Mí alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo
Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe

Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arcoiris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma

Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración

Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas

Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos

Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?

Vicente Huidobro (1893-1948) es chileno, poeta y narrador.
Su obra es exquisita. Es uno de los poetas vanguardistas más importantes de la primera mitad del siglo veinte. Al inicio de la entrada está un fragmento de la película El lado oscuro del corazón II, donde los versos anteriores de Huidobro se vuelven cine y declaración de amor por parte de Oliverio [Girondo] a Alejandra [Pizarnik], la trapecista de la que Oli se enamora. Claro, todo esto como ficción, los personajes están conformados por textos de uno y otro, los nombres son mera representación simbólica. Las películas de Subiela, El lado oscuro del corazón I y II son poesía pura que además cuentan con buena música y excelente fotografía, una alternativa al cine comercial. De esas películas que son para sentir y que hay que ver de vez en cuando.

Fragmento de la película 
El lado oscuro del corazón II 
de Eliseo Subiela.


lunes, 20 de octubre de 2008

El amor

"Adán y Eva" (1932). Tamara de Lempicka.
Eduardo Galeano* 

En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.

—¿Te han cortado? —preguntó el hombre.

—No —dijo ella—. Siempre he sido así.

Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:

—No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Echate en la hamaca y descansa.

Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:

—No te preocupes.

El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.

Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:

—¡Lo encontré! ¡lo encontré!.

Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.

—Es así —dijo el hombre, aproximándose a la mujer.

Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.

Eduardo Galeano (1940) es uruguayo. 
El relato anterior está tomado del libro "Memorias del fuego", (vol. 1). Con respecto a Tamara de Lempicka, es polaca, nació en 1898. Los últimos años de su vida los pasó en Cuernavaca, donde murió el 18 de marzo de 1980... y desde un helicóptero, sus cenizas fueron arrojadas al volcán Popocatépetl.