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viernes, 3 de octubre de 2008

Noé Jitrik

A propósito del October Fest...

DICHTERLIEBES

Una vez, tuve una actriz entre mis brazos:
aleteaba como un gorrión o se arqueaba como una gata,
al conmoverse engendraba oleadas de encanto
mientras con su cuerpo hacía preguntas
que me parecieron inteligentes
o, por lo menos, oportunamente ubicadas.

El verano estaba adelantado y los bares ardían;
presumo que fue eso lo que nos empujó a las calles;
nos arrastrábamos por la noche
y mucha cerveza corrió por nuestros labios
tanta como el río de amor que nació en mí.

Supongo que mentía por razones profesionales
o tal vez por alguna otra cosa que no entiendo;
el hecho es que pienso todavía en esas certidumbres
y en nuestras sombras fanáticas por ellas,
y las noches, buenas amigas,
me devuelven la escalinata de dolor que descendí.

Es cierto que hubo el deleite que llaman físico
aunque simplemente sea por el descubrimiento:
naves desarboladas que a los tumbos
aprisionan los continentes, negros, blanquecinos o pardos
según corresponda al momento y al lugar.

Pero hubo más,
hubo tortura mutua, un insospechable sadismo
que redujo a cero el ámbito heroico y la conquista:
también temblábamos, pero ahora de maldad,
desechábamos el verano, huíamos pertinaces de la noche,
los nervios nos brillaban como estrellas.

En realidad, estallamos al modo de las bombas
y nos alteramos, con lo cual tanto paseo tuvo su remate.
Pero sabíamos que no era cuestión de derechos,
que ninguna dignidad estaba herida;
era la ficción, era el arte que nos sedujo y nos rodeó,
era la noche y la estación tan avanzada.
Eso después lo entendimos y supimos, con melancólicas razones,
que una cosa es la cerveza y otra, el amor.

Noé Jitrik es Argentino.
Lo anterior pertenece al libro Addio a la Mamma, 1967.

jueves, 2 de octubre de 2008

Los tiempos cambian



Cuando tenía quince años y estaba locamente enamorada, consiguió un hechizo garantizado -un ligue, como dicen- para que su hombre no la abandonara nunca. Sí, era el hombre de su vida, no había ningún otro hombre como él.

Hoy, treinta años después, está buscando en vano, con desesperación, alguien que deshaga el embrujo.


Carmen Cecilia Suárez es Colombiana.
En: Cuento de Amor en Cinco Actos. Bogotá: Arango Editores, 1997.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Luis Vidales

Colección Bettman © 1950


SUPER-CIENCIA

Por medio de los microscopios
los microbios
observan a los sabios.

Luis Vidales (1900-1990) es colombiano.

martes, 30 de septiembre de 2008

Fábula del mar en los ojos




Marco Tulio Aguilera Garramuño (1949). Escritor colombiano.
Tomado del libro Antología del cuento corto colombiano.


Un hombre que era extranjero hasta de sí mismo se enamoró de una mujer extraña. Y se lo dijo. Pero ella era una mujer extraña, muy solitaria, indiferente, con pájaros en la cabeza. Si me quieres —le dijo—, yo no sé si pueda quererte. —Y, ¿cómo podré convencerte de que me quieras? —preguntó el hombre. —Yo no conozco el mar —dijo la mujer—, no conozco el bosque ni la selva. Sueño con orquídeas desde que las oí mencionar. He vivido en mi casa desde que nací. No he ido más allá de los límites de mi jardín.

En los ojos de la mujer había algo semejante a una tristeza serena, a un aburrimiento domesticado, a una desesperanza ya vieja y sin solución. Y, sin embargo, como quien trata de pescar ballenas en el manantial del traspatio, se atrevió a decir:

—Llévame a ver el mar.

—De acuerdo —dijo el hombre—. Toma tus cosas y vamos.

—Pero quiero ir a pie, desnuda y con una venda sobre los ojos.

—No verás el camino.

—Tú me guiarás.

—Pero entonces no podrás ver el bosque y las selvas, no conocerás las orquídeas. No gozarás al contemplar por primera vez el mar.

—Quizás sí pueda verlos y conocerlos a través de tus ojos.

—Y entonces, ¿me amarás?

—Antes de quitarme la venda me describirás el mar. Luego, cuando yo lo vea con mis propios ojos, sabré si puedo amarte o no.