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jueves, 22 de mayo de 2008

Caballos de fuerza

Fotografía de Sean Justice.


Jaime Sabines. 

Acabo de estrenar un coche de lujo. Nunca en mi vida había tenido sino pequeños carros, modestos, mediocres, más bien pobres instrumentos de trabajo. 
Estuve alegre ayer todo el día, como cuando tuve bicicleta a los once años. 
¿Qué simbiosis se establece entre el objeto y uno mismo? ¿Por qué la posesión de lo superfluo enaltece el ánimo como una conquista?
Con sus 240 caballos de fuerza parece que aumentara la fuerza de uno mismo, su capacidad de acción, su poderío. 
Mi mujer y mis hijos están felices también. Nos hemos paseado de un lado al otro admirando su vestidura impecable, su palanca al piso, el espejo lateral que se mueve desde dentro y tantas preciosidades que lo hacen distinto. 
¡Dios mío!, me pregunto, ¿esto es lo que llaman enajenación? ¿o es el principio de mi decadencia?
Bueno, me digo, consolándome: todavía me faltan dos años para pagarlo.



Emilio Ballagas


ELEGÍA SIN NOMBRE


But now I think there is no unreturn'd
love, the pay is certain one way or another,
(I loved a certain person ardently
and my love was not return'd,
Yet out of that I have written these songs.)

WALT WHITMAN
Mas ¿qué importan a mi vida las
playas del mundo?
Es ésta solamente quien clava mi
memoria.

LUIS CERNUDA

Descalza arena y mar desnudo.
Mar desnudo, impaciente, mirándose en el cielo.
El cielo continuándose a sí mismo,
persiguiendo su azul sin encontrarlo
nunca definitivo, destilado.

Yo andaba por la arena demasiado ligero,
demasiado dios trémulo para mis soledades,
hijo del esperanto de todas las gargantas,
pródigo de miradas blancas, sin vuelo fijo.

Se hacían las gaviotas, se deshacían las nubes
y tornaban las olas a embestir a la orilla.
(Tanta batalla blanca de espumas desatadas
era para cuajar en una sola concha,
sin imagen de nieve ni sal pulida y dura.)

El viento henchía sus velas de un vigor invisible,
danzaba olvidadizo, despedido, encontrado
y tú eras tú.
Yo aún no te había visto.
Hijo de mi presente —fresco niño de olvido—
la sangre me traía noticias de las manos.
Sabía dividir la vida de mi cuerpo como el canto en estrofas:
cabeza libre, hombros,
pecho,
muslos y piernas estrenadas.
Por dentro me iba una tristeza de lejanas, de extraviadas palomas,
de perdidas palabras más allá del silencio,
hechas de alas en polvo de mariposas
y de rosas cenizas ausentes de la noche...
Girasol en los sueños: aún no te había visto.
Imán. Clavel vivido en detenido gesto.
Tú no eras tú.

Yo andaba, andaba, andaba
en un andar en andas más frágil que yo mismo,
con una ingravidez transparente y dormida
suelto de mis recuerdos, con el ombligo al viento...
Mi sombra iba a mi lado sin pies para seguirme,
mi sombra se caía rota, inútil y magra;
como un pez sin espinas mi sombra iba a mi lado,
como un perro de sombras
tan pobre que ni un perro de sombras le ladraba.

¡Ya es mucho siempre siempre, ya es demasiado
siempre, mi lámpara de arcilla!
¡Ya es mucho parecerme a mis pálidas manos
y a mi frente clavada por un amor inmenso,
frutecido de nombres, sin identificarse
con la luz que recortan las cosas agriamente!
¡Ya es mucho unir los labios para que no se escape
y huya y se desvanezca
mi secreto de carne, mi secreto de lágrimas,
mi beso entrecortado!

Iba yo. Tú venías,
aunque tu cuerpo bello reposara tendido.
Tú avanzabas, amor, te empujaba el destino,
como empuja a las velas el titánico viento de hombros
estremecidos.

Te empujaban la vida, y la tierra, y la muerte
y unas manos que pueden más que nosotros mismos:
unas manos que pueden unirnos y arrancarnos
y frotar nuestros ojos con el zumo de anémonas...

La sal y el yodo eran; eran la sal y el alga;
eran, y nada más, yo te digo que eran
en el preciso instante de ser.
Porque antes de que el sol terminara su escena
y la noche moviera su tramoya de sombras,
te vi al fin frente a frente,
seda y acero cables nos tendió la mirada.
(Mis dedos sin moverse repasaban en sueños
tus cabellos endrinos.)
Así anduvimos luego uno al lado del otro,
y pude descubrir que era tu cuerpo alegre
una cosa que crece como una llamarada que desafía al viento,
mástil, columna, torre, en ritmo de estatura
y era la primavera inquieta de tu sangre
una música presa en tus quemadas carnes.

Luz de soles remotos,
perdidos en la noche morada de los siglos,
venía a acrisolarse en tus ojos oblicuos,
rasgados levemente,
con esa indiferencia que levanta las cejas.

Nadabas,
yo quería amarte con un pecho
parecido al del agua; que atravesaras ágil,
fugaz, sin fatigarte. Tenías y aún las tienes
las uñas ovaladas,
metal casi cristal en la garganta
que da su timbre fresco sin quebrarse.
Sé que ya la paz no es mía:
te trajeron las olas
que venían ¿de dónde? que son inquietas siempre;
que te vas ya por ellas o sobre las arenas,
que el viento te conduce
como a un árbol que crece con musicales hojas.

Sé que vives y alientas
con un alma distinta cada vez que respiras.
Y yo con mi alma única, invariable y segura,
con mi barbilla triste en la flor de las manos,
con un libro entreabierto sobre las piernas quietas,
te estoy queriendo más,
te estoy amando en sombras,
en una gran tristeza caída de las nubes,
en una gran tristeza de remos mutilados,
de carbón y cenizas sobre alas derrotadas...

Te he alimentado tanto de mi luz sin estrías
que ya no puedo más con tu belleza dentro,
que hiere mis entrañas y me rasga la carne
como anzuelo que hiere la mejilla por dentro.
Yo te doy a la vida entera del poema:
No me avergüenzo de mi gran fracaso,
que este limo oscuro de lágrimas sin preces,
naces —dalia del aire— más desnuda que el mar
más abierta que el cielo;
más eterna que ese destino que empujaba tu presencia a la mía,
mi dolor a tu gozo.

¿Sabes?
Me iré mañana, me perderé bogando
en un barco de sombras,
entre moradas olas y cantos marineros,
bajo un silencio cósmico, grave y fosforescente...

Y entre mis labios tristes se mecerá tu nombre
que no me servirá para llamarte
y lo pronuncio siempre para endulzar mi sangre,
canción inútil siempre, inútil, siempre inútil,
inútilmente siempre.

Los pechos de la muerte me alimentan la vida.

martes, 13 de mayo de 2008

Jorge Luis Borges

Ajedrez IV de Lautaro Fiszman


AJEDREZ

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.


II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?


Jorge Luis Borges.
Del libro El Hacedor, 1960.

lunes, 12 de mayo de 2008

Sin jamás habernos visto



Maybell Lebron. 
Poeta paraguaya. 

Sin jamás habernos visto
nos reconocimos;
y nuestras huellas fueron parejas,
y nuestras sangres forjaron hijos,
lloramos juntos nuestras tristezas,
juntos supimos de soles limpios,
y hoy,
sentados frente a frente,
nos miramos,
sin saber qué decirnos.

domingo, 11 de mayo de 2008

Two english poems

Fotografía de Steve Chenn



Jorge Luis Borges. 
Poeta argentino. 

The useless dawn finds me in a deserted streetcorner; I have outlived the night.
Nights are proud waves; darkblue topheavy waves laden with all hues of deep spoil, laden with things unlikely and desirable.
Nights have a habit of mysterious gifts and refusals, of things half given away, half withheld, of joys with a dark hemisphere. Nights act that way, I tell you.
The surge, that night, left me the customary shreds and odd ends: some hated friends to chat with, music for dreams, and the smoking of bitter ashes. The things my hungry heart has no use for.
The big wave brought you.
Words, any words, your laughter; and you so lazily and incessantly beautiful. We talked and you have forgotten the words.
The shattering dawn finds me in a deserted street of my city.
Your profile turned away, the sounds that go to make your name, the lilt of your laughter: these are illustrious toys you have left me.
I turn them over in the dawn, I lose them, I find them; I tell them to the few stray dogs and to the few stray stars of the dawn.
Your dark rich life...
I must get at you, somehow: I put away those illustrious toys you have left me, I want your hidden look, your real smile -that lonely, mocking smile your cool mirror knows.

II

What can I hold you with?
I offer you streets, desperate sunsets, the moon of the jagged suburbs.
I offer you the bitterness of a man who has looked long and long at the lonely moon.
I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men have honoured in bronze: my father´s father killed in the frontier of Buenos Aires, two bullets through his lungs, bearded and dead, wrapped by his soldiers in the hide of a cow; my mother´s grandfather -just twentyfour- heading a charge of three hundred men in Peru, now ghosts on vanished horses.
I offer you whatever insight my books may hold, whatever manliness or humour my life.
I offer you the loyalty of a man who has never been loyal.
I offer you that kernel of myself that I have saved, somehow -the central heart that deals not in words, traffics not with dreams and is untouched by time, by joy, by adversities.
I offer you the memory of a yellow rose seen at sunset, years before you were born.
I offer you explanations of yourself, theories about yourself, authentic and surprising news of yourself.
I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my hear; I am trying to bribe you with uncertainty, with danger, with defeat.

1934

sábado, 10 de mayo de 2008

Flavio González Mello


Fotografía de Tracy Kahn


Abeja: Aunque la mosca se vista de tigre, mosca se queda.

Aveztruz: ¡Tanto pájaro para tan poco vuelo!

Cebra: Caballo diseñado por Vasarely.

Cuervo: Pájaro de color.

Flamenco: Una gran interrogación.

Foca: Publico fácil.

Grillo: Cuando la noche los viste de negro, los grillos juegan a ser árbitros.

Jabalí: Puerco Hippie.

Perico: Un pedazo de selva que te mira de soslayo.

Morsa: Risa de dientes pa´ fuera.

Ornitorrinco: ¡No te hagas pato,castor!.

Pavo real: Ojos que no ven.

Puercoespín: El puercoespín sabe que el amor siempre es masoquista.

Rinoceronte: Abrelatas de la sabana.

Víbora: Pura cola.

Flavio González Mello (1967) es mexicano.

miércoles, 7 de mayo de 2008

José Luis Vega


MUCHACHA QUE SE DESPINTA LAS UÑAS
AL BORDE DE LA CAMA


Sentada al borde de la cama, la muchacha
se despinta las uñas que se vuelven
color de la acetona, brillantes, inocentes,
color de que nada ha sucedido.
Está sola en un cuarto sin lámpara
y pende la bombilla con halo de manzana original.
Se ha frotado los labios que se vuelven
color de espejo roto.
Con un poco de crema y de nostalgia
se despinta los párpados, la voz
que se le espesa color del otro día.
Doblada como un cisne en el exilio
se despinta los senos, las pestañas,
las cejas que le inventan un arco de ilusión.
Está sola en un cuarto rodeada
por motas de algodón multicolores.
Triste como un cuadro de Renoir.
Cuando hala el cordón de la bombilla,
el mundo se despinta por completo.

José Luis Vega (1948) Poeta puertorriqueño. 

lunes, 5 de mayo de 2008

El Hábito

Fotografía de Inés Ulanovsky

De Francisco Segovia.
Poeta mexicano

El hábito hace al monje, la costumbre al crucificado...

Yo he resuelto la consumación de un destino. Le dije: Anda, ve a la rueda a deshilar la distancia. Se lo dije porque yo sabía qué era entonces la distancia... Yo puse besos en los quicios, en las piedras, en la sal. Yo puse besos en las azoteas, en el almidón, en todas las gramíneas, en las manos, en los papeles... Anda —le dije— ve y acércanos la distancia. Ella se fue. Y, cuando hubo vuelto, me puso la distancia entre las manos. "¿Qué vamos a hacer con esto?" Ella preguntó y respondí: Vamos a inventar la justicia... Entonces yo me puse a amasar, a estirar esa pelotita de distancia. Hice un cilindro que se iba adelgazando y estirando a medida que yo lo rotaba entre mis manos. Así creció esa materia de distancia hasta que casi se hizo infinita. Esto tardó mucho tiempo.

Sólo cuando terminé ella dijo: ¿Eso es la justicia? Entonces dije yo: He estado mucho tiempo haciendo una sola cosa; tanto que hacer esto se me ha convertido en costumbre, en algo normal; ésta es la norma y hacerla ha sido bueno. Esta norma es la regla que mide... Entonces ella puso sus dos manos sobre la distancia, tomo firmemente con cada una ese cilindro, y lo trozó... Ahora —dijo— he inventado la venganza. Y nadie podrá negar que la venganza es justa. Ahora, querido, hemos inventado el destino.

viernes, 2 de mayo de 2008

Frases de Groucho Marx

Escena de la película A night at the Opera.
Groucho es el segundo de la izquierda.


  • Bebo para hacer interesantes a las demás personas.
  • Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros.
  • Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna.
  • La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien la enciende, me voy a la biblioteca y leo un buen libro.
  • ¿Por qué voy a hacer algo por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?
  • ¿A quién va usted a creer, a mí o a sus ojos?
  • Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota.
  • Epitafio: Perdonen que no me levante.
Groucho Marx (1890-1977)
Actor estaudounidense.

Alan Moon

Fotografía de Juergen Wisckow


ESPECTÁCULO

Trabajo de porquería, piensa el jugador de pool, después de que nadie aplaudiera uno de sus tiros. Dos mosquitos y una mosca sobrevuelan el paño verde haciendo piruetas en el aire. El jugador se apresta a ejectuar un tiro difícil; calcula las distancias, estudia los ángulos. Los mosquitos alcanzan a la mosca, la obligan a bajar sobre el paño y empiezan a desvestirla. El jugador y los mosquitos empinan sus utensilios y apuntan con calma. La mosca empieza a gemir. Adelante y atrás, adelante y atrás. El jugador mueve el taco y no se decide. Adelante y atrás, adelante y atrás. El taco golpea la bola blanca y ésta a la roja que ya va en busca de la azul y de la buchaca de la esquina. Los mosquitos están a punto de terminar. La bola roja rueda y rueda.

Se escucha un grito de placer y los mosquitos se separan extenuados un instante antes que la bola roja les pase encima. La bola azul recibe el golpe de la roja y las dos entran impecablemente en la buchaca de la esquina. La gente se pone de pie y aplaude satisfecha. La mosca y los mosquitos se incorporan, se inclinan, saludan con la mano y piensan:

Cada vez es más difícil entretener a estos locos.

Alan Moon es un seudónimo, 
desconozco el nombre real del autor y su nacionalidad.

jueves, 1 de mayo de 2008

Joaquín Sabina: Dos de seis

Estrella y Enrique Morente

Dos de seis

III 



Te debo una canción, te pido nada,
canto porque respiro y porque muero,
porque espero, maldita madrugada,
chaparrones de abril, cuestas de enero.

Semifusa indolente, musa helada,
cuñada de Caín, daño a tercero,
dos okupas soñando una almohada
huérfana de carmín, lupa de cuero.

Qué Charly, qué Rodríguez Milanés,
qué swing, qué pas de deux con cinco pies,
síndrome de Estocolmo del Caribe.

Una canción es todo y al revés,
Chucho Valdés y Bebo, ¡ay! mamá Inés,
y nos dieron las diez con quien suscribe.


IV

Un trovador es un cabrón con pintas
que se apunta a rimar un bombardeo,
un tuno con ladillas y sin cintas,
que abusa del derecho al pataleo,

que plagia a José Alfredo y Agustín,
Cohen, Dylan, Brassens y De Gregori,
que camufla la calva con bombín
a la hora de entonar el gorigori.

Matamoros, Cachao, Sindo Garay,
Bola de Nieve, Juan Formell, Compay,
Viola, Gardel, Chabuca, ¿quién da más?

Al alba, Cambalache, Construção,
Lágrimas negras, Woman del Callao,
Mediterráneo, Ne me quitte pas.

Joaquín Sabina
Cantautor Español