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miércoles, 30 de abril de 2008

Raíz antigua

Jeremy Horner tomó esta fotografía durante un carnaval en Barranquillla.


Meira Delmar (1921-2009).
Poeta colombiana


No es de ahora este amor.

No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor, por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra;
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.

No es de ahora. No.
De lejos viene
—de un silencio de siglos—,
de un instante
en que tuvimos otro nombre y otra
sangre fugaz nos inundó las venas,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto iluminado.

Meira Delmar —su verdadero nombre es Olga Chams Eljach— nació en la ciudad colombiana a donde... «se va el caimán, se va el caimán, se va para ______ ¿?».

lunes, 28 de abril de 2008

Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco


«Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte».

—Juan José Arreola (1918-2001).

jueves, 24 de abril de 2008

Enrique Anderson Imbert

Asalto de bandidos I.
Goya lo pintó entre 1808 y 1812.
Óleo sobre lienzo. 41,4 x 31,6 cm.


EL GANADOR

Bandidos asaltan la ciudad de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la retirada. El plan es refugiarse al otro lado de la frontera, pero mientras tanto pasan la noche en una casa en ruinas, abandonada en el camino. A la luz de las velas juegan a los naipes. Cada uno apuesta las prendas que ha saqueado. Partida tras partida, el azar favorece al Bizco, quien va apilando las ganancias debajo de la mesa: monedas, relojes, alhajas, candelabros... Temprano por la mañana el Bizco mete lo ganado en una bolsa, la carga sobre los hombros y agobiado bajo ese peso sigue a sus compañeros, que marchan cantando hacia la frontera. La atraviesan, llegan sanos y salvos a la encrucijada donde han resuelto separarse y allí matan al Bizco. Lo habían dejado ganar para que les transportase el pesado botín.




Enrique Anderson Imbert (1910-2000). Escritor argentino.

Llámame

El río de la plata, un domingo por la tarde. 



Llámame


«Paraíso sin ti, ni imagino ni quiero».
—Julio Aumente.

Yo aguardo la señal para reconocerte.
Cada noche, mientras tiembla el invierno
y abatida la lluvia se derrama
y el frío elige calles y restalla cordeles,
indóciles cabellos de pronto destrenzados,
yo aguardo la señal.

Y te busco incesante, y en la música entro:
acolchada la puerta se cierra tras de mí,
la sombra me golpea y mis ojos insisten,
suelta lanza dispersa y confundida.

Por el esbelto nardo y el armonioso alerce,
sauce, flor, el oro se desnuda,
gráciles piernas, bosques, enramadas:
dime, serpiente, dónde tus anillos.

Irresistible seductora mía, sin ti mi rostro
es fervoroso girasol anclado, es alabanza inerte,
no selva trastornada, no subterránea herida
ni belleza.

Sin deseos, sin sed, sin perseguido abismo,
sin que aceches y ofrezcas y arrebates,
qué jardín, dime tú, qué jardín
se podría llamar paraíso o delicia.

Mi tentación hermosa,
cada noche te busco, cada noche.
Y aguardo tu señal, transida ya de ti
para reconocerte y entregarme.

Ana Rosetti (1950). Poeta española.

domingo, 20 de abril de 2008

Nâzim Hikmet

AUTOBIOGRAFÍA

Callejón de Alepo, la segunda ciudad más grande de Siria.

Nâzim Hikmet nació en Salónica (hoy Tesalónica, ciudad griega) en 1902.
Murió en Moscú en 1963.  Escribió "Autobiografía" en 1961 estando en Berlín Oriental.

Nací en 1902
no he vuelto nunca a mi ciudad natal
no me gustan los retornos
a los tres años en Alepo era nieto de bajá
a los diecinueve estudiante en la universidad comunista de Moscú
a los cuarenta y nueve otra vez en Moscú invitado por el Comité Central
y desde los catorce años soy poeta

hay hombres que conocen las diferentes clases de hierbas; otros, de peces; yo, de separaciones
hay hombres que se saben de memoria el nombre de cada estrella;
yo, de nostalgias

he dormido en las cárceles y en los grandes hoteles
he conocido el hambre y también la huelga de hambre y no hay plato
que no haya probado
a los treinta años quisieron ahorcarme
a los cuarenta y ocho quisieron concederme el Premio mundial de la Paz
y me lo concedieron
a los treinta y seis durante medio año sólo pude recorrer cuatro metros
cuadrados de hormigón
a los cincuenta y nueve volé desde Praga a La Habana
en dieciocho horas

no conocí a Lenin pero hice la guardia de honor junto a su féretro en 1924
en 1961 el mausoleo que visito son sus libros

han intentado alejarme de mi partido
pero han fracasado
tampoco he sido aplastado por los ídolos caídos
en 1951 viajé por mar hacia la muerte con un joven camarada
en 1952 con el corazón cascado esperé la muerte durante cuatro meses

estuve locamente celoso de las mujeres a las que amé
no envidié a nadie ni siquiera a Charlot
engañé a mis mujeres
pero nunca hablé mal de mis amigos a sus espaldas

he bebido pero no soy un borracho
tuve la suerte de ganarme siempre el pan con el sudor de mi frente

si mentí fue porque sentí vergüenza ajena
por piedad
pero también he mentido porque sí

he montado en tren en avión y en coche
la mayoría no puede hacerlo
he ido a la ópera
la mayoría no puede ir y ni siquiera sabe que existe
sin embargo desde 1921 no voy a muchos de los sitios
donde va la mayoría la mezquita la iglesia la sinagoga
el templo el curandero
pero a veces me gusta que me lean los posos de café

se me ha publicado en treinta o cuarenta lenguas
pero estoy prohibido en Turquía en mi propia lengua

hasta ahora no he tenido cáncer
tampoco es obligatorio
nunca seré primer ministro o algo parecido
tampoco me gustaría serlo
nunca he ido a la guerra
no he descendido a los refugios en medio de la noche
no he recorrido los caminos del exilio bajo el vuelo rasante de los avi0nes

pero me he enamorado ya cerca de los sesenta
camaradas en pocas palabras
hoy en Berlín aunque muerto de nostalgia
puedo decir que he vivido como un hombre
pero los años que me quedan por vivir
y las cosas que puedan sucederme
¿quién lo sabe?

sábado, 19 de abril de 2008

Carolina Repetto


En respuesta a "Buenos Aires: ¿libre de humo?


DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE


Escena de la película Blade Runner


Lo que más se escucha por la calle es la tos. A veces, unos estornudos y algún sensible de oído probablemente escuche el restregar de las manos en los ojos, las respiraciones afanosas, los barbijos tocados levemente por el aire exhalado.

Lo que menos se ve, claro, es la ciudad. Muchos me dicen que es peor que una película de Dr. Jekill y Mr. Hyde, o que una ambientación de espectáculo de tango canyengue con mina de pollera con tajo hasta ahí. No sé; sí percibo la niebla marrón como salida de una película de culto. Vuelve y vuelve a mi memoria difusa, Blade Runner. Tal vez sea por un aspecto de la decadencia que empieza por el olor de fuego inútil.

Hace muchos años, en los setenta, me preparaba obcecada para el “después de la catástrofe”, leyendo The complete book of self sufficiency de John Seymour y me imaginaba en un valle del sur. Me acuerdo que con los compañeros de entonces, compartíamos la urgencia de preparar el futuro propio con una sobrevida saludable. Las catástrofes, ahora lo veo, llegan por los mismos caminos del Señor, que son inescrutables e infinitos.

En estos días me parece ver realizarse la pesadilla/espada de Damocles de aquel tiempo, y por las noches la respiración insuficiente me aviva un todavía leve temor con las formas de esa profecía.

Debe ser como dice mi amiga mexicana, el aire enrarecido confunde las ideas, las mezcla en una sola imagen gris topo o en frases que llegan como imágenes.

Por un lado me imagino que podríamos empezar a proponer una “canción ciudadana” muy ad hoc: Hay humo en tus ojos/ Smoke gets in your eyes cantada por Los Plateros para los que manyan algo de inglés.

Por otro lado me acuerdo continuamente de otra película que fui a ver con mi vieja a un cine enorme en una serie de presentaciones del recuerdo: Llegaron las lluvias, 1927.

Y en tercer lugar pienso con insistencia en las cortinas de humo metafóricas . Nada original. Sin embargo esas tres frases responden a una realidad, a un deseo y a una hipótesis, que me insisten en este borde de la conciencia y me lleva a enumerarlos y describirlos.

La realidad es que hay humo en vos lector de Buenos Aires: en vos, en él , en ellos… Hay humo en los ojos, en los pulmones. En las esquinas nocturnas y en las diurnas.

El deseo es que lleguen las lluvias, torrenciales, como en la India de los monzones, o en la Posadas subtropical de mis amores. Y que lleguen como quieran, con las pasiones de la película, con Greta Garbo o sin ella; así como en mi recuerdo, en blanco y negro, o en tecnicolor. Que lleguen para que apaguen las llamas, porque no hay bombero que apague los 300 focos, sobre el agua del bañado o el barro de las islas.

La hipótesis que resta ni siquiera es osada, y ya la habrá formulado más de un desocupado de café, de esos que fuman en medio del humo como Addy o Mariela mientras bajan ansiosas las escaleras de Puan. Mientras arde el campo, detrás de la cortina de humo que ocupa todos los canales, se van firmando acuerdos con los productores, buenos, malos, según la mirada, pero a los porteños la nube, con la magnífica técnica del mago: humo por aquí, humo por allá, no nos deja ver demasiado bien, ocupados como estamos por respirar mejor.

Me voy a escuchar de nuevo a los Plateros. They said someday you'll find/ All who love are blind/ Oh, when your heart's on fire/ You must realize/ Smoke gets in your eyeees… cof, cof. disculpen pero me falta un poco del Buen Ayre.

Buenos Aires... ¿libre de humo?





Por Addy Góngora Basterra.


En el país del tango, de Borges y el buen vino, también se ha impuesto no fumar en lugares públicos. Quienes somos afectos a hacer humo nos ceñimos a la imperativa ley gubernamental y nos reunimos solidariamente en balcones, bajamos cinco pisos con tal de llegar a fumar a la calle, acudimos a bares manteniendo la cajetilla en la bolsa, los encendores quietos y apretando los labios para no sacar esa lenguita de fuego, tan difícil de domar, siempre contagiosa, inquieta.

Desde hace un par de días se me ha instalado en el recuerdo un haikú: ¿Cómo cabías, oh incendio, en el pequeño vientre de la chispa? Perdonen que no le dé crédito al autor, pero en este momento el humo me nubla la memoria. Y esto es porque bajo el slogan de la campaña antitabaco que reza “Buenos Aires: libre de humo” se ha visto algo paradójico puesto que la ciudad y sus alrededores se han cobijado por una espesa nube... o cortina. O pared. O muro. Ya no sé cómo llamarle. Incendios que iniciaron hace unos días en la delta del río Paraná nos han traído sin tregua a quienes caminamos las calles de la capital… y también a quienes deciden quedarse en sus casas: el humo, con espíritu fantasmal, pareciera que atraviesa las paredes. Busca siempre una entrada por el filito que no sella siempre en las ventanas y se cuela en librerías, iglesias, cafés, teatros, guarderías. Ha cortado en calles y avenidas de tal manera la visibilidad que en varios momentos del día sólo puede verse a 300 metros de distancia, no más.

Si el fuego, aparentemente provocado, se debiera a cuestiones políticas (aunque las autoridades lo descartan) debido a lo que ha ocurrido en el campo por las declaraciones que la presidenta Cristina Kichner hizo semanas atrás, indicaría que el trasfondo es económico: la gente demuestra su inconformidad mediante las quemas con tal de que el gobierno no obtenga beneficio. Quizá me equivoco y el fuego, ahora descontrolado, es (o era) simplemente para hacer limpieza en los pastizales. Sea como sea, lo grave es que esto repercute en toda la humanidad porque, según el encabezado en los periódicos, este humo es en la historia de la historia el mayor dañó que la capa atmosférica ha tenido. Basta ver las imágenes satelitales o fotografías de la ciudad y sus alrededores para asentir a lo anterior con la cabeza.

Se han agotado en las farmacias los tapabocas y las agendas de oftalmólogos se nutren considerablemente. Los hospitales baten récord en atención a gente con problemas respiratorios. Las gargantas resienten, los ojos se enrojecen, es inevitable por momentos no toser a mitad de una conversación. Y no sólo es la visibilidad, también es el olor a quemado, ese olor que se impregna en sábanas, ropa, cortinas, muebles, toallas… pues ¿qué se hace con el humo, además de respirarlo? ¿cómo frenarlo, como detenerlo por las rendijas, como enjaular su vuelo fácil, inasible, impredecible? Es como ir a un asado y pasársela ahí, junto a la parrilla, vigilando un trozo de bife, de arrachera, ahumándose como un salmón. La ropa absorbe ese olor. La piel, el cuerpo mismo.

No sé cuanto tiempo más vaya a durar esta humareda pero sí sé que Sarita Montiel no andaría tan felizmente cantando, tendida en la chaisse longuefumar es un placer, genial sensual (…) sintiendo ese calor del humo embriagador.




Buenos Aires, 19 de abril de 2008.

viernes, 18 de abril de 2008

Capítulo 7


Tomado de "Rayuela".
Julio Cortázar.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

jueves, 17 de abril de 2008

Fragmento y Canción


Transcripción del diario de Frida Kahlo

Diego principio
Diego constructor
Diego mi niño
Diego mi novio
Diego pintor
Diego mi amante
Diego mi esposo
Diego mi amigo
Diego mi madre
Diego mi padre
Diego mi hijo
Diego = YO
Diego UNIVERSO
Diversidad en la Unidad
___________________________

EL ELEFANTE Y LA PALOMA
Letra y música: Pedro Guerra


A Frida le duelen los huesos
y mirándose al espejo
pinta todo su dolor,
a Frida le duele la vida
y aprendiendo de su herida
llena todo de color.

Diego mi Diego,
Diego mi amor,
¿por qué pienso que eres mío
si eres sólo tuyo, Diego,
si eres sólo tuyo?

Frida miró al elefante
y empezó a desdibujarse
pero nada le importó.
Diego miró a la paloma
y la amó, entre tantas cosas,
entre el lienzo y la pasión.

Diego mi niño,
Diego pintor,
¿por qué pienso que eres mío
si eres sólo tuyo, Diego,
si eres sólo tuyo?

Frida descansa en el lecho
y se pinta hasta en el pecho
con tal de sobrevivir,
Diego mi amigo,
Diego = yo,
¿por qué pienso que eres mío
si eres sólo tuyo, Diego,
si eres sólo tuyo?

Diego mi Diego,
Diego mi amor,
¿por qué pienso que eres mío
si eres sólo tuyo, Diego,
si eres sólo tuyo, Diego?


La canción forma parte del álbum "Raíz".
Pedro Guerra (1966) es español, magnífico compositor.

miércoles, 16 de abril de 2008

Irene Sánchez Carrón



TIENDA EN CASA

Reciba, sin gastos de envío,
su sonrisa restaurada y blanqueada,
fácil de montar,
sin baterías,
biodegradable,
autoadhesiva,
inodora,
a prueba de bombas,
retransmisiones bélicas en directo,
genocidios,
intervenciones aliadas y ataques a objetivos no civiles
que al final resultan ser un puente, una fábrica,
quién sabe si algún parque,
eso sí, no civil.

Pruebe sin compromisos
nuestra sonrisa
sometida a los mejores controles de calidad
y vuelva a brillar con luz propia
en todo tipo de acontecimientos.

Si no queda conforme,
le devolvemos su tristeza.

lunes, 14 de abril de 2008

Clarice Lispector



POR NO ESTAR DISTRAÍDOS


Era la levísima embriaguez de andar juntos, la alegría como cuando se tiene la garganta un poco seca y se ve que por admiración se estaba con la boca entreabierta: ellos respiraban de antemano el aire que estaba por delante, y tener esa sed era el agua misma para ellos. Andaban por calles y calles hablando y riendo, hablaban y reían para dar materia y peso a la levísima embriaguez que era la alegría de su sed. A causa de los coches y personas, a veces se tocaban, y con ese toque -la sed es la gracia, pero, las aguas son una belleza oscura-, con el toque brillaba el brillo de su agua, y la boca quedaba un poco más seca de admiración. ¡Cuando admiraban estar juntos!

Hasta que todo se convirtió en no. Todo se convirtió en no cuando quisieron esa misma alegría. Entonces la gran danza de los errores. La ceremonia de las palabras desacertadas. Él buscaba y no veía, ella no veía lo que él no había visto, ella que estaba allí, sin embargo. Y él que estaba allí. Todo salía mal, y estaba la gran polvareda de las calles, y cuanto más se equivocaban, con más espereza querían, sin una sonrisa. Todo porque habían prestado atención, sólo porque no estaban ya distraídos. Sólo porque, súbitamente exigentes y duros, quisieron tener lo que ya tenían. Todo porque quisieron dar un nombre; porque quisieron ser ellos, ellos que ya eran. Y entonces aprendieron que, al no estar distraídos, el teléfono no suena, y es necesario salir de casa para que la carta llegue, y cuando el teléfono finalmente suena, el desierto de la espera ya cortó los hilos.

Todo, todo por no estar ya distraídos.


Clarice Lispector es brasileña (1925-1977)
Del libro: Revelación de un mundo.

jueves, 10 de abril de 2008

Arthur Miller: la muerte de un ilusionista

Elenco de la película The Mistfits (1960)



Por Sealtiel Alatriste

Es comprensible que se haya casado con Marilyn Monroe, cualquiera en su caso lo hubiera hecho. Es comprensible que ella lo buscara, pues sus vidas parecían apuntar hacia el otro. Es fácil decir esto a toro pasado, pensarán ustedes. Corría el año de 1956, se gestaba la década de esplendor del sueño americano (que aunque pocos lo crean fue la de los sesenta), y era natural que dos extremos de ese sueño se sintieran atraídos —los opuestos se atraen, reza alguna ley de la física pero entonces era difícil comprenderlo. La altura de ambos, la enorme altura de ambos, parecía apuntar a cielos que nunca habrían de cruzarse, pero se cruzaron. Marilyn había dado cuerpo, literalmente, al sueño de la nación americana; y Miller estaba dotando con su teatro de ilusiones a los miles de personas a quienes el american way of life les parecía una quimera.

Cada vez que Willy Loman, el protagonista de La muerte de un viajante, hablaba a sus hijos de sus triunfos, de la emocionante vida que llevaba en las carreteras norteamericanas, renovaba para muchos una fe perdida. Los críticos dicen que trataba de ocultar sus fracasos, que el ansia de triunfo —yugo de los norteamericanos de clase media que se ven forzados a perseguirlo sin fin— lo condujo a la muerte. Yo creo que la tragedia de Loman estuvo en confiar su vida a las ilusiones. Era, nada más, un hombre ilusionado al que la realidad le dijo, una y otra vez, que todo acaba en desilusión. La gran tragedia norteamericana estaba anunciada en esa obra que conmocionó al mundo entero. Se estrenó en el 49, cuando el siglo XX daba vuelta por mitad, y sigue hoy vigente como el primer día. Loman quería convencernos del peligro de ilusionarnos, pero al final, después de verla, de leer las otras obras de teatro de Miller, uno percibe que la promesa de Loman no se basaba en la necesidad de triunfar, sino en que para vivir es indispensable estar ilusionado. Sólo la desilusión conduce a la muerte, parece decirnos en el patio trasero de su casa, si el desencanto nos arrasa no hay salida posible.

Arthur Miller era un ilusionista por derecho propio y Marilyn era el símbolo vivo de esa ilusión. Es lógico que se casara con ella. Es más que lógico, aún, que ella lo deseara. Ella, siempre tan deseada.

No sé por qué, siempre que pienso en Miller se me viene a la cabeza una escena que obviamente nunca presencié, y que no recuerdo ni haber visto en un documental, ni leído en ninguna revista, ni que nadie me la hubiera contado. Están en el desierto filmando The Misfits (última película de Marilyn, siempre mal traducida al español), para la que Miller escribe el guión. Él sale de la tienda en la que trabaja durante el día y otea el paisaje; el viento levanta una polvareda, corren algunos huizaches, y a lo lejos descubre la silueta de su esposa, con sus pantalones vaqueros y su camisa de franela. Llevan cinco años de matrimonio, de lucha incansable entre el triunfo y la derrota, entre la sensualidad y la inteligencia, e n t re la depresión y la alegría, sin nunca acomodar sus ideales. En ese momento su imagen lo cautiva y lo comprende todo. La gente cree que es una desamparada, pero es ella quien ha desamparado al mundo. No lo sabe de cierto, pero su tragedia personal dejará al mundo en descampado. La mejor imagen de las ilusiones que quiere representar es esa: la mujer más bella del mundo, sola, tambaleante, en medio del viento del desierto. Los sesenta acaban de empezar con todo su vigor, es la década de las ilusiones que ella representa, la de la juventud que se lanzará en pos de todas sus esperanzas sin darse cuenta que esas esperanzas se sostienen con pastillas mezcladas con alcohol. Lo dirá en su autobiografía: Marilyn fue una poeta en la esquina de una calle intentando recitar a una multitud que sólo quiere quitarle la ropa. “Tendría que ser más cínica para vivir”, se dice. ¿Cínica como quién?, se pregunta a continuación y sigue observándola, incrédulo ante lo que empieza a sospechar. ¿Y si esto fuera Tebas?, ¿si esta sequía fuera la misma que provocó el pecado de Edipo?, ¿si él fuera Edipo, quien nunca hizo caso de las profecías de la Esfinge?, ¿se sacaría los ojos e iría a penar por el desierto? Ahí está él, fuera de su tienda, observando a Marilyn, y lo comprende todo. Es una escena imaginada que no puedo quitarme de la cabeza, como si fuera real.

El 21 de enero de 1961, una semana antes de que se estrene la película para la que escribía el guión, Miller lleva a cabo un acto doloroso que a la postre resulta tan simbólico como el de Edipo: se divorcia de Marilyn. Es una forma de sacarse los ojos, de darle cara al dolor, cuerpo al desengaño, de negar que las ilusiones siempre acaban en desilusión. Marilyn está desamparada, él mismo se irá a vagar por el desierto, el mito ha quedado al desnudo, pero, como dije, la década de los sesenta será de una búsqueda frenética de las ilusiones, de otro signo si se quiere, pero tan intensas como las que perseguía Willy Loman.

Arthur Miller ha muerto viejo y cargado de ilusiones. Una de las últimas cosas que dijo fue que se casaría con una joven de treinta y cuatro. Al saber la noticia de su fallecimiento no pude evitar imaginarlo, como siempre, saliendo de su tienda de campaña para ver la realidad con mirada de ilusionista. Imagino que repasó la escena, su significado oculto, y repitió lo que siempre ha dicho con su teatro: no importa el desengaño, la única razón para vivir está en la ilusión de creer que nos merecemos un mundo mejor; en la posibilidad, en fin, de confiar en que la imaginación —el teatro, la novela, el cine— nos la traerá tomada de la mano.

miércoles, 9 de abril de 2008

Desvaríos

Gijón, 1998.
Fotografía de Daniel Mordzinski.
De la serie "Retratos de novelistas".
De Ángeles Mastretta. 
Escritora mexicana.

Entre nosotros crece la ropa en las mañanas
se atraviesan mil veces los oficios
nos mueven los deberes
el futuro
las cosas.

Por si no fuera mucho alguien propone la medida
para que no te vayas
–dicen–
es necesario el regateo.
Pero tus manos son mi tiempo
y no quiero jugar a detener la boca y los abrazos.
Te irás más tarde
–dicen–
si encuentro la mesura
pero deseo tu cuerpo y este día
este preciso cielo
la película de hoy
la cama próxima
tu sudor y piel ahora en la tarde.

No voy a retener mis frases ni mi aliento
no me quiero tragar ni un poco de silencio
ni un solo de los consentimientos.

¿Por qué la luz a medias?
¿Para que no te vayas cuando te irás?
Nunca se mete el sol antes de tiempo
y se pone lo mismo en días nublados.
Yo quiero tu cobija hasta que quieras
te doy mientras
mis ansias, mis costumbres,
mis ruidos, mi placer, mi desmesura,
así no sentiré cuando te marches.

martes, 8 de abril de 2008

Mérida, mon amour




Daniel Torres (1961). 

Poeta puertorriqueño. 

Quiero memorizar el banco de Montejo
donde rocé tu rodilla,
la calle del centro donde te vi pasar
a mi lado
y esa primera mirada de ensueño.

El beso que me robaste en la plaza de Itzimná
una noche llena todita de palabras
sin caricias ni cama...

El destino que se decidió entre Santa Lucía y Santa Ana
y la noche que nos separamos cerca del ADO:
yo en un taxi me alejaba
y tu espalda se fue desdibujando de a poco
hasta borrarse al doblar una esquina.

Es por eso que necesito memorizar
la certeza de tu abrazo,
el sosiego de mirarme en tus ojos
y también todas las letras que forman Carlos.

lunes, 7 de abril de 2008

Antoine de Saint-Exupery


Si quieres construir un barco, no hagas sonar los tambores para que las personas consigan madera, ni des órdenes, ni asignes tareas. Sólo háblales mucho tiempo acerca de la interminable inmensidad del mar.

domingo, 6 de abril de 2008

Cristina Peri Rossi



Poesías tomada del libro "Evohé". 

Cansado de mujeres
de historias terribles que ellas me contaban,
cansado de la piel
de sus estremecimientos y solicitudes,
como un ermitaño,
me refugié en las palabras.


·


En las páginas de un libro que leía, perdí una mujer.
En cambio, a la vuelta de la esquina, he hallado una palabra.

·

Por la calle, venían tantas mujeres
que no pude pronunciarlas a todas,
en cambio, las amé una por una.

·

Me miró
y fue
como si desde los lejanos siglos
la hubiera pronunciado
para siempre.

·

LA SUPLICANTE
Desnúdame.
Pronúnciame.

jueves, 3 de abril de 2008

Cómo decir de pronto

El beso. Gustav Klimt


Julia Prilutzky Farny. Poeta argentina. 

Cómo decir de pronto:
tómame entre las manos,
No me dejes caer. Te necesito:
acepta este milagro,
tenemos que aprender a no asombrarnos
de habernos encontrado,
de que la vida pueda estar de pronto
en el silencio o la mirada.
Tenemos que aprender a ser felices,
a no extrañarnos
de tener algo nuestro.
Tenemos que aprender a no temernos
y a no asustarnos
y a estar seguros.
y a no causarnos daño.